Pauline.
Después del desagradable episodio que viví con el Duque de Valois me retiré a mi habitación. Estaba
temblando de miedo. El quebró la taza de té con violencia y sé que quería intimidarme y además demostrarme todo su desprecio. Le respondí como pude y me alejé de él, si me quedaba a su lado su hostilidad podría haber aumentado. Tenerlo tan cerca me hizo corroborar su innegable belleza. Era bello como un ángel, sí pero era un ángel cruel y terrible.
Mi corazón me traicionaba, latía con fuerza al verlo, así me ocurrió cuando lo volví a ver en la cena. Estaba deslumbrante, aunque tenía un leve enrojecimiento en el rostro y en su mano izquierda varias heridas recientes. Él me capturó mirándolo y en sus ojos noté satisfacción. Él sabía que era bello y que atraía las miradas. No quería demostrarle cuánto me atraía, pues él usaría esto en mi contra, así que rápidamente desvié la mirada y mantuve una actitud distante. En más de una ocasión noté que me miraba, pero evitaba verlo a los ojos. Ya nos habíamos
visto lo suficiente más temprano y no me sentía con las fuerzas para retarlo ahora. Además mi padre y su esposa estaban presentes, también estaba el caballero Dupont, su padre. Así que trataría de evitar sus miradas.
Luego mi padre se levantó para decir algo importante y dijo que se adelantaría la ceremonia de nuestra boda y que nos casaríamos en dos días. Creo que este anuncio nos tomó por sorpresa a todos, menos al caballero Dupont quién ya conocía de antemano esta información. El Duque de Valois y yo nos miramos asombrados, él lucía
inquieto y mi corazón brincaba con fuerza en mi pecho. Pronto seríamos marido y mujer. Todo me pareció tan precipitado que comencé a sentirme mareada y tomé un poco de agua. Tenía que guardar la compostura, mi mascara de hielo amenazaba con derretirse ante la mirada ardiente del duque, mi futuro esposo.
Luego del anuncio, cenamos sin contratiempos. La comida estuvo deliciosa y por un instante olvidé
mi fatal destino. Pero la mirada intensa y rabiosa del duque me lo recordaba. Al culminar la cena intercambiamos breves saludos de despedida y me retiré a mi habitación.
A medianoche me desperté, quería salir a dar una vuelta por el jardín. Pronto abandonaría la casa y extrañaría cada parte de ella. Mañana me despediría de Bernard, mi caballo y daríamos un largo paseo juntos. Esperaba que mi padre me concediera este deseo. Estaba en camisón y solo me puse una delgada bata por encima, la noche
era fresca pero no fría. Todo el mundo parecía dormir, así que salí sigilosamente de mi habitación. La habitación donde mi prometido se alojaba estaba cerca de la mía, cuando pasé frente a ella no percibí ningún ruido.
Seguramente estaba dormido. Así que seguí caminando hasta bajar las escaleras y finalmente salí por la puerta trasera hacia el jardín. Mis cabellos se movían con el viento y el aire olía a rosas. Por un instante me sentí libre, miré el cielo que estaba despejado y tenía pocas estrellas pero estas eran muy brillantes. Quería atesorar este momento y guardarlo en mi corazón. Lo que se avecinaba a mi vida no era bueno, me casaría con un hombre que me odiaba y que me atraía demasiado…
Después de lo que me había ocurrido con Monsieur Dumas no quería que nadie me humillara por amor nuevamente. Pienso que nadie merece ser humillado por sentir amor. Yo podía haber aceptado que Monsieur Dumas no me amara, pues el amor no se puede forzar…pero su burla, exponer mis sentimientos en público, nada de eso era necesario. Pensando en lo ocurrido no pude evitar derramar unas lágrimas, yo no quería ser débil. En realidad no podía darme el lujo de ser débil. En menos de dos días estaría casada con un hombre que me trataba con hostilidad, viviría en una casa extraña, lejos de la protección de mi padre. Mi único consuelo era que Aurelie y Lucy me acompañarían. Estaba muy sensible, fingir ser una máscara de hielo era agotador pero ahora podía desahogarme un poco.
Mientras lloraba comencé a percibir un aroma a tabaco, entre los altos rosales creí ver una chispa de fuego. Alguien fumaba. Tuve miedo y abracé mis hombros, la noche estaba enfriándose. Decidí regresar a la casa y cuando comencé a caminar sentí que alguien me jalaba del brazo desde atrás. Al darme la vuelta vi ante mí al duque, mi prometido. Llevaba puesta una bata de seda negra y fumaba un tabaco. Intenté zafarme pero
él me sostenía con firmeza, de un instante a otro estaba muy pegado a mí y comenzó a hablar muy cerca de mi oído:
-Ya veo que te comportas como una demente ¿Qué haces fuera de casa a esta hora? No me respondas. Saliste para llorar a gusto. Estas lágrimas que derramas son nada comparadas con las que vas a derramar cuando seas la duquesa.
- Suéltame\, voy a entrar a la casa ahora.
Esto fue todo lo que le pude responder, pues su presencia en el jardín me tomó por sorpresa. Él me
sujetó con más fuerza, yo sentía su proximidad y su perfume, el mismo que recordaba de ese encuentro en la librería. Comenzaba a agitarme y él también, su rabia lo descontrolaba. Luego me dijo:
-Tú no tienes derecho a tutearme, soy tu superior. Quiero que me digas de ahora en adelante mi señor. Pues soy tu dueño ahora, tendrás que obedecerme.
Su actitud soberbia me irritó y comencé a forcejear con él, quería que me soltara pero también quería
quedarme muy cerca de él. Entonces le dije:
-Todavía no es así, su excelencia. No nos hemos casado, aún. Y mientras esto no ocurra tendré la libertad
de ser yo misma.
Al escuchar lo que dije él tiró su tabaco y me sujetó con ambos brazos, él era mucho más alto que yo y más
fuerte, pero yo me resistía como podía. En el forcejeo mi bata cayó al suelo dejándome solo en camisón.
Estaba en una situación muy comprometedora, él no me soltaba, estaba como en trance, no dejaba de mirarme. Luego hizo algo extraño, se inclinó y empezó a oler mi cuello y mi cabello y luego me mordió el cuello. Toda mi piel se erizó. Necesitaba huir, esto que estaba pasando no estaba bien. Me había dicho cosas horribles y ahora me había mordido, aunque con suavidad y el calor de su boca junto a mi cuello se sintió muy agradable, quise perderme en su perfume y en la calidez de su cuerpo. Pero tenía que reaccionar así que le di una patada en sus
pantorrillas, él me soltó, aunque no creo que de verdad yo le haya hecho daño, pero aproveché el momento para recoger mi bata y salir corriendo.
Estaba sintiendo un ataque de pánico, todo lo veía nublado. Al entrar a la casa me encontré al ama de llaves, que me miró con desaprobación. Estaba corriendo en camisón y el duque venía detrás de mí. No dije nada y seguí corriendo hasta a mi habitación, donde me encerré pasando el seguro de la puerta. Al rato escuché
como el duque azotaba la puerta de su habitación. Esa noche tuve miedo de él y tuve miedo de mí y de lo que había sentido al tenerlo cerca.
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Updated 159 Episodes
Comments
Lidia Baños
Quien se está vendiendo es el no ella,equivocado el señor.
2025-01-13
0
ARY🤓
Que no era al revés? Te compraron para ella, así que técnicamente hablando tu eres suyo🤨😏
2023-12-12
5
Rosa Isela Aldana Mora
La empecé a leer y no paro de hacerlo. Me encanta tu novela😍 y soy fan de este tipo de novela romántica y de época.
2023-08-30
3