Al día siguiente, Eduardo va por Bastarda, firma el alta y la lleva a casa sin darle los buenos días, sin preguntar cómo amaneció. Tiró la receta en el preciso momento de subir al auto. Abandona el hospital en completo silencio. Una vez en el pent-house…
-Tengo que bañarme, abre los regalos, pero cuidado con romper, quiñar y/o ensuciar.
- Descuide señor.
Bastarda va abriendo los paquetes cuando suena el teléfono. Ella contesta.
- Residencia Lazo, buenos días.
- Buenos días, con Eduardo, por favor.
- Está ocupado. De parte de quién.
- Soy su madre, anoche no vino a casa a recoger su encargo.
Eduardo gritó desde la ducha.
- ¿Quién es?
- Señor. Quien lo busca dice ser su madre.
- Ya voy.
Bastarda vuelve al teléfono.
- Señora disculpe, él pide no colgar, que la va a atender.
- Gracias, muy amable.
- Que tenga un buen día.
Eduardo le arranca el teléfono y contesta. Está todo mojado y con la toalla en la cintura, dejando su estructurado abdomen que deja perpleja a Bastarda, pero continúa con la labor de abrir los regalos de sus empleados y clientes.
- ¡Aló, mamá!
- Hijo, no has venido a noche para recoger el paquete.
- ¡Verdad! Lo olvidé.
- Dame tu dirección, estoy en la calle con tu padre y el paquete lo tenemos en el auto. Después del pago vamos directo a tu departamento ¿Has desayunado?
- No mamá, aún no. Me estaba bañando.
- Dame tu dirección, tu padre está saliendo del banco.
- Está bien mamá.
La señora Lazo apunta la dirección en su libreta. Su esposo sube al auto, es en ese momento que la señora entrega las coordenadas.
- A esta dirección, pero primero a una pastelería, vamos a desayunar con nuestro hijo.
- ¿Vamos a tomar otro desayuno?
- Cariño, Eduardo está acompañado. Porque me atendió una mujer por teléfono.
- Sí es así, vamos a conocer a la novia del heredero.
- Por su voz, parece ser gentil. Aunque el tono de voz me recuerda a alguien.
- ¿Te recuerda a alguien? Hay personas que tienen el mismo timbre de voz que otras. Ahora que le veremos cara a cara de seguro te quedarás todo el día hablando con ella.
-Tengo que conocer a la novia de mi hijo, ya que están conviviendo de seguro que tienen planeado casarse, o a lo mejor, tenemos un nieto en camino.
- Por favor querida. No aceleres las cosas.
En el pent-house…
- Mientras leo mis cartas y postales, haz el desayuno. Luego limpias la ducha.
Así fue, ella hizo el desayuno, lo sirvió en la sala porque allí se lo señala, ahora tiene que limpiar la ducha.
-Niñata - le grita desde la sala - se me cayó la taza de café. Dame otra.
Ella deja de limpiar la ducha, se lava las manos y prepara otra taza, pero en frente de él.
- Después de limpiar la ducha, recoges toda esta basura y la bajas, allá afuera hay un contenedor metálico solo para papeles, allí la depositas, y preparas té, van a venir mis padres. No te acercas a ellos, te pones a lavar ropa ¿Entendido?
- Sí, señor.
- Pero muévete, estás lenta.
- No me siento bien.
- Apúrate, para que descanses el resto del día.
- Sí, señor.
Eduardo esboza una sonrisa sarcástica, el bebé morirá pronto eso pasa por su mente mientras toma un café. La cita con la clínica la debe hacer hoy.
Mientras ella estaba en la cocina, los suegros de Bastarda llegaron. Los Lazo entran en la casa saludando a su hijo, pero la señora Débora busca a la novia de su hijo. Y la encuentra en la cocina.
- Eduardo, ven acá. - Débora quiere aparentar tranquilidad – Estoy en la cocina.
- Mamá - Se aproxima nervioso.
- ¿Es ella quien me atendió por teléfono?
- Sí.
- Gracias por la confirmación, ya te puedes retirar.
Eduardo está que aprieta la mandíbula, está enojado ahora tendrá que discutir con su esposa.
- ¿Cómo te llamas querida?
- Me llaman Bastarda. Pero una señora, que se llama Simona me llama Dalila.
- ¿Bastarda? ¿Quiénes te llaman así?
- No tiene caso.
- Quiero saberlo.
- He crecido en casa de los Cubas.
- ¿Cómo es que te llama una señora?
- Ella me llama Dalila.
- Me has dicho que se llama Simona ¿Verdad?
- ¿Quién es? Disculpa, pero es que soy tan curiosa.
- Es la cocinera de los Cubas. Pasé mucho tiempo con ella.
- Entonces te gusta cocinar.
- Aprendí a hacer de todo.
- ¿Desde hace cuánto tiempo conoces a mi hijo?
- Poco tiempo.
- ¿Te sientes bien? Te veo rara.
- No, no me siento bien. Está mañana salí del hospital. Ayer estaba muy mal, estuve vomitando.
- Deberías descansar.
- Tengo que trabajar.
- Pero anda, ve a descansar.
- Tengo que trabajar, el patrón se enoja.
- Sí es por complacer a mi hijo que eres trabajadora me voy a enojar.
Bastarda se fue a descansar, a Eduardo no le gustó eso, así que, se disculpó con sus padres y fue a regañar a su esposa.
- ¿Qué te has creído?
- Me siento mal. No puedo hacer las cosas rápido. La señora me dijo.
- Aquí mando yo ¡A trabajar!
Y varios golpes con cinturón hacen que los gritos llegasen a la sala. Débora y su esposo sacaron sus conclusiones, ella no es la novia, pero si recibe maltrato. El padre está disgustado con ese descubrimiento.
Eduardo se vuelve a disculpar con sus padres.
- ¿Y esos gritos? ¿De dónde salen, Eduardo? - papá quiere saber todo.
- ¿Cuáles gritos? Yo no escuché nada. - Eduardo está nervioso.
- Soy viejo, pero no soy sordo. Tu madre y yo escuchamos unos gritos no muy lejanos.
- ¡Ah! Es una loca que a veces pasa. Pobrecita, da pena, pero no se deja ayudar.
- Bien. Nosotros nos vamos. Tuvimos suficiente por hoy.
- Solo tomaron el té.
- Lo tomé – dijo Débora – por qué está muy bueno.
- Nos vamos porque eres un hombre muy ocupado.
- Que tengas un buen día. Pero quiero hablar con tu pareja. Vendré pronto.
- Gracias, mamá.
Pero los padres de Eduardo se fueron sin saludar como siempre saludan a su hijo. Ellos se van con un sin sabor en boca. Una vez en el auto conversan.
- Cariño, he hablado con ella. Me ha comentado que ha crecido en casa de los Cubas, que la llaman Bastarda, pero hay una señora, cuyo nombre es Simona y le llama Dalila.
- ¡Qué coincidencia! Y nosotros estamos buscando a Dalila.
- Roberto, ella tiene el cabello idéntico a Laurence, la forma de la cara y los labios no son casualidades.
- ¿Sospechas que sea la Dalila que estamos buscando?
- Sí, y la voz es tan dulce como la de Laurence…
- Tenemos que estar seguros de que ella es la Dalila que estamos buscando.
- ¿Y si es ella?
- Tenemos que salvarla. Has oído gritarla, para mí que Eduardo abusa de ella.
- Que nuestro hijo haga esto, es una vergüenza. - La señora está avergonzada.
- Me dijiste que fue criada con los Cubas.
- Sí.
- ¿Qué trato hizo el estúpido de mi hijo con los Cubas?
- Era eso lo que nos ocultaba… ¿Sabes? Ella está enferma. Le dije de ir a descansar, pero ella insistió en trabajar, porque si no Eduardo se enoja.
- Y cómo trajiste el té, Eduardo se disculpó y de repente los gritos de ella… es una bestia. Eduardo es una bestia, será mi hijo, pero es una bestia.
- Pero ella está enferma y la vi decaída. Me dijo que esta mañana salió del hospital y que ayer vomitó ¿Y sabes qué? Dice que llevan poco tiempo juntos.
- El tiempo que llevan juntos no me interesa. Debemos hacer una jugada, debemos quitarle a esa muchacha de su custodia. Eduardo la va a matar y yo no quiero asesinos en mi casa.
- Cariño, ¿Y si resulta que ella es Dalila Darcourt?
- Le prohibiremos a Eduardo de casarse con ella. A Dalila le buscaremos un hombre de verdad.
Los señores van a tomar cartas en el asunto, y el señor Lazo piensa desheredar a su hijo.
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Comments
Eli Sanchez
me encanta la actitud de la mamá de Eduardo bien
2022-10-27
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