La Capital

Por un breve segundo aprecie la escena que se quedó grabada en mi mente, las sabanas manchadas de rojo, sus cuerpos ya sin vida, parecían estar en un sueño profundo, de nuevo, aquella sombra observaba, sin moverse, sin hacer ruido, como un hombre apreciando la obra de arte que acababa de crear. Al llegar a la salida Café nos esperaba con una canasta que en la noche anterior había preparado la señora Lore con Pan y algo de provisiones que guardaba en caso de emergencia. Marc la levantó, no me había soltado ni un segundo, sin saber lo que estaba pasando, sin entender lo que había visto, lo seguí.

Corrimos atreves del camino hacia la capital, las sombras provocadas por los árboles se convertían en terribles monstros a mi perspectiva, el miedo me hacía aferrarme del brazo de Marc. El viento frio atravesaba mi piel sin dificultad y en mis pulmones se aferraba costándome inhalar; resbale golpeando mis rodillas, la sangre comenzó a brotar, Marc rápidamente se arrodillo, cuidadosamente reviso mi herida y me sonrió.

-No es nada, estarás bien- Me ayudo a levantarme.

-¿Puedes correr?

-Si, si puedo correr- Asintió con la cabeza y continuamos. Tomábamos descansos para recuperar energía, de vez en cuando tomábamos un poco de agua y proseguíamos nuestro camino, pasaron las horas. El amanecer comenzaba a visualizarse entre las colinas, al horizonte observamos la capital, unas magníficas construcciones sobresalían de la mayoría. Queríamos correr pero nuestro cuerpo no respondía, los pies nos palpitaban, las piernas nos temblaban, llevábamos mucho tiempo corriendo, pero teníamos que seguir, sin importar el dolor, llegar era o principal. Los guardias de la entrada nos intersectaron.

-¿Qué hacen dos niños solos viajando?- Pregunto el guardia de la derecha, mientras que el otro nos observaba de pies a cabeza.

-Venimos a buscar ayuda- Dijo Marc apresurado- Ayer nuestro tío vino a reportar un ataque a nuestro pueblo- Los guardias se sorprendieron.

-¿De qué hablas pequeño? Ninguna persona vino a reportar tal situación. Si ese fuera el caso inmediatamente habrían movilizado a las tropas- Mire a Marc con los ojos abiertos como platos, ¿El señor Esteban nos habrá mentido? No, el no sería capaz…

-Pero… Él nos dijo que les había alertado, que hoy llegarían a investigar- Los guardias compartieron miradas. En eso el guardia de la izquierda, un joven bien parecido se inclinó a nosotros.

-Tranquilos, ya están aquí, ¿Qué les parece si me acompañan y nos cuentan todo?- Marc dudo un segundo luego asintió y lo seguimos. Pasamos por un par de callejones hasta llegar a una construcción bastante grande, nos invitó a pasar, observamos a muchos más guardias adentro, nos condujo por los pasillos hasta llegar a una habitación.

-Esperen aquí, no tardo, tomen asiento. Se nota que están muy cansados ¿quieren agua?- Se nos ilumino la cara al escuchar su amable oferta, asentimos con entusiasmo y él nos sonrió, salió de la habitación, nos quedamos solos. Café estaba dentro de la canasta asomo su cabeza y suavemente la acaricie. Escuchamos el abrir de la puerta, el guardia entro junto a una persona ya mayor, de compostura robusta y rasgos duros.

- Soy el Coronel Edart, el joven que los trajo aquí es Teniente Coronel Jack, queremos escuchar su historia- Marc suspiro sujeto fuerte mi mano y conto lo sucedido hasta la muerte de nuestros supuestos Tíos, yo guarde silencio mientras observaba los detalles. El coronel Edart estaba sorprendido de la situación y los detalles mientras que el Teniente Jack permanecía en silencio recargado en una pared. Cuando Marc termino de contar los dos se encontraban pálidos, El Coronel Edart froto su nuca y sin decir una sola palabra salió de la habitación. El Teniente Jack se quedó con nosotros, nos sirvió más agua y en voz baja nos dijo.

-Sí que la han pasado mal, ustedes dos… Me recuerdan a mi niñez junto con mi hermana menor- Permaneció en silencio, afuera se escucharon gritos y a toda la gente moviéndose rápido. El Coronel Edart apareció en la puerta.

-Te quedas a cargo de los niños y asegúrate de su seguridad, partiremos en seguida para verificar- Salió y segundos después no se escucharon más ruidos.

-¿Tienen hambre? Qué les parece si me acompañan a mi casa, mi hermana me está esperando con el desayuno, estoy seguro que les va a agradar- Dudando asentimos e inmediatamente salimos del lugar. Las calles de la capital eran hermosas, muy limpias, todas las casas parecían estar en perfectas condiciones. Llegamos a una casa de gran tamaño el Teniente Jack se aproximó a ella y abrió la puerta.

-Vengan, no les pasara nada, lo prometo- De adentro pudimos oler algo realmente delicioso, me aferre al brazo de Marc y entramos.

-Jack… ¿Eres tú? Acabo de crear algo nuevo, realmente exquisito, ¡ven a probarlo!- De la esquina del pasillo principal se asomó una hermosa mujer, con un cabello tan largo y negro, sus rasgos tan finos y delicados. Se asombró al vernos.

-Si no te importa tendremos visitas- Ella pego un grito de emoción y corrió a nosotros.

-Que lindos, ¿Cómo se llaman?

-Yo soy Marc, y ella es Clare- Sonreí tímidamente

-Mucho gusto, yo soy Lisa, bueno ya conocen a mi hermano, pasen, son bienvenidos- Nos adentramos en su casa. En una grande mesa de cristal estaba colocada la comida, el estómago me rugió con tan solo verla, trague saliva, respire profundo, después de haber corrido tanto y comer apenas unos pedazos de pan, al ver tan magnifica comida lograba alterar cada parte de mi cuerpo sin querer hacer nada más que comer. Nos invitaron a tomar asiento, nos sirvieron e inmediatamente comenzamos a comer, a escondidas le pasaba un poco de carne a Café, quien se estaba moviendo dentro de la cesta. Ayudamos a recoger y me ofrecí para lavar los trastes, mientras Marc terminaba de recoger. El Teniente Jack y Lisa salieron a conversar y los pequeños murmullos los alcanzaba a escuchar.

-Pobres pequeños… pero ¿Están seguros que pueden confiar en su palabra?

-¿A qué te refieres?

-Son niños, tienden a mentir y a exagerar las situaciones.

-¿Cómo te atreves a decir algo así? ¡Acaso no los viste bien!

-Cualquiera se puede ensuciar un poco y raspar.

-No puedo creer lo que estás diciendo.

-Todos mentimos, y si es verdad lo que dicen ¿Por qué no están muertos también?

-¡Suficiente! Me los llevaré a otro lugar y no esperes que regrese. Me quedaré con ellos hasta que estén bien porque es mi deber, ¡eres tan ingenua!

-Tú eres el ingenuo te están tomando el pelo.

-Sus miradas lo dicen todo... La sociedad te ha vuelto tan cruel- Se escucharon pasos apresurados.

-Vamos, tenemos que buscarles un lugar donde puedan pasar la noche- Tomamos nuestras cosas, dimos las gracias y salimos.

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Comments

Maria Robles

Maria Robles

está emocionante amiga

2021-10-25

2

Maritza Cardoso

Maritza Cardoso

wowowowowow ...

2020-05-12

2

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