Las mentes de algunas personas no funcionan como deberían

David

–Hola, jefe –saluda Javier en cuanto entro a la casa desde donde estamos trabajando.

–Hola, Javier. ¿Cómo va todo? –pregunto mientras lo miro trabajar en su computadora sin parar.

–Todo bien.

–¿Y Villanueva?

–Haciendo su trabajo, ha logrado acercarse a la objetivo, creo que empieza a confiar en él. Es cosa de tiempo que nos diga lo que necesitamos saber.

Asiento. –Creo que no me equivoqué con el chico entonces.

–No, jefe, no lo hizo.

–Bien. ¿Cómo va la investigación?

–Avanzando. Estoy muy cerca de tener acceso a las cuentas de El Emperador. Si podemos seguir su dinero, lo podremos atrapar.

Golpeo su hombro. –Muy bien. Necesito terminar con esta investigación y meter a Carrasco en la cárcel para volver a mi vida.

–Lo sé –dice y se gira en su silla gamer–. Nos extrañarás.

Sonrío a mi pesar. –Te he dicho muchas veces, que si quieres, te puedes venir a trabajar a mi empresa –digo seriamente. Javier sería un gran activo para mí. Sus habilidades son extraordinarias.

–Gracias, pero no –se apresura en responder–. Mi familia está aquí.

Asiento porque he llegado a comprender la lealtad que existe entre ellos como partes integrantes de la Institución. He tratado de convencer a Victoria de que trabaje conmigo cuando terminemos estas investigaciones, pero su respuesta es la misma que la de Javier, lo que es una lástima.

Miro la hora en mi celular. Mierda, ya debo irme.

Dejo las carpetas que traía conmigo sobre el escritorio de Javier.

–¿Y esto?

–Lo que tenemos hasta ahora para que lo revises cuando tengas un tiempo.

–Lo haré.

–Debo irme, tengo una reunión.

–Adiós, jefe –se despide con una sonrisa mientras gira en su silla nuevamente.

–Adiós, cualquier novedad me llamas. No importa la hora.

–Lo sé.

Salgo de la casa y conduzco hacia el cuartel con cuidado de que nadie me siga. Doy varios giros innecesarios y luego me dirijo hacia el centro, cuando estoy seguro de que nadie me sigue, rectifico mi rumbo hacia el cuartel.

******

Miro por quinta vez la hora, sintiéndome furioso. Veinticinco minutos de retraso y esa mujer aun no llega.

¿Hasta qué punto puede estar alguien retrasado considerando que vive a menos de dos cuadras de aquí?

Miro a Victoria, quién se está inquietando a medida que pasan los minutos.

Mierda, a lo mejor se arrepintió. O quizá ese imbécil no la dejó venir. Quizá esté en una relación en donde no pueda decidir por ella misma, quizá necesita ayuda. Si April me pidiera ayuda, lo haría encantado. Ese idiota no es el hombre indicado para ella.

¿Pero qué diablos hago pensando en eso?

Me dirijo a la cafetera para servirme otro café negro, sin azúcar. Estoy seguro que esta noche no podré dormir con toda la cafeína que he bebido hoy, pero sinceramente no tengo otra cosa más que hacer.

Cuando estoy casi terminando mi café la puerta se abre.

–Lo siento, sé que me atrasé, pero me tuve que escapar. No tengo mucho tiempo, así que vamos al grano.

Mierda quizá sí que necesita ayuda.

La chica se ve exaltada y su respiración forzada suena por toda la oficina. Su pecho baja y sube al ritmo de su acelerada respiración, y aunque no lo quiera, tengo que admitirlo, es bellísima.

Viste un pantalón corto de mezclilla y una camiseta azul con un estampado dorado muy sutil, camiseta que se le ciñe al cuerpo y puedo apreciar más de lo que necesito en estos momentos para calmarme.

Su cabello cae por su espalda, enmarcando su rostro, el cual está sonrojado y sudoroso, evidenciando que corrió para llegar al cuartel.

Me empalmo al verla, y juro que si estuviera solo me golpearía en este momento.

Me obligo a controlarme, no tengo catorce años.

Mi siguiente pensamiento es que a pesar de lo linda que se ve en este momento, sigo prefiriendo su look de más temprano.

La imagen de ella desnuda, vestida solo con una camisa, está grabada en mi cerebro, y a pesar de que lo he intentado, no he podido sacar esa imagen de mi mente, la veo cada vez que cierro los ojos, lo que aumenta mi excitación.

–Siéntate –digo con más brusquedad de la necesaria. Esta mujer tiene el poder de convertirme en un imbécil–. Pasáremos por alto tu retraso, sólo por esta vez. Ahora, a lo que nos concierne, nos dijiste que Carrasco te había dado su teléfono para que se juntaran mañana –digo y me mira sorprendida, es como si recién se hubiese dado cuenta que mañana es viernes–. Nuestra intención es que lo llames esta noche y se junten mañana a cenar.

–¿Y después que tengo que hacer? Porque, sinceramente, dudo mucho que consigan lo que quieren con una cena –dice mirándonos con una clara sospecha en sus ojos.

Mierda. ¿De qué manera le puedo decir lo que tiene que hacer, sin mentirle, pero sin asustarla tampoco?

No creo que nadie acepte la proposición que tenemos que hacerle. Bueno, al menos nadie en su sano juicio.

–Lo que tienes que hacer –dice Victoria–, es conquistarlo y entrar a su negocio. Estás actualmente sin trabajo y él tiene muchas empresas para cubrir sus negocios sucios. Una vez que entres a trabajar para él podrás descubrir información valiosa para esta operación.

–¿De qué negocios sucios estamos hablando? –pregunta.

En serio, ¿esa es su única pregunta después de escuchar lo que tiene que hacer? Pero, ¿qué demonios le pasa?

–Narcotráfico principalmente –contesto molesto por su reacción–. No debes preocuparte por tenerlo cerca, estaremos observando todo. Y si te sientes incómoda nos debes decir, y te sacaremos de la operación de forma inmediata, no pondremos tu vida en peligro.

–¿Qué información tengo que recopilar una vez que entre en su organización?

Pero, ¿qué le pasa?, ¿es que acaso no se preocupa por ella? Mierda, quizá ese tipo le gusta, después de todo lo besó en el terminal, yo los vi.

La ira me invade de forma inesperada, ¿por qué le atraen los tipos equivocados?

–Eso lo sabremos más adelante, una vez que entres en su círculo sabrás mucha información. Tienes capacidades para saber qué es importante y que no –dice Victoria con una voz calmada que contrasta con lo que siento en este momento–. Sabemos lo que descubriste en la empresa que trabajaste en Valdivia, tienes lo que se necesita para este trabajo. Y respecto al contacto físico, te enseñaremos técnicas para volver loco a Carrasco, sin necesidad de que tengas que tener un contacto más del necesario.

–¿Podré tomar clases de defensa? –pregunta, y quiero sonreír, ¡al fin algo más racional!

–Sí –respondo–. Yo mismo te enseñaré.

Sonríe. –¿Me enseñarás a manejar un arma? –pregunta entusiasmada.

–Desde luego que no. No es necesario, siempre estaremos contigo, no tienes que preocuparte por eso –digo para tranquilizarla, pero lo único que veo en su rostro es decepción.

–Yo creo que debería aprender a manejar un arma, en caso de que alguna vez lo necesite.

–No lo necesitarás.

–Pues esa es mi condición, lo toman o lo dejan –dice muy decidida, cruzando sus brazos bajos sus pechos.

Nos está dando un ultimátum, ¿quién lo diría?

Claramente esta mujer está loca.

Miro a Victoria, quién encoge los hombros, mostrando su desinterés en este tema, pero ella no entiende lo peligroso que puede ser que April maneje un arma, o quizá no le interesa.

–Está bien, pero más adelante, y la usarás solo si tu vida corre peligro, y puedo asegurarte que no lo hará.

Si no fuera por la promesa que hice jamás hubiese dicho lo que dije, ni siquiera lo pensaría. Pero no importa lo que diga, ella no usará un arma. Nunca. Primero muerto antes de ponerla en un peligro innecesario.

–Bien –dice April con una hermosa sonrisa–. Entonces, ¿lo llamo ahora? ¿Aquí?, ¿o una vez que esté en mi casa?

–Preferimos que lo hagas desde tu casa, no queremos que te conecten con este edificio –explica Victoria–. No arruines esta oportunidad y asegúrate de que se encuentren mañana en la noche para alcanzar a preparar todo.

–No lo haré. Además, es él quién quiere verme, no al revés –nos recuerda.

La chica tiene razón, y quién no querría verla o mantener una luz de esperanza de estar con ella. Si hasta yo mismo estaría en la fila si nos hubiésemos conocido en otras circunstancias.

Pero eso no fue así, y ahora mi único objetivo es concentrarme en atrapar a Carrasco. Después de eso podré volver a mi vida, y dejar todo esto atrás de una vez y por todas.

–Mañana nosotros vamos a ir a tu casa, a eso de las nueve de la mañana para comenzar la preparación –informa Victoria–. Muchas gracias por aceptar trabajar con nosotros.

–De nada. Entonces, nos vemos mañana. Adiós, detective González.

–Puedes llamarme Victoria –le devuelve.

–Nos vemos, Victoria –dice April con una enorme sonrisa. Al parecer el que Victoria le haya permitido tutearla la hace feliz–. Adiós, David. Nos vemos.

–Nos vemos –respondo y la observo salir.

Espero que todo salga bien, y que acabemos con esto lo antes posible. Aunque mi intuición me dice que no será así.

De alguna manera, desde que April se vio involucrada en esta situación, siento que la suerte no está de nuestro lado.

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Comments

Adriana Romero

Adriana Romero

April va a revolucionar todo el 😳😳💥 estos detectives 🕵 no tienen ni idea 💡 pero estoy segura que lo va a lograr, es super arriesgada e impredecible 🙈💣💥

2025-04-03

0

Marinochka

Marinochka

Vaya, ibas hasta aquí, pensando, en que se relacionaban?? Pero ya!! Creo que a voy familiarizandome.

2024-06-03

4

victor hernandez

victor hernandez

jajajaja hasta ellos intuyen su mala suerte

2024-05-13

1

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