...XVI...
Esa noche cuando regrese a casa el silencio absoluto me da la bienvenida, la mansión se encuentra en silencio salvo por la única sirvienta quien fue la que me abrió la puerta. Intento preguntarle la razón de la aparente ausencia de todos más ella en completo silencio, baja la cabeza y se retira sin mirarme a los ojos, su temor es evidente.
Ingreso a la mansión con total cautela, es muy probable que Amanda ya les hubiese informado a mis padres acerca de mi amistad y afecto hacia Lindel, un hombre que sin duda lo considerarían inferior debido a sus orígenes humildes como un caballero del imperio. Una sensación de constante acecho y amenaza me embarga a medida que subo a la segunda planta de la mansión y recorro los pasillos hacia mi recámara. Me pregunto dónde se encuentran todos, ¿Por qué fue una sirvienta de la mansión y no mi doncella la encargada de recibirme? Tengo una mala sensación, mi corazón me alerta que algo no anda bien.
Miedo es lo que siento y como un fantasma este me persigue, no sé qué pensar ni esperar, solo anhelo que al menos personas inocentes no paguen por mis acciones y que puedan verse libres de toda culpa. Conozco a mi padre, lo he visto reaccionar de forma violenta e impulsiva he visto como sin ningún escrúpulo golpeo a mi madre en mi presencia. No busco la estima de ese hombre, no deseo ni tan siquiera tener alguna relación con él a pesar de que en algún momento yo lo anhele. Es un hombre del que no se puede esperar nada y por eso debo de tener cuidado.
Mis manos tocan la perilla de la puerta, el frio del metal me cala hasta los huesos y el mal presentimiento no me abandona. Abro la puerta de mi recamara y la oscuridad reina en el recinto, mis sospechas se acrecientan y mi sentido de alerta se eleva, ahora sé que nada bueno me espera. Al ingresar por completo observo una figura irreconocible cerca de mi ventana, ni la luz de la neonata luna me ayudaban a reconocer a aquel intruso.
Súbitamente las luces se encienden y ahora todo queda más visible.
― ¿Dónde has estado Selenia? ―una voz se deja oír revelando su identidad, es mi padre quien con un aura amenazante y autoritaria me observa con furia. Entonces comprendí que él ya estaba al tanto de todo. Poco a poco mi padre se aproxima hacia mi posición y es cuando me pongo en alerta.
―Salí a dar un paseo ―respondo con total naturalidad.
Una fuerte bofetada es dirigida a mi rostro, es tan inesperada que apenas y me da tiempo para reaccionar. Cuando lo hago el dolor se apodera de mi mejilla y siento la piel ardiendo. Cubro mi rostro y observo sus acusadores ojos mientras Amanda ingresa a escena colocándose a lado de mi padre, su rostro muestra inocencia mezclada con malicia. Sin duda le informo de mi amistad con Lindel haciendo que padre me aborreciera aún más. A pesar del golpe me mantengo firme, no aparte los ojos de ellos.
—Eres una sucia —nunca antes se había dirigido a mí con tanto desprecio que me hace dudar si en verdad soy su hija de sangre —. ¿Quién era ese hombre?
—Es mi amigo —respondo conteniendo mi enojo cada vez más ardiente en mi corazón.
—Es un plebeyo, y tú has ensuciado mi apellido ―dice escupiendo las palabras cada una con más furia que la anterior―. Y no es solo eso, sino que te has atrevido a humillar a mi hija públicamente ¡Eres una mujer malévola y despreciable! ¡Una deshonra! ¡Envidias a Amanda y harás hasta lo imposible para dañarla!
― ¡No tengo nada en contra de su hija duque León! ―elevo mi voz en un grito de furia contenido durante muchos años. Estoy tan agotada de soportar este tipo de trato y tener que fingir con la única finalidad de evitar malos entendidos, pero no tiene caso ahora ya que por lo que veo todo lo que hice no sirvió de nada.
― ¿Cómo te atreves a negarlo? ¡Mentirosa! ¡Mi hija vino empapada de pies a cabeza y muy afectada por tu agresión! ¡Haz pasado los limites Selenia y no voy a seguir tolerando tu comportamiento! ¿Crees que soy estúpido? Sé muy bien que tú fuiste la responsable de dañar a mi hija el día de su presentación, si hubiese tenido las pruebas suficientes te hubiese expuesto como la víbora que eres.
― ¡No estoy involucrada en ese atentado e hice mi mejor esfuerzo para Amanda, aunque ahora me dé cuenta que no se merecía nada! ¡Soy inocente, aunque no sirve de nada decirlo porque usted nunca va a creerme!
― ¡No te atrevas a responderme! ―su mano volvió a elevarse amenazando con darme otro golpe.
― ¡León! ¡Deja a mi hija! ―mi madre aparece de pronto haciendo que mi padre detenga su actuar.
Mi madre ingresa irrumpiendo también en mi habitación seguro alertada por los gritos que deben oírse por toda la mansión.
Ella salta en mi defensa, se pone en mi delante intentando protegerme con su cuerpo, nunca voy a olvidar aquella imagen, es la primera vez que siento protección por parte de mi madre, incluso antes cuando era víctima de los gritos y las ofensas de mi padre ella nunca se mostró de mi lado, siempre tan ajena a la situación, actuando como si nada malo estuviese ocurriendo. Entonces, ¿Por qué me defiende ahora?
―Quítate del medio Isadora ―dice mi padre con firmeza ―. Quítate de ahí, no voy a repetirlo.
―Puedes golpearme a mí por defender a esa bastarda a la que llamas hija, pero no vas a ponerle la mano a Selenia, no mientras viva. No tienes derecho alguno sobre ella y no voy a permitir que te tomes esas atribuciones.
¿A qué se refería con que mi padre no tiene derechos sobre mí?
― ¿Qué quieres decir madre? ―digo ―. ¿Cómo que mi padre no posee los derechos?
Mi padre se ríe, y fue su risa estruendosa e inquietante lo que causa que una desagradable sensación se manifieste en mí.
― ¿Qué harás ahora Isadora? ―habla él encarando a mi madre ―. Tu hija te hizo una pregunta ¿Acaso no piensas responder?
Mi madre palidece y baja la mirada notoriamente avergonzada por algo, por un momento aquella actitud desafiante que mostró al defenderme se derrumba ante mis ojos, percibo la duda en ella y es casi como si mi antigua madre hubiese retornado.
―Basta ―es lo que dice ella.
― ¿Ya no eres tan valiente? ―como una garra la mano de mi padre sujeta a mi madre por la tela del cuello de su vestido y la levanta en peso para luego empujarla contra la pared más cercana en un total y nuevo acto de agresión hacia ella ―. Habla mujerzuela ¡Respóndele con la verdad a tu bastarda hija!
― ¡Déjala en paz padre, la estas lastimando! ―intento hacer que la libere, lo empujo con todas mis fuerzas, pero es un hombre corpulento y de gran altura no puedo sola contra él.
― ¡Tú también me estas cansando! ―me empuja contra con suelo y siendo un terrible dolor en mi costado izquierdo que es el lado que impacto al caer ―. De haber sabido que me hubieses causado tantas molestias e inconvenientes nunca hubiese accedido a darte mi apellido ni tan siquiera a recibirte.
Aquellas palabras me dejan sin aliento y con la mente totalmente en blanco, no logro procesar nada, solo soy capaz de escuchar el llanto de mi madre, un llanto desgarrador, un llanto de arrepentimiento. Y debe de sentir todo eso porque se atrevió a ocultar esa verdad durante tantos años.
―No soy tu hija ―digo y sin que pudiese evitarlo las lágrimas empezaron a bajar por mis mejillas, yo Selenia no soy la verdadera hija del duque y ahora como una pieza faltante aquello me revelo la verdad.
―No lo eres ―dice el duque con asco y rencor ―. Una bastarda egoísta como tú nunca podrá ser hija mía.
He ahí la verdadera razón para su trato tan cruel y despiadado durante tantos años, yo luché por ganarme su cariño, lo obedecí en todo sin dudar con la finalidad de tan solo verlo orgulloso de mí al menos una vez. Sentí celos hacia Amanda por ser la favorita, por ser la más querida y la razón se debía a que ella siempre fue su única y verdadera hija de sangre y yo solo fui a la que se le dio un nombre elegante.
― ¿Es cierto madre? ―le pregunto, y ante mis palabras su llanto de acrecienta e intenta ocultarse de mí, ni siquiera se atreve a verme a la cara ―. ¡¿Eso es verdad madre?!
―Yo… hice lo mejor para ti ―es lo que dice ―. Hice lo que creí te daría la felicidad, una familia, una vida como la que te mereces, todo lo hice por ti Selenia. ¡No me juzgues!
No lo hago, no puedo hacerlo, pero aun cuando no me permito juzgar su actuar y su mentira durante tantos años tampoco puedo perdonarle el que haya sido capaz de callar y ver al hombre que me puso como una figura paterna intentar utilizarme a su antojo, ella solo guardo silencio todo este tiempo.
No puedo hacerlo.
―Ahora que ya no me eres de utilidad Selenia no tiene caso seguir manteniendo la mentira, ya que la única razón para que yo me haya atrevido a aceptar a una mujer tan indigna como tu madre quien estaba esperando al hijo de otro hombre es porque desde un principio planee utilizarte con la única finalidad de lograr aquello que siempre fue el sueño de los BellaFleur y es colocar a una dama con la sangre de nuestra familia en el cargo de reina y de esa forma alcanzar también el poder de la monarquía.
―Solo fui una marioneta para usted señor duque ―ahora que la verdad se supo y ese hombre no es mi padre entonces ya no tengo porque seguir llamándolo de esa forma, ahora solo es un extraño que arruino mi vida ―. Tan solo un peón de su malévolo juego.
―Deberías estar agradecida bastarda ―dice ―. Te di casa y comida, es por mí que eres esa dama que se muestra con orgullo en todos lados, es por mí que llevas con orgullo el apellido BellaFleur ¿Y así me lo pagas? ¡Maltratando a mi verdadera hija! ¡Haciendo su vida miserable y poniendo a todos en su contra! ¡No eres más que una ingrata! ¡Una sanguijuela despreciable! No sirves para nada, Amanda debió haber sido la prometida del príncipe y no tú.
― ¡No quiero su apellido! ―estallo yo también ―. ¡Lléveselo consigo! ¡Déjeme en paz! ¡Ya tiene a Amanda su verdadera hija que estoy segura que hará un mejor trabajo que yo! ¡Ella al menos no tiene vergüenza de meterse con un hombre comprometido!
―Cierra la boca Selenia ―exclama Amanda quitándose la careta de inocente y mostrando lo que en verdad es ―. ¿Te atreves a levantar la voz a mi padre? ¿El hombre que cuido de ti a pesar de que no eres más que una bastarda? Es doloroso, ¿no es así? Te duele que sea yo la de orígenes humildes la verdadera y única BellaFleur y tú quien fuiste criada de forma opulenta no eres más que una bastarda, eres quien ocupo mi lugar desde un principio y ahora yo voy a recobrarlo.
―No quiero nada de lo que te pertenece Amanda ―digo incorporándome del suelo a duras penas ya que mi brazo todavía me duele demasiado ―. Quédate con tu padre y su apellido y quédate también con Gregor y la corona. No deseo nada más que mi libertad.
Amanda se ríe alejándose de su padre y avanzando directo a mí para enfrentarme, una vez lo bastante cerca aproxima su rostro al mío con sus labios rozando mi oído.
―No es tu preciada libertad lo que obtendrás querida hermana más si lo que siempre has merecido ―sus palabras me inquietan ―. Nada de lo que hagas ahora podrá salvarte Selenia, tu destino es morir al igual que la última vez.
Mi cuerpo tiembla, el terror se instala en mí nuevamente, no hay más dudas ahora, ella al igual que yo también a regresado, pero ¿Cómo? ¿Por qué?
―No… ―digo mirándole como si ella fuese el mismo demonio ―. No es cierto.
― ¿Pensaste acaso que eras especial? Pues no lo eres, solo eres una villana Selenia y siempre lo serás, jugaste a ser la buena por un tiempo, pero tú y yo sabemos que está en tu naturaleza hacer infelices a las personas como me hiciste infeliz a mí, ¿Crees que con tratarme bien olvidare todo? Estas tan equivocada hermana.
Esta es su venganza.
Al fin libera mi rostro y ella con una sonrisa de verdadero triunfo retorna a su lugar junto con el duque.
―Oh padre, se me olvidaba mostrarte algo ―dice de nuevo Amanda aproximándose a mis gavetas y extrayendo de su interior el obsequio de Lindel.
Mi madre observa el libro y los ojos se le abren enormemente, puede que crea que es el libro de su propiedad y el obsequio de su primer amor.
― ¿Qué es lo que traes ahí Amanda? ―dice el duque observando con curiosidad el libro que Amanda sostiene en sus manos.
―Es el regalo que el plebeyo le hizo a Selenia padre ―el tono de su voz es de burla, ella lo está disfrutando ―. Un obsequio tan vulgar como este que viene del amante de mi hermana solo ensucia tu hogar querido padre.
― ¿Es verdad? ―dice el duque ―. ¿Te has atrevido a hacer eso? ―vuelve a acusarme.
―Así es ―declaro.
―Hay que ver lo descarada que te has vuelto Selenia ―dice el duque ―. Con esa mirada impertinente y ese hablar tan irrespetuoso, al parecer se te ha olvidado unos cuantos modales. Amanda ―y la mencionada está atenta a cualquier orden de su padre ―. Quema eso que traes en las manos.
―Como ordene usted padre.
― ¡No te atrevas! ―soportando el dolor corro hacia Amanda quien ya se había apresurado a la salida, por fortuna logro detenerla tirando de su brazo y obligándola a regresar.
― ¿Qué haces? ¡Suéltame!
― ¡Devuélvemelo! ―empezamos a forcejear ―. ¡Por favor Amanda no lo hagas!
― ¿Por qué habría de oír tu pedido? Nada de lo que te suceda me importa.
Ella intenta apartarme golpeando mi zona lastimada tantas veces que al final logro ceder y me doblo del dolor. Pero aun cuando me encuentre en el suelo no permitiré que ella destruya el obsequio de Lindel, sujeto sus piernas y me aferro a ella como si mi vida dependiera de ello.
― ¡No! ―le suplico entre lágrimas, aunque sé que no servirá de mucho, ella no es la muchacha compasiva que un día creí ―. ¡Amanda no lo hagas!
Amanda me patea el costado herido y es cuando al fin consigue libarse de mí. Sé que disfruta esa imagen lastimera que muestro, al final la veo alejarse por el pasillo, estoy segura de que se dirigirá a la cocina y se deshará de él.
Lloro de impotencia al ver perdido lo más valioso que poseía.
¿Por qué todo se empieza a derrumbar ante mí? ¿Qué he hecho mal para merecer el mismo final que tanto me esforcé en evitar? No tiene sentido entonces la razón de mi regreso si al final todo me arrastrara de nuevo.
―Selenia ―mi madre aparece tras de mí ayudando a incorporarme y al mismo tiempo acercándome a ella, sus brazos me atraen a su cuerpo, pero no deseo su afecto ahora. Aún no puedo ser capaz de olvidar aquella mentira de largos años.
El duque quien aún se encuentra cerca a nosotras se aproxima y entonces sé que todavía no había terminado.
―Déjala ―dice mi madre encarándolo una vez más ―. ¿No has tenido suficiente?
Alguien como duque debe ser tomado con cuidado y nunca hay que bajar la guardia ante él.
―Así que intentas ser una buena madre ahora ―dice él ―. Que lastima que ya sea demasiado tarde.
―Puede que sea tarde, pero no voy a abandonar a mi hija y tampoco permitiré que continúes manipulándonos a tu antojo. Casarme contigo fue el mayor error en mi vida.
―Yo salvé tu reputación, sin mí hubieses quedado ante toda la sociedad como la vulgar mujerzuela que eres por haberte embarazado de un hombre inferior sin familia ni apellido ¡Yo salve tu honra! ¿Y así es como me pagas Isadora?
―No sabes cuánto me arrepiento de haber renunciado a la única persona que he amado, puede que no tuviese fortuna y que su familia estuviese en la ruina, pero incluso aunque hubiese sido el más humilde de los plebeyos ¡De haber sido posible lo hubiese elegido a él mil veces por sobre ti!
― ¿Es así? ―dice el duque ―. Entonces tú y tu hija regresarán a la miseria en donde pertenecen.
El duque llama a viva voz a Hilda y a las demás mujeres del servicio quienes aparecen temerosas y siempre con las miradas apuntando abajo, sus posturas hacen saber que obedecerá las órdenes del duque sin objeción alguna.
Y ninguna de esas mujeres son Annelise o Sophie. Tengo miedo por ellas, tengo miedo de saber que el duque se hubiese atrevido a tanto.
― ¿Señor? ―dice Hilda haciendo una reverencia al encontrarse ante la presencia del duque León.
―Quiero que encierren a Selenia y a mi esposa cada una en sus respectivas habitaciones solo con pan y agua hasta que yo de la orden. Cierren sus ventanas si es posible claven tablas para impedir que la luz les llegue, es mi deseo que se encuentren en la más absoluta oscuridad.
Ante aquel pedido a Hilda no le queda más opción que aceptar, no la culpo, ya que únicamente hace su trabajo. Querida Hilda quiero que sepas que no te guardo rencor.
La orden de mi padre se ejecuta en el acto y las ventanas de nuestras respectivas habitaciones son bloqueadas, una vez que todo ya se encuentra completamente en tinieblas. Soy escoltada al interior de mi recámara ha pedido del duque por dos doncellas, una vez dentro cierran la puerta con llave.
― Te vas a quedar encerrada asquerosa mujer y vas a reflexionar sobre tu mal comportamiento.
Esa es la última voz que escucho antes de ser alejada de todo contacto.
...***...
La puerta solamente se abre para ingresar mis alimentos y una vez cumplida esa tarea se vuelve a cerrar. Golpeo las paredes hasta que mis nudillos se lastiman, grito y ruego para que alguien se apiade y me deje salir. Mientras el tiempo transcurre pierdo las esperanzas de alguna vez volver a ver la luz del día.
Al menos si pudiese saber qué fue lo que sucedió con mi querida Annelise o tan siquiera tener alguna noticia de Sophie entonces podría al menos estar tranquila.
Es tan difícil saber qué hora es cuando todo se encuentra tan oscuro que no se puede distinguir entre la noche o el día, solo sé que tres veces Hilda o alguna otra mujer del servicio abre un poco la puerta para depositar en el suelo pan con un poco de agua. Muchas veces intenté preguntar por Annelise, pero nadie me dirige la palabra, como si se les fuese prohibido tan siquiera dirigirme la palabra.
Mi corazón se oprime cada vez que pienso que el duque pudiese haber desquitado su coraje con Annelise.
Cada vez que cierro los ojos y duermo sueño con que estoy afuera y Lindel toma mi mano llevándome muy lejos tal y como me lo prometió, puedo apostar que se encuentra decepcionado al no tener noticias de mí, quizás cree que no correspondo a sus sentimientos y por eso me niego a verle. Si tan solo pudiese decirle como me encuentro y la falta que me hace.
Porque lo amo y solamente anhelo verlo una vez más.
Alguien llama a mi puerta tres veces y antes de que pudiese incorporarme de la cama y ver de quien se trata dos hojas de papel cuidadosamente dobladas son introducidas por la abertura inferior de la puerta, veo la sombra de las pisadas alejarse rápidamente.
Sin perder más tiempo y antes de que alguien pudiese percatarse de lo sucedido recojo aquello que se me fue entregado y las oculto muy bien dentro de mi vestido.
Me acerco a la ventana y con mis manos intento desclavar una de las maderas que impiden el paso de la luz, es muy difícil debido a mi falta de fuerzas y además mis manos se lastiman por las astillas aun así no me doy por vencida, si no consigo un poco de luz entonces no podré leer nada de lo que me enviaron.
Al fin luego de varios intentos puedo ser capaz de mover un poco uno de los maderos y un pequeño rayo de luz se cuela permitiendo un poco la visibilidad.
Es de noche y la luz que ingresa es de la luna. Me alegro un poco, ya que es muy probable que tanto Amanda como el duque estuviesen durmiendo.
Desdoblo la primera hoja y efectivamente se trata de una carta, mi corazón salta de alegría y mis manos tiemblan de la emoción, eran noticias de afuera.
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Comments
Aniramairos
Al final sí resultaron ser hermanastras, con razón no la ha querido nunca, no es su hija /Slight/
2024-06-26
1
Gloria Solorzano
Que historia tan estupida
2024-06-20
0
Mabel Pines
😭😭😭
2023-08-05
1