La enfermera entró y se detuvo al mirar a los dos hombres junto a la cama de la paciente. Eran enormes e intimidantes. Se ruborizó y carraspeó.
—Disculpen, la paciente debe descansar.
—Me quedaré contigo. —Matthew acarició la mano de Johana.
—Solo el esposo o familiar de la Srita. Miller puede quedarse.
—Yo soy el padre de la criatura. ¿Es suficiente?
Matthew dijo con rabia. ¿Cómo era posible que quisieran quitarle su derecho? La enfermera parpadeó y miró su registro.
—Estoy confundida. ¿Usted es el padre del cachorro? —La enfermera preguntó.
—Sí, lo soy.
—¿Y él quién es? —Señaló a Guī Xián.
—Soy un amigo, y ya me iba.
Guī Xián no se atrevió a despedirse de la pareja. Se fue del cuarto directo al baño.
Se lavó la cara y jadeó.
—Menudo problema.
Demasiado malo era que Johana Miller sea la compañera de Matthew. Él la había tratado mal varias veces, insultado y agredido. Esperaba que Matthew no le guardara rencor.
Le dieron el alta a Johana un día después, con sumo cuidado, se sentó en el automóvil de Matthew.
—No me voy a romper Matthew.
—Lo sé.
Las recomendaciones del doctor, fueron que Johana no estuviera en ningún tipo de situación estresante, si podía evitarlo mejor. Podía hacer caminatas, cosas sencillas. No podía correr o hacer ejercicio. Si podía tener relaciones sexuales, ese era una buena noticia porque Matthew estaba que reventaba de lujuria, pero Johana aún no estaba dispuesta a hacer algo.
—¿Estás bien?
Matthew preguntó mientras la ayudaba a salir del elevador.
—Sí, Matthew…
Estaba comenzando a molestar.
***
—¡Por favor! ¡Deme una semana más y prometo que…!
El cristal de la tienda de libros se destruyó. Guī Xián tenía apoyada su arma en lo que era un cristal semi-resistente.
Los matones entraron pateando los vidrios del piso y rodearon al dueño.
—Le di un mes… —amenazó.
—Señor, le prometo que le p-pagaré. —Tartamudeo—. Mi hija recibirá un pago en unos días por su trabajo. Por favor váyase... mi hija llegará en unos minutos y…
Guī Xián avanzó hacia el señor y miró el estante de libros que tenía al lado. El señor se quedó mudo.
—Química, biología…
Guī Xián sonrió de lado enseñando una linda sonrisa.
—¿No te pagan bien por estos libros?
Al señor se le prendió el foco.
—¡Si quiere llévese los que quiera, pero deme una semana!
El señor se hincó y juntó sus manos. Guī Xián alzó una ceja. ¿Para qué querría unos libros? Pensó en negar, pero vio que había libros de maternidad, novelas de amor y tonterías y media.
“No sería malo si le llevas unos a Matthew, quizá te perdone”
Guī Xián asintió. Sujetó varios libros y comenzó a mirar. Le llamó la atención uno en especial. Escogió algunos y se los dio a sus matones.
—Me llevaré estos. Tienes una semana más.
—¡Gracias!
En ese momento, la hija del vendedor llegó. Miró enojado el cristal y a los mafiosos que tenían los libros.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó.
—Nada Victoria, ellos fueron muy amables al darnos una semana más.
Ella miró a su padre y luego a los mafiosos. Era claro que fueron a agredir a su padre, no iba a tolerarlo.
—¡Son unos embusteros!
—¡Victoria! —regañó su padre.
—¿¿Por qué los dejas hacer esto??
—Ve a tu habitación.
Victoria gruñó. No fue sin dejar de mirar con odio a Guī Xián.
“Que linda”
—Cállate. —Guī Xián ladró.
El vendedor se asustó por el tono de voz de Guī Xián, creyó por un segundo que iba a golpear a su hija.
—Excelentes libros, señor… puede llevarlos.
Guī Xián miró los libros que tenía en sus manos y pensó.
“Con estos verás la forma de pedirle perdón a Matthew y…”
Reflexionó en la chica que recién conoció.
Ignoró el hecho de que los libros que llevaba, eran en su mayoría de amor, de maternidad y bebés. Su mente estaba enfocada en ese lindo cuerpo que tenía esa hermosa rubia. Tampoco entendía como su lobo estaba tan inquieto solo por ver a una mujer, pero sobre todo a ese tipo de mujer.
Ni siquiera se ponía así cuando veía a las clásicas mujerzuelas del burdel, con sus pronunciadas curvas y sus bubis operadas.
***
En Miami.
—¿Cómo van las finanzas, cariño?
—Bien. Aún nos quedan varios millones de ese viejo muerto.
—Me alegro.
—Pero… —Jim se acercó más a la pantalla—. Únicamente nos dará para un año.
—¿¿Qué??
Allen se levantó asustado.
—Según mis cálculos, si seguimos viviendo en esta mansión por un año más… nos quedaremos sin dinero.
—¿Qué? No quiero dejar esta hermosa casa.
—Tendremos que mudarnos si es que quieres que nos aguante el dinero —Jim respondió—, podemos comprar un departamento modesto.
—De ninguna forma.
Jim revisó más números, estados de cuenta y recibos. Se dio cuenta de que estaban despilfarrando el dinero del señor Miller en puras estupideces.
—Pues tendremos que trabajar —Jim expresó con fastidio.
—¡No!
—¿Entonces qué quieres hacer?
—Encontremos a otro ricachón y despojemos de todo su dinero —Allen dijo como si nada.
Jim rodó los ojos.
—Yo ya no haré algo así.
—¿Cómo dices? —Allen miró estupefacto.
—¿No recuerdas cómo terminó el señor Miller? ¿No recuerdas a su hija?
—No mucho.
—La apuñalaste, a ella, ¿eso no recuerdas?
Allen se sentó en su camastro y vaciló.
—No.
—Eres…
—¿Y eso a que viene?
—A que no pienso arruinarle la vida a alguien más por dinero.
—Vamos bebé. —Allen lo abrazó—. Aunque trabajemos un año no vamos a poder pagar esta hermosa casa.
Jim miró la hermosa mansión en la que estaban viviendo, el lujoso hogar que los acogió por muchos años. Suspiró y miró a su amante.
—Ya veremos la forma.
***
El servicio de catering estaba listo. La pareja comía en el jardín del edificio, en su parte de la casa. Johana comía tranquilamente, los guisantes eran deliciosos… pero vio un guiso en especial que le recordó que podía comer tan poco que adelgazó muchos kilos.
—Matthew… —dijo en voz baja.
—¿Si?
—¿Desde cuándo comenzaste a rastrearme?
—Pues… desde que empezaste a vender tus cosas.
—¿De verdad? —preguntó fingiendo entusiasmo.
—Sí. —Él sonrió—. Quería mantenerte a la vista hasta que te trajera aquí.
Johana apretó su semblante.
—Entonces. ¿Por qué tardaste tanto?
—¿Eh?
—¿Por qué esperaste a que tocara fondo?
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Comments
Rosa Garcia Rivadeneyra
muy cierto porque no la rescato antes de caer en la prostitución
2024-05-15
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