Anne Dillon, ama de llaves de la Mansión Saint-Remy se dirigió a primera hora al despacho del barón para contarle que había visto a su hija Pauline en una situación comprometedora y ligera de ropa con el Duque de Valois. Entre la servidumbre se esparció el rumor de que Pauline y el duque habían tenido un encuentro íntimo la noche
anterior. El Barón de Saint-Remy había reflexionado mucho sobre la idea de casar a Pauline con el duque de Valois. El duque parecía ser un hombre altanero y frío y la explicación sobre el incidente de la taza de té no le había convencido, así que hoy el Barón de Saint-Remy había decidido cancelar el matrimonio de su hija con el Duque de Valois. Estaba a punto de llamar al caballero Dupont para comunicarle la noticia, cuando Anne Dillon, el ama de llaves se presentó en su despacho y le contó en pocas palabras que su hija había perdido su virtud anoche. Esto cambiaba su decisión, pues si Pauline había sido deshonrada por el Duque de Valois, tenía que casarse con él. Otro pretendiente no aceptaría casarse con su hija sabiendo que otro hombre ya la había poseído. El barón no podía entender la razón por la cual Pauline haría algo así, sabía que su hija era extraña y un tanto salvaje pero siempre se había comportado con corrección. Luego de conversar con el ama de llaves, mandó a llamar a su hija.
Pauline había dormido poco, se había puesto un vestido color beige, estilo campestre y había dejado su cabello suelto. Aurelie le había contado que entre los sirvientes se habían esparcido rumores de su encuentro nocturno con el duque, su prometido. Pensaban que ellos habían tenido una unión carnal…Pauline se sintió avergonzada pues
aunque no pasó entre ellos lo que todo el mundo pensaba, sí, algo había ocurrido. Su rostro se ruborizó y se sintió acalorada al recordar la noche anterior…él se había acercado tanto a ella y la había mordido. Pauline había
disfrutado el momento aunque estaba al mismo tiempo ofendida por las cosas que él le había dicho. Cuando le dijeron que su padre la solicitaba en su despacho, supo que recibiría un largo sermón. Al llegar al despacho, su padre comenzó a hablar inmediatamente y le dijo:
-Pauline he recibido una información muy alarmante acerca de tu conducta. Anoche te vieron en una situación muy comprometedora con el Duque de Valois. Toda la servidumbre murmura por los pasillos de la casa que fuiste deshonrada. No puedo imaginar el motivo por el cuál podrías tener esa conducta con un hombre al que apenas acabas de conocer ¡Esa no es la conducta de una señorita de tu rango y posición! ¿Qué puedes decirme al respecto?
Pauline avergonzada ante su padre, respondió:
-Su señoría anoche salí a dar un paseo nocturno y tropecé accidentalmente con el duque que había salido a caminar y a fumar. Luego me apresuré para entrar a la casa y mi bata se deslizó por accidente también. Pero no fui deshonrada, su señoría. Le expongo mis más sinceras disculpas.
Su padre, no del todo convencido por la explicación de Pauline, le dijo:
-Entre el Duque de Valois y tú hay demasiados “accidentes”. Primero fue la taza de té rota, ahora tropezaron por “accidente” en el jardín a medianoche y también por “accidente” el duque y tú estaban a medio vestir completamente solos. Nada de esto me parece razonable, Pauline. Pero aunque no hayas sido deshonrada, todo el mundo piensa que sí fue así. Entonces ahora más que nunca tú boda debe celebrarse con apremio. Mañana a primera hora te casarás. Si estuviéramos en otras circunstancias te reprendería seriamente por tu conducta. Ninguna señorita decente debe deambular a medianoche sola. Pero no hay tiempo para eso. Retírate, por favor.
-Su señoría, sólo quiero solicitarle un favor. Mañana partiré de casa y me gustaría despedirme de Bernard, mi caballo. Así que en la tarde deseo dar un paseo con él. Prometo no causar problemas.
-Está bien, Pauline. Pero no causes alboroto, mañana es tu ceremonia de bodas
El Barón de Saint-Remy no tuvo corazón para negarle este favor a su hija. Él sabía que no era fácil para ella abandonar su hogar. También le preocupaba la hostilidad que percibía en el Duque de Valois, así que luego de que Pauline saliera del despacho mandó a llamar a Aurelie.
Ella acudió con prontitud y el barón sin ninguna demora le dijo:
-Aurelie, te encomiendo a mi hija. Vivirás con ella en la residencia del duque y espero que la ayudes en todo lo que puedas. Además te pediré que si a Pauline le sucede algo grave me escribas directamente. No confío en el Duque de Valois, y su padre el caballero Dupont, aunque es más cordial parece estar consumido por el vicio.
Cuídala. Te prohíbo que le digas a ella una palabra de esta conversación. Ya puedes retirarte.
Aurelie, hizo una reverencia y obedeció. Luego el barón mandó a llamar al caballero Dupont, éste
entró con al despacho con evidente nerviosismos. Luego de los saludos habituales, el barón le dijo:
-Caballero Dupont, la ceremonia se celebrará mañana y ya le he entregado parte de lo acordado. Luego mensualmente recibirá también la suma previamente acordada. Me gustaría además tratar otro asunto, he recibido un informe alarmante acerca de un encuentro nocturno entre su hijo, el duque y mi hija. Al parecer fueron sorprendidos en una situación comprometedora. Debo pedirle a usted dignísimo caballero que le exija a su hijo que se comporte como un caballero de su posición, lo mismo he hecho yo con mi hija. He notado que su hijo tiene una conducta arisca y espero que su temperamento no perjudique a mi hija. Espero que Pauline sea tratada como la duquesa, con todos los honores que merece. Es lo menos que puedo esperar, tomando en cuenta lo
generoso que he sido con usted y su hijo.
El caballero Dupont, se sintió avergonzado por lo que el barón le había contado sobre su hijo. Tendría que reprenderlo nuevamente. Pero por ahora tendría que dar una respuesta que tranquilizara al barón. Por eso le dijo:
-Su señoría, tenga por seguro que su respetable hija será tratada con el honor y dignidad que merece. Respecto a mi hijo, su carácter es reservado y muchas veces su silencio puede confundirse con soberbia, pero realmente es bastante tímido. Con el tiempo irá mostrando sus mejores virtudes y un excelente trato para con su hija. Y por el encuentro nocturno que menciona, mi hijo suele fumar y tal vez por accidente se encontró con su hija. Pero estoy plenamente seguro de que no ocurrió nada indecoroso entre ellos.
-Espero que todo lo que usted me dice sea así, caballero Dupont. En honor a nuestro acuerdo. Ahora debo ocuparme de otros asuntos. Nos veremos en la cena.
A las 5 de la tarde Pauline se dirigió a la caballeriza en busca de Bernard, su caballo. Era un poco tarde para montar, pero ella había estado tan ocupada con los preparativos de la boda que no pudo hacerlo más temprano. Pronto estuvo galopando, extrañaría mucho a Bernard y a su casa. Ella ignoraba que el Duque de Valois la
estaba siguiendo, él la vio salir de la casa y sigilosamente la siguió hasta la caballeriza, allí se ocultó hasta que ella salió al galope. Luego le exigió a un mozo que le preparara un buen caballo.
El Duque de Valois, era un excelente jinete. Dejó que Pauline se adelantara. Ella iba cada vez más
rápido. Y él apuró el paso. Cuando la tenía cerca comenzó a gritarle:
-¿Qué haces galopando a esta hora y en esas fachas? Verdaderamente eres una loca.
Cuando Pauline escuchó la voz del Duque de Valois, se sobresaltó y casi pierde el control del caballo. Volteó hacia atrás y vio que el duque la seguía de cerca. Así que redobló la velocidad para alejarse de él, pero él era un buen jinete y también aumentó la velocidad. Él siguió gritándole:
-¿Estás asustada, Pauline? No debes temerle a tu futuro esposo. Te ordeno que detengas ahora,
obedece a tu señor.
Pauline no quería escucharlo siguió galopando y no percibió que Bernard estaba entrando en un
terreno lodoso y se quedó atascado. En su desesperación por salir del lodo, Bernard comenzó a moverse con violencia y en el movimiento tumbó a Pauline quien cayó en el lodo.
El duque de Valois, al ver la escena comenzó a reírse cínicamente. Él había visto el terreno lodoso y se había mantenido a una distancia prudencial. Con burla le dijo a Pauline:
-Parece que has encontrado un buen lugar para ti, Pauline. El lodo te sienta bien.
Ella quiso ignorar su comentario, pues estaba ocupada tratando de sacar a Bernard del lodo, pero le
respondió.
-Su excelencia, en estos momentos prefiero estar en el lodo que en su compañía.
La respuesta de Pauline, irritó de sobremanera al duque, quien le dijo:
-No eres tú quién no desea estar conmigo, soy yo el que no deseo tu compañía.
- Y si eso es como usted dice ¿entonces qué hace aquí, su excelencia?
El Duque de Valois, se quedó mudo ante la pregunta de Pauline, pues él mismo no sabía por qué la había seguido. Mientras él guardaba silencio Pauline logró sacar a Bernard del lodo, se alegró por eso pero su vestido estaba hecho un desastre: roto y enlodado. Además, Bernard se había lastimado la pata derecha, así que no podría montarlo.Ella lo condujo con suavidad hasta un terreno seco bajo un grupo de árboles que brindaban una agradable sombra.
Estaba oscureciendo y Pauline le había prometido a su padre que no causaría más problemas. Ella tenía que llegar a tiempo para la cena, pero se había alejado bastante de la casa y no llegaría a tiempo si se iba caminando. Ella tampoco deseaba dejar el caballo solo y herido en el lugar.
Entonces decidió que caminaría lentamente llevando a Bernard, ella sabía que no llegaría a tiempo para la cena, pero le importaba más el estado de su caballo. El Duque de Valois se bajó de su caballo repentinamente, la tomó por el brazo y la levantó en brazos, se la echó en la espalda mientras ella asombrada no tuvo tiempo de reaccionar. La sentó en el caballo de él y luego se dirigió hacia Bernard, el caballo herido. Lo guío con delicadeza hacia un árbol y lo amarró allí. Luego de un salto se sentó en el caballo detrás de Pauline y le dijo pegando su boca a la oreja de ella:
-Hago esto sólo porque no quiero tener problemas con mi padre. No te hagas ilusiones, Pauline.
La espalda de ella estaba incrustada en el pecho de él y pudo sentir los latidos del corazón de él, que retumbaban con fuerza. Ella le respondió.
-Usted no conoce mis ilusiones, su excelencia ¿Qué pasará con Bernard? No puedo dejarlo herido y solo en este lugar.
-Más te vale no ilusionarte, pues mi desprecio hacia a ti no ha disminuido en absoluto. Por ahora haremos una tregua pues no quiero discusiones con mi padre y si no llegamos a la cena, se armará un escándalo. Respecto al caballo, al pasar por la caballeriza enviaremos a un mozo para que lo busque y atienda
su herida. Recuerda que esta tregua, durará muy poco futura duquesa.
Tras decir estas palabras, el Duque de Valois fustigó al caballo y salieron al galope con gran velocidad. Pauline se resbaló de la silla y el duque al notarlo le dijo:
-Tendrás que agarrarte bien de mi cuerpo, si no quieres caerte del caballo.
Pauline obedeció en silencio, se agarró a él lo más que pudo y galoparon juntos bajo el cielo
estrellado.
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Updated 159 Episodes
Comments
Lidia Baños
Bastante desagradable el vendido orgulloso
2025-01-13
0
MARIA ELENA PEREZ DE PALMAR
ya empezó a caer en el embrujo
2025-01-23
0
Kaori 🙃
todo deseo que a este engreído no se le vuelva a levantar ante ninguna mujerón solo con Paulina que se uno de los castigos que se merece
2023-12-22
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