3.5 Secuestro / Mi madre

...V...

...Mi madre...

Así que...

Otra vez pasó:

—¿Mamá, por qué no quieres a papá? —preguntó un niño de mofletes rosas, a la vez que aprisionaba con fuerza la pierna de su madre.

Ambos se encontraban en el hospital.

¿Qué estaban haciendo allí?

Ellos habían llegado de improviso. Escapaban de algo o de alguien a todo vapor. Y el personal médico ni siquiera los veían.

Los ignoraban.

—¿Por qué siempre te vas? ¿No te gusta la casa? —volvió a cuestionar el pequeño niño a su madre. Pues ella siempre desaparecía por días cuando se arreglaba de esa manera. Se iba con «amigos» que le llenaban la cara de besos y, la mano de regalos.

Por ende debía sujetarla con fuerza y obstinación.

—No, no es eso, hijo —contestó la mujer con pesar viendo como soltar el agarre de su pequeño—. Ahora no puedo explicarte con demasiados detalles. Pero cuando crezcas, yo sé que lo entenderás.

—¿Es por qué eres una «omega»? —indagó el encantador niño rubio—. Los vecinos dicen que no amas a la familia, porque amas más a los p...

...

En ello, Ilia despertó.

No había tenido esa clase de sueños en mucho tiempo.

Era un recuerdo.

Un maldito recuerdo que debía dejar en lo más profundo de su mente y jamás sacar.

El joven girasol estaba aún el hospital. Con exactitud, en el área de emergencias. Dormía reposando los brazos sobre una de las camas de hospital, mientras se quejaba de la incómoda silla de metal que le habían asignado.

—Mira, mamá, está babeando —indicó una niña con dos coletas—. Ese chico es raro. ¡Pero es muy lindo!

«Si, soy lindo», alardeó Ilia humildemente. «Pero no era para tanto». Ilia quiso ignorar el comentario de la niña y volver a dormir, mas esta se acercó demasiado.

—Hola, Ilia, me apena que hayas esperado tanto —saludó la madre de Dan casi logrando asustar al chico flor—. Pero ya he arreglado todo para que les dieran de alta. Prepárate para irnos.

«¿Qué?». ¿Dónde diablos se había metido su propio padre?

—Gra... —estuvo a punto de agradecer por compromiso.

Pero la niña de las coletas le interrumpió:

—¿Ahora serás parte de la familia? —y casi gritando se acercó a abrazarlo.

—¿Q-qué? —atragantó Ilia.

—¡Sara! —regañó la madre de Dan—. Ya te advertí que no dijeras nada. —Y la niña bajó la cabeza. Estaba apenada. Pero no arrepentida. Puesto que, conservaba su sonrisa oculta entre sus manos—. Vamos, Ilia, ¿me podrías ayudar a despertar a Dan para ir todos juntos a casa?

«A casa», resonó en su cabeza. E Ilia, por su puesto, quedó inquieto.

¡Debía hacer algo!

—¿Ilia? —llamó la madre de Dan cuando este se desconectó.

Él estaba sumido en sus pensamientos.

Sus viejas heridas se reabrían y no sabía qué decir o cuál decisión tomar. ¿Debía aceptar ser parte de la familia de Dan? No. ¿Debía esperar un poco más hasta que Dan entendiera que había marcado a un beta y no a un omega? ¿Y si no era así? ¿Y si se habían vinculado de verdad? ¿Y si él era un omega realmente? ¡No! ¡No podía haber vínculo de ninguna clase!

Entonces, Dan acurrucó su cabeza en la mano de Ilia. Él dormía de manera plácida sujetándole la mano. Quería trasmitirle paz y calma. No obstante, Ilia no podía percibir esas intenciones.

—Yo no soy un «omega» —contestó.

—No te preocupes por eso —respondió la madre de Dan sonriendo y considerando su papel de futura suegra comprensiva.

No obstante, ella no sabía cómo continuar con la conversación. Sabía que el amigo rubio de su hijo siempre tenía problemas con aceptar su «condición»; y que a raya de eso, se peleaba de manera constante con otros niños del vecindario.

Ya que –no, por nada– la primera vez que Dan e Ilia se conocieron, el primero había aparecido con signos de riña en su puerta, lleno de barro y con una expresión de arrepentimiento.

—Los doctores me dijeron que las pruebas saldrán el lunes. Así que, por ahora, olvidemos todo esas cosas complicadas y vámonos a casa —completó ella creyéndolo como la mejor respuesta posible—. He preparado pie de limón. Sé que te encanta.

—Señora, yo...

A Ilia la ansiedad le comía su razonabilidad.

No podía aceptar nada de eso.

Por tanto, confesó:

— Yo... yo ya tengo un «novio».

...----------------...

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play