David
Llego a mi oficina en el cuartel y lanzo todo lo que estaba sobre el escritorio, y sin poder evitarlo le doy un puñetazo a la pared, y ni siquiera el dolor en mis nudillos logra calmar la ira que siento.
Si no hubiese llegado a tiempo ese imbécil…. No, no puedo ni siquiera pensarlo. Él iba a forzarla. No se podía esperar nada menos de una rata como esa, pero con April no, a ella no la tocará nunca más en su vida.
La sacaré de esta ciudad. Sí, eso haré. Le ofreceré la seguridad que existe para las personas que atestiguan en contra de criminales peligrosos. Haré lo que sea necesario, pero juro que nunca más volverá a ver a ese despojo humano.
No toleraré que esté a menos de 100 kilómetros de ella.
Supongo que fue una suerte que Victoria me haya quitado mi arma antes de salir del vehículo de vigilancia, de lo contrario Carrasco ya estaría muerto. O quizá Victoria arruinó mi venganza… Bueno, supongo que un tipo como él no merece una muerte rápida, quiero verlo sufrir, pedir clemencia y luego matarlo lentamente.
Sonrío ante la imagen que veo en mi cabeza.
–Necesito hablar contigo. –Me giro ante la voz de April. Estaba tan inmerso en mis pensamientos que no la escuché entrar. Sus ojos se pasean sobre el desastre que es mi oficina, pero no dice nada–. Solucioné todo. Le dije a Jorge que estabas obsesionado conmigo, que tenía una orden de alejamiento en tu contra. No te preocupes, ¿sí? No arruiné la operación.
–¿Estás demente? –le pregunto a gritos. Cómo mierda le puede importar la operación en este momento–. Estás fuera, ¿me entiendes?
April me mira con su rostro aún más pálido que de costumbre. Se acerca lentamente a mí, y coloca su palma sobre mi brazo.
En cuando su piel toca la mía, la ira que sentía abandona mi cuerpo.
–Lo siento –susurra–, pero no saldré de la operación. Hablé con Victoria, arregló todo. Tú te llamas Pedro Valenzuela, eres mi ex pareja y me has acosado los últimos meses. Tu identidad, las denuncias y las órdenes de alejamiento en tu contra ya están en sistema. Victoria lo hizo de inmediato, me dijo que sospechaban que él tenía contactos que le podían dar información de la PDI, así que si averigua lo que le dije lo podrá comprobar.
–No entiendes –espeto pasando mis dedos por mi cabello con brusquedad–. Lo siento, pero no puedo trabajar contigo, no de esta manera.
–¿Por qué? –exige–. No estoy en peligro, él creerá mi historia. No entiendo por qué te apresuras en tomar una decisión.
Me cago en todo.
La tomo por los brazos con fuerza. –¿Quieres saber por qué? –grito desesperado–. ¿Realmente necesitas saber por qué? –insisto. La acerco a mi cuerpo y la respiración de April se torna pesada– .Por esto… –le digo antes de besarla.
April
Cuando los labios de David capturan los míos entendí que nunca había sido besada, no realmente, no de esta manera, no con esta intensidad y posesión que me encanta y asusta al mismo tiempo.
Suelto un gemido cuando muerde mi labio inferior y David gruñe antes de intensificar el beso. Su sabor a café recién molido, a menta y a fuego logra que mis piernas se sientan tan débiles que ya no puedo mantenerme en pie. David me toma por los muslos y me lleva a su escritorio.
Se aleja y sus ojos están más negros que nunca, como un ángel caído obligado a vagar con los humanos. En su mirada tormentosa hay calor, deseo, necesidad, culpa, y tantas cosas que no puedo evitar acunar su rostro y acercarlo a mí, necesito sentir su sabor nuevamente, necesito sentirlo cerca.
Gruñe en cuanto nuestros labios se vuelven a tocar. Abre mis piernas y se coloca entre ellas. Suelto un gemido al sentirlo excitado contra mí.
Sus manos recorren mis muslos y tira de la tela del vestido hacia arriba hasta que ya no cubre mi parte inferior.
Sus ojos miran el triángulo negro con encaje que cubre la parte que más lo desea en este momento.
Sonríe maliciosamente antes de subir sus manos bajo la tela de mi vestido por mi cintura hasta alcanzar mis pechos, los cuales están pesados e hinchados, listos para él.
Mi cabeza cae hacia atrás al sentir su tacto en todos lados, muerdo mi labio inferior con fuerza para evitar gritar, después de todo estamos en el cuartel.
–Maldita sea, April –suelta antes de bajar sus labios a mi cuello, y a pesar que amo como me hace sentir, una parte de mí extraña el sabor de sus besos.
Mis manos comienzan a desabrochar su camisa de forma automática, podría jurar que mi cerebro no les dio ninguna orden. Sin embargo, me alegro cuando puedo tocar el calor que emana de su piel.
David ruge al sentir mi tacto, y sin poder evitarlo le doy besos húmedos sobre sus pectorales, sintiéndome feliz de poder sentir el sabor de su piel. Sabe a fuego y a pasión.
–Oh, mierda –masculla antes de pasear su boca sobre mis pechos, los cuales se tensan a pesar de tener la tela del sujetador y el vestido sobre ellos.
¿Cómo es posible que me tenga en este estado cuando ni siquiera me ha tocado sin el obstáculo de la ropa?
Quisiera que rompiera mi ropa y me tomara aquí mismo sobre el escritorio, o contra la pared, o donde se le dé la gana. Es tanta mi necesidad que quiero rogarle que me desnude y haga conmigo lo que quiera, en este momento no podría decirle que no a nada. Absolutamente a nada.
¿Qué mierda está pasando conmigo?
–Por favor –suplico en un suspiro interminable cuando su boca muerde la cima de mi pecho–. Por favor –insisto.
–Mierda, ¿qué hice? –masculla y se aleja de mí.
Estiro mis manos hacia él, pero se aleja unos pasos. Mi cuerpo temblante de deseo se sonroja de vergüenza al entender que nos está rechazando.
Hago una mueca al sentir un dolor atravesando mi pecho.
–Lo siento –dice–. No puedo tener las manos quietas cuando estoy a tu lado. ¿Entiendes por qué no puedo dejar que sigas con esto? No voy a quedarme sentado viendo cómo esa rata te lastima.
La preocupación y la dulzura en su mirada eliminan el dolor en mi pecho. Se preocupa por mí.
Me bajo del escritorio, todavía temblando, y me acerco a él. Acuno su rostro y sus ojos me ruegan que entienda.
Sonrío y lo beso. Este beso no es arrebatador como los anteriores, es tranquilo, dulce y reconfortante. Logra calmarnos.
Me alejo de él y antes de salir de la oficina le digo: –Ahora sabes por qué no dejaré la operación.
Sin darle tiempo a que me responda, me alejo y corro hacia mi casa.
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Comments
Adriana Romero
Tanto nadar 🏊 para morir ahogado en la orilla, me quedé Esperando los fuegos💥💥 🔥 artificiales, 🥵😫
2025-04-03
0
Raquel Cardenas
Ya solo falta un pequeño pasito y caen redonditos!
2025-02-06
1
Tere Roque 🇨🇺
sííííííííííí ésoooooooooooooooooooooooooooooooo BRAVO 👏🏼 amb@s ya dieron sus criterios y posiciones ante la misión en contra del askeroso y degenerado Carrasco y x tanto ya c/u sabe k siente x otr@ y k ningun@ va a claudicar y menos ➖️ a abandonar la misión así k sólo les kda confiar en el otr@ y en las decisiones k tomen, pr sobre todo en su amor 💘 y pasión tan fuerte cm arrebatadora k saca chispas con tan sólo rozarse
2024-09-01
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