El Barón de Saint-Remy se encontraba en su despacho con el caballero Dupont. Tenían asuntos que tratar
acerca de su acuerdo y además tenían que ultimar los detalles acerca de la boda de sus hijos. Ambos habían convenido en que celebrarían una ceremonia sin invitados en la capilla ubicada en la propiedad del barón. En un principio habían planeado que el Duque de Valois y Pauline tuvieran un lapso de una semana para conocerse antes de la boda pero el caballero Dupont sugirió que adelantaran la ceremonia. El Barón de Saint-Remy estaba indeciso, había percibido en el duque cierta altivez y hubiese preferido observar su conducta por varios días. El caballero Dupont también había notado la actitud altanera de su hijo y por eso mismo deseaba adelantar la boda. Conocía bien a su hijo y sabía que no moderaría su carácter por mucho tiempo. El caballero Dupont no quería que el barón descubriese a fondo la naturaleza soberbia de su hijo pues sí lo hacía probablemente cancelaría el acuerdo. Lógicamente el barón podría pensar que su hija Pauline iba a ser maltratada por su hijo. Después de debatir el asunto, finalmente el barón accedió a adelantar la boda, la ceremonia se celebraría en dos días y luego los recién casados partirían a la residencia del duque.
Esta decisión le causó alivio al caballero Dupont, pero igual tendría que rogarle a su hijo que moderara su conducta hasta el día de la boda. Ambos dieron por terminada su reunión y se dirigieron al salón esperando encontrar a sus hijos en una charla amena pero solamente encontraron al duque y una taza rota en el suelo. Tanto el padre del duque como el de Pauline vieron en esto una mala señal, pero ninguno lo dio a demostrar. El barón pensó que su hija seguramente presa de los nervios había dejado caer la taza y luego se había marchado y el padre del duque supo que su hijo fue quien había arrojado la taza en una muestra de su altanería. El duque por su parte rompió el silencio y dijo:
-Honorables caballeros, accidentalmente deje caer la taza de té. Les ruego me disculpen.
El Barón de Saint-Remy le contestó:
-Su excelencia, no debe usted disculparse, al contrario yo me disculpo por no haber dispuesto con prontitud que limpiaran este desastre. Creo que es hora de mostrarles sus habitaciones para que tengan tiempo de descansar hasta la hora de la cena.
Tras decir estas palabras el barón hizo sonar una campanilla y aparecieron dos sirvientes, uno de ellos guiaría al duque y a su padre a sus respectivas habitaciones y el otro se ocuparía de recoger los añicos de la taza rota. Al Duque de Valois y a su padre les asignaron habitaciones muy cómodas y lujosas. El duque estaba evidentemente ofuscado, permaneció en silencio y parecía que de un momento a otro iba a estallar en un ataque de ira.
El caballero Dupont, aprovechó que se encontraba a solas con su hijo y le dijo:
-Pierre, me he dado cuenta del desastre que causaste. Tú lanzaste esa taza de té a propósito ¿A
caso discutiste con tu prometida? ¿No puedes moderar tu temperamento por unos días?
El duque le contestó a su padre:
-Sí, yo quebré esa taza con toda intención. Quería hacerle saber a esa mujer como serán las cosas entre
nosotros. Quería hacerle sentir todo mi desprecio y esto apenas comienza.
-Pues si no te moderas no hay boda y si no hay boda no hay monedas de oro. Así de simple. El barón ya
está comenzando a sospechar de ti, si descubre que desprecias a su hija de esa forma no creo que la ceremonia llegue a realizarse.
-Sería maravilloso parar con toda esta farsa. Yo amo a Louise. Esa tal Pauline es una loca ¿viste
su vestido y su peinado? Ella misma es demasiado morena y de baja estatura. Ella no está a mi altura.
El caballero Dupont estaba a punto de perder la poca paciencia que le quedaba. Se dio cuenta de que
tenía que ser más duro con su hijo y le dijo:
-¿Escuchas las frivolidades que dices? Te quejas por un peinado o un vestido. Eres demasiado
superficial, Pierre. No tienes ni como pagar tus propios alimentos y solo te importan las banalidades. Baje ya de sus alturas querido duque, usted sin el dinero de su prometida no tiene nada. No veo en Pauline fealdad alguna, tiene un lindo rostro y una grácil figura. Puede ser extraña, sí. Pero es una señorita de buena reputación a diferencia de
otras…esa que dices amar es una mujer tan frívola, irritante y corrompida…Es una presuntuosa que piensa que por imitar el estilo de vestido y maquillaje de la reina es la gran cosa. Solo te ha arrastrado al vicio. Tus virtudes se han visto opacadas, la dulzura y buen juicio que tenías cuando eras un niño desaparecieron. Pero sé que esto es mi
culpa, yo te permití muchas cosas y no te di un buen ejemplo.
-¡No te atrevas a ofender a Louise, es la mujer que amo! ¡No quiero casarme con esa loca!, gritó el duque sumamente alterado
-¡A mí no me levantas la voz! serás el Duque de Valois pero yo sigo siendo tu padre. Tras decir esto
el caballero Dupont le propinó una fuerte bofetada a su hijo. Y luego le dijo:
-He debido disciplinarte hace mucho tiempo. Y si de verdad quieres cancelar la boda lo haremos ahora mismo. Pero mañana buscarás un trabajo de criado o saldrás a la calle a pedir limosna. Luego de decir esto, el caballero Dupont intentó salir de la habitación, estaba decidido a romper el compromiso de su hijo con Pauline.
Su hijo, al ver su determinación se interpuso en su camino y le gritó:
-¡No, no, no!
-No te entiendo Pierre, primero me dices que deseas que detenga esta farsa y ahora me impides que lo
haga. Cálmate y piensa bien lo que deseas hacer.
-Ya lo pensé, padre. Me casaré con Pauline Ducreux pero no la amaré nunca.
-Como te dije antes, nadie te exige que la ames, pero por lo menos disimula tu mal carácter por unos
días. Me voy a mi habitación, trata de descansar. Te veré abajo a la hora de la cena. Y espero que te comportes como un caballero con Pauline y su padre.
El Duque de Valois se quedó solo en su habitación, acariciando con su mano la mejilla que su padre había abofeteado. Pocas veces su padre lo había castigado de ese modo. Se dirigió al espejo para ver si tenía el rostro hinchado, él notó una moderada protuberancia en su mejilla y un enrojecimiento en la zona. También vio en el espejo las heridas sin cicatrizar que tenía en su mano izquierda y recordó el día que Louise le lanzó la copa de vino al rostro y el con su mano la esquivó. Para el duque, las heridas en su mano y la bofetada que su padre le había dado hace poco, tenían una sola culpable: Pauline Ducreux.
Por otro lado, el Barón de Saint-Remy se dirigió hacia la habitación de su hija. Como de costumbre la
encontró leyendo junto a su gata Lucy. El barón no había tenido una buena impresión del Duque de Valois, pero sabía también que su hija tenía unos modales extravagantes. Por eso quería descubrir que era lo que realmente había pasado con respecto a la taza rota.
-Pauline, deseo hacerte dos preguntas: ¿Por qué dejaste a tu prometido sólo en el salón? ¿Qué ocurrió con la taza de té?
-Su señoría, me sentí un poco indispuesta y por eso me excusé ante su excelencia, el duque y respecto
a la taza de té, fue un simple accidente. Se resbaló de la mano de su excelencia.
Pauline le mintió a su padre para no causarle preocupación. Ella sabía que tendría que manejar el asunto
del Duque Valois sola. De alguna forma ya se había hecho la idea de que su prometido iba a odiarla, pues él no deseaba casarse con ella y el incidente de la taza de té confirmaba esto.
El Barón de Saint- Remy, aceptó la explicación de su hija y le dijo:
-Espero que sea como dices, Pauline. No puedes faltar a la cena, haré un anuncio importante.
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Horas más tarde, se encontraban en la mesa esperando la cena: El Barón de Saint-Remy junto a su esposa, el Duque de Valois y su padre (el caballero Dupont) y Pauline. Todos usaban ropas muy elegantes y el duque destacaba en un traje azul marino muy lujoso y Pauline usaba un vestido color rosa, con un generoso escote.
Su vestido estaba inspirado en la moda medieval y en su cabello llevaba dos rosas color rosa pálido.
Antes de comenzar la cena el Barón de Saint-Remy se levantó para hacer un anuncio:
-El caballero Dupont y yo hemos decidido adelantar la boda de su excelencia, el Duque de Valois y mi
hija Pauline. La ceremonia se celebrará en dos días en nuestra capilla, será una ceremonia privada, sin invitados. Luego celebraremos una comida íntima y ese mismo día partirán los recién casados a su residencia oficial.
Todos en la mesa se quedaron sorprendidos ante el anuncio que acababa de realizar el barón. Pauline
y Pierre el (Duque de Valois) se miraron con asombro. En menos de dos días serían marido y mujer…
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Comments
Lidia Baños
El muy estúpido la culpa a ella se sus males,ahora que tuvo la oportunidad de cancelar la boda,le pareció mejor continuar con la farsa,claro la idea de trabajar o ser un mendigo no es muy convincente.
2025-01-13
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Liliana García
Tan pronto se quiere deshacer de la hija 😔😔
2025-01-28
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MARIA ELENA PEREZ DE PALMAR
Ella la más débil es la culpable
2025-01-23
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