Pauline Ducreux y Pierre Dupont (El Duque de Valois) se encontraban en la capilla frente al reverendo. En la ceremonia solo estuvieron presentes el Barón de Saint-Remy, padre de Pauline, la baronesa y el caballero Jules Dupont, padre del Duque de Valois.
Ninguno de los contrayentes había dormido bien. El Duque de Valois, quién se había vestido con
un traje negro con apliques color plata, estaba muy elegante pero lucía demasiado exhausto y fatigado. Pauline, llevaba un vestido blanco de corte campestre con detalles de encaje en el escote, su cabello estaba suelto y tenía
puesta una corona de rosa blancas en la cabeza, ella lucía también muy cansada y pálida. No parecía estarse celebrando una boda sino un funeral, por el ánimo sombrío de los novios y de los pocos asistentes.
La ceremonia fue rápida y en lugar del beso correspondiente, el Duque de Valois, solo sujetó brevemente
con su mano enguantada la mano desnuda de Pauline, luego ambos salieron de la capilla tomados del brazo. Los demás asistentes se adelantaron dejando a los recién casados detrás. Aún tomados del brazo, el duque se detuvo y tomando el rostro de su esposa, le dijo con rabia:
-Te dije que te arrepentirías de ser mi esposa. Esto apenas comienza. Mírame bien y
recuerda este día. Jamás voy a amarte, Pauline. Eso te lo juro.
-Nunca esperé eso, su excelencia. Igual que usted fui arrastrada a un matrimonio que no deseo ni
desearé nunca.
Tras decir estas palabras, Pauline se adelantó para cambiarse de ropa, poner a su gata Lucy en una cesta para luego subirse al carruaje que compartiría con Aurelie. Llegó a su habitación se puso un vestido ligero y cómodo color amarillo y se hizo unas trenzas en el cabello. Llevaría una cesta con aperitivos y agua y un libro. Al
salir de la habitación, su padre estaba afuera, esperándola:
-Pauline, ahora eres una mujer casada y además eres ahora la Duquesa de Valois, debes comportarte de
acuerdo a tu nueva posición. Debes moderar tus extravagancias ahora le debes respeto a la casa de tu esposo. Espero que me entiendas, he tomado esta decisión por tu bien.
-Haré mi mejor esfuerzo, su señoría. Adiós, padre.
Pauline comenzó a caminar, dejando atrás a su padre. Ella sabía que a él no le gustaban los sentimentalismos y que lo mejor era despedirse pronto y sin demostraciones de afecto. Y por eso no escuchó cuando el Barón de Saint-Remy dijo:
-Adiós, hija.
Cuando salió ya los carruajes estaban preparados. El caballero Dupont y el duque compartirían carruaje mientras Aurelie, Pauline y Lucy, la gata viajarían juntas. Cuando ella intentó subir al carruaje donde ya se encontraba Aurelie, el caballero Dupont la tomó del brazo y le dijo:
-Duquesa, usted debe viajar en el mismo carruaje que su esposo. Yo subiré a éste junto a su doncella, Aurelie.
- Caballero Dupont\, pero siempre viajo con mi doncella y pensé que usted querría viajar con su
hijo.
-Los duques de Valois, deben viajar siempre en el mismo carruaje. Iremos detrás de ustedes, si necesitan algo sólo avísenle al cochero. Si es necesario nos detendremos en alguna posada para tomar un aperitivo y refrescarnos. Es un viaje de aproximadamente 6 horas ¡Qué tenga un buen viaje, duquesa!
El caballero Dupont tras decir esto se subió al carruaje junto a Aurelie. A Pauline no le quedó más remedio que subirse al carruaje donde ya se encontraba su esposo. Al entrar observó que él se hallaba casi tumbado en el mullido asiento y parecía estar dormido, ella se sentó en frente de él, y se puso la cesta donde estaba Lucy en
las rodillas. Luego el carruaje empezó a andar, el movimiento atemorizó a la gata que saltó de la cesta a las piernas del duque, éste salió de su somnolencia y viendo al animal gritó:
-¿Qué hace este animal en mi carruaje? ¿Qué haces tú aquí, Pauline?
- Ese animal es mi gata Lucy. Estoy aquí porque el caballero Dupont me dijo que debería viajar con
usted, su excelencia.
- ¡Saca ahora mismo a este animal de aquí! Te dije que la tregua se había acabado\, no seré bueno
contigo, si no me la quitas de encima la arrojaré por la ventanilla.
-No, su excelencia, por favor. Yo lo haré.
Luego decir esto Pauline se acercó a su esposo para quitarle la gata de las piernas pero el carruaje dio un vuelco, ella perdió el equilibrio y cayó encima del duque justo antes que la gata saltara al suelo.
Él duque se mostró confuso ante la situación y cuando ella intentaba levantarse la sujetó entre sus brazos
con fuerza y le dijo.
-Si no quieres que arroje a tu gata por la ventana, tienes que rogármelo y decirme mi señor de ahora en adelante.
-Por favor, mi señor no arroje a Lucy por la ventanilla. Prometo que no lo molestara
Todavía sujetándola con fuerza el duque le dijo:
-Siempre estás encima de mí, Pauline por una razón u otra te me acercas ¿Acaso te gusto? O ¿es que
quieres ejercer ya tus derechos de duquesa?
- Usted no sabe nada de mí\, su excelencia. Creo que se confunde\, por favor suélteme ahora.
- Tienes que decirme mi señor y no te voy a soltar\, yo puedo hacer contigo lo que se me antoje. Aquí no está el Barón de Saint-Remy\, ni tu doncella. Estamos solos…
- Necesito meter a la gata en la cesta\, mi señor. Está asustada.
Por un momento el duque dudó pero luego la soltó y le dijo:
-La que estás asustada eres tú, Pauline. Estás temblando y haces bien en temerme.
Pauline no respondió y como pudo se levantó y agarró a Lucy a quien puso en su regazo y le dio un poco
de comida y leche para calmarla.
El duque guardó silencio y cerró los ojos. Al cabo de un rato ambos se habían dormido.
Durmieron alrededor de 3 horas, el hambre despertó a Pauline quien comenzó a degustar los aperitivos y
bocadillos que había traído. Su esposo había despertado antes y la observaba.
Ella le dijo:
-¿Quiere un poco, mi señor?
- No\, no quiero nada de ti\, Pauline ¿Qué mujer de alta sociedad anda con una cesta llena de aperitivos y un
gato? Pareces una campesina.
- Una mujer que lleva una cesta de aperitivos durante un largo viaje es una mujer inteligente. Me
gustaría ser una campesina, mi señor. Así estaría en el campo y no en este carruaje con usted.
-Respeta a tu señor, Pauline. Necesitas que te castiguen, una buena reprimenda es lo que pides a
gritos. Dicho esto, el duque se pasó al asiento de Pauline y antes de que hiciera cualquier cosa el carruaje se detuvo. Luego el cochero se asomó por la ventana y les dijo que algunas ruedas estaban flojas y que continuar así era
peligroso.
El carruaje donde viajaba el caballero Dupont se detuvo y éste se bajó para constatar la situación. Después de varias deliberaciones decidieron que se hospedarían en una posada cercana y al día siguiente arreglarían el carruaje. Pronto oscurecería y además todos se encontraban fatigados. No se vería bien que los duques viajaran
incómodos en el mismo carruaje donde viajaba el caballero Dupont y Aurelie. Además este carruaje que era más estrecho y menos lujoso.
El duque se enfureció porque quería llegar pronto para ver a Louise. Toda su rabia se centraba en Pauline quien caminó junto a él hasta la posada con su gata y sus cestas. Al llegar a la posada Pauline, quiso pedir una
habitación para ella y Aurelie, pero el caballero Dupont le recordó que ella era la duquesa ahora y que le correspondía tomar la mejor habitación con su esposo, además de que era su noche de bodas.
A Pauline no le quedó más remedio que aceptar, pero no quería dormir en la misma habitación que su esposo. El duque y su padre se dirigieron a la cantina, mientras Aurelie y Pauline sacaban la ropa de dormir del equipaje.
Aurelie tendría que dormir en otra habitación.
Pronto anocheció y Aurelie señaló al cielo por la ventana y le dijo a Pauline:
-Hay una luna de sangre, por un momento la luna es cubierta por una sombra.
-¿Y eso trae algún mal, Aurelie?
-No, Pauline pero trae cambios muy profundos y no todos serán fáciles.
Luego de decirle esto, Aurelie se retiró a su habitación. Pauline se quedó sola, se había puesto el
camisón de lujo que le regaló la esposa de su padre para la noche de bodas. La tela era muy fina y se podía ver la forma de su cuerpo.
Su esposo entró a la habitación y comenzó a quitarse la ropa. Pauline miró hacia otro lado, sus
movimientos eran torpes, parecía ebrio. Luego se acostó en la cama junto a ella y al verla le dijo:
-¡Oh eres tú mi
desconocida! No sabes lo que me has hecho… me enloqueciste, pero ahora eres
mía.
Tras estas palabras, el Duque de Valois, el hombre que juró no amar a Pauline Ducreux la besó en los
labios.
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Comments
MARIA ELENA PEREZ DE PALMAR
jajajaja 🤣😂😂🤣 los dos no saben lo que dicen sí ya están locos el uno por el otro
2025-01-23
0
Lidia Baños
No quiero,no quiero.Tonto.
2025-01-13
0
Liliana García
Que gach....o 😡😡😡
2025-01-28
0