La distracción

April

Mi trasero choca con el suelo por quinta vez en lo que va del día, y suelto un suspiro de fastidio.

David me regala una sonrisa de disculpa, pero lo ignoro.

Hoy estoy cabreada con él.

En primer lugar llegó a las siete de la mañana. ¡Siete de la mañana un sábado!

Creo que no necesito añadir nada más a la lista, pero lo haré. Estoy realmente enojada.

En segundo lugar no ha dejado de tocarme durante toda la mañana, ignorando completamente mi descontrol hormonal. No quiero dar tantos detalles, pero basta con decir que he tenido que cambiar mi ropa interior un par de veces.

Su tacto enciende algo en mi piel que no puedo apagar fácilmente. Me pregunto si a él le pasará lo mismo conmigo, pero no lo he visto afectado como yo. Aunque ha suspirado un par de veces cuando me mira atentamente, lo que tomaré como un punto a mi favor.

Y en tercer lugar estoy realmente molesta por sus palabras de ayer. No es que quiera saltar a sus brazos a la primera de cambio, o al menos eso me repito una y otra vez, pero me molesta que si ambos queremos estar juntos no podamos hacerlo.

Tampoco digo que él esté desesperado por ello, pero vi sus ojos, vi el deseo reflejado en ellos, y esa imagen me perseguirá por mucho tiempo.

Puedo entender que es peligroso, no soy idiota, pero si realmente quisiera intentarlo, como yo, podríamos llegar a una especie de acuerdo que acabe con los dos enredados con las sábanas.

Eso sí que sería un premio para todo lo que estoy haciendo, sobre todo el ejercicio excesivo.

–No quiero seguir por hoy –espeto cansada mientras me pongo de pie.

–De acuerdo –concuerda a la vez que me lanza otra de sus intensas miradas. Él y sus malditos ojos oscuros que me hablan sobre deseo y necesidad. No es justo–. Creo que nos vendría bien una distracción.

Suspiro. Es justo lo que necesito.

–Te llevaré a tomar un helado –agrega.

–¿En serio? –pregunto esperanzada, y David asiente–. Espera un momento, fuiste muy claro en decirme que no nos pueden ver juntos porque es demasiado peligroso… Y ahora quieres que vayamos al centro a tomar un helado. No entiendo.

–¿Quién dijo que te llevaría al centro? –pregunta con una hermosa sonrisa que me hace agua la boca–. Vamos a ir fuera de la ciudad. Iremos en moto y con los cascos no podrán reconocernos –explica sin dejar de sonreír.

–Creo que paso –digo tímidamente mirando hacia el suelo. Las motos no son lo mío.

Tiemblo al pensar en subirme a una.

–Esto es ridículo. A las situaciones que una persona normal les teme tú no lo haces, ¿pero si le temes subirte a una moto? –pregunta sacudiendo la cabeza sin dejar de sonreír.

–Las motos son peligrosas –devuelvo molesta–. Además no es un simple paseo, quieres sacarme de la ciudad y yo valoro mi vida.

–Sí, claro, porque como tú no haces nada peligroso –dice usando ese tono sarcástico que he aprendido a reconocer–.  Pensé que no le temías a nada.

–No les tengo miedo, solo no me siento cómoda con la idea –miento cruzándome de brazos y mirándolo fijamente.

David comienza a reírse a mandíbula batiente ante mi mirada perpleja.

–No seas cobarde. Vamos –ordena a la vez que me toma de la mano y me arrastra hacia el interior de la casa–. Me la llevo. Necesita relajarse un momento –les dice a Aly y a Cristián, quienes nos miran interrogantes–. Volveremos antes de las ocho.

Comienzo a rezar, a quien sea que me esté escuchando, que lo que dice David sea verdad, y agrego en mi petición volver sana y sin ningún rasguño.

No puedo creer que tenga una moto, ¡una moto! Es un irresponsable. Quizá sea bueno para mi libido que David no sea el hombre perfecto que proyecto en mi imaginación. Con lo de la moto ha bajado bastantes peldaños del pedestal en el que lo tenía.

Una moto, sigo sin poder creerlo.

Cuando salimos de la casa veo estacionada, la que posiblemente sea mi ataúd, al lado de un árbol viéndose como lo que es, un transporte maldito.

Comienzo a retroceder de forma inconsciente.

–¿En serio? –pregunta sin poder creérselo. Se acerca a mí y me coloca un casco en mi cabeza y toma mi cabello con mucho cuidado y lo esconde dentro del casco–. Este lindo pelo puede ser reconocido fácilmente –dice antes de asegurarse que puedo ver bien.

Se sube a la moto y me mira como esperando que lo siga.

¡Se ha vuelto loco, ni siquiera tiene cuatro ruedas!

Suspira. –Debería haber sabido que esto sería mucho para ti. Iré por mi auto –dice.

En este momento todo el cabreo que siento me da la fuerza y la valentía necesaria para subirme en esa cosa.

Yo y mi estúpido orgullo, si muero por esto nunca me lo perdonaré.

Apenas me subo lo abrazo con todas mis fuerzas, sin importarme si le rompo una costilla. El calor de su cuerpo traspasa el mío y poco a poco voy perdiendo el miedo que sentía y comienzo a disfrutar al tenerlo tan cerca.

Me acomodo y abrazo sus muslos con mis piernas, y podría jurar que lo escucho gemir, pero quizá solo fue el viento.

Cuento hasta diez y luego la moto se pone en marcha.

******

–¿Estás disfrutando de tu helado?

– Claro –respondo mientras vuelvo a saborear el sabor refrescante de los frutos rojos.

David me sonríe antes de seguir saboreando su helado de chocolate y pistacho.

No puedo evitar sonreír al recordar lo corto que se me hizo el viaje, estaba muy cómoda. David tiene un cuerpo duro, musculoso y cálido, disfrute cada minuto del viaje.

La travesía tenía como objetivo la plaza de una ciudad llamada San Carlos, según me explico es una ciudad pequeña cerca de Chillán. La plaza es preciosa y el lugar es muy tranquilo.

–Gracias –digo sinceramente mirando a mi alrededor–. Necesitaba esto y creo que no sabía lo mucho que lo necesitaba hasta ahora que estamos aquí.

–De nada. –Se gira hacia mí y sus ojos oscuros me miran intensamente, puedo sentir como mi rostro se sonroja. Qué vergonzoso.

Desvío la mirada y finjo estar muy concentrada en mi helado.

Trato de respirar lentamente para controlar el acelerado ritmo de mi pulso, pero mi meditación amateur se ve interrumpida por el sonido de mi celular.

Lucho para sacarlo de mi pantalón y en cuanto veo la pantalla, palidezco.

Es Jorge.

David me mira y sé por su expresión que sabe perfectamente quién está llamando.

Respiro dos veces profundamente antes de contestar.

–Hola –saludo tratando de sonar serena y coqueta a la vez.

– Hola cariño. Te llamaba para decirte que voy saliendo de Chillán por un viaje de negocios pero vuelvo el lunes en la tarde. Quiero mostrarte tu nueva oficina. Está ubicada en el edificio Aranjuez, muy cerca de tu casa, así que nos vemos a eso de las siete de la tarde. Estoy ansioso por mostrarte algunas cosas que te pueden interesar –agrega con voz ronca.

–Yo también –logro decir después de unos largos segundos.

Ya sabe dónde vivo. Imaginé que podría averiguarlo, pero no pude prever el miedo que sentiría ante esa certeza.

–Adiós, April. Estoy ansioso por estar a solas contigo, preciosa.

–Adiós –digo y corto.

Sé que está esperando algo más que conversar acerca de sus negocios.

¿Ahora qué haré?

–Y bien, ¿qué quería? –pregunta David sonando molesto y preocupado, seguramente por la expresión aterrorizada que debo tener en este momento.

–Solo quería pedirme que nos encontráramos el lunes a las siete de la tarde en la oficina –digo intentando tranquilizarlo–. Va saliendo de la ciudad por un viaje de negocios.

–Lo sé. Va a Santiago a cerrar un trato y a solicitar el pago de dos clientes que no han pagado la totalidad de los montos. –Ríe sin humor–. ¿Eso era todo lo que quería?

–Sí –me apresuro en responder con la voz más tranquila que puedo improvisar–. Así que desde el martes podré tener acceso a lo que necesitan, eso sí me deja sola para poder revisar tranquilamente.

Asiente perdido en sus pensamientos. Sé que está preocupado por mí, mi actuación ha sido un completo fiasco.

Solo me queda esperar que recuerde la conversación que mantuvimos ayer. Si me saca en este momento corro más peligro que ahora.

En teoría.

David

Mientras caminamos hacia mi moto puedo sentir como la chispa vibrante que April relucía hasta hace apenas unos minutos se apaga con cada paso que damos, al mismo tiempo que su angustia crece.

Maldita sea, me siento tan impotente al no poder hacer lo que realmente quiero. Si pudiera, la llevaría lejos de aquí, a una Isla privada si fuera necesario, para mantenerla a salvo y tranquilizarla. Luego le haría entender que debemos estar juntos, y que nada le pasará a mi lado, pero no puedo.

Tengo mis puños tan apretados en este momento, que me obligo a relajarme. Lo último que necesita April es verme tan enojado.

Cuando estamos frente a mi moto me giro para mirar su bello rostro, ya que siempre logra tranquilizarme la dulzura que veo en él, pero para mi mala suerte se encuentra mirando sus pies.

Es hermosa.

Su belleza es inigualable, pero en este momento su rostro está pálido y tiene su linda nariz arrugada. Está asustada, pero también sé que lo superará porque es una mujer valiente, quizá demasiado para su propio bien.

Sin poder evitarlo me acerco y con mi dedo índice levanto su mentón para tener su rostro encantador frente al mío.

–Juro que voy a protegerte en todo momento. No te va hacer daño, antes lo mato. Me crees, ¿verdad?

–Sí –responde inmediatamente y cierro los ojos por unos instantes al sentir el remolino de emociones que una sola palabra provoca en el centro de mi pecho. Creo que nadie había mostrado tanta confianza en mí, nadie.

Me sonríe y se alza en la punta de sus pies y deja un dulce beso en mi mejilla.

Cuando se aleja, sé que no fue suficiente, quiero más, siempre querré más de ella. Creo que podría darme todo y no sería suficiente.

La abrazo por la necesidad de sentirla cerca. Mis manos toman vida propia y acarician su lindo y sedoso cabello. La escucho suspirar en mi pecho y apoyo mi barbilla en la cima de su cabeza.

Encajamos como dos piezas de un rompecabezas.

Después de unos minutos ambos nos tranquilizamos y nos separamos, demasiado pronto para mi gusto.

–Gracias, necesitaba eso –susurra con una expresión serena–. Vamos, tenemos que preparar todo para el lunes.

Asiento.

Nos subimos a la moto y partimos.

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Comments

Adriana Romero

Adriana Romero

Ya no aguanto más ➕ 🤪😝🤣, ahora para cuándo??

2025-04-03

0

Momys.rub

Momys.rub

Hasta acá se huele y se respira SEXOOOOO DEENFREBADO CON UNA DOSIS DE TERNURA!!!!!
AUCH!!!

2024-03-06

5

𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮 𝓭𝓮 𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪 🦋

𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮 𝓭𝓮 𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪 🦋

Estos niños se tienen unas ganas, qué hasta a mi me dan ganas jajajaja

2023-07-11

8

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