Una mañana perdida

Es temprano por la mañana, Eduardo ignora todo el desastre de su casa, hoy es la citación al tribunal y se prepara para ver cara a cara a Alfonso Cubas. Adjunta las últimas pruebas que encontró. En el auto estaba su guardaespaldas que lo esperaba con el auto encendido.

Fue a recoger a su abogado y luego directo al tribunal. Faltan pocos minutos para las ocho y ya estaban frente al juez, quien les hizo una señal de esperar un poco.

Mientras tanto Eduardo conversa con Hernán.

- ¿Conoces a alguien que hace servicio de limpieza de casas?

- Bueno, mi hermana se dedica a eso.

- Llámala para mañana a primera hora. Ayúdala, ella sola no creo que pueda. Si logra hacer todo en el día le pago doble.

- Le voy a escribir, aquí no puedo hacer llamadas.

- Apenas tengas respuesta me avisas.

- Entendido.

El juez les hace señal de entrar, así que Eduardo y el abogado ingresan al despacho del juez.

- Buenos días y discúlpeme si les hace esperar.

- Buenos días.

- Buenos días – habla el abogado – señor juez, mi defendido tiene más pruebas contra Alfonso Cubas.

- ¿Aun hay más?

No solo de él, sino de su hija -Eduardo se apresura-, tiene muchas faltas cubiertas por su padre.

- Muy bien. Esperen afuera mientras llega el señor Alfonso Cubas. Voy a seguir analizando este último material.

- Gracias.

Ambos salen del despacho e inician una conversación.

- ¿Cómo sigue la señora?

- Está en coma y no se sabe por cuánto tiempo.

- Lo lamento tanto que esté tan delicada.

- En parte es mi culpa, no debí dejarme cegar por el odio a los Cubas. Debí ser paciente hasta recibir las primeras investigaciones después de la boda. A propósito, quiero anular esa partida, ya que mi esposa no es Daniela sino Dalila.

- Sí, si es posible. Ahora con estás nuevas pruebas, Alfonso irá preso.

- Estoy aliviado de haber desfigurado el rostro de Daniela.

- Eso es una denuncia en su contra ¿Por qué lo hizo?

- Sí supieras cuanto asco siento. Por lo menos con el rostro desfigurado dejará de ser la perra entre las perras.

- Esto se va a convertir en un lío.

- Alfonso lo sabía, así que, guerra avisada no mata soldados. Todo lo tengo grabado y está en la carpeta que he dejado hoy.

Pasan los minutos y más minutos hasta un par de horas y Alfonso que no se asoma. El juez sale de su despacho.

- En vista que el señor Alfonso Cubas no se ha presentado a la hora pactada, tendré que reorganizar otra cita, pero está vez le enviaré una citación de grado o fuerza. Es una semana que no presenta nada.

- Esto se presta para la manipulación de evidencias. - aclara el abogado - ya son las diez y cuarto.

- Lo siento, pero no podré atenderlo si viene ahora. Tiene que respetar el horario. Pueden irse, es inútil seguir esperando a alguien que no va a venir, ni siquiera ha llamado para confirmar su hora de llegada.

Se despiden del juez, y se retiran a sus respectivas oficinas.

La presencia de Alfonso Cubas fue en la tarde. El guardia le pide identificación.

-Soy el licenciado Alfonso Cubas. - Mientras muestra su documento.

El abogado presenta su tarjeta del poder judicial.

Entran y piden por el despacho del juez Zavaleta. Un guardia interno los acompaña, él entra tocando la puerta.

- Señor juez, alguien dice tener cita con usted.

- Yo no he citado a nadie para esta hora.

El guardia sale y vuelve a entrar.

- Señor juez, el señor está identificado como Alfonso Cubas.

- Que pase.

Entran los dos hombres y saludan al señor juez. Luego el abogado continúa

- Señor juez, mi defendido ha venido para dejar las pruebas de su inocencia, contra la acusación del señor Lazo.

- Señor Cubas - la mirada del juez es fría – usted estaba citado para las ocho de la mañana y mira qué a hora me presenta su descargo ¿Se da cuenta de lo que hizo? Me hizo perder la mañana esperándolo.

Alfonso Cubas está sorprendido, pensó que la amenaza de Lazo eran sólo palabras.

- Con todo respeto señor juez, nunca me notificaron la hora de cita.

- Siempre se notifica señor Cubas.

- Mi defendido dice la verdad, nunca nos llegó ninguna notificación.

- ¿Nunca se lo dijo el señor Lazo? Se ofreció para decírselo en persona porque tenían asuntos que tratar.

- Sí me lo dijo, pero como me ha denunciado, pensé que era una trampa, tuve que tomar medidas drásticas para mí seguridad.

- Y por pensar que en una trampa me hizo perder tiempo.

- Lo lamento señor juez.

- Voy a programar la fecha para la audiencia. Espero que sea puntual, señor Cubas.

- Señor juez, soy un hombre de palabra y tengo mis principios.

- Acepto su carpeta. Seré minucioso a los detalles.

- Señor juez. Tenga fe de la legitimidad de los documentos que aquí se presentan - declara el abogado.

- Una semana esperando por esto. En qué puedo pensar.

- Señor juez – aclara Alfonso – soy un hombre transparente y estos documentos hablaran por si solos.

- Eso lo veremos cuando lo analice. Muchas gracias por no hacerme perder el día completo.

- Téngalo por seguro que eso no volverá a ocurrir. Mi justificación es que el señor Lazo ha desfigurado el rostro de mi hija. Recién ésta mañana salió del hospital. Fue en ese momento que me amenazó con estar presente hoy a primera hora.

- No me importa como se lo dijo. Usted sabía y no cumplió.

- Estaba en el hospital para recoger a mi hija. Señor juez, se lo juro que es verdad.

- Ya veremos. Puede retirarse.

Alfonso Cubas salió del despacho sudando frío, Eduardo amenazó con palabras sinceras y quién juró ser de palabra y verdad había fallado. Lo que le preocupó es que al juez no le importó que su hija fuese desfigurada por Eduardo. Solo espera que la denuncia por maltrato físico termine por poner en la cárcel a Lazo y debilitar su imperio.

- Señor Cubas… señor Cubas – el abogado levanta la voz. - señor Cubas le estoy hablando.

- Lo siento, estaba sumergido en mis pensamientos.

- Señor Cubas ¿Por qué no me dijo que estaba atrasado una semana con la presentación de las pruebas? ¿Tiene idea de lo que eso significa?

- Estaba muy ocupado buscando como hacer una trampa al mocoso de Eduardo Lazo. Pensé que había mordido el anzuelo por un buen tiempo, pero no, he subestimado su inteligencia. Ahora mi hija está pagando las consecuencias.

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