Johana comenzó a toser y a escupir sus tostadas. Miró a Matthew, sus ojos se salieron de sus órbitas.
—¿Qué acabas de decir?
Los ojos de Matthew estaban pesados, no dejó de mirarla.
—Tú dijiste eso. ¿Es broma?
Matthew rodó sus ojos.
—¿Sonó a broma?
Johana parpadeó.
—Tú no me amas.
—Yo te amo. Te he amado desde que nos conocimos y jamás te olvidé. Es por eso que pensé que te odié todo este tiempo. No podía dejar de pensar en ti, de tenerte en mi casa, aquí conmigo en este momento. Te quería aquí porque te amo. No quería admitirlo. El hecho de que seas mi compañera… es como si fuera el destino.
Johana apartó la mirada. Ella no podía mirar a Matthew a la cara porque si lo hacía, iba a atragantarse de nuevo. Decidió cambiar un poco el rumbo.
—¿Y ustedes no saben quién es su compañera? Me refiero a sus lobos.
Matt comprendió la necesidad de Johana de cambiar el tema, era lo mejor, ninguno estaba listo para avanzar.
—Así como cuando los cambiaformas hablamos solos, ellos nos contestan, pero nadie más puede escucharlos. El lobo me aconsejaba que te tratara bien, que no me vengara o que dejara de actuar como estúpido. Pero no hice el menor caso. Debió decirme que eras mi compañera, para que no hubiera pasado nada malo entre nosotros. ¿No crees?
—No lo sé —negó y encogió sus hombros—, dices que te quitaron tu dinero, no habrías ayudado de cualquier forma, tus padres tampoco ayudaron a mi padre. ¿Qué iba a hacer tu lobo?
Matthew se acercó a ella hasta chocar sus narices.
—Casarnos.
—¿¿Qué??
—Sí. El dinero de mi cochinito era para eso.
—¿Tu cochinito? —se burló.
—No era un cochino en sí, era una caja fuerte y dentro estaba mi cochino gigante.
Johana sonrió.
—Entonces quieres decir que casándonos…
—Mis padres iban a aceptarte, quisieran o no y también iban a ayudar a tu padre.
—Suena lindo Matthew, pero… dudo mucho que ayuden.
—No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos, es que estamos aquí, juntos.
Matthew le tomó ambas manos.
—Te amo, ¿tú que sientes por mí?
—Yo…
Ella bajó la mirada.
—No te amo.
—¿Qué?
—Escuchaste bien. —Ella esquivó su mirada aunque Matthew estaba buscándola.
—Tú me amas.
Matthew sujetó su rostro para mirarla. Era como si Matthew estuviera mirando justo dentro de su alma. Johana se encontró a sí misma hundiéndose en ella. Rápidamente, ella se apartó y sujetó su tenedor de nuevo y siguió desayunando. Matthew no se iba a dar por vencido, haría que ella le dijera que lo amaba porque lo sabía.
Días después, Matt no cambió su manera de pensar. Dijo que la conquistaría y haría que ella le dijera que lo amaba, pero un paso a la vez. Salían de compras cada que Johana estaba bien, elegían muebles y ropa para el bebé, cierto día, ella miraba muy atenta un vestido exclusivo, pero negó, no podía comprar esas cosas con su dinero. Aunque Matt cambió, eso no significaba que no fuera a quitarle al bebé cuando naciera, ella podría necesitar el dinero para perseguirlo, o bien, luchar por su hijo, por lo que decidió no gastar ni un peso.
Sin razón aparente, una noche, se encontró con ese mismo vestido, pero en su aparador, como si lo hubiesen traído y colgado frente a ella para que lo contemplara, entonces Matt apareció y la abrazó por detrás.
—¿Te gusta?
—Matt. ¿Cómo supiste?
—Puedo adivinar cosas.
No lo hizo. Parecía no percatarse de sus deseos, pero una sola mirada bastó para conocer lo que ella quería. Más tarde, el vestido fue traído a su casa, junto con unas zapatillas que hacían juego con el color. Cuando le contó cómo se enteró de eso, Johana se carcajeó, Matthew se deleitó con esa escena. Estaba feliz. Su lobo también. Ambos estaban satisfechos de que ella se riera sin estar obligada a hacerlo. La había visto antes. Pero sonreía a otros.
Ella les sonreía a otros, pero no era una sonrisa genuina. Era su trabajo hacerlo.
***
—¿Qué le parecen estos anillos?
—Mmm…. Un diamante estaría bien.
—¿No desea ver estos otros?
La vendedora le enseñó con su mano algunos que estaban en la vitrina. Matthew negó.
—Debe ser el más hermoso y más caro.
Como si el rostro de la vendedora se iluminará, ella lo llevó a una sección exclusiva. El anillo más barato costaba miles de dólares. Matthew señaló el más hermoso y caro del lugar. Su chica merecía lo más bello del mundo.
Ella sacó el anillo con todo y cajita y se lo entregó. Matthew sonrió completamente feliz.
***
Francis lo había vigilado por un tiempo, antes de concederle el honor de estar con su mejor inversión. Johana era la mejor en el burdel. No porque tuviera buen cuerpo, estaba claro que Johana entró pesando 45 kilos y en dos semanas subió de peso, fue gracias a la mejor alimentación que pudo tener en esos 10 años. A los clientes les gustaba que ella les hiciera plática, que se interesara en sus vidas. La noche era muy buena también. Entonces, Francis aprobó a Matthew, después de conocer sus antecedentes, él no tenía nada chueco, no más que Francis en su pasado. Dejó que Matthew la mirara de lejos por unos días hasta que Matthew decidiera entrar en la habitación.
Johana visitó a Francis al día siguiente. El lugar estaba, como siempre, con luces tenues, oscuras y ligeras luces color rojo en las paredes. Estaba feliz, no podía creer lo que le estaba pasando. De estar en ese punto, ahora estaba viviendo con Matthew, su primer amor.
Francis la visualizó desde su oficina y la invitó a pasar.
—¿Me darás las gracias?
—Gracias.
Ella la abrazó.
—Entonces. ¿Ya no piensas que soy una traidora verdad?
—Para nada.
—Me alegro de verte, quizá estaba un poco preocupada, pero lo descarté en cuanto vi cómo te miraba.
—¿Quién me miraba?
—Matthew.
—Ah… sí. —Se ruborizó.
—Cuéntame tu versión. Matthew vino a mí solicitando tu contrato y cuando vio tu foto, no vi ojos lujuriosos como con otros que suponen comprar a las chicas, en sus ojos vi algo más fuerte.
—¿Qué viste?
—Amor.
—¿Cómo puedes ver eso?
—Porque también me han mirado así, antes.
—Ya veo. ¿Y qué pasó?
Francis suspiró.
—Hay cosas de las que me arrepiento.
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Updated 133 Episodes
Comments
Rosa Garcia Rivadeneyra
sigue escritora me interesa
la historia
2024-05-14
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