Penestron o Marcio ¿?

El agua mansa de la vertiente lenta de la ciénaga refleja el sol tristón de color anaranjado en pleno mediodía. ¿Qué será ese tono de fuego como si fuese el atardecer? De pronto, la lentitud desesperante del agua se mueve y... ¡Graaqqaggg! Se abre el líquido elemento a lo que las enormes mandíbulas de "Lord" eructan saliva reptil al abrirse desenfrenadas y la lengua del cocodrilo se tuerce de ira por la bocanada cuando intentaba agarrar lo que su mirada bestial le juega bromas, por la distancia que estos seres ven de forma atrofiada nuestra imagen, cuando intentan menguar su voraz apetito y fallan... ¡braghhght! ¡Pomb... Se cierra estrepitosamente la bocaza del prehistórico ovíparo!

—¡Ah!– grita Fausto y salta aterrado, un metro hacia atrás, a lo que salía del castillo, llevando un asno jalado por una cuerda, cuando pasaron el puente levadizo.

—Ji, ji, ji... ríe Leridana... desde su ventanilla en la atalaya más próxima al puente desde donde miró aquella noche de la llegada de los intrépidos visitantes a tan lúgubre y siniestro lugar.

Adelante, va Penestron, que les lleva a traer cereales o harinas para hacer pan.

–Habéis entrado a la historia de este animal... –les dice a estos amigos de Arlon.

–La verdad conocemos muy poco de estos cocodrilos –aseguró Komadín.

–Ellos fueron traídos desde África por el padre de Marcio.

El grupo de hombres caminó por toda la pradera hasta encontrar unas amplias plantaciones de trigo. Y entonces, al llegar a cierto lugar, varios campesinos les recibieron amablemente.

Uno de los principales de allí le dijo a Penestron: –Oh, estimado soberano de estas tierras... aquí está vuestro trigo, y además, tenemos harinas y hemos hecho panes para que llevéis a vuestro castillo.

Penestrón pareció quedar incómodo pero aceptó todo el cargamento que se fue poniendo sobre una carreta; hablaron algunas cosas más y después de recibir una jarra de agua y otra de vino, y comer carne de cabras asadas, retornaron hacia el castillo.

Pero los visitantes del futuro han quedado intrigados. Penestrón se da cuenta y considera que debe hablar.

– Creo que vosotros sois enviados por alguien importante y debo decir la verdad, sin que me quede yo arruinado por ello, pero no diréis nada de mí... a Leridana.

– Claro que mantendremos la más elevada confianza – promete Alexandre.

— ¡Penestrón, ten cuidado que el hijo de Lord ya está grande, juega a mordiscar! ¡Pasen corriendo!

Los hombres corren, dejando la carreta, pasan deprisa. El hijo de Lord saca su bocaza y agarra de las patas traseras al asno, dándole la vuelta en el aire, lo recibe el agua al caer y el cocodrilo joven y Lord hacen fiesta con el borrico que apenas alcanzó a dar un rebuzne de despedida.

Leridana vio desde la torre cercana y queda llorando:— Son solo cinco jumentos que nos quedan... tres hembras y dos machos. ¿Qué haremos si estos burros no las empreñan? ¡Los mandaré a ustedes a robar asnos! Tuvisteis la culpa, Penestrón, y estos burros humanos que están aquí alojados ¿y hasta cuándo?

Fausto escucha el reclamo de Doña Leridana y va y cuenta a Marcelo Komadín.

– Es que no entiendo una cosa... en este castillete no hay nadie...– Y entonces llama a Arlon a la plataforma:

— Estamos en esta lejanía de tiempo y se nos hace insoportable; Arlon, no hay mujeres jóvenes, ni feas siquiera, por lo menos para deleitarse conversando... apenas tienen comida y ¿sabes qué?: tal parece que este Penestrón nos esconde más de lo que creemos.

Arlon le interroga: — ¿Qué habéis visto o supones?

— Que él no es lo que aparenta ser. Le dijeron en el campo, "su excelencia". Para mí era solo un soldado... y de grado, pero es más que eso... nos estaba por decir algo y entonces el cocodrilo se morfó al burro.

Arlon le responde: – La historia se ha trabado, hay dos cuestiones que me alteran la secuencia; no me aparecen vuestros compañeros, no sé cómo se ha transpuesto el sistema, como si hubiesen desaparecido... el segundo punto es la ubicación de los castillos de los otros príncipes. Estoy aquí, tan atascado como ustedes allí... dadme tiempo para encontrar una salida y un camino de escape, si veo que sea necesario.

— Está bien, Arlon. Arlon había revisado durante dos días los mapas antiguos de la región central de Europa en la Edad Media en el sistema internáutico y no encontró señales de ningún lago o río desaparecido que pudiera haber causado esa ciénaga. Sin embargo, encontró en la península ibérica un sector que se asemeja a una planicie muy baja que podría haber sido inundada y mantenida por aguas de poca vertiente, y ojos de agua dispersos que podrían haber provocado inundaciones estables durante meses. Esa área es lo que hoy es la gran Madrid. Sin embargo, no hay registros gráficos de castillos medievales en ese sector, solo una especie de pico de montaña dibujado en pleno centro de esa zona. Arlon supone que ese sector podría ser el lugar en que estarían sus encomendados. Otra cosa más, es posible que sea una falla del estudio del área y que el sistema de búsqueda haya confundido lugares parecidos, lo que podría haber provocado la variación de los asientos de la inmersión al grado de hacer desaparecer los otros despachos de señal informática, afectando la lectura en la plataforma y haciendo variar la ubicación real en la inmersión, lo que ha movido la historia en rescate. Por ejemplo, ha desaparecido Fabián, el adolescente campesino al que Babilony ayudó a huir.

— Babilony.

— Sí, Arlon...

— Alista tus armas... tendrás que entrar nuevamente y comenzar con todas tus capacidades a buscar a los perdidos... Verónica, Karina, Aparecida y demás. También tienes que encontrar a Fabián...

Mientras tanto, en el castillo de Penestrón, Marcelo Komadín se acerca a él muy discretamente y le dice: — Señor, precisamos salir de aquí, debemos avanzar. Queremos saber qué es lo que usted sabe de los otros castillos de aquel rey Pleonedes. Usted esta mañana en el campo nos dijo que nos contaría algo muy importante y muy privado y nos pidió que tengamos total discreción y guardemos en secreto todo lo que nos dijera. Menestrón se quedó callado, miró fijamente a los jóvenes y dijo: "No sé de qué habláis, voy a refrescaros más la memoria", dijo Comadín. "Allí, los campesinos le trataron a usted como a un conde, como aún Márquez como a un príncipe, inclusive nombraron a su señor como una excelente y usted aparenta ser ante nosotros como un soldado a órdenes de un rey... ellos jamás le dirían a usted 'excelencia'... díganos o dígame a mí, si no quiere que mis amigos sepan, cuál es en realidad su cargo o título en este castillo y en esta región... su convicción soberana si lo tuviese, su grado militar, o si es directamente un verdadero monarca y dueño de este castillo".

— ¿Qué creéis que fuese yo...? – interroga Penestrón, masticando muy rústicamente un pedazo de pan.

— Yo mismo creo que usted, estimado señor que nos ha alojado aquí con toda su bondad y, pese a toda su pobreza, es el propio dueño de este castillo. Y si no vivo en equivocarme, puedo hacer el propio Marcio, que según lo que usted mismo dijo, era un rey o un príncipe que sería rey y así nombró a un tal Marcio.

Dices muchas cosas juntas. No te podría decir todas ahora mismo, pero para honrar mi palabra, yo diré que sí, soy Marcio, el hijo mayor de Pleonedes.

...***...

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