Desesperación

El amanecer se comenzaba a visualizar cuando estábamos llegando al camino principal, después de tantas horas corriendo y caminando sin rumbo el cuerpo comenzaba a dolerme, mis pies entumidos con trabajos se levantaban del piso. Marc estaba serio, caminaba lento pero con pasos firmes, no soltó mi mano en ningún segundo, ni cuando tropecé incontables veces con las ramas.

La adrenalina nos había mantenido despiertos y gracias a eso salimos ilesos del bosque; el camino nos condujo directamente al hospedaje. Era una pequeña cabaña ya antigua, solíamos ir muy seguido a ese lugar para jugar con su perrita de la señora Lore, dueña de la cabaña junto a su esposo Esteban, nos querían mucho y a menudo nos consentían. En un accidente su hija callo de un árbol perdiendo la vida y desde entonces en su mirada se presenciaba el dolor de la perdida.

Tocamos la puerta, segundos después la señora Lore, aún en pijama, abrió enseguida. Sonrió ampliamente y en su rostro la sorpresa al ver nuestra apariencia fu notable. Los dos la abrazamos fuertemente dejando que nuestros problemas se los llevara el calor de su cuerpo y lo reconfortable de su abrazo. Entramos a la cabaña, rápidamente Café, se abalanzó sobre nosotros, inevitablemente le sonreímos, su pelaje tan suave y pulcro me traía recuerdos que me inundaban de tristeza.

-Vamos, pasen pequeños, ¡están helados! ¿Pero qué les ha pasado?- Marc me miro soltó un suspiro le temblaba la voz y narro su historia.

-Me dirigí a casa y escuché ruidos… Golpes, corrí… Todos, todos estaban muertos, mi familia, los vecinos, me preocupe por Clare, corrí a su casa, solo encontré más muerte, un hueco en mi corazón desesperado por saber en dónde estaba y pensé en ustedes, tomé el camino más rápido y la encontré, en eso… Ese pobre hombre fue asesinado frente a nuestros ojos, corrimos toda la noche hasta llegar- Él señor Esteban salió de su cuarto al escuchar la historia, los dos estaban inmóviles, atónitos, pálidos, sin decir nada.

-Mis pobres niños, han de haber sufrido un infierno- El señor Esteban se acercó a nosotros toco nuestras cabezas y nos llevó a su pecho. Sollozos se escuchaban por toda la casa. Nos limpiamos y cambiamos nuestras ropas, la habitación en donde dormiríamos estaba limpia y cómoda, Nos dejamos caer del cansancio y sin más nos quedamos dormidos. Café lamía mi cara cuando me desperté, Marc ya estaba de pie, sonrió con tristeza e hizo un gesto de silencio. Del pasillo provenían murmullos, me acerque a la puerta coloque mi oído en ella y me dispuse a escuchar.

-Ha sido algo terrible, ¿Cómo habrá sucedido?- La voz de la señora Lore se escuchaba muy tenue.

-No me imagino quien, pero tenemos que hacer un aviso- La voz del señor Esteban apenas era reconocible.

-Cuidaremos de los niños, no los podemos dejar a su suerte.

-En eso estoy de acuerdo, han pasado por tanto- Hubo silencio.

-Les prepararé algo- Ruidos de platos y cubiertos chocando se comenzaron a escuchar. Marc me miro, en eso colocó su mano sobre la manija y abrió la puerta, Café corrió rápidamente por el pasillo, llego a la entrada y salió al patio.

Salí por detrás de Marc, me mire a un espejo que se encontraba en un pequeño buró, mis ojos verdes estaban apagados y mi cabello antes tan rojo y vivo como las llamas estaba obscuro y sin vida. Una mueca de disgusto se asomó.

-Construiremos una familia juntos, ya lo veras- Marc me tomo de la mano y su mirada tan fija y sincera logro que le creyera. El señor Esteban estaba afuera cortando algo de leña y la señora Lore cocinaba una deliciosa tarta de manzana, me acerque a ayudarla y Marc ayudo al señor Esteban.

El postre olía riquísimo, dentro de mi cuerpo los sentimientos florecieron, me convencí que todo estaría mejor a partir de ahora. Coloque los platos y cubiertos en una mesa de madera, una hermosa flor azul colocada en una maceta de cristal adornaban junto con unas velas las cuales desprendían un aroma tan dulce que me gustaba acercarme a ellas y olerlas; Marc y el señor Esteban se sentaron y juntos disfrutamos de una maravillosa mañana.

-Mañana me dirigiré a la capital para informar de lo sucedido- Dijo el señor Esteban.

Estuvimos de acuerdo y al término de unos minutos la señora Lore nos comenzó a contar de los extraños viajeros que habían pasado la semana anterior. Historias descabelladas, que nos divertían y otras que nos intrigaban. Sabíamos que lo hacía para distraernos de nuestro dolor y cooperábamos para no herir sus sentimientos. Ayudamos en los deberes de la cabaña, hacíamos lo que nos pedían, sin pretextos, ni quejas.

Llegó el atardecer y nos preparábamos para la puesta de sol arriba de una pequeña colina arriba de la cabaña. El recuerdo del día anterior provocó lágrimas que surgieron de lo más profundo de mí ser. Marc me abrazó y lloramos desconsoladamente por la pérdida de nuestros seres queridos.

A la mañana siguiente el señor Esteban ya se había marchado, era un día frio, encendimos la chimenea y nos colocamos al calor del fuego mientras tomábamos un rico chocolate caliente, su sabor tan suave y dulce le dio un respiro a mi alma. Fue un día normal y tranquilo, por el frio no nos alejamos de la chimenea, contamos historias y dejamos que el tiempo transcurriera como una suave brisa, disfrutándolo. Antes de atardecer llego en señor Esteban, con fruta y otras cosas para la comida, lo recibimos con alegría y nos dio noticias.

-Avisé a las autoridades y llegaran mañana. La señora Lore y yo hemos tomado una decisión, mis niños- Agarro de la mano a la Señora Lore y nos miraron con compasión- No tienen que preocuparse a partir de este instante en donde vivirán, los cuidaremos y los amaremos como nuestros hijos- Sus palabras me alegraron, nos dieron un abrazo como no había sentido en mucho tiempo, lleno de amor, un abrazo como solo tus padres pueden darte.

Al término de la cena nos arreglamos para ir a dormir, la cama de Marc estaba a unos centímetros de la mía, nos recostamos observando el techo. A pesar de que estaba acompañada me sentía tan sola, vacía, sin ninguna otra emoción más que tristeza, mis ojos me pesaban, deje que el sueño me atrapara. Un golpe me despertó en medio de la noche, mis ojos tardaron en acostumbrarse a la oscuridad, me incorpore y observe la cama de Marc, estaba vacía, Café que se dormía con nosotros no estaba y la puerta se encontraba abierta, en un buró a lado de mi cama había una vela y fósforos, Los tomé y en seguida todo el cuarto se ilumino, salí de la habitación, Marc corrió del fondo del pasillo, estaba agitado y muy pálido, tomó mi mano y me jaló, la vela resbaló y al llegar al piso creando un fuerte ruido que se extendió por toda la casa. Corrimos hacía la puerta principal, como un destello visualice el cuarto donde dormían el señor Esteban y la señora Lore, se encontraban acostados pero no dormían, había sangre… Estaba la muerte.

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Comments

Tamara ferres

Tamara ferres

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2022-04-17

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Tamara ferres

Tamara ferres

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2022-04-17

0

Rosaly Larez

Rosaly Larez

que lindos!!!

2022-02-14

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