Capítulo 6. El Café
Ágata bajó a la sala de espera del brazo del doctor Gregorio quien ya estaba de salida puesto que había terminado con su trabajo chequearla y hacerle unas cuantas recomendaciones de rigor.
En la sala se encontraba el abogado Alejandro Mata esperando ansioso a Doña Ágata.
El abogado durante mucho tiempo había aconsejado a Ágata de que hiciera un testamento para así evitar que sus bienes cayeran en manos inescrupulosas que fueran a derrocharla después de tantos años de esfuerzo y trabajo. Por supuesto ese consejo estaba acompañado de un interés personal ya que él conocía mejor que nadie cada una de las propiedades y cuentas bancarias que ella poseía.
Pensó que su llamado a que fuera a la mansión era la decisión de Ágata de hacer su testamento y por supuesto quien mejor que él para merecer toda esa fortuna.
Ágata y el doctor llegaron a la sala e inmediatamente el abogado se levantó del sofá en señal de respeto y se acercó hacia ella tomándole su mano como todo un caballero.
- A sus pies doña Ágata (Dijo mientras hizo una pequeña reverencia y al mismo tiempo beso su mano, luego dirigió su mirada al Doctor Gregorio)
- Gusto en verlo doctor Calzadilla (Saludó al doctor bajando la cabeza también haciendo una pequeña reverencia)
- Yo encantadisimo de verlo Abogado. (Dijo el doctor con una sonrisa tan grande que no le cabía en la cara. Al ver al abogado pensaba: " Pues llegó el hombre que me va a resolver mi futuro"
Mientras tanto el abogado al ver al doctor pensaba: " Ay caramba! la doñita como que no se siente bien de luego la vino a chequear el doctorcito éste de pacotilla" (ambos pensaban lo mismo pero al mismo tiempo de forma diferente y mantenían su sonrisa hipócrita mirándose las caras, pero cada uno en medio de su delirios por el dinero).
Doña Ágata añadió:
- Por favor caballeros sentemonos mientras pido a Rigoberto que traiga café y galletas.
(Enseguida ágata tocó la campana y el mayordomo al escucharla se emocionó y salió disparado como una bala pensando: "La vieja me está llamando, tal vez quiera que esté presente para que le de mi identificación y así anotar mi nombre y apellido bien en el papel, porque después que se muera sería un inconveniente si cambiaran una letra....ay no! tengo que deletrearles muy bien mi nombre". Pensando esto llegó a la sala demorandose sólo lo que le llevó a Ágata colocar de nuevo la campanita en su lugar).
- Me llamó Doña Ágata? en qué puedo servile? (dijo haciendo una pequeña reverendo con la cabeza).
- Sí Rigoberto, por favor dile a Cleotilde que prepare café y galletas.
Rigoberto se quedó viendo a doña Ágata como esperando a que ésta le dijera otra cosa y ella lo miró un tanto extrañada.
- Pasa algo Rigoberto? (le dijo mientras se quitaba los anteojos)
- No! es que..... seguro no se le ofrece otra cosa? (insistió Rigoberto mirando a los presentes).
- No, solamente eso por ahora. Si te necesito para algo más te aviso.
- Bien! entonces me retiro....ah! mi nombre a veces suele confundirse con Roberto pero en realidad es Ri-go-ber-to con b de burro jejejeje siempre es bueno aclarar no es cierto? (dijo con una risa nerviosa mientras caminaba de espaldas para luego irse).
Doña Ágata, el doctor y Humberto se quedaron atónitos con la actuación del mayordomo, no entendían a qué se debía su actitud tan fuera de lugar.
- Pero qué le pasa a Rigoberto doña Ágata? (preguntó el Doctor)
- La verdad es que no comprendo su extraña actitud, ah de ser que ya necesita unas vacaciones el pobrecito, después hablaré con él. (dijo Ágata pensativa).
Rigoberto llegó a la cocina a dar la orden que había mandado doña Ágata:
-Cleotilde Doña Ágata quiere que prepares café y galletas para llevarles al doctor y al abogado.
Cleotilde abrió los ojos y se sonrió diciendo:
- Ya llegó el abogado? (pensó para sus adentros: "yuuuuupiiiii! ya llegó Lero Lero por finnnnnn! "
Rigoberto la miró y le dijo:
- Cleotilde escuchaste lo que te dije?
- Siiii claro! inmediatamente le preparó el café y las galletitas. Es más yo misma se lo llevo. (dijo poniéndose el delantal y preparando la jarra)
En ese momento entró Serafina y escuchó a Cleotilde y le dijo:
- Pues no! el café lo llevo yo, de cuándo acá tú sales de la cocina, además es mi trabajo estar pendiente de todo lo que concierne a doña Ágata.
Inmediatamente Rigoberto interfirió diciendo:
- Pues claro que no! el café con las galletas lo llevo yo, porque fue a mí a quien doña Ágata se lo pidió. Además yo como mayordomo tengo el deber de estar cerca de ella para cualquier cosa que necesite.
Cleotilde refunfuño:
- Óyeme no es justo, yo nunca salgo de la cocina, ya es hora que me dejen a mí también pasearme un poquito por la mansión y por lo menos ver si les gustó mi café o no.
- Pero bueno Cleotilde y cuál es tú interés de querer llevar el café a doña Ágata si tú nunca has salido de la cocina? (preguntó Serafina)
Rigoberto agregó también:
- Y cuál es el tuyo Serafina? porque siempre te la pasas quejándote de que te cansa atender a doña Ágata?
Los tres se miraron a los ojos e inmediatamente comenzaron a sospechar el uno del otro y se empezaron a dar cuenta de que los tres tenían los mismos intereses por la dichosa herencia que ingenuamente cada uno pensaba le iba a tocar.
Rigoberto fue el primero en hablar:
- Un momento....un momento.......un momento........ya estoy entendiendo, ustedes dos también quieren estar presentes para saber cuánto me va a dejar doña Ágata en la herencia no es verdad?
Ambas respondieron en coro:
- Quéeeeeeeeeee?? Te va a dejar? será me va a dejar!
(Al escuchar que las dos habían dicho lo mismo se voltearon y se quedaron viéndose a los ojos sorprendidas de que tenían el mismo pensamiento.
Lo que ocasionó una guerra campal en la cocinar al comenzar a discutir entre los tres a quién le tocaba la herencia).
- Pero ya va claro que doña Ágata me va a dejar a mi su herencia, han sido muchos años sirviéndole, vistiendola, dándole sus medicinas, ella no tiene más familia, es de lógica que yo soy su ama de llaves y su persona de confianza, así que......(Serafina no terminó de hablar porque inmediatamente la interrumpió Cleotilde):
- Pues claro que no! ella a quien ve como parte de su familia es a mi que le he preparado cientos de platos deliciosos y estuve siempre al pendiente de atender a cada uno de sus cinco maridos que en paz descansen, así que olvidense de herencia. (dijo Cleotilde)
Rigoberto las calló a las dos y les dijo tajantemente:
- Ya basta señoras!!..Uds. llegaron a esta mansión mucho tiempo después que yo, su mano derecha siempre he sido yo, así que ni lo sueñen en pensar que van a tener una parte de mi futura herencia.
Mientras los tres discutían tratándo de convencerse entre sí, el café que había puesto Cleotilde en la cocina se estaba quemando.
- Ay Dios mío el café!! Dijo Cleotilde quitándolo rápido del fuego.
Al final ambos tenían los mismos intereses y querían saber la razón de la visita del abogado a la mansión, así que decidieron lo siguiente:
- Bueno ya está señores, vamos a hacer algo, Rigoberto lleva tú las galletas, Serafina tú llevas la crema y la leche, mientras yo llevo el café y el azúcar, de esa forma los tres vamos a estar allí y podemos averiguar qué es lo que está pasando con mi her........bueno quise decir con nuestra herencia, porque todavía no sabemos a quién le va a dejar su fortuna la vie.... doña Ágata quise decir.
Rigoberto y Serafina se vieron y dijeron:
- Pues está bien me parece justo!
Para sellar el trato se dieron la mano entre sí.
Y así cada uno tomó una bandeja y se dirigió rumbo a la sala, tratándo de averiguar qué estaba pasando con la visita del abogado a la mansión.
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