Capitulo 20

Una tristeza inmensa invadió a Alena, aquel muchacho que la salvó de ser violada, incluso asesinada, fue brutalmente golpeado, por su propio padre, y todo por culpa de ella, por ayudarla a salir de esa casa.

Aleja: Quiero verlo, necesito verlo.

Investigador: Claro que si señorita, entremos.

A cada paso que daba, su corazón se rompía más y más, como podía pagar la ayuda que recibió de Miguel, como, si por eso le estaba costando la vida, no había nada en el mundo para recompensar todo su sufrimiento.

Hablo con los médicos que lo atendían, lamentablemente no tenían todos los equipos y profesionales necesarios para atender a Miguel, ya que eran un centro de salud básico, Alena movió tierra y cielo para que pudieran trasladarlo a la mejor clínica de la capital, tenía que hacer todo lo posible hasta imposible para salvar la vida de su salvador.

Alena: Nonno, tienen que salvarlo, tiene que vivir, si se muere, si él muere, es por mi culpa, todo por mi culpa.

Massimo: Calmati figlia mia, calmati.

Alena: No puedo, en verdad no puedo, tengo miedo de lo que le pase a Miguel, y mucho más miedo de lo que le puede estar pasando a mi hermana y a mi madre.

Massimo: ¿Quiere ir por ellas?

Alena: Me encantaría tanto, pero aún no tengo donde puedan vivir.

Massimo: La mia casa è la tua casa, ellas se quedarán en nuestra casa, con nosotros.

Alena: Gracias nonno, muchas gracias.

Massimo: Tranquila figlia mia, Fausto, llama al personal de seguridad, necesitamos toda la custodia para ir al pueblo natal de Alena.

Fausto: En este momento señor.

Realizó una llamada, mientras tanto terminaban de hacer los papeleos para trasladar a Miguel, paso menos de 1 hora y el helicóptero que haría traslado ya estaba ahí, la gente quedaba admirada al verlo, pues nunca antes había llegado un helicóptero por algún herido. Enviaron a Miguel a la capital, en compañía de una enfermera y un médico, quienes cuidarían de él en todo el trayecto del viaje.

Cómo ya había caído la noche, Fausto recomendó quedarse en el hotel, y viajar al día siguiente, lo cual no le gusto para nada a Alena, ella quería salir en ese momento, además estaban a unas 4 a 5 horas de viaje, ella necesitaba ir ya, la desesperación se había apoderado de ella.

Esto fue entendido por los dos hombres que sin dudar aceptaron viajar ese mismo instante, en el camino Fausto realizaba todas las llamadas necesarias, tener listo un hotel para que se puedan hospedar, coordinaba el encuentro con el personal de seguridad, que por cierto se movilizaban muy rápido, ya que estaban a punto de alcanzar.

Cada minuto era eterno para Alena, pero estaba consiente que tarde o temprano tenía que enfrentar su mayor temor, su padre, quizás en el pasado ella era sumisa, callada, con muchos miedos, pero ahora era diferente, ella tenía un ser especial que la apoyaba en cada paso que daba, y eso le daba mucha seguridad en sí misma.

Era media noche, pero al fin habían llegado al pueblo natal de Alena, ella comenzó a dirigir al chófer para llegar a su casa, su respiración era agitada, bastante temerosa, pero para asombro de su ahora abuelo, ella se mantenía fuerte y erguida, lo cual le llenaba de mucho orgullo.

Su pesadilla se había vuelto realidad, pues al estacionarse frente a la casa de sus padres, vio la escena más dura y cruel del mundo, era su hermana Clara, bajo esa lluvia, de rodillas, con un bebé en brazos, llorando y suplicando que la dejarán entrar, que le dieran aunque sea un pan para comer, pues llevaba días sin probar bocado, y que ya ni leche tenía para su hija.

Alena salió rápidamente del auto y corrió dónde su hermana, la abrazo y con lágrimas en los ojos la levanto del suelo.

Alena: No llores más hermana, ya estoy aquí, vine por ti, de ahora en adelante yo te protegeré.

Clara: Alena eres tú, estás viva, estás viva hermanita mía.

Alena: Claro que estoy viva, y vine por ti.

Clara: No, tú no puedes estar aquí, si papá te ve, te va a golpear hasta matarte, huye hermosa, huye.

Alena: No le tengo miedo, además él no podrá hacerme nada.

Al mismo tiempo dos personas de seguridad se colocaban a cada lado de ellas, con una sombrilla en mano para protegerlas de la lluvia.

Clara: Estos, ¿quiénes son?

Alena: Son personal de seguridad, tu tranquila.

Clara: ¿personal de seguridad?

Alena: Es una larga historia, es mejor irnos al hotel, tú y está hermosa bebe tienen que cambiarse por una ropa seca, y sobre todo comer.

Clara: Con que dinero, y si papá se entera, o peor si mi esposo sabe dónde estoy.

Alena: Por cierto, ¿por qué no estás en la casa con él?

Clara: Pues quedé embarazada, y como nació niña, él me boto de la casa, diciendo que en su familia jamás han nacido niñas, que mi bebé no era de él, que yo le había sido infiel, y que por lástima no me mataba, pero que me largue de su casa.

Alena: Ese infeliz, y me imagino que papá salió a su favor.

Clara: Si, y él tampoco me quiere recibir en su casa, no tengo a dónde ir con mi hija.

Alena: Ya te dije, tú te irás conmigo, ni a ti ni a mi hermosa sobrina les faltará algo, te lo juro.

En esos momentos, se abrió la puerta de la casa, era el padre, que estaba muy molesto, incluso tenía un pedazo de cable en la mano, al ver a sus dos hijas abrazándose, este sin pensarlo dos veces se abalanzó contra ellas con las intenciones de golpearlas con dicho cable.

Pero para su gran sorpresa fue detenido por uno de los guardespaldas de Alena, quien con una sola mano lo tumbó al piso al señor, este pego un grito de dolor, lo cual alertó a las hermanas, quienes retrocedieron unos pasos, por asombro y por miedo.

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Comments

Anahi Dota

Anahi Dota

cómo un padre puede ser tan cruel con sus hijas /Cry/

2024-08-12

1

Maria Silva

Maria Silva

que le den una buena paliza para que no sigan de abúsador de sus hijas y su nieta

2024-07-22

5

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