Pauline
Estaba exhausta de repasar las normas de etiqueta con Madame Ronsard. Desde niña aprendí con rapidez todo lo que una señorita de alta sociedad debía saber, pero no tenía muchas oportunidades de interactuar socialmente así que en casa olvidaba practicar algunas de esas normas. Crecí sola, al cuidado de sirvientes que únicamente se limitaban a cumplir con su trabajo, por eso deambulaba por la casa, daba largos paseos por el campo, montaba a caballo, me encantaba caminar descalza y salía por la noche para observar las estrellas. Todo esto le hacía
pensar a mi padre que yo era una especie de salvaje, pero era difícil explicarle cualquier cosa, pues él siempre estaba ocupado y mantenía siempre una actitud distante conmigo.
Madame Ronsard dio por finalizada su tarea conmigo y afortunadamente le dio a mi padre un informe favorable sobre mis modales y habilidades. También aprobaron mis nuevos vestidos y la forma en que me arreglaba el cabello, aunque tanto mi padre como Madame Ronsard hubiesen preferido que me vistiese con más lujo tal como lo hacía la esposa de mi padre, la baronesa. Pero no me hubiese sentido cómoda de esa forma, así que llegamos a un acuerdo y entonces adopté un estilo menos recargado. En cuanto a mi cabello, prefería llevarlo suelto, pero acepté recogerlo en algunas ocasiones y por supuesto mantenerlo peinado.
Mi prometido, el Duque de Valois llegaría mañana. Me sentía nerviosa, no sabía qué esperar de él y de mi nueva vida como duquesa. Mi padre aceptó que Aurelie me acompañara y en cuanto a mi gata Lucy, él piensa que no habrá inconvenientes en qué la lleve conmigo.
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La noche previa a la llegada de mi prometido fue larga, el viento helado azotaba mi ventana con fuerza y tuve que levantarme a medianoche para cerrarla, luego me volví a acostar y me quedé dormida. Soñé con el bello desconocido que vi en la librería, lo miraba entre la bruma de la noche, corrí hacia él pero por alguna razón no podía alcanzarlo. La atmosfera del sueño era angustiante y desperté temblando y bañada en sudor. El canto de los pájaros y los rayos de sol entrando por mi ventana anunciaron la llegada de un nuevo día. Me quedé en la cama con los ojos abiertos mirando el techo y pensando en el sueño que había tenido hasta que Aurelie tocó la puerta y le dije que entrara. La imagen del bello desconocido seguía impresa en mi memoria, pero el sueño había sido confuso e inquietante. Ya no podría seguir perdida en mis pensamientos por más tiempo .Ahora tenía que levantarme y comenzar a prepararme, no sabía cuándo llegaría el Duque de Valois, mi prometido. Aún no me acostumbraba a la idea de tener un prometido que pronto sería mi esposo. Todo había sido tan rápido que no había tenido tiempo de asimilar la idea. No estaba preparada para experimentar un cambio tan radical en mi vida, pero tendría que adaptarme a las circunstancias lo mejor que pudiera. No ganaría nada con ponerme a llorar o armar un berrinche. Asumiría mi destino sin reproches ni escándalos y aunque me moría de miedo no lo demostraría.
Aurelie me ayudo con el vestido y el peinado. Elegí un vestido blanco al que le suprimí, la almohadilla que solían llevar los vestidos atrás, el escote era bajo y profundo tanto que revelaba la forma de mis senos y tuve que ponerme un corsé, las mangas del vestido eran largas pero no eran tan ajustadas como las que se solían usar. No quise usar ningún sombrero con plumas o flores que estaban a la moda, sólo me hice un peinado semi-recogido y puse dos rosas blancas en el pequeño moño que lo componía. Había leído en una revista de moda que había cierta tendencia a buscar estilos más relajados y campestres en cuanto a vestidos, pero esa tendencia todavía no tenía mucha fuerza. Yo hubiese preferido ese estilo natural y de alguna manera quise usarlo (aunque no me lo permitieron del todo)
Aurelie me ofreció un poco de carmín para los labios y para las mejillas, pero este carmín era distinto. Era de un peculiar color rosa. Luego de aplicármelo me miré en el espejo, por un momento me sentí hermosa, pero había tristeza en mi mirada y también miedo. Las horas pasaron y mi prometido no daba signos de llegar así que me puse a leer recostada en mi cama y luego me quedé profundamente dormida. No sé por cuántas horas estuve dormida, me desperté tras escuchar unos agitados golpes a mi puerta. Era Aurelie, le dije que entrara y me incorporé todavía somnolienta, con evidente apuro me dijo:
-Pauline, acaba de llegar el Duque de Valois y su padre. Debes bajar ahora para encontrarte con ellos, tu padre también te espera. Pero primero debes retocarte un poco.
Al escuchar las palabras de Aurelie, salté de la cama. Ella me ayudó a retocarme el peinado, cambio las rosas blancas que llevaba en el cabello y puso dos rosas frescas. Me aplicó de nuevo el carmín en los labios y mejillas y ajustó mi vestido. Salí de la habitación y caminé por el largo pasillo hasta llegar a la escalera que me llevaría al recibidor donde ellos se encontraban. Ese trayecto me pareció eterno.
Al bajar veo a mi padre que está parado frente a mí, él conversa con dos caballeros que me dan la espalda.
Al verme mi padre dice:
-Honorable caballlero, su excelencia. Les presento a mi hija Pauline.
Tras decir estas palabras los caballeros se dieron la vuelta para mirarme. Mi asombro fue grande al ver que el caballero más joven era él bello desconocido que encontré en la librería, el hombre que habitaba mis sueños y mis anhelos desde hace tiempo. Mi corazón enloqueció. Estaba ricamente vestido con un traje negro a su medida combinado con una camisa blanca que hacía resaltar su bella y bien formada figura, llevaba puestas unas lujosísimas botas. Todo en él transmitía elegancia, riqueza y distinción. Su rostro era tan bello como lo recordaba. Sus grandes ojos negros me miraron con sorpresa e inquietud y luego su mirada pareció nublarse y su semblante se tornó frío, parecía una bella estatua sin vida alguna. Era más alto de lo que recordaba y su padre era una versión de él mismo con más años, aunque no era tan viejo se percibía un estado de enfermedad y decadencia en él.
Ambos me hicieron una correcta reverencia. Pero seguido a esto hubo un silencio sepulcral.
Mi padre quebró el silencio al decirme:
-Pauline este es el Duque de Valois, tu prometido. Y a su lado se encuentra su padre, el caballero
Jules Dupont.
Yo volví a hacer una reverencia y solo dije:
-Encantada de conocerles: honorable caballero, su excelencia.
El caballero Dupont respondió de manera cordial:
-El encanto es nuestro, madeimoselle Pauline.
El Duque de Valois, mi futuro esposo permaneció en silencio pero su mirada estaba fija en mí, de forma intensa y penetrante. Creí percibir rabia en sus bellos ojos. Seguramente me odiaba, él no deseaba este matrimonio y yo tampoco. Jamás imaginé que me vería obligada a casarme con el hombre de mis sueños. Esta circunstancia cambiaba todo, estaba conmocionada pero sabía que debía ocultar mis emociones. Si él iba a actuar conmigo como si fuese una estatua fría y sin corazón pues yo tendría que hacer lo mismo. Aunque, ahora mismo mi corazón me traicionaba, pues latía con toda la fuerza y ardor posible.
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Updated 159 Episodes
Comments
Lidia Baños
Bonitos sus sentimientos.
2025-01-13
0
esterlaveglia
Pauline con la ayuda de Aureli.... los va a poner finos 😝🤷♀️
2024-06-30
0
Anonymous
ay pobre no sabes lo que él te espera
2024-04-11
1