4.1 Dulce Miedo /Compromiso y Chantaje

...I...

...Compromiso y Chantaje...

—¿Por qué no podemos estar juntos?

—Yo ya tengo a alguien —confesó Adriana, mientras se despedía—. Por eso no puedo corresponderte.

Ella había conseguido suprimir sus instintos e intenciones. Gracias a su inquebrantable fuerza de voluntad, no había cometió nada irremediable, había respetado el anillo que tenía en su dedo y había llevado a su «destinado» hasta el hospital.

Adriana ya tenía una pareja –la había «marcado»– y se haría responsable de ella.

—Podemos escapar juntos —ofreció James sin saber cómo suplicar para que Adriana se quedara—. O podemos llevar esto de forma lenta. No me importaría ser solo tu amigo.

—No... y es mejor que no nos volvamos a ver.

...

En paralelo...

La situación se volvía más complicada.

«Así que ese era el verdadero problema», pensó la madre de Dan quedando en silencio otra vez

Trataba de no reflejar su preocupación en su expresión, pero no podía aguantar su sonrisa. Estaba aterrada por el futuro de su hijo.

—Está bien —respondió aguantando un suspiro—. Ya te dije que dejaras las cosas complicadas para después, y... y...—Entonces comprendió que debía dejar de tapar el sol con un dedo y ser sincera—. Ilia, hijo, yo también no sé cómo reaccionar a esto. Nunca tuve familiares o amigos (demasiado cercanos) que fueran alfas u omegas, ni siquiera mi esposo los tuvo.

»Tú sabes que aquellos son siempre muy cerrados con sus asuntos y que relacionarse con alguno es algo «raro». En la universidad, apenas pude conocer a algunos cuantos «alfas», y en cuanto a los «omegas», la primera que conocí fue a tu madre...

Ilia apartó la mirada.

¿Por qué tenía que mencionarla? No era necesario. Ella, en ningún contexto, merecia ser tomada de ejemplo. ¿Acaso la madre de Dan quería manipularlo? Sentía que esta se echaría a llorar en cualquier momento y, la culpa lo empezaba a ahogar. Era débil antes las personas que él hacia llorar.

No quería ocasionar ningún trauma -o lo que sea- a Dan. Tenía conciencia. Y no quería que nadie fuera como su madre.... Pero lo que le pedía era demasiado.

—Tener a un hijo «alfa» siempre ha sido difícil para mí. Desde el comienzo no supe que hacer... —continuó con las lágrimas desbordándose de sus ojos—. Es una bendición, pero también una suma de preocupaciones...

»Sé que hay muchos más «alfas y omegas» en estas últimas generaciones, pero es tan difícil. No sé qué papel debería tomar. Las parejas son muy importantes. ¿Cómo podría saber «yo» siendo una beta lo que ustedes pueden sufrir? ¿El miedo o la alegría que puedes sentir? Tu padre una vez dijo que el «vínculo» era como un lazo entre almas y que...

—Mamá... —interrumpió Dan apesadumbrado—. No agobies a Ilia. —Él hablaba sobándose los ojos, pues por fin había despertado—. Sabes que llorar es hacer trampa —agregó mientras llevaba un ligero dolor de cabeza—. Además todo esto es mi culpa.

—Pero...

—¿Podrías dejarme a solas con Ilia? —pidió tratando de sentarse.

—¡Dan! —advirtió su madre y lo ayudó a reincorporarse—. Ilia y tú deben saber que no pueden separarse y que esto es solo un dulce miedo...

—Por favor, mamá. Basta.

—E-está bien —se rindió—. Les dejaré un tiempo a solas. Volveré en diez minutos.

Entonces, ella tomó la mano de su pequeña hija Sara y se fue a los servicios higiénicos para lavarse el rostro. La niña de las coletas les sonreía despidiéndolos con una mano, mientras la jalaban a todo vapor.

Entonces, los dos jóvenes se quedaron mirándose en silencio.

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