Capítulo 15. El plan de conquista

Capítulo 15. El plan de conquista

Una semana después……

El abogado Alejandro y el doctor Gregorio habían acordado encontrarse en un café que quedaba a unas cuantas calles de la mansión de doña Ágata. Había pasado una semana y los sobrinos ya se encontraban instalados en la mansión y doña Ágata se veía muy entusiasmada con la presencia de ellos viviendo en la mansión.

Alejandro le comentó a Gregorio:

- Me preocupa mucho ver a la vieja tan feliz compartiendo todos los días con ellos, ya mandó a redactar el testamento y me ordenó que incluyera a los sobrinitos pero con una cláusula que ellos deberán cumplir después de su muerte o de lo contrario no recibirán nada de su fortuna.

El doctor Gregorio preguntó con mucha curiosidad:

- Y qué cláusula es esa que incluyó en el testamento?

Alejandro respondió:

- Para poder recibir la herencia, la vieja pone como condición que cada uno de ellos se case y tenga un hijo. De no cumplir con esa cláusula no verán ni un sólo centavo.

Gregorio se echó a reír con una fuerte carcajada, mientras que Alejandro lo veía extrañado y sin entender el por qué de su risa.

- Pero se puede saber qué te causa tanta risa?

Gregorio respondió:

- Pero no te has dado cuenta todavía que tenemos todo a nuestro favor?

Alejandro frunció el ceño aún sin entender a qué se refería Gregorio. Así que le preguntó ansioso:

- Pero a qué te refieres? ¡Explicate por favor!

- Muy fácil mi querido amigo, (respondió Gregorio sonriendo) ni tú ni yo nos hemos casado aún, así que podemos conquistar a las sobrinitas que no están de mal ver y después convencerlas a que se casen con cada uno de nosotros y Zas! Automáticamente parte de esa fortuna será nuestra. ¿No te parece una estupenda idea?

Alejandro tomó un sorbo de café, aspiró el cigarrillo que tenía entre sus dedos, se quedó pensativo por un instante y luego respondió:

- Pues no me parece una mala idea, pero no te parece que somos algo mayores para ellas?

Gregorio muy seguro de sí mismo respondió:

- Pues ni tanto, yo tengo lo mío y apenas serán unos cuantos añitos nada más los que le llevo a las dos, aunque si me tengo que casar con una de las sobrinas, me gustaría que sea Paula.

Alejandro tomó un sorbo de café y luego comentó:

- Ja! Escogiste a la mayor de las dos, pero bueno Mildred no está nada mal y viéndome bien, yo todavía soy un hombre atractivo. (Dijo Alejandro mirándose en el reflejo de una vitrina del cafetín).

Gregorio se sonrió y exclamó burlándose de Alejandro:

- Bueno te verías más atractivo sin esa panza jajajajajaja

Alejandro se molestó al escuchar el comentario del doctor y no se quedó atrás para responderle:

- Por lo menos a mí la panza se me quita haciendo ejercicios, pero a ti tienen que hacerte una cirugía plástica para quitarte esa cara horripilante más el montón de arrugas que te cuelgan.

Gregorio se molestó y le dió un golpe a la mesa que hizo que los demás comensales voltearan a verlo para luego exclamar:

-Bueno bueno bueno, ya basta! Creo que no estamos aquí para hablar de nuestros atributos físicos o de los defectos de cada uno, tenemos que buscarle una pronta solución antes que alguien se nos adelante, porque de lo contrario quedaremos fuera de la fortuna de la vieja.

Alejandro acertó con la cabeza dándole la razón a Gregorio, así que le respondió:

- Sí, tienes mucha razón, debemos unirnos para comenzar a conquistar a las sobrinitas sin que éstas se den cuenta que estamos detrás de la herencia.

- Mientras tanto en la mansión, estaban Jairo y Esteban tomando el sol en la piscina mientras que disfrutaban de un cocktail que les había servido Rigoberto. Ambos cargaban puesto un traje de baño que los hacía ver muy atractivos, tenían un cuerpo con músculos bien definidos producto del trabajo rudo que hacían en la hacienda del pueblo.

Serafina y Cleotilde que se encontraban en la cocina, no se habían percatado de ver a semejantes monumentos, hasta que Serafina se asomó a la ventana de la cocina que daba hacia el patio donde estaba la piscina y se le abrieron los ojos de la impresión e inmediatamente le comentó a Cleotilde:

- Diossssss! Cleotilde mira eso! ¡Guauuuuu! Fui Fuiu!

Cleotilde que estaba pelando unas papas para el almuerzo, salió corriendo a ver qué era eso tan interesante que estaba viendo Serafina y también se asomó por la ventana.

Cleotilde al mirar a los sobrinos también se le abrieron los ojos y se quedó paralizada en la ventana mientras expresó:

- Pero qué colirio para mis ojitos! Esos son los sobrinos? ¡Guauuuuu! Qué

mangos! Qué cuerpazo se gastan los dos. (Mientras decía todo eso, seguía pelando la papa pero más acelerada sin quitarles la mirada ni un sólo momento).

Serafina tampoco dejaba de mirarlos mientras le decía a Cleotilde:

- Sí, la verdad es que están buenísimos, pero lástima que soy algo mayor para cualquiera de los dos.

Cleotilde al escuchar a Serafina decir eso, se le prendió la chispa y dijo:

-Eureka! Eso es diste en el clavo Serafina!

Serafina se quedó viéndola extrañada puesto que no sabía de qué estaba hablando, así que le preguntó:

- Pero qué me quieres decir Cleotilde? No comprendo…

- Serafina ya tengo la solución para que tengamos parte de la herencia.

Serafina se quedó sorprendida viendo a Cleotilde sin entender a qué se refería, así que no esperó más y de inmediato le insistió diciéndole:

- Pero habla mujer, habla de una buena vez, me tienes en ascuas.

- Bueno mi querida amiga muy fácil, conquistando a los sobrinos.

Serafina no aguantó las risas, se dobló de las carcajadas mientras le decía:

-Jajajajajajaja estás loca! Cómo se te ocurre que unos papacitos como ellos se van a fijar en nosotras? Aunque bueno...yo todavía tengo mis atributos, pero tú con esa gordura y tragando todos los días como una vaca dudo mucho que puedas llamar la atención de uno de ellos.

Cleotilde se puso furiosa, al punto que le lanzó a Serafina la papa que estaba pelando para la ensalada, con tan buena suerte para Serafina que pudo agacharse a tiempo en el momento que vió venir la verdura que era de gran tamaño y que de seguro iba directo a su rostro.

Cleotilde indignada por el comentario, le dijo:

- Pues fíjate queridita que a mí la gordura se me puede quitar con dietas y ejercicios, pero qué me dices de tu nariz? Tendrás que hacerte una operación de emergencia para que al momento de conquistar a uno de los sobrinos pueda alcanzar besarte en los labios, porque con esa nariz de pingüino dudo que llegue.

A Serafina le cambió la expresión del rostro enseguida, dejó de reírse y se sentó molesta en el mesón de la cocina. A decir verdad, la pobre tenía una naríz muy pronunciada y la misma se le veía realmente fea, pero Cleotilde dentro de que tenía un rostro un poco más agraciado, la gordura que tenía no la ayudaba mucho a verse atractiva, ya que como trabajaba en la cocina, le era muy difícil poder controlar la comida que se comía.

Cleotilde al ver que Serafina se sintió tan ofendida por su comentario, se sintió mal por ella y le dijo:

- Bueno está bien discúlpame, la verdad es que no fue mi intención ofenderte tanto, pero tú también lo hiciste con mis kilitos demás, aquí el asunto no es criticarnos entre nosotras, sino buscar la forma de poder obtener parte de la fortuna, ya que la vieja taruga le va a dejar todo a sus amados sobrinos.

Serafina le respondió:

- Tienes razón, olvidemos todo y enfoquémonos en un plan que nos haga conquistar a esas criaturitas que se ven Uffffffff preciosos.

Cleotilde agregó:

- Pero más uffff y preciosos se verán cuando hereden la fortuna de la Vieja.

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