La fecha para el encuentro entre el Duque de Valois y la hija del Barón de Saint-Remy, Pauline Ducreux se acercaba inexorablemente. Cada uno se estaba preparando a su manera para el destino que les había tocado: un matrimonio que ninguno de los dos deseaba. Pauline seguía preparándose con Madame Ronsard y renovó su guardarropa con la ayuda de una modista, ambas llegaron a un acuerdo para que sus vestidos no fueran del todo acordes a la moda actual (que a Pauline le parecía ridícula) pero tampoco eran feos ni deslucidos, sus atuendos eran elegantes naturales, de colores claros y se adaptaban mucho mejor a su grácil figura y en cuánto a su peinado optó por alternar el cabello suelto más peinado... con un semi-recogido. Se había recuperado de sus
pasadas fiebres de forma progresiva y ahora tenía un aspecto más saludable. La servidumbre sabía que pronto Pauline abandonaría la casa y se notaba cierto alivio en el ambiente. La mayoría de los criados eran supersticiosos e influenciables, sólo Aurelie trataba a Pauline con cercanía y afecto.
Aurelie era gitana pero nadie lo sabía, ella había tenido muchos trabajos en lugares no muy respetables, hasta había sido sirvienta en una casa de mujeres de la mala vida. Sabía leer la fortuna, conocía el poder medicinal de algunas hierbas y conoció muy bien a la madre de Pauline, por eso cuando supo que buscaban una
doncella para atender a la hija del Barón de Saint-Remy se ofreció inmediatamente para ocupar el cargo. Había escuchado desde hace mucho los rumores sobre Pauline, conocía la crueldad de la sociedad, la había vivido en
carne propia y sabía que debía ayudarla. Ser diferente la condenaba, por su aspecto, por su forma de ser, por su inteligencia innata. Pauline era única, original y autentica y la sociedad no le perdonaba esa originalidad, así que
desde niña recibió desplantes, rechazos, burlas y ahora era considerada una mujer maldita, un ser de mal augurio, una bruja o una demente. Por todo esto a Pauline se le dificultaba interactuar en sociedad y había aprendido a estar sola y a preferir su soledad.
Debido a la prematura muerte de la madre de Pauline, ella creció sin la orientación y la protección que solo una madre puede brindar, además de eso tuvo un padre distante. Nadie le había enseñado las cosas fundamentales de la vida, todo lo había aprendido sola: leyendo. Gracias a su agudeza e inteligencia pudo hacer progresos desde su más tierna infancia, tuvo tutores, profesores, institutrices pero todos la trataron con una fría y cortante cordialidad. Nunca tuvo ningún amigo. Además de sus gatos y Bernard, su caballo no tuvo más compañía. Aurelie sabía que Pauline necesitaba fortalecerse, hacerse valer y ahora que entraría en un matrimonio arreglado tan precipitado necesitaba de su apoyo más que nunca. Pauline ignoraba que Aurelie era gitana igual que su madre pero desde que comenzó a trabajar en su casa sintió una calidez especial en el trato que Aurelie le dispensaba, realmente parecía cuidarla sin grandes demostraciones de afecto solo con su dedicación y su presencia serena que la reconfortaba.
Por otro lado el Duque de Valois pasaba sus últimos momentos con Louise, al menos por una par de semanas no podrían verse. Como siempre se habían entregado al placer incontables veces. No quería admitir que se sentía vacío luego de cada orgasmo y que el vacío era cada vez más frío y afilado como la hoja de un cuchillo. Por eso bebía y fumaba, estaba ansioso y exhausto. Se estaba haciendo daño al llevar este estilo de vida así mismo desde hace tiempo, su padre se lo había dicho pero el Duque de Valois no respetaba a su padre, pues bebía mucho más que él y además era un apostador empedernido. Al igual que Pauline el Duque de Valois perdió su madre al nacer, así que rara vez conoció la ternura. Fue creciendo sin orientación, luego la calle, el vicio y los compañeros de juergas le enseñaron la forma de vida que ahora llevaba. En esos festines interminables conoció a Louise de Mallay, la hija de un caballero venido a menos. Desde muy joven Louise tuvo una vida viciosa y gracias a los regalos de sus múltiples amantes sobrevivía y derrochaba sin medida. El Conde Yves de Fabry, el mejor amigo del Duque de Valois fue uno de sus amantes y él mismo los presentó, pero el duque ignoraba la relación que había existido entre ellos. El objetivo de Louise era encumbrarse socialmente, convertirse en una duquesa y vivir el resto de su vida rodeada de lujos.
Ella pensaba que arrastrando al Duque de Valois a una vida de vicios y lujuria perpetua lograría su objetivo. Estuvo cerca de lograr su objetivo pues él estaba subyugado por su belleza y por su ardor, pero el inminente matrimonio del Duque de Valois con la hija del Barón de Saint-Remy había destruido sus planes. Pero ella no se quedaría tranquila, buscaría la manera de lograr su objetivo. Louise no tenía ningún tipo de escrúpulos, ella vivía siempre al límite.
Ignoraba que el Duque de Valois no estaba disfrutando como antes del exceso de lujuria que ella le brindaba. A decir verdad, el duque estaba comenzando a sentirse muy agobiado. Últimamente hallaba más placer en una lectura o en tocar el piano que en hacer el amor con Louise, pero esto era algo que el duque jamás le revelaría a nadie. Él pensaba que ser un hombre viril implicaba decir que sí a todos los encuentros sexuales que Louise desease tener. Eso demostraría su valía como hombre. Pero aunque el Duque de Valois era un hombre muy apasionado y muy hábil en las artes amatorias, también era un hombre sensible con una amplitud de gustos
artísticos, literarios y musicales. Nada de esto podía compartirlo con Louise, solo podía compartir con ella la cama y ya se había desgastado todo el repertorio de acrobacias sexuales que ella le ofrecía. Después de despedirse de Louise, llegó a su casa y volvió a repasar su equipaje, llevaría sus mejores atuendos, quería lucir imponente para que su futura esposa observara bien lo que no podría poseer jamás: a el.
Él tenía toda la intención de ser cruel con Pauline, pues consideraba que ella era la causante de su infelicidad .Incluso la culpaba de que ahora no se sentía bien al compartir la cama con Louise y además estaba lo de la otra mujer…La extraña mujer que había visto en la librería que parecía haberlo hechizado y hasta lo había excitado…No quería pensar en ella, pero de vez en cuando el recuerdo de su imagen lo invadía y con su recuerdo venían también algunas sensaciones…estaba preocupado y confuso. Trataba de dar una explicación a esto, pero no encontraba ninguna explicación lógica, así que lo mejor que pudo hacer fue enfocar toda su energía en odiar a Pauline Ducreaux, su futura esposa.
Pauline y Pierre (El Duque de Valois) tenían más cosas en común de lo que ellos ni siquiera llegasen a imaginar, sus mundos iban a chocar pronto. Se avecinaba una gran tormenta sobre la vida de ambos.
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Comments
Lidia Baños
Pues que llegue la tormenta y los envuelva,después vendrá la calma y sabrán valorarla.
2025-01-13
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MARIA ELENA PEREZ DE PALMAR
Le va a pesar
2025-01-23
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esterlaveglia
no veo la hora de que se encuentren 🤣👌👍
2024-06-30
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