Capítulo 20 La radiografía

Capítulo 21 El puyaso!

Doña Ágata que era un manojo de nervios, al escuchar lo que había dicho el doctor Gregorio al que ella le tenía mucha confianza, puesto que cuando él era apenas un jovencito recién graduado de medicina, ella le había confiado el cuidado de su salud desde entonces hasta la fecha.

Así que sin pensarlo dos veces le dijo a Paula:

- Hijita ve con el doctor Gregorio que jamás podrás estar en mejores manos, si es que no quieres andar como yo con un bastón por el resto de tu vida.

A Paula no le quedó otra alternativa que obedecer a su tía Ágata, así que Gregorio que estaba satisfecho por haber logrado su cometido, le dijo a Paula:

- Muy bien Paula, te voy a llevar cargada hasta mi auto porque en esas condiciones no puedes afincar el pié.

Los demás se quedaron observando cuando Gregorio llevó en sus brazos hasta el auto a Paula, mientras Rigoberto lo ayudaba abriéndole la puerta y llevando el maletín médico.

Esteban dijo:

- ¡Yo los acompaño!

Enseguida Gregorio respondió:

- No es necesario, quédense tranquilos que yo la traeré sana y salva.

Diciendo ésto, la subió en el auto, metió su maletín en la parte de atrás y arrancó rumbo a la clínica.

Cabe destacar que Gregorio al igual que el abogado Alejandro, tenían una situación económica estable, ninguno de los dos era millonario, pero llevaban una vida bastante bien, lo que pasaba a estos dos hombres, era que se habían enfermado de ambición al verse codeado de tanta gente con dinero que llevaba una vida sumamente desahogada llena de lujos y confort. Así que ambos habían visto en Ágata la posibilidad de acomodar su vida puesto que era una mujer sola y que hasta hace poco no se le había conocido más familia que los ya fallecidos maridos.

Gregorio no se había casado, era un hombre maduro, no era una gran belleza y mucho menos un galán, pero tenía su encanto. Se había dedicado a su profesión y a salir de vez en cuando con una que otra mujer, pero jamás había pensado en casarse, hasta que se enteró de la cláusula del testamento de doña Ágata. Allí vió la oportunidad de por lo menos heredar parte de esa cuantiosa fortuna que tenía la vieja como él le decía en privado.

Paula iba en el auto quejándose del dolor, mientras Gregorio trataba de calmarla, diciéndole:

- Tranquila que ya vamos a llegar y te voy a inyectar un calmante para el dolor.

Paula gritó:

- ¿Qué? ¿Me va a puyar? Osea que me va a causar otro dolor a parte del pie? No gracias, prefiero quedarme sólo con uno que es más que suficiente.

Gregorio se echó a reír al escuchar las palabras de Paula, así que sonriendo le respondió:

- Pero si sólo es un piquete pequeñito en la nalga y super rápido.

Paula se horrorizó aún más, así que exclamó:

- ¿Qué? Y de paso me tiene que ver mis nachitas? Pues prefiero seguir aguantando el dolor.

Gregorio no paraba de reírse, la verdad es que no había tenido oportunidad de conocer más de cerca a Paula, puesto que sólo había visto a los cuatro sobrinos sin tener ningún tipo de acercamiento.

Pensó para sus adentros mientras conducía:

"No pensé que Paula fuera tan bonita, a pesar que está sin maquillaje y con esa ropa de deporte, pero viéndola bien de cerca, es muy atractiva. Y a pesar que se ve que no es muy culta, me encanta esa forma tan coloquial de decir las cosas"

Por fin estaban llegando a la clínica, Gregorio estacionó su auto cerca de la entrada de emergencias. En la puerta siempre se encontraba un camillero al pendiente de los pacientes que ingresaban por esa entrada. Al ver que el doctor Gregorio venía con un paciente, el camillero hizo lo de costumbre y se acercó con una silla de ruedas. Gregorio sacó a Paula del auto y la cargó ésta vez ayudado por el camillero para sentarla en la silla de ruedas.

Ingresaron a la clínica y Gregorio le ordenó:

- Por favor súbela a radiología para que le tomen una placa en el pié derecho y al terminar lleva a la paciente a mi consultorio.

El camillero respondió:

- Muy bien Doctor Gregorio.

Gregorio era médico internista, pero iba a esperar a ver qué tan grave era la lesión de Paula de manera que si era necesario la refería a un traumatólogo, de lo contrario él mismo se iba a encargar de atenderla. Que por lo que veía a simple vista, no era nada del otro mundo, lo que pasaba es que Paula era muy exagerada y cobarde, y él estaba sacando provecho de eso para acercarse aún más a ella.

Habían pasado 20 minutos aproximadamente, y Gregorio se encontraba en su consultorio, de pronto escuchó que tocaron la puerta dos veces y respondió:

- Si, ¡adelante!

Era el camillero que traía Paula en silla de ruedas con la radiografía en la mano, entró al consultorio, acomodó la silla de ruedas con Paula enfrente del escritorio del doctor y le dijo:

- Aquí está la placa que mandó a tomarle en el pie.

Gregorio le respondió:

- ¡Muy bien gracias te puedes retirar!

El camillero salió algo extrañado puesto que ese tipo de placas por lo general lo veía los traumatólogos, pero no quiso meterse así que no le dio importancia y continuó con su trabajo.

Gregorio tomó el sobre y sacó la radiografía colocándola hacia la luz para ver qué tan grave era la lesión de Paula en el pie, inmediatamente pudo ver que se trataba de un esguince, justamente lo que él había pensado desde un principio.

No era tan grave, sin embargo requería reposo, pero justo en ese momento era que comenzaba su teatro.

Mientras tanto Paula que se encontraba nerviosa y con el pie adolorido porque efectivamente lo tenía bastante inflamado y morado, le preguntó a Gregorio:

- Y qué ve ahí en la radiografía doctor? Estoy muy mal? ¿Me voy a morir?

Gregorio se sonrió por las ocurrencias de Paula y le respondió:

- Bueno… no te vas a morir, pero por lo que veo aquí hay una fractura de cuidado, así que vas a tener que usar una férula en el pié por tres semanas aproximadamente, a ver si logramos que se corrija y la inflamación baje un poco. (Por supuesto no había ninguna fractura, solo un pequeño estiramiento de los ligamentos que le ocasionaba el dolor y la inflamación).

Paula que lloraba como una Magdalena, le respondió:

- ¡Ay no! Entonces voy a perder mi piecito, no puede ser.

Gregorio la interrumpió y le dijo:

- Yo no he dicho que vayas a perder el pie, pero tienes que guardar mucho reposo y además hay que hacerte unas terapias que yo personalmente voy a dartelas en la mansión. Por lo pronto te tengo que inyectar un antiinflamatorio y analgésico.

Paula lloraba a cántaros, puesto que le tenía miedo a las inyecciones, a parte estaba aterrada de no poder mover el pie durante tres semanas.

Gregorio la ayudó a levantarse de la silla de ruedas con un sólo pié, la subió a la camilla y le dijo que se bajara el mono deportivo que cargaba puesto para así ponerle la inyección.

Ella estaba nerviosa porque sabía que el puyazo de la aguja era peor que el dolor del pié, pero también se sentía intimidada de que Gregorio le viera la nalga. Porque a pesar de que él no era su tipo y era algo mayor para ella, se veía muy bien, a parte olía riquísimo y de eso se había dado cuenta cuando este la cargó hasta el carro.

Así que sintió algo extraño dentro de ella al estar cerca del doctor.

Gregorio ya había preparado la inyectadora, tenía en la otra mano el algodón lleno con un poco de alcohol y se acercó a Paula que ya se había bajado el mono mostrando parte de su muslo que Gregorio vió muy atractivo.

Pasó el algodón suavemente por un extremo de la nalga, admirando el color blanco de su piel, luego le preguntó a Paula?

- ¿Estás lista?

Paula respondió apretando los ojos:

- No estoy lista pero puye rápido antes que me levante yo solita de aquí.

Gregorio sonrió y le dijo:

- ¡Muy bien! Respira profundo (Y Zas! Le metió la aguja en la nalga provocando que Paula pegara un grito aterrador, luego al terminar de introducir el líquido, le sacó la aguja sobandole la parte afectada y luego le dijo):

Muy bien Paula ya estás lista puedes subirte el mono.

- ¡Ayyyyyy me duele mi nachita! Ahora no puedo caminar y tampoco sentarme.(Decía mientras continuaba llorando).

- Muy bien Paula acá te voy a escribir las indicaciones con los medicamentos que vas a tomar para evitar el dolor, tienes que mantener el pie en alto, no lo puedes afincar y por lo demás mucho hielo y reposo por tres semanas.

Así que te llevo de regreso a la mansión y mañana nos volveremos a ver.

Gregorio miró fijamente a los ojos a Paula, mientras está se secaba las lágrimas, dentro que pretendía conquistarla para poder casarse con ella y así recibir parte de la herencia, estaba pensando que no iba a hacer tanto sacrificio el dar ese paso, puesto que hallaba a Paula muy atractiva, más de lo que él se había imaginado.

****************

Amados lectores, para que puedan recibir una notificación cada vez que publique un nuevo capítulo o una nueva novela, pueden seguirme a través de Novel Toon en mi cuenta de perfil.

Para cualquier consulta o mensaje también pueden seguirme en mis redes sociales:

Instagram: dayanaclavo

Facebook: Dayana Clavo

Twitter: Dayanaclavor

TikTok: Dayana Clavo

Mil gracias a todos por el apoyo leyendo la novela.

La autora

Dayanaclavor

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play