Pauline
No sé cómo había terminado galopando en el mismo caballo con el Duque de Valois. Su cuerpo estaba muy pegado al mío, podía sentir su respiración en mi cuello y los latidos de su corazón en mi espalda. Tuve que sujetarme a él con todas mis fuerzas para no caerme pues íbamos a toda velocidad, nuestros cuerpos encajaban a la perfección. Me sentía tan cómoda entre sus brazos, que me asombraba el hecho de poder sentirme tan bien con alguien que me había tratado con hostilidad. No desaparecía de mi cuello la sensación de la suave y dulce mordida que me había hecho el duque la noche anterior. Él era tan soberbio y actuaba de un modo muy desagradable, pero me gustaba demasiado o lo que era aún peor: me estaba enamorando de él. Desde que lo vi se convirtió en mi fantasía y ni en mis sueños más locos me habría imaginado que él, el hermoso desconocido de la librería se convertiría en mi esposo.
Habían pasado ya muchas cosas entre nosotros en un breve lapso de tiempo y faltaban pocas horas para nuestro matrimonio. No me sorprendió cuando mi padre me dijo que me habían visto en una situación comprometedora con el Duque de Valois, puesto que ya me imaginaba que Agnes Dillon, el ama de llaves le contaría a mi padre lo que había visto. Sentí mucha vergüenza cuando mi padre me reprendió, sobre todo por qué sí había pasado algo indecoroso entre el duque y yo. Y eso no podía decírselo, no juntamos nuestros labios pero lo que
había pasado se había sentido como algo muy íntimo, justo como ahora...
Estábamos tan cerca que el calor de su cuerpo me envolvía, su perfume amaderado con notas de jazmín me embriagaba. La parte baja de mi espalda estaba encajada en el centro de sus muslos y en cada movimiento del caballo nos rozábamos. Él se mantuvo en silencio pero su respiración estaba agitada, podía sentir su aliento caliente en mi cuello. Todo se volvió vertiginoso, mis senos se movían y amenazaban con salirse del vestido, comencé a sentir un calor que irradiaba por todo mi cuerpo…El roce entre mi espalda y su pecho aumentaba y en la parte baja de mi espalda, en mis nalgas sentí una parte de su anatomía dura que chocaba contra mí. Por lo que había visto en los libros, esto debía ser el instrumento para procrear que Madame Ronsard mencionaba. Era algo que conocería una vez que estuviera casada, pero todavía no me había casado con el Duque de Valois y ya
habían ocurrido incidentes indecorosos entre nosotros y por otro lado estaba su hostilidad hacía a mí, y las cosas hirientes que me había dicho.
Pero ahora todo se nublaba ante mí, estaba sumergida en la sensación de su cuerpo contra el mío. Cerré los ojos y en ese momento quise estar con él en un lugar muy lejos del mundo donde sólo estuviésemos los dos, siempre así. Deseaba más de él. Quería eternizar el momento pero pronto llegamos a la caballeriza donde finalmente
nos detuvimos. Él se bajó del caballo rompiendo así el contacto entre nosotros, me costó reaccionar y hacerme consciente del momento presente. Él me ofreció la mano para ayudarme a bajar del caballo, su mano era cálida y grande, con dedos finos y largos. Acepté su ayuda y pronto apareció un mozo al cuál le pedí que fuese a buscar a Bernard y lo trajera para curarlo. Luego, el duque y yo avanzamos en silencio hacia la casa, cerca de la luz pude ver su rostro que estaba ruborizado, seguía respirando con agitación y se había aflojado el
cuello de la camisa como quien lucha por buscar aire. No supo decirle nada y él fue quién rompió el silencio. Con voz entrecortada me dijo:
-La tregua se acabó, Pauline. Te arrepentirás de haberte casado conmigo.
Tras decir estas palabras entró casi corriendo a la casa por la puerta principal y yo me dirigí a la puerta trasera. Mi vestido estaba lleno de lodo y tenía menos de diez minutos para arreglarme para la cena. Como pude me escabullí hasta mi habitación y luego hice llamar a Aurelie, quién al ver el estado en que me encontraba se preocupó y me dijo.
-¿Estás bien, Pauline? ¿Tuviste algún accidente? Estás muy alterada y ruborizada. ¿Acaso tienes
fiebre?
Antes de contestarle sólo pude pensar que el único accidente que había tenido era el cuerpo del duque
contra el mío, en ese mar de calor tan delicioso. No tenía fiebre pero había un incendio dentro de mí que tal vez no se apagase nunca. Le respondí:
-No te preocupes, Aurelie. Sólo me resbalé y caí en el lodo. Bernard está herido pero ya lo están atendiendo. Y estoy un poco acalorada porque tuve que correr para regresar a tiempo para la cena ¿Podrías por favor ayudarme a arreglarme?
Aurelie actuó con rapidez, trajo un poco de agua, me ayudó a lavarme, peinarme y vestirme. Elegí un vestido
color crema con detalles en dorado, peiné mi cabello y lo dejé suelto y me puse una tiara dorada. Aurelie me aplicó el mismo perfume de rosas que ella misma había fabricado. Olía delicioso. Me miré en el espejo y noté que aún estaba un poco ruborizada.
Pronto tuve que bajar para la cena, donde sólo estábamos el caballero Dupont, mi padre y el Duque de Valois. Mi padre expresó los saludos correspondientes y excusó a su esposa que debido a un malestar propio de su estado de embarazo no pudo acompañarnos en la cena. Mi padre y el caballero Dupont estuvieron conversando animadamente durante toda la cena, mientras que mi prometido y yo guardábamos silencio. Me costaba mucho verlo a la cara, con todo lo que había pasado entre nosotros, además él me había ratificado su intención de hacerme sufrir. Me había dicho que la tregua se había terminado…pero sentí que lo que su boca decía no iba a
la par con lo que su cuerpo y sus ojos decían. En ese instante lo vi y él me estaba mirando, su mirada era intensa, profunda y aún lucía ruborizado… Cuando la cena terminó, nos miramos en silencio y nos hicimos una reverencia.
Ya en mi habitación me
puse el camisón y me preparé para dormir. Pero antes me senté a escribir:
Por
un instante fuimos eternos
llamas
entrelazadas
fuego,
el
mismo fuego.
Al cabo de unos minutos,
Aurelie entró en la habitación y me dijo:
-Pauline, esta noche debes dormir mañana es un día ajetreado y deberás tener fuerzas para mantenerte
en pie. La boda será temprano y luego partiremos a la residencia del duque.
- Tienes razón\, Aurelie. Voy a tratar de descansar.
Dicho esto, me acosté y Aurelie salió de la habitación. No habían pasado quince minutos cuando escuché
que tocaban mi puerta. Me sentí inquieta, no sabía si debía abrirla o simplemente fingir que dormía. Tuve la corazonada de que era el Duque de Valois quién tocaba mi puerta. Sé que por mi bien no debería abrir la puerta pero me moría de ganas por hacerlo…
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Comments
Lidia Baños
Ella quiere jugar con fuego,o más bien quemarse en el fuego.
2025-01-13
1
MARIA ELENA PEREZ DE PALMAR
jajajaja ya lo éxito 🤣🤣🤣🤣
2025-01-23
0
esterlaveglia
uhmmmm..... las chispas están saltando 😝
2024-07-01
0