Llegada la noche Alena tenía la tarea de servir la cena, la cual cumplía sin ningún contratiempo, hasta que le tocó servir al prometido de la hija de la señora.
Al colocarse al lado de este tipo y servirle su comida, el muy sinvergüenza aprovecho la oportunidad para tocarle el trasero, Alena no pudo decir nada, pues era más que obvio que nadie le creería, era su palabra contra el prometido de la hija de los jefes.
Sirvió los alimentos lo más rápido posible y se retiró, ya en la bodega que era su cuarto, ella tenía una fea sensación, en toda la noche no pudo dormir, se mantenía alerta por si ese tipo intentara hacer algo inapropiado.
Al día siguiente, Alena estaba muy demacrada, ya que no había podido dormir.
Lucrecia: hija se te nota enferma, ¿encuentras bien?
Alena: La verdad señora, no, me siento muy débil, pero no sé preocupé yo cumpliré con mi trabajo.
Lucrecia: No muchacha, así no puedes trabajar, lo mejor es que te vayas a descansar, por hoy no harás nada, ya mañana veremos.
Bajo su mirada al piso, y sin más regreso a su pequeña habitación, con miedo, ya que a su corta edad y con la mala experiencia que sufrió en la casa de Don Melquíades, tenía miedo que el prometido de la señorita quisiera entrar a su habitación.
Pero con mucho ingenio, y con la poca fuerza que tenía movió algunas cosas y las coloco como arranque en la puerta, al verse algo segura, pudo recostarse y conciliar el sueño.
En aquel sueño Alena vio a su hermana, tenía un bebé en brazos, lloraba mucho, al igual que su hermana, ella llegaba a la casa de sus padres a implorar por un plato de comida, pero su padre le negaba, y Clara pedía que por piedad le dieran algo de comer, el sueño se volvía borroso, Alena se despertó con lágrimas en los ojos.
En su mente venían uno y mil pensamientos, que eran de la vida de su madre, de su hermana, acaso por culpa de su escape de su espantoso prometido Lorenzo, las habrían castigado, o peor aún, las habrían matado, cuál sería el castigo que Don Melquíades le dio a Miguel por ayudarla a escapar.
Mientras tanto en aquel alejado y machista pueblo, Clara recibía la noticia de que estaba embarazada, se llenó de pánico, pues no sabía cómo su esposo reaccionaria ante esa noticia, así que lo primero que hizo fue ir con su mamá.
Clara: Madre, tengo que contarte algo importante.
Mamá: Dime hija, te escucho.
Clara: Lo que pasa es que estoy embarazada, y pues, tengo miedo de como mi esposo reaccione.
Mamá: Hay, hija mía, las mujeres nacimos pa casarnos, cuidar y obedecer al marido, y también pa darle hijos, cuidar de ellos, cuidar de la casa, en especial del marido de uno.
Clara: pero madre, él ya me golpeó y perdí un bebé, tengo miedo.
Mamá: hay Clara, tu marido no te castigo por la criatura, te castigo por tu estupidez de pedirle ir a la universidad.
Clara: Pero mamá, solo le pedí que me permitiera seguir estudiando, ser una profesional, nada más.
Mamá: Para qué pides eso, para que, tú eres mujer, tú no necesitas ser dizque profesional, ni mucho menos trabajar, agradece que tu padre te haya permitido estudiar, pero no quieras abusar, entiende que la mujer nació pa quedarse en casa y punto.
Clara: Está bien mamá, ¿pero crees que no se va a enojar por mi embarazo?
Mamá: Pues no mija, al marido hay que darle todo lo que pida, incluso los hijos que quiera, eso es lo que más desean.
Clara: Está bien mamá, me voy para mi casa.
Mamá: Eso mija, sea obediente con su marido, haga caso todo lo que diga, no sea como está mula de Alena, que en lodo el buen nombre de nuestra familia.
Clara salió cabizbaja de la casa de sus padres, tenía que hacer caso a todos los consejos que le había dado su madre, pues si no lo hacía le iba a pasar muy mal, sentía tanta envidia de su hermana menor, ella tuvo la fuerza y la gallardía de salir corriendo de ese infierno, de ese maldito pueblo.
Al llegar a su casa su esposo aún no había llegado, eso le dio un gran alivio, así que rápidamente preparo la cena, limpio la casa, y comenzó a planchar las camisas de él, cuando escucho que habría la puerta, era su esposo.
Con mucha rapidez salió del cuarto de lavado, se acercó a su esposo, con agilidad y destreza le retiro su chaqueta, luego le retiro sus zapatos y le coloco sus pantuflas, y él con todo el desgano del mundo se fue hacia el comedor y se sentó.
Esposo:! Mujer, tengo hambre¡
Clara:Si, si, en este momento te sirvo la comida.
Le sirvió los alimentos. Y con mucha delicadeza se sentó a su lado, con la mirada hacia el suelo y jugando con sus dedos tomo fuerza para decirle la noticia.
Clara: Querido esposo tengo una noticia que darle.
Esposo: dime, que es.
Clara: Es que, me he sentido mal, y bueno, me fui dónde la doctora, y me dijo, que.
Esposo: sin rodeos mujer, al grano, al grano.
Clara: Estoy embarazada.
Deja de comer y clava su mirada a la cara de Clara, está con mucho miedo baja aún más su cara con la vista al suelo, llena de temor y nerviosismo.
Esposo: Bueno, ya que estás preñada, me parece bien, pero eso sí, te lo digo de una vez, ese escuincle que tienen en la panza, tiene que sea baron, macho como el papá, ósea yo, y si sale hembra, pues no es mío.
Clara: No, no entiendo.
Esposo: Que si pares una hembra pues es por qué me pusiste los cuernos, más te vale que sea macho mujer, más te vale.
Se quedó fría tras las advertencias de su marido, ella nunca le había sido infiel, pero si no daba a luz a un niño, su vida sería un infierno, aún peor de lo que ya estaba viviendo, solo le quedaba rezar a Dios para que diera a luz a un niño.
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Comments
Disneida Cedeño
si así mismo todavía se consigue estos personajes en la vida lleno de ignorancia y falta de carácter
2024-07-26
11
Jeje
Y lo peor es que eso pasa en la vida real
2024-01-15
6
Vida Alegre
qué triste su hermana sufre un infierno
2024-01-09
3