Luego de la nefasta noche del baile, Pauline estuvo más taciturna que de costumbre. Permaneció encerrada en su habitación por varios días. Nadie en la casa parecía notar su ausencia. No podía leer más de dos líneas, no tenía ánimos de caminar para disfrutar el fresco aire de la noche. Ni siquiera se había asomado a la ventana para observar el jardín.
Tampoco tenía ganas de escribir. Se sentía decepcionada y vacía. Así pasaron un par de semanas
y cuando intentaba a escribir solo venía a su mente la humillación que había vivido en ese baile tan funesto para ella.
Me arrojaste a lo que jurabas sería mi muerte. Creíste que me
ahogaría en el agua de tu burla, que tus
labios próximos que nunca fueron beso me devastarían y finalmente, que esa imagen tuya, ceñido a
otra mujer sería la daga en mi espalda que me desangraría. Saboreaste la
sensación de imaginar como el dolor me estallaría en las entrañas al mirar esa
pose de romance palaciego: tú ricamente vestido y ella con un vestido de gala maquillada
para esconder la fealdad de su corazón.Ambos con aquellas sonrisas falsas y ojos
soberbios que me miraban, desafiantes jugando a ser dioses del Olimpo, potentes
y fieros riéndose de una diminuta mortal.
Pauline escribió estas líneas y luego quemó el papel, no quería convertirse en un ser lleno de resentimiento. Pero sabía que el dolor estaba allí, quería quemar ese sufrimiento así como quemaba ahora el papel. Con la mirada absorta en el fuego recordó cada frase de las ardorosas cartas de amor que Monseiur Dumas, le escribió. Adrien.
Así le imploró que lo llamara, entre floridas frases que elogiaban su rara belleza...Mentiras. Seguro él y su prometida se rieron durante todo este tiempo de ella. Pauline era un mero bufón en la vida de él y en la vida
de otros tantos. Ya lo sabía. Se había resignado, pero no quería llorar toda la vida. Seguiría viviendo a su manera, sería ella misma aunque nadie la amase, aunque no le agradara a nadie. Ella no se permitía pasar mucho tiempo triste. Así que después de quemar lo que había escrito siguió con su rutina habitual: leer, pasear, escribir, observar los amaneceres, atardeceres, pasear por las noches, y jugar con su gata Lucy. Podía hacer lo que quisiera, comer lo que quisiera o quedarse todo el día en la cama durante un clima lluvioso. Esta era su vida, no había
romance ni matrimonio a la vista. Pero iba a disfrutar a su manera la vida que le tocó vivir.
Una tarde mientras comía manzanas y veía la puesta de sol en el jardín, Pauline fue llamada al despacho de su padre. Hace mucho que él no conversaba con ella en privado, algunos días ni siquiera le dirigía la palabra
-La mayoría del tiempo todos parecían evitarla-. Así que Pauline no pudo evitar sentir miedo. Angustiada entró al despacho de su padre que al verla frunció el ceño, ella usaba un vestido holgado, su cabello negro, largo y enmarañado estaba suelto y le llegaba por la cintura y estaba descalza, pues le gustaba sentir la tierra desnuda bajo sus pies.
-Pauline, pareces una salvaje.
-Pero no lo soy, su excelencia.
Su padre le exigía que lo llamara su excelencia. Tenía que hablarle de la manera más formal posible.
-No te he dado permiso para
hablar.
-Lo siento, su excelencia.
-Escucha bien lo que te voy a decir, pues esto te lo diré una sola vez. Soy el Barón de Saint-Remy y tu conducta está mancillando mi nombre. Hay rumores sobre ti, se dice que eres una loca y una bruja. Te has convertido en una calamidad pública, Pauline. Las mujeres te temen y lo peor que puede pasarles es que las comparen contigo. Los hombres te esquivan con angustia y piensan que al unirse a ti solo les traerías penurias. La gente supersticiosa se protege de ti con amuletos y temen que acaricies a un niño o animal por temor a que enfermen o mueran. Además dicen que te han visto deambulando por las noches, elaborando hechizos o quién sabe qué. Hasta los sirvientes te temen. Rechazas las buenas costumbres y te niegas a vestirte como una dama de tu rango y posición. Estás condenada a la soledad, Pauline.
Luego de escuchar estas duras palabras, Pauline quiso responder pero su padre le hizo un gesto con la mano.
Ordenándole a guardar silencio.
-Esto es mi culpa, al parecer en la familia de tu madre había…gitanos… yo nunca lo supe y me uní a ella sin saberlo. Es una raza maldita. Estás condenada, pero mi deber de padre es más fuerte, debo hallar un esposo para ti y no me importa lo que cueste. Eres mi única hija y ofreceré una dote tan generosa que alguien habrá de aceptar
desposarte. Mi única condición es que tu futuro esposo debe ser un noble de alto rango.
-Padre… perdón, su excelencia. Yo no quiero casarme, al menos no con alguien que solo se case por mi dote. Déjeme vivir como hasta ahora, por favor. Prometo llevar una vida más reservada de la que he tenido hasta ahora, si es que eso es posible.
-No, Pauline. Eso no será posible, debes casarte como tu rango y posición lo requieren. Yo me voy a dedicar a mi esposa quién está embarazada y espero que me regale la dicha de un hijo varón para que herede mi baronato y todas mis propiedades. Pero antes debo ocuparme de ti. No quiero que refutes nada, yo mismo me encargaré de encontrar un esposo para ti, pero deberás refinar tus modales en sociedad y mejorar tu aspecto, también tu conducta deberá cambiar. A partir de hoy te comportarascomo una dama y no como una salvaje.
-No soy una salvaje, padre. Sabe usted muy bien que soy muy inteligente, más que muchas damas que usted conoce.
Pauline olvidó por un instante la formalidad con la que debía hablarle a su padre y le habló con firmeza, pues estaba segura de lo que decía .Ante las palabras de su hija el Barón de Saint-Remy, no tuvo más remedio que hacer una silenciosa pausa. Era cierto lo que ella decía, desde niña fue brillante en todo, en idiomas, en música, en botánica y demás ciencias. Su inteligencia era innegable.
-No voy a debatir contigo, Pauline. Sólo te llame para informarte lo que voy a hacer. Yo decidiré tu vida y tu destino. Es lo que puedo hacer en memoria de tu madre, a quien pese a sus engaños respecto a su origen, amé profundamente. Encontraré un esposo para ti cueste lo que cueste.
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Comments
Anonymous
pobres mujeres de antes no tenían derechos ni voz ni voto
2024-04-11
2
geo
por favor Autora no más mujer sufrida nosotras somos capaces de muchas cosas
2024-02-03
0
Eleonor Baker
Cómo que lo quemó? Autora que bueno que las anotaste, que no se pierdan están bellísimas y que en la próxima fiesta se las lea ahora ella a el
2023-10-31
3