Se acabó

Eduardo abandona el hotel y se asegura que Daniela quede enrollada en la sábana como regalo sorpresa, o un pionono. Ahora se inicia el viaje de retorno a casa. A partir de ahora, en Asia, la pasarán en paz, la perra no volverá más.

Estando en la entrada de la capital le dice a su guardaespaldas de ir por la esposa.

- Cuando lleguemos a la casa de los Cubas, tú irás en taxi hasta mi casa y en ese mismo taxi te vienes hasta aquí con la mujer que tengo por esposa.

- En caso de que la señora se rehúsa.

- Lo dudo, solo dile que se trata de una emergencia, que hay asuntos que arreglar. - Le da un papel en el que acaba de escribir – Ten, esta es la clave para ingresar a la casa. Si el taxista olvida la dirección le das el papel, al reverso está escrito.

- Entendido señor.

- Sólo entras, vas al sótano, la llamas y le dices eso. No creo que sea necesario usar la fuerza, ella si es obediente. Es totalmente diferente a la perra que está aquí.

- Que esto termine pronto, me dio asco con solo verla.

-Te juro, ésta es tan perra, pero tan perra. Que quiero volver a bañarme.

- No creo que esta noche pueda dormir.

- Ya somos dos. Pero quiero que estés alerta, por si hay que usar la fuerza. Mientras vas por mi esposa, llamaré a los otros guardaespaldas. Un poco de refuerzo no vendría mal.

- Está bien.

En dos horas llegaron, por ser altas horas de la noche no había tráfico, eran las once y cuarto de la noche. Hernán, el guardaespaldas fue por Bastarda, ingresa al inmueble y busca a la señora.

- Señora Lazo, - Golpeó fuerte la puerta del sótano y con voz fuerte – por favor, necesito que me acompañe, soy el guardaespaldas del señor Lazo.

- Ya voy… me cambio y salgo.

- Lo lamento señora Lazo, se trata de una emergencia, mi jefe sabrá entender, así esté con ropa de dormir.

Bastarda abre la puerta, pese a estar despeinada y en pijama se presenta bien.

- Por favor, señora, sígame. Cómo le digo es una emergencia.

- ¿Le pasó algo malo?

- No es grave la condición del señor, pero dio la orden de ser una emergencia.

- ¿Es grave para mí?

- No puedo darle muchos detalles. Suba al taxi.

El guardaespaldas abre la puerta posterior a la señora Lazo.

- Gracias.

- Por favor. - la invita a subir.

Cierra la puerta, y el sube al asiento del copiloto.

- Buenas noches señor, disculpe mi mala presencia.

- Buenas noches, señora, no se preocupe, así son las emergencias.

- Gracias por su comprensión.

Hernán nunca ha oído a alguien expresarse de esta manera. La vigilia por el retrovisor y la postura es de toda una dama, no tiene nada de sirvienta. La mirada de la señora Lazo está fija en los pies. Se da cuenta que la mujer es digna de ser llamada señora.

Al llegar, el guardaespaldas paga al taxista y abre la puerta a la señora Lazo.

-Señora, hemos llegado.

El alumbrado público es muy fuerte, Bastarda reconoce el lugar.

- ¿Esto es una broma? Este lugar lo conozco. Aquí viven los Cubas.

- Señora, lamentablemente solo obedezco las órdenes del señor Lazo.

En seguida, los otros guardaespaldas rodean a la señora, Bastarda mira a Hernán.

- Es por su protección. - Ahora les habla a los otros. - la cuidan mientras saco el bulto del auto.

Los otros dos escoltan a Bastarda y siguen los pasos de Eduardo. A un lado del auto Hernán retira el pesado bulto, lo carga como saco de papa. Eduardo se adelanta y toca la puerta.

El mayordomo es quien abre la puerta.

- No son horas de molestar al señor. - el sirviente fue directo.

- ¿No le enseñaron a saludar? Malcriado.

- Insolente. Es usted que viene a estas horas a molestar.

- Que baje Alfonso Cubas. Pero ya. - le da una orden.

Hace una seña a Hernán de entrar a la casa. Eduardo grita.

- Oiga, Alfonso Cubas, se acabó tu juego, te lo advertí. Aquí te traigo una sorpresa, espero que te guste.

- ¿Qué escándalo es éste?... ¿Eduardo? - No se lo esperaba.

- Me mintió, aquí está su verdadera Daniela.

Hace una señal a su guardaespaldas para tirar el cuerpo. Al caer grita de dolor.

- Animal. ¿Cómo se te ocurre tratar así a mi hija?

- Está perra es de las peores. Ya lo he comprobado.

Alfonso desenrolla el cuerpo, desesperado por sentir los quejidos de su hija. Y verla adolorida y desnuda se enfureció y todos los miembros de la casa se despiertan. Eduardo hace señas para que los otros dos entren con Bastarda.

- Tenías que ser tú, Bastarda - le avienta un objeto contundente, pero estos hombres negros la protegieron.

- Se lo advertí, que solo un diminuto error suyo y lo vería. Estás destruido Alfonso Cubas.

Daniela intenta ponerse de pie y se asusta de su condición y se cubre con la sábana.

- Este hombre me mintió, me llevó a su hotel y me desnudó sin más.

- Maldito. Te voy a hundir por humillar a mi hija.

- Tengo la grabación ¿Quiere verla?

- ¿Cómo te atreves a hacer semejante vejamen?

- Su hija no sólo es ninfómana, sino que también es mitómana. No por nada la llaman perra en Asia.

- Mi hija no frecuenta esos lugares de bajo costo.

- ¿Nunca fue a Asia? ¿Nunca vio las playas privadas?

- De seguro Bastarda dijo todo.

- ¿Bastarda? ¿Quién es?

- La perra que tienes por mujer.

- Usted me la dio con engaños. Ella es ajena a toda la investigación que hice a la verdadera Daniela. Lo único de verdad que hubo aquí es que es bien portada.

-Te arrepentirás Bastarda, te pudrirás en la cárcel, te lo haré pagar todo. Te lo juro por la memoria de tus padres.

- ¿Quiénes son sus padres? - ataca Eduardo.

- No te metas en mis asuntos.

- La estoy investigando. Di todo lo que tienes que decir.

- Pierdes tu tiempo. Si crees que puedes investigarla.

Alfonso llama por teléfono a sus guardaespaldas y Eduardo pone en alerta a los suyos.

-Se acabó tu juego, y si aún quieres mover tus hilos, te aseguro que es tarde.

Eduardo quiso dar media vuelta, pero sus guardaespaldas se chocaron con los de los Cubas. Los hombres inician una redada, mientras ellos peleaban, un tercero de los Cubas fue un completo salvaje con Bastarda. Eduardo pensó que su esposa estaba fuera, que había corrido por el miedo, la busca por las calles, pero un mal golpe de los hombres de los Cubas fue para su colega y Bastarda corre. Eduardo sube al auto, necesita buscar a la mujer y ve a su esposa que huye y decide seguirla.

- ¿A dónde vas? Regresa. - le grita – Oye, debes ir a casa... regresa... tenemos que conversar...

Ella corre. Su visión se nubla, pero corre a la como puede, siente la necesidad de correr. Su visión se pone negra, no ve, no sabe quién viene, pero si percibe a la voz de Eduardo que la sigue. Un taxi la embiste. Eduardo va por ella y llamó a emergencias, pero la dejó allí en el suelo, para no complicar las cosas. El taxista se dio a la fuga.

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