...I...
...Estúpidos Acomplejados...
«Alfas, alfas, alfas».
Ilia no podía creer que estos fueran los dueños de las pirámides sociales o, que tuvieran los papeles más relevantes en la historia. Ya que, a su parecer, los que afirmaban aquello debían estar locos o, demasiado pitados para poder reconocer la verdad.
Suponía la mentira.
¿Fuerza?
¿Inteligencia?
La superioridad que marcaban no eran más que cosas del pasado.
«Mira qué perder la cabeza por el celo de un omega», profirió Ilia con rabia. «Los alfas no son más que "bestias"».
Ilia, como todos sus otros compañeros, llevaba arraigado un sentimiento de inferioridad atroz maquillado con desprecio. Vivía entre betas y moriría entre betas. Su mundo era ese, por lo tanto repelía a los seres que se comportaban como animales y, discriminaba a todas las conductas que se salieran de lo estándar.
¿Feromonas?, ¿supresores?, ¿aromas?, ¿marcas?, ¿lazos?, ¿celo?
Los alfas y los omegas eran esclavos de sus propios instintos.
Sin sus supresores, perdían el juicio en menos de un segundo. Eran irracionales y hasta violentos. Nunca les importaba a quienes dañaban en medio de sus idioteces.
Por tanto:
—Todo es tu culpa, maldito perro —mentó irritado, mientras uno de los encargados le ayudaba a salir del agarre del alfa.
¡Todo había pasado tan rápido!
No debió acercarse a ese maldito.
No debió preocuparse por él.
—Maldita sea.
Podía sentir un hilo de sangre que corría desde su cuello hasta la clavícula.Ilia necesitaba un espejo. Quería ver qué tan seria era la lesión. Entonces, a mala hora, llegó a tocarse la herida abierta con la punta de sus dedos.
—¿Sangre? —reconoció para que todos sus nervios se respingaran nuevamente.
No podía suprimir su miedo y furia.
«¡No puede ser cierto!», juzgó en pensamientos. «¿Qué tan fuerte me ha mordido ese maldito?¿Moriré así? ¿Acaso me ha destrozado el cuello? », exageró su dolencia.
Sentía aflicción mezclado con odio. ¡Había sido un completo imbécil!
—¡No te muevas mientras te estoy curando! —advirtió uno de los encargados—. No quieres que tu herida se infecte, ¿o sí? —En tanto jalaba a Ilia del brazo para que volviera a sentarse en el piso—. Sé que quieres permanecer al lado de «tu alfa», pe...
—¿Mi qué? —ofendió Ilia casi ahogándose—. ¿Mi al-fa? —No daba crédito a lo que oía—. ¿Qué es lo que quieres decir? ¿No ves que soy un maldito beta? ¡Un beta! ¿Me oíste? ¡Un BE-TA! —Y era cierto—. ¡No lo digo yo! ¡Lo dice la ciencia! —completó hastiado.
El resultado de su examen llevaba un signo: «β» bien definido.
Por tanto, no debería haber más discusión.
¡Él decía la verdad! Tenía el dichoso papelito con el resultado impreso en su mano. Bien arrugado. Pero lo tenía. ¡No iba a aceptar que le trataran como un omega!
—Maldita sea —repitió una vez más con ganas de arremeter contra Dan.
No iba a permitir que ese perro –adiestrado por Lenay– se saliera con la suya.
¡Iba a apalizarlo! No... ¡Iba a matarlo! ¡Cometería un crimen de odio! ¡Sí, señor!
¡Qué importaba si le dolía la tremenda herida que tenía!
Necesitaba vengarse.
¡Que importaba si lo expulsaban!
Necesitaba ver un poco de sangre para empatar las cosas.
—¡Ya! ¡Está bien! —volvió a impacientar el joven encargado aprisionándole la muñeca—. Lo que digas, pero quédate quieto.
Entonces, Ilia lo vio a él con rabia.
Si no le dejaba ir, pelearía con ese mequetrefe, también.
¡Nadie iba a detenerlo!
Iba a cobrar sangre por sangre.
«Maldito James», injurió cuando recordó al verdadero culpable de todo lo sucedido.
Sin embargo, antes de que pudiera mover un dedo, una voz le resondró:
—¡Ilia, quédate quieto! —Era el profesor Aiden llegando a escena—. ¡Deja que te curen! —recomendó bañado en cólera—. No puedes ir a ningún lado en ese estado, así que QUIE-TO. ¡O ya verás que te haré yo!
—¡Yo no me quedaré quieto! —respondió Ilia sin importarle a quien se enfrentase en el camino—. ¡Maldita sea! ¿No ves? ¡Mira lo que me ha hecho ese maldito perro! ¡Yo voy a...!
—¡He dicho QUIETO!
Entonces, Ilia quedó mudo e inmóvil.
¿Eso era lo que llamaban «voz de mando»? ¡No podía ser cierto! ¿El profesor más vago y desaliñado era un alfa? Debía ser una broma. ¿Quién era ese? Nunca lo había escuchado alzar la voz de esa manera. Él siempre iba sin ganas de vivir y completamente desanimado a todo lado. ¿Qué diablos está pasando ese día?
Ilia necesitaba realizar su venganza. Pero con el profesor así, no podía...
—¡Ya me cansé de toda esta mierda! ¡Si no cooperas, te pondré a dormir sin importar las demandas que me caigan! —siguió rabiando.
El profesor Aiden estaba más que harto de toda esa situación.
Un problema tras otro se acumulaba a cada cuanto miraba hacia una nueva dirección. ¡No podía ser cierto que un evento de tal «magnitud» ocurriese en un colegio de betas! Nunca antes había visto una reacción de ese tipo. Y tan solo había bastado diez minutos para que se desatara tal caos.
—¡Tían! —gritó el emputado docente al joven que trataba las heridas de Ilia.
Porque, sí.
El profesor Aiden conocía desde mucho antes a ese joven practicante –quien en descripción, era muchacho bastante agraciado de cabellos rojizos y una mirada amenazante–; pues con él llevaba una especie de relación amistosa / familiar desde hace años.
—Dime, ¿qué ha pasado aquí? —demandó al ver a uno de sus estudiantes desmayado y al otro herido—. ¿Dónde se ha metido Adriana? —preguntó cuándo lo encontró sin su compañera—. ¿Por qué estás sin ella? ¡Es tu deber cuidarla!
Tian –calmado y disciplinado, tal como era él– al escuchar aquellos reclamos, empezó a calcular el humor del hermano mayor de su estúpida mejor amiga y suspiró abatido.
¡Todo era un problema!
Su deber era cuidar a Adriana.
No obstante la «desgracia» había tocado a su puerta nuevamente.
¡Un omega había entrado en celo delante de ella! ¡Y ella no pudo controlar sus instintos!
...----------------...
^^^ James ^^^
^^^Peculiaridad^^^
^^^Le gusta verse bien ante los demás.^^^
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 30 Episodes
Comments