Dalila Darcourt

La ambulancia llegó y le pidieron que los acompañe para dar declaraciones. Fue, de mala gana, pero fue. Ya en el hospital le interrogan.

- ¿La conoce?

- No, solo la vi correr y de repente cruza la pista y un taxi la embiste, pero el taxista se dio a la fuga.

- Bueno, tendrá que quedarse hasta que usted declare todo esto a la policía

Eduardo no tiene salida, pero Hernán está a su lado. Llegó la policía y la recepcionista le entrega las huellas dactilares de Bastarda, ya que no hay documento de identidad, y el testigo que no la conoce, también hace entrega del informe médico e interrogan a Eduardo.

-Dígame ¿Dónde fue el accidente?

Eduardo da la dirección.

- ¿Qué hacía usted allí?

- Estaba discutiendo con un colega.

- ¿A qué hora ocurrió el accidente?

- Cerca de la una de la madrugada.

- ¿Conoce a la mujer?

- No.

- Estaba discutiendo con su colega ¿Correcto?

- Sí.

- Según el informe médico, ella fue agredida. Escucho gritos de la mujer.

- No le presté atención.

- ¿No sintió los gritos de la mujer? - el policía insiste.

- No.

- Pero la vio correr.

- Sí.

- ¿Dónde estaba usted en el momento del accidente?

- Le dije que discutiendo con un colega

- Sea específico, en la calle, en el bar, en el interior de la casa, en el segundo piso.

- Está bien. En el interior de la casa.

- Y no escuchó los gritos.

- No. - mira al suelo.

- Míreme a la cara. - Levantó la voz el oficial - No me haga perder el tiempo y dígame la verdad.

Eduardo se sinceró con el policía.

-Tengo un pleito con el empresario Cubas, él me dio a su hija en matrimonio como símbolo de paz, pero me mintió, yo fui a buscar a su hija, la verdadera y se la traje a su casa y tuvimos una dura discusión y nuestros guardaespaldas se enfrentaron. Yo hice traer a la mujer que me dieron por esposa, pero no sé su nombre, ni me interesa, el empresario Cubas la llama Bastarda. Eso es todo.

- La mujer es su esposa, usted la está abandonando, por ser cambiada y no saber su verdadero nombre.

- Sí.

- Hablando se entiende a la gente.

- Yo estoy buscando a Dalila Darcourt, mis padres hicieron un arreglo matrimonial cuando ella nació, yo tenía cuatro años. Pero desapareció y la estoy buscando.

- Bien vamos a ver el resultado de las huellas dactilares para ver la verdadera identidad de su esposa.

- No existe registro de la persona. - dice el policía que está indagando con la portátil.

- Imposible, la mujer es la esposa del señor Lazo, tiene que existir.

- Voy a buscar en todos los archivos.

- Tiene que haber un registro.

Pasan las horas. Eduardo está muy incómodo hasta que dieron con la verdadera identidad de su esposa.

- Lo tengo, oficial. El verdadero nombre de la señora es Dalila Darcourt. Según el reporte, desapareció en setiembre de 1997 con dos meses de edad.

A Eduardo se le desencajó el rostro, buscaba a Dalila Darcourt y la tenía en casa, recordar los infernales días lo hacen sentir como la peor bestia. Baja la mirada y se queda en shock, no reacciona con nada, como una estatua se queda.

- Señor usted buscaba a Dalila Darcourt y mire, está casado con ella.

- Señor - le habla Hernán - los Cubas la tenían secuestrada todo este tiempo. Le cambiaron de nombre y cuando hizo el trato de paz por medio del matrimonio, hizo el cambio… Used le advirtió a Cubas que si hacia una jugada sucia se la verían.

- Señor, si hay un asunto delicado entre ustedes, haga una denuncia. Si usted toma venganza podría ir a prisión. Señor ¿Me escucha? Le estoy hablando.

Eduardo estaba sumergido en sus pensamientos, el policía le habla y le sacude el brazo y nada. Los policías hicieron su trabajo, ellos se retiran. No pueden hacer nada para traer a la realidad a Eduardo.

Cuatro horas después, vuelve en sí. Se acerca a la recepcionista.

- Buenos días, señorita necesito ver a la paciente de la cama 31.

- ¿Dalila Darcourt? - Lo mira bien - señor, ¿Se siente bien?

- Estoy sin dormir, anoche tuve la noche más larga de mi vida.

- Puede pasar, pero solo cinco minutos.

- Gracias.

Entra al cuarto y se acerca a la cama 31, una enfermera estaba colocando una intravenosa, para que Dalila reciba el suero como alimento.

- ¿Viene de visita? - la enfermera siente los pasos de Eduardo.

- Sí. Buenos días.

- Solo la hemos estabilizado, será trasladada a otro hospital donde si cuentan con el especialista, sus resultados ya salieron. El doctor viene hoy para atenderla.

- Gracias.

La enfermera termina su labor y sale para a dar atención a otro paciente. Eduardo se acerca.

- ¡Dalila!... ¿Puedes oírme, esposa mía?... Reconozco mis errores, debí esperar un poco los resultados de las investigaciones, pero mi odio por los Cubas y el intenso deseo de destruirlos me han dominado, los puse por encima de la razón. Esos dos motivos prevalecieron… fui un salvaje contigo… te prometo que a partir de hoy todo va a cambiar… ya sé tú verdadero nombre… eres la mujer que por tanto tiempo estuve buscando…Dalila… esposa mía, perdóname… el bebé estará bien. Los abuelos estarán contentos con la noticia… - le da un beso en la frente – Vamos a empezar de cero Dalila… desde hoy vamos a escribir un libro nuevo… una historia bonita. Dalia, voy a vengarme de los Cubas, espérame.

Le da otro beso en la frente, le acaricia las manos, las toma y la besa, contempla su cara, un roce de labios como despedida, Eduardo está resuelto a todo por Dalila.

Saliendo del hospital, intenta llamar a sus padres, pero nadie contesta el teléfono, no le queda de otra que enviar mensajes a WhatsApp, sólo por ese medio puede hablar con ellos

Eduardo

- Papá, encontré a Dalila Darcourt. Está en el hospital Almenara, recién un doctor la atenderá está mañana.

Roberto

- ¿Tus padres no te enseñaron a saludar?

Eduardo

- Lo siento. Pasé la noche en blanco.

Roberto

- En el transcurso del día vamos a llamar al hospital.

Eduardo

- Dalila fue atropellada ayer. Si en la tarde me aceptan una visita en su casa, les explico todo.

Roberto

- Si tienes intenciones de explicar, las puertas están abiertas.

Eduardo

- Gracias, papá. Un saludo para mamá.

El señor Roberto no respondió el último mensaje de su hijo. Eduardo entiende el enojo de sus padres. Así que sube al auto y conduce sin sus guardaespaldas, solo les pidió que le dejarán el auto y se vayan a casa.

Eduardo se dirige a la casa de los Cubas. Toca la puerta y la cocinera le abre la puerta.

- Buen día joven, ¿Qué se le ofrece?

- Necesito hablar con los Cubas.

- Yo no soy el mayordomo, soy la cocinera.

- Mi visita será breve. Se lo prometo.

- Pase.

Al entrar, la familia Cubas estaba desayunando.

- ¿Usted, aquí otra vez? - renegó Alfonso.

- Ya descubrí la verdadera identidad de la mujer que me dio por esposa.

Se acerca a Daniela, le toma de los cabellos y la arrastra rápidamente y le estrella la cabeza contra el repostero. Haciendo añicos el vidrio y desfigurando el rostro de Daniela. Todo fue muy rápido.

- ¿Para eso has venido? A causar más daño.

- Mi esposa es Dalila Darcourt. - habló con firmeza – y si no fuera por mi inteligencia esto le hubiera pasado a mi esposa.

La frase "mi esposa" fue muy pronunciada, muy enfatizada. Quiso dejar en claro el error de los Cubas.

- Esto que ven aquí, era lo que más anhelaba para su hija por zorra.

- Eres cruel – dijo Elsa - auxiliando a su hija.

- Mañana a las ocho, al tribunal. Si tanto se creía inteligente por su jugada para que yo matase a Dalila creyendo ser Daniela. Pues déjeme decirle que jugó mal. Subestimó a mi inteligencia, descubrí todo y rápido.

- Te voy a denunciar por lo que le has hecho a mi hija.

- Mañana a primera hora en el tribunal. Junte todas sus pruebas, que yo ya presenté todas las mías.

- Vas a perder, muchacho. - amenaza Alfonso.

- Eso veremos. Buenos días.

Eduardo se fue con la satisfacción de arruinar el rostro de Daniela Cubas, ahora quedará marcada de por vida.

Mientras tanto, Dalila está siendo trasladada para empezar con el proceso de revisión y curación.

- ¿Gestante? – preguntó el doctor al leer los resultados – con un accidente automovilístico y maltrato físico previo, el embarazo está perdido.

- Doctor. La señorita recién ha sido identificada por la policía como Dalila Darcourt.

- ¡Dalila! Bonito nombre. ¿Las tomografías? ¿Las radiografías? No las veo.

- El radiólogo las está revisando.

- ¿Recién?

- El tomógrafo estuvo ocupado, doctor.

Suena el teléfono.

-Atiende Claudia. Voy a revisar cuántas fracturas tiene.

Claudia le pasa el teléfono al doctor, es el señor Lazo.

- Es para usted. Es el señor Lazo.

- Gracias ¿Aló? Buenos días. ¿Señor Lazo?

- Buenos días doctor, efectivamente soy yo, Roberto Lazo.

- Dígame, ¿En qué le puedo ayudar?

- Me enteré esta mañana de que tienen internada a mi nuera, se llama Dalila Darcourt, y en la recepción me informaron que usted es el doctor que va a atenderla.

- Soy el doctor Alvarado. Y la paciente Dalila Darcourt está bajo mi responsabilidad.

- ¿Me puede programar una cita? Por favor. Para poder hablar personalmente ya que algunos detalles no se pueden dar por teléfono.

- Le parece bien a las seis de la tarde.

- Perfecto, allí estaré.

Roberto colgó el teléfono. El doctor le habla a su asistente.

- La paciente es nuera de los Lazo, no es una paciente común.

- No me diga que es la esposa del magnate.

- Tenemos que ser muy profesionales y cuidar mucho el protocolo, son de la alta sociedad y si ha pedido cita, algo hay.

- Si doctor, estaré atenta para evitar problemas.

- Un mínimo error y podemos perder el trabajo.

- Lo entiendo.

- Vamos a estar bajo mucha presión.

- Lo tendré en cuenta.

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Comments

Enriqueta Cruz

Enriqueta Cruz

osea cuando ba atener caracter siempre ba ser estupida escritora aga una novela dnd la mujer tenga caracter

2024-07-26

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