En la noche….
Victoria sujetó el papel con el número de Guī Xián. Respiró hondo y marcó.
—Bueno. ¿Quién habla?
—Soy… soy yo.
—A menos que tenga un espejo mágico y pueda verte, no puedo saber quién me está llamando cuando me dicen “soy yo” —dijo y retuvo una risita.
—Lo siento, soy Victoria.
—Ah —expresó ansioso—, ¿ya vienes? ¿El motivo de tu llamada es por…?
—Sí. Quiero ofrecerte otra cosa a cambio de perdonar la deuda de mi padre.
—¿Qué me ofrecerás?
—Te lo diré en unos minutos.
Victoria colgó. Guī Xián esperó. Estaba muy seguro que le ofrecería su cuerpo.
“No es mala idea”
—Lo sé.
Ya estaba deseando probar cada centímetro de su cuerpo, morder todos sus lunares y meter la lengua en…
¡Toc! ¡Toc!
Gruñó. Odiaba que interrumpieran sus fantasías. Se trataba del asistente de Matthew, el hombre de casi 2 metros era impresionante y muy pulcro, nunca se le ha visto ensuciandose de comida.
—Disculpe, compañero.
—¿Si? Dime Akira.
—Aquí tiene los documentos de las casas embargadas.
—Claro.
Cuando Akira se fue. Se quitó el saco y la corbata. Deseaba estar más desnudo, pero no era la mejor manera de recibir a esa chica. ¿Y si no le ofrecía su cuerpo? ¿Qué le iba a ofrecer que fuera lo suficientemente bueno como para perdonar una deuda?
—Buenas noches.
Victoria entró con mucha timidez. Akira se fue cerrando la puerta y los dejó solos.
—¿Y? —Guī Xián alzó una ceja—. ¿Me pagarás?
—Sí.
—De acuerdo, toma asiento.
Victoria dudó, apretó su bolsa con fuerza hasta que sus dedos se pusieron blancos.
—Voy a darte un riñón.
***
Matthew fruncía el ceño tanto como podía. Soltó el teléfono de la oficina y siguió con sus asuntos. De pronto, la puerta se abrió. Como una luz que iluminaba la oscuridad, Johana entró con una canasta en un brazo y con una sonrisa muy grande.
—Johana. —Matthew susurró.
—Vine a traerte la comida.
Comenzó a poner los recipientes sobre la mesa del café con mucho entusiasmo. Matthew estaba mudo.
—¿Qué? —Johana preguntó luego de unos segundos de silencio.
—Nada, no sabía que vendrías.
—¿Interrumpí algo?
—No, claro que no.
Matthew se levantó como un trampolín y casi corrió a la mesa del café. Admiró con hambre todo el festín que la chica había llevado.
—¿Lo cocinaste tú?
Johana se entristeció.
—No.
—Oh…
—No sé cocinar Matthew. ¿Crees que mis 45 kilos de vagabunda son porque supe darme de comer?
Matthew, nuevamente, sintió una descarga eléctrica. Cada que hacía una pregunta, su compañera reaccionaba mal, como recordando el pasado, el mal pasado de ella.
—Yo, lo siento…
No sabía qué más decir.
—Olvídalo, ya subiré de peso y quedaré como marrana con patas —dijo con amargura.
—Será normal, traes un bebé formándose dentro de ti.
Matthew le tomó ambas manos y le sonrió.
—Y si quieres bajar de peso después, lo podemos hacer juntos. —Matthew le enseñó la comida—. Mira que me trajiste un buffet. Engordaremos juntos.
Esta vez se derritió por completo. Johana sonrió también y lo abrazó. Matthew suspiró sudando tinta. Ahora más que nunca cuidaba las palabras que salían de su boca, ya no podía estar diciendo lo que se le venía en la mente.
“Después de todo es buena y tú eres idiota”
Matthew gruñó. Odiaba que el lobo tuviera la razón siempre.
—¿Cómo van los preparativos de la boda?
—Bien, Francis me está ayudando y las chicas también —Johana dijo con entusiasmo—, ha sí, debemos probarnos los anillos…
—De acuerdo, no quiero que te estreses, ¿ok? Si no puedes descansar y yo me encargo.
Johana negó.
—Quiero hacer esto, me gustan las bodas. Cuando estábamos en el club campestre, me gustaba ver todas las decoraciones, sabía que no duraría su matrimonio y solo lo hacían por conveniencia, pero era hermoso.
—Lo sé.
Matthew haría todo lo que tuviera en su poder para que ella estuviera feliz. Y lo estaba logrando.
—Ah, y amor, quiero hablarte de algo más tarde. ¿Me esperas a cenar?
—¿Algo importante? ¿Sobre la boda?
Matthew negó. Estaba molesto.
—Te diré en la noche, espérame.
—De acuerdo.
Más tarde.
—Cariño, llegaré muy tarde a cenar, perdóname.
—Descuida, estoy segura de que quieres venir a cenar a estar en la oficina.
—Lo sabes bien.
Johana suspiró. Miró toda la comida que mandó a pedir.
—Cenaré yo.
Se sirvió todo lo que quiso y lo devoró. Y tocaron la puerta. De una manera frenética y molesta.
—¡Ya voy! —Johana avisó.
Se levantó y abrió la puerta. De nuevo esa mujer.
—¿Y Matthew?
—¿Qué?
—¿No le avisaste que me urgía verlo?
—Le dije.
La mujer entró con aire molesto al departamento. Johana la miró irse a sentar a la sala.
—Aquí me quedaré hasta que llegue.
—Me disculpa, pero esta no es su casa, debe irse.
—¿No es mi casa?
No tenía idea, pero sabía que diría algo muy molesto.
—¿No sabes quién soy de verdad?
—Sí, Jessica Smith. Usted me dijo.
—Sí, soy su exesposa y este departamento lo compramos juntos.
Aquello le llegó hasta los huesos. ¿Matthew estuvo casado? ¿Y con esa mujer tan molesta y pedante? Ahora entendía por qué Matthew actuó como estúpido con ella. Lo estúpido se pegaba y esperaba que no le pegaran esa enfermedad también.
—¿Usted se casó con Matthew?
—Si, por 10 años.
“10 años”
El mismo tiempo que estuvieron separados. Debe ser un error. Si Matthew estuviera casado, ¿no sería algo que debía decirle a su prometida y compañera? Johana comenzó a respirar.
—¿Y tú sigues aquí? Tráeme una copa de vino del estante izquierdo de la cocina. Y avísale a Matthew que no me iré hasta que venga.
Los pies de Johana se quedaron pegados en el suelo. Entonces era verdad, ella vivió aquí. ¡Conocía la ubicación exacta del vino de Matthew! Con un poco de esfuerzo, se dispuso a caminar a la cocina. Volvió con el vino y una copa. La mujer la ignoró todo el tiempo, bebía vino y miraba en su celular. Johana estrujó sus manos. Se sentía traicionada. Rápidamente, se fue a su habitación y tomó su celular. Matthew no contestaba. De inmediato la contestadora inició, ella tragó saliva y exhaló.
—Matthew, espero que vengas pronto, porque aquí está tu exmujer, Jessica Smith. Creo que debiste advertirme que estabas casado. ¿No? Digo, no sé, digo por qué nos casaremos pronto —anunció con sarcasmo—, y esos 10 años seguro fueron una maravilla para ti, apuesto que por eso no me buscaste lo suficiente. Pero bueno, ven pronto para que esa mujer se pueda ir, no se irá hasta que vengas. Mientras tanto, yo no puedo estar aquí. Atiéndela y que se vaya.
Colgó bruscamente, como si el celular fuera culpable.
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Comments
Rosa Garcia Rivadeneyra
me encanta tu novela
2024-05-18
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