Capitulo 3

Sentada en aquel autobús, sola sin saber a dónde va, sin tener a nadie que le reciba, sentía como las lágrimas recorrían sus mejillas, una tras otra, la oscura noche acompañaba su dolor, sentía que su corazón dejaría de latir por tanto dolor, dejo a su hermana, a su madre, pero lo que no le dolía, era dejar a su padre, ese hombre ruin, sin sentimientos, que la vendió, y eso le daba un poco de fuerza, pero las lágrimas no paraba, hasta que de tanto llorar, se quedó dormida.

Azafata: Señorita, Señorita.

Alena: Perdón, me quedé dormida.

Azafata: No se preocupe, pero ya llegamos a la capital.

Los rayos del sol comenzaron a salir, Alena bajo del autobús torpemente, comenzó a caminar sin rumbo, la ciudad era mucho más grande que el pueblo donde ella nació, había grandes edificios, la gente caminando apresuradamente, siguió y siguió caminando, en su trayecto vio gente haciendo shows en los semáforos a cambio de unas monedas, otras que pedían caridad.

Camino todo el día, sin destino alguno, el sol comenzaba a ocultarse, y su estómago le rugía de tanta hambre, así que sin más remedio entro a un restaurante, comió tan desesperada, que la dueña del salón sintió pena y le brindo otra porción.

Señora: Niña cóme despacio o te va a sentar mal la comida.

Alena: perdón, es que no he comido nada desde ayer.

Señora: Tu no eres de aquí ¿verdad?

Alena: No, tuve que huir de mi pueblo.

Señora: mira niña, te voy a dar un par de consejos, primero no lleves a la mano ese dinero que tienes, esconde lo bien, y segundo, no confíes en nadie, no en tu propia sombra pues.

Alena: Gracias, muchas gracias, pero me podría ayudar con algo por favor.

Señora: a ver, para que soy buena.

Alena: dónde puedo conseguir trabajo, y tal vez dónde pueda dormir, pero que no me cueste mucho.

Señora: A pues, dejame pensar,... La señora Lucrecia la dueña de la bodega de aquí de la esquina disque anda buscando una chica que le ayude, vamos a ver si es que ella te recibe.

Alena: Gracias, muchas gracias.

Fueron. la bodega, las señoras hablaron por un buen rato, la señora Lucrecia la miraba de arriba para abajo, con una expresión de pocos amigos, pero al final acepto recibir a Alena.

Lucrecia: haber chiquilla, tu vas a dormir en este cuarto, te tienes que levantar a las 6 de la mañana y hacer la limpieza, me acomodas esos quintales y ya en el día te diré que más tienes que hacer, eso si, aquí es trabajo por vivienda, no te voy a pagar ningún centavo, eso si te daré dos comidas al día, estás de acuerdo.

Alena: Si señora, muchas gracias.

La habitación quedaba justo afuera de la bodega, en un patio trasero, era un cuarto de un metro por metro y medio, solo tenía un colchón y un par de cobijas, Alena no tubo más que acostarse y acurrucarse con lo que tenía, aunque no era mucho, pero por lo menos tenía donde refugiarse de la fría noche.

Eran las 5 de la mañana, Alena se encontraba de pie haciendo sus labores, a las 6y30, la señora Lucrecia le dió una taza de café con un pan, lo comió rápidamente y volvió a sus tareas, acomodo los quintales, algunas cajas, y así paso su día, al caer la noche se fue a su cuarto, estaba tan cansada, en ese momento le dejaron un plato de arroz con lenteja y un vaso de jugo, a pesar de lo poco que recibía, Alena estaba muy agradecida.

Así paso un mes, Alena despertaba temprano, hacías sus labores, desayunaba una taza de café con un pan, y luego solo comía por las noches lo que la señora le daba, a pesar de aún tener el dinero que Miguel le había dado, ella no quería gastarse, podía surgir alguna emergencia y lo necesitaría, había perdido bastante peso, por suerte una de las hijas de doña Lucrecia, le había regalado algunas prendas que ella ya no usaba.

Para Alena, eso era suficiente, tenía un techo donde refugiarse y dos comidas al día, eso era mejor que el infierno que lo tocaba vivir si se casaba con Lorenzo. los golpes, y las malas intenciones de Don Melquiades, pero de todo eso, agradecía el haber conocido a Miguel, el le ayudo a salir de ese tormento, el era diferente a todos los hombres del pueblo, el no era un tipico machista.

Para la mala suerte de Alena, su tranquilidad iba a terminar, con la llegada del prometido de la hija de Doña Lucrecia, llegaría otro infierno para ella.

Lucrecia: Alena, niña, ven pronto.

Alena, si señora.

Lucrecia: Necesito que limpies el cuarto de invitados, hoy llega el prometido de mi hija, y necesito ese cuarto impecable.

Alena: En este momento señora, no se preocupe lo dejaré bien limpio.

Lucrecia: eso espero. eso espero.

Cogió su cajita de limpieza y sube rápidamente arreglar la habitación, la limpio con mucho ahínco, dejado esa habitación reluciente. después de terminar ella se dirigió a hacer sus labores en la bodega, cuando encontró a Doña Lucrecia con el prometido de su hija.

Prometido: ¿ y quién es esta muchacha suegrita?

Lucrecia: Es mi empleada.

Alena: mucho gusto señor.

Prometido: el gusto es mío.de conocer a tan bella mujer.

Lucrecia:no empieces que la chiquilla se lo va creer, anda Alena a terminar tu trabajo.

Alena: si señora, permiso.

Desde ese mismo instante ella sintió, que nada bueno traía ese hombre, así que debía estar lejos, lo más lejos que pudiera.

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Comments

Disneida Cedeño

Disneida Cedeño

y ojalá que la porquería de yerno ese no la viola

2024-07-26

3

Disneida Cedeño

Disneida Cedeño

desgraciada vieja tambien tu lo sabe lo es darle a esa pobre muchacha un plato de comida al día porque ese pan y café no es desayuno hay que tener el corazón bien negro para darle de comer a un ser humano y además esplotandonla desgraciadas

2024-07-26

3

Vida Alegre

Vida Alegre

se viene algo feo, muy feo

2024-01-09

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