Persistencia

La primera noche fue intensa, Eduardo amó a Dalila, fue un momento que quiso marcar con cariño para ella que ella solo recuerde su mejor versión. A la mañana siguiente, los tortolitos se sonríen cómo saludo de buenos días.

- ¿Cómo amaneció mi amada mujer?

- Cansada, no pude dormir porque no me gustó lo último que hicimos.

- En verdad lo lamento. No lo vuelvo a hacer.

- Me duelen las piernas.

- Esta noche no haremos el amor. Hasta que te pase el dolor en las piernas.

- ¿Estás cómodo aquí? No lo creo.

- Con tal de estar contigo todo se puede aguantar. Bueno mi amor, voy a bañarme.

-No te mojes mucho. - fue una ocurrencia de Dalila.

Los dos se ríen. Él se levanta y se va al baño. Pero Dalila espera que esté lejos para llamarlo

-Eduardo, ven - mira el camino que hizo su novio.

- Dime, ¿Necesitas verme? Aquí estoy. - se acerca totalmente descubierto.

- Eduardo. Ven y recoge es cosa que ha tirado, la enfermera puede enojarse.

Al ver el cuero acercándose a ella, ella sonríe ampliamente.

- ¿Tanto te gusta mirar la piel de tu hombre?

Dalila se ríe, contemplar el cuerpo de ese hombre que estuvo dentro de su cuerpo era un gusto que quería.

- Picarona.

- Eduardo tu paquete debes de botar. La enfermera ya viene.

- Está bien, vamos a recoger el paquete. Pero para la próxima usaré condón.

Recoge el paquete sucio y lo tira al tacho que hay en el baño. Al iniciar la ducha, las imágenes de las escenas de terror que Dalila vivió con él pasan por su mente. Eduardo sacude la mente, pero esas imágenes vuelven, se angustia mucho, aun después de salir del baño y entra a su cuarto, la persistencia de estas imágenes perturba la mente de Eduardo, sufre, llora y súplica

- “Dalila, perdóname. Pero por favor, no recuperes tus recuerdos. Lo estoy pagando, por cuánto tiempo, no sé. Solo no recuperes tus recuerdos”.

Se fue al trabajo despidiéndose de Dalila, saludando a la enfermera y ahora en el auto. En su cabeza aún hacen eco los gritos cuando era azotada cuando mencionaba el nombre de Daniela, más lo recuerda, más se le carga el corazón. Sube directamente a su oficina, quiere concentrarse y olvidarlo todo.

Si bien es cierto, ahora todo es diferente, ama a Dalila, hizo el amor con ella, fue considerado con la condición de su esposa, pero la pérdida del niño no se perdona, pesa como una gran piedra en el corazón.

Es una lucha, por momentos debe ir al baño a desahogarse, llora como un niño.

- “Perdóname Dalila, perdóname. Pero no recuerdes tu pasado, apiádate de mí, te estoy tratando bien. Te suplico Dalila, no busques tu pasado. Pero si recuperas tus recuerdos no me juzgues por haber actuado deliberadamente bajo los efectos del odio”.

Eduardo sufre y no quiere decir la verdad a Dalila, teme que ella lo denuncie y lo deje con el corazón roto. Luego recuerda que hay un regalo para ella, aún no lo ha entregado, el anillo.

- “¿Dónde dejé el anillo? Debo buscarlo esta noche, ahora que está despierta. Debo dárselo”.

El anillo de compromiso era para cuando despertase su bella durmiente. No podía esperar más, tiene que conquistar a Dalila, atarla a su vida, amarla y mimarla para que sólo conozca lo mejor de él.

Está persistencia se mantuvo durante día, de manera repentina en su mente pasan fotos, tiene que decir la verdad, tiene que liberar ese peso. Su madre le aconsejó su debido tiempo, pero más puede el miedo a fracasar y verla en brazos de otro. Eduardo jamás permitiría que algo semejante ocurriera en su vida.

Luego recordó otra vez el asunto del bebé.

- "Mi hijo se fue al otro mundo… y yo que quería acabar su vida, sin pensar un poquito… ¿Qué le hice a mi niño?... Ojalá, Dalila nunca recuerde al bebé que perdimos…otro hijo llenará el vacío, pero no… ella no está en condiciones de poder tenerlo… paciencia… si hay que tener paciencia… cuando Dalila esté lista… haremos el bebé… felices todos”.

Eduardo necesita reparar el daño. En su mente está planificando hacer un hijo, para él, esta sería una oportunidad para resolver el problema, tener paciencia es lo único que necesita por el momento. Ese hijo sería su motivo para borrar el pasado, y tener a Dalila a su lado, pero hay que planificar y tener todo pensado con la cabeza fría.

A la noche, saluda a su esposa primero y luego a su madre. Dalila está aprendiendo a tejer, al lado de su silla de ruedas tiene una canasta con varios ovillos de lana sin contar la otra canasta de lana que es de su madre.

- Parecen dos arañas, me quieren atrapar en su tela.

- Yo tengo que amarrar a tu padre y Dalila verá a quien.

- Bueno, pienso atrapar un hombre, es guapo, alto, tiene dos ojos, nariz, boca, bastante cabello.

-Ese soy yo. Ya vengo con tu regalo.

- ¿Un regalo para mí?

- Ya lo verás.

Se fue Eduardo a buscar ese anillo. Mientras que mamá…

- Yo le hablo a mi hijo sobre la carta de la tercera audiencia. Él va a odiar la decisión del juez de contar con tu presencia.

- ¿Qué me puede pasar?

- Hay que tener nervios de acero, es un dolor de cabeza, así de fregados son los jueces.

Eduardo llega con la caja.

- ¿Dónde está mi bella flor?

- ¿Cómo se llama la flor? – preguntó Dalila, en toda su inocencia.

- Se llama Dalila, es hermosa y creo que la encontré.

Dalila sonríe ampliamente. Eduardo le muestra la caja y la abre frente a ella. Débora no puede con su genio.

- ¿Puedo verlo?

- No, porque es un regalo para mi mujer.

- ¡Es un anillo! Y como brilla, está bonito.

Eduardo se arrodilla, mira tiernamente a Dalila.

- ¿Quieres ser mi esposa? Quiero atar mi vida con la tuya hasta que la muerte nos separe.

Dalila extiende sus brazos, está feliz. Acepta la propuesta de su novio. Sellan su sí, con un beso.

- Voy a guardar la lana, para atenderte. - mamá se pone de pie y guarda su tejido.

- Yo también quiero hacer algo.

Dalila recoge su lana con la ayuda de Eduardo, él quiere llevarla, pero su madre lo llama.

- Eduardo, tenemos que hablar.

- Otra vez, mamá. - se queja.

Pero obedece y en la cocina recibe el sobre.

- Es esto - le entrega la carta – la he leído, es una citación para la tercera audiencia, es en diez días y el juez quiere la presencia de Dalila.

- Dalila tiene amnesia, no recuerda nada ¿Qué quiere de ella?

- Obedece al juez, y si es un truco de los Cubas, haz arreglos. Te preparo la cena y te dejo, porque tienes asuntos que hacer con tu mujer. Nos vemos mañana, me saludas a Dalila.

- Hasta mañana mamá.

Dalila está moviéndose con su silla de ruedas y ve a su prometido caminando hacia ella.

- ¿Ya se fue tu mamá?

- Tiene que atrapar a mi papá. Pero tú y yo tenemos nuestros asuntos.

- Cena primero.

Dalila acompaña a Eduardo en la cena. Él lava los trastes, Dalila se desplaza por la sala, sin saber que Eduardo la toma en brazos y la lleva a la cama para conversar.

- Nos vamos a casar pronto.

- ¿Cuándo podría ser? …Cuando pueda caminar.

- Yo quiero que sea antes. Quiero amarte mucho.

- ¿Vas a repetir tus largas sesiones de vals?

- ¡Amor! Se mantendrá lento por tu columna, y una dosis por vez.

- Ya me estabas asustando por lo que hablas.

-Te ayudo a ponerte tu ropa de dormir.

Eduardo la ayuda, pero se demoran, Eduardo no se resiste al sentir la piel de su esposa, pero se limitó a acariciar la espalda. Al sentir las cicatrices, empezó a sentirse mal, los recuerdos vuelven y lucha para terminar de vestirla.

- Me voy a cambiar rápido, para abrigarte hasta que entres en el país de los sueños.

- Muy bien príncipe azul. Bella durmiente va a esperar.

Eduardo se apresura en cambiarse. Y corre a meterse bajo la colcha. Él abraza a su mujer, la mima. Dalila entra en sueño y Eduardo empieza con la persistencia de los malos recuerdos. Le duele el pecho y no puede evitar las ganas de llorar.

- ¿Ya duermes corazón? – le susurra – perdóname, pero no me dejes. – Besa el hombro de Dalila - Ya no puedo dormir a causa de mis errores.

Todas las noches son una pesadilla, a veces está durmiendo y la persistencia lo despierta sudando, agitado. La persistencia de los malos recuerdos lo persiguen.

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