No Te Vayas

Al quedar solo, Arlon, asentó el legajo recibido y verificando que nadie podría ingresar a la sala privada otorgada a él, sacó el legajo de planos antiguos, poniéndose los guantes para yo Arlon con pinzas y muy cuidadoso, los abrió en la mesa de vidrio azul marino y miró los diseños, los textos, las cartas y demás escritos medievales.

Arlon se deberá enfrentar ahora a un suceso diferente, aquí no es una leyenda como la Atlántida, tampoco una historia para rescatar con documentaciones de base. Por lo que ha entendido, son, apenas unos bocetos de un diálogo entre unas personas. Algo así como tres. Y ninguna tiene nombre. Por lo demás y lo más importante fueron esos diseños de un castillo hundido, enorme, Arlon no era incrédulo.

"Pueden ser solo proyectos soñadores de una época de búsqueda de lo místico"

Esos datos eran apenas superficiales, deberá encontrar, antes de embarcar al pasado, algunos datos más consistentes.

¿Una mujer y un hombre que parece ser un rey, que hablan de cuestiones hereditarias?

Arlon salió del lugar secreto. No podemos citarlo aquí. Se me pidió no mencionar ningún detalle que sugiera un lugar determinado.

Había decidido caminar. Fue por una de las más agitadas calles del centro de Madrid. Las personas apenas se mueven en la superficie terrestre. Todo lo que se ve arriba, es virtual.

El pueblo humano, ese que lloraba y sangraba ese que tenía hambre, sueños y esperanzas, ya no andaba por las aceras. La polución era altísima. Los túneles aéreos e internos, permitían un movimiento muy precioso y fantástico. Todo brillaba; las paredes de acero inoxidable revestidas de plástico/deslumbrante, le daba a los predios altísimos, el estilo de lo que vimos en el pasado reciente. Aquella imagen de ciudades del futuro, sin embargo, no se parecían.

Eso era mucha fantasía y más aún, una fantasía inútil.

La juventud no precisaba mirar ciudades fluctuantes y preciosas, y tampoco naves que volaran a su alrededor.

Eso es casi tonto en este tiempo.

La juventud de ese año 2070 era rápidamente más apegada a lo irreal que a lo real, pero no a la fantasía.

Todo lo posible, lo permitido para tocar, era irreal. Pues lo real no interesaba a nadie. Era que nadie quería ver un mundo que no acabara, pero que no era vivible. La mega metrópolis estaba ya numerada.

Ya no existían países como tales.

El globo es único y la división de los espacios eran marcados por luces virtuales en el aire... ¿Qué aire? Y de pronto era de noche o de inmediato era día. Pero bien, así de bella que es la vida, Arlon disfrutaba de su tiempo. Era un tipo ni muy alto ni bajo. Su traje es lo que impresionaba. Le miraban los más jóvenes. Parecía

Era un traje como del Renacimiento o de la Edad Media, pero con materiales tan flexibles como perfectamente futuristas de otros tiempos vistos.

Se transformaba visualmente, pero no era para encantar ni para demostrar lujo o poderío. Era un traje espacial precisamente.

Había llegado a un espacio de tipo apartamentos. Subió a una rampa luminosa y apareció frente a un portal de madera que se abrió a lo que puso el pie derecho en un punto especial. Ya estaba dentro. Allí le esperaba Yatys.

— Hola Yatys.

— Hola Arlon.

— ¿Estas dentro?

— Sí, te esperaba hace una octava.

— Es harto eso.

— Quería hablar contigo y me puse ese tiempo.

— Está bien. Pero debo irme lo mínimo en una quinta.

— ¿No vamos a estar por la noche?

—Debo viajar. Y preciso antes, también ir a casa.

— Arlon. No te vayas.

— Ven

Ella vino hacia él, envuelta en sedas blancas.

Arlon sonrió, y ella se aproximó y le topó el rostro con su nariz, se besaron, se sentó a su lado.

Arlon ya estaba listo, se había desnudado y la tomó de la cintura, llevándola encima de él. Entonces se enredaron entre sábanas que parecían volar.

— No te vayas... por qué de nuevo te vas, me dejas sola aquí, quiero salir, no me permites ir a una fiesta, tengo a mis amigas que me llaman seguido y quieren que salga un poco, que las acompañe y me relaje, que despeje mi mente.

— No...Yatys, debes mantenerte aquí no puedo permitir que te pase nada, eres muy ingenua para la calle.

— Por favor... — Arlon se levantó y fue a la ducha. Ella lo siguió. Allí continuaron el amor.

Luego Arlon ya estaba vestido. Su ropa era está vez blanca. Parecía un ángel. Ella estaba a su lado, lo abrazaba y lo besaba.

— Debo ir.

— ¿Cuándo vuelves?

— Te aviso. Pero debes tener paciencia. Es un trabajo bien serio y posiblemente muy largo. No quiero que respondas a nadie ¿entiendes?

— No me has dicho, de qué se trata.

— Sabes que no comento mis actividades. Además, este es muy nuevo y debo tomar el máximo cuidado.

— Deberías llevarme.

— No tendríamos tiempo para estar en la cama.

— Pero te puedo ayudar.

— Besos, Yatys. Cuídate y piensa mucho en mí, desde lejos.

— Amor.

Arlon cerró la puerta girando varias veces la llave... Y se aproximó al balcón lateral de su piso completo, se lanzó al espacio.

Su figura voló como volaban los personajes antiguos de las revistas y películas de héroes voladores.

Ya estaba en su casa. Era un lugar muy tranquilo, campestre. Verde retoño e intenso por partes, que se perdía en el horizonte, entre colinas bajas.

Una laguna pequeña recibía aguas de la cascada de altura mediana.

Un velo principesco, cayó de la colina principal y corrió por la pradera repleta de plantas frutales y florales. Una mujer lo espera. La abrazó:

— Madre mía, mi bella madre doña Macedonia. Qué alegría veros.

— Hijo mío, que los minutos sean eternos siempre. Cuán feliz de ver a mi hijo amado, todos mis hijos amados en ti.

— Gracias madre mía, es apenas un instante, pero es más que lo que puedo reclamar, no hay nada para pedir, los favores del universo son grandiosos. A Dios madre mía nuevamente. Se va el tiempo, debo ir, estaré lejos otra vez; volveré cuando pueda; siempre así. Gracias madre mía; adiós nuevamente. Besos.

Arlon se elevó como jalado por el viento de forma lenta, suave, pero no menos fuerte. Desapareció en el cielo y todo lo que le rodeaba.

...***...

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