Capítulo 9 Los cinco se unieron
En medio de todo el desastre en el que se convirtió el dichoso almuerzo, por fin el abogado logró reaccionar con los olores de las esencias de Doña Ágata.
Don Alejandro abrió los ojos y se quedó mirando a su alrededor, sin entender qué le había pasado, por un momento perdió la noción de dónde se encontraba.
Cuando escuchó la voz de Ágata diciéndole:
- Don Alejandro cómo se siente? ah buen susto nos dió! (sonrió con dulzura Ágata).
En ese preciso instante recordó el motivo por el cual se había desmayado.
Miró a Ágata y le dijo:
- Sí estoy bien, aunque un poco aturdido, pero bien. Doña Ágata podría decirme qué fue eso último que usted estaba diciendo con respecto a unos sobrinos? perdón es que no comprendo, sobrinos de quién o qué?
(dijo mientras se llevaba la mano a la cabeza en gesto de curiosidad)
Ágata sonrió y le dijo:
- Son mis cuatro sobrinos los hijos de mis cuatro hermanas, Paula, Mildred, Esteban y Jairo.
Rigoberto, Serafina y Cleotilde se miraron entre ellos reflejándose en sus caras sorpresa y al mismo tiempo decepción.
Por su parte el médico y el abogado se miraron igualmente sorprendidos, porque Ágata nunca había nombrado a esos supuestos sobrinos.
Don Alejandro tratando de disimular su angustia ante ésta novedad que no se esperaba, puesto que unos minutos antes hubiera jurado que él iba a ser el único heredero de la fortuna de Ágata, le preguntó intrigado:
- Pero no comprendo doña Ágata y esos sobrinos que usted nombra a dónde se encuentran?
- Pues justamente para eso lo mandé a llamar Don Alejandro, porque quiero que usted se encargue de buscar a mis cuatro sobrinos, porque quiero que vengan a vivir aquí a mi mansión para poder conocerlos mejor y ver si son merecedores de toda mi fortuna.
En ese instante todos los presentes dijeron en coro como si se hubieran puesto de acuerdo:
- Quéeee a vivir en la mansión?? (Todos se miraron).
Doña Ágata los miró sorprendida por la forma como hablaron al mismo tiempo. E Inmediatamente les dijo:
- Pero acaso hay algún inconveniente de que mis únicos sobrinos vengan a vivir aquí?
(preguntó Ágata por la forma y el tono que utilizaron cuando ella dio la noticia.
- Nooooo! por supuesto que no faltaba más! (Dijo Rigoberto) ésta mansión es suya y usted puede traer a quien usted quiera y más si se trata de sus sobrinos.
Por supuesto todos opinaron lo mismo, mientras se miraban entre si. Estaban totalmente desconcertados ante esta noticia que ninguno esperaba. Sin embargo no podían llevarle la contraria sino hacer como si esa idea que se le había ocurrido a Ágata, fuera las más brillante de todas las ideas.
Ágata continuó hablando, esta vez dirigiéndose a todos los presentes, puesto que en ese momento trató de encontrar el apoyo necesario para que inclusive hasta sus empleados de la mansión pudieran colaborar en esta búsqueda de sus cuatro sobrinos que para ella era tan importante.
- Realmente les pido a todos en lo que puedan colaborar conmigo para que mi fortuna no caiga en manos inescrupulosas que la vayan a derrochar a manos llenas, así que ayúdenme a poder encontrar a mis cuatro sobrinos para que ellos puedan disfrutar de mi incalculable herencia.
Todos se miraron en silencio y el doctor sacando un pañuelo de su pantalón, se limpió el sudor de la fuente con un gesto de nerviosismo y ansiedad, mientras se dirigió a Doña Ágata para decirle:
- Pero Doña Ágata y usted está segura de que esos sobrinos todavía existen?
Todos se quedaron mirando a Ágata ansiosos de lo que ésta iba a contestar.
- No lo sé, mis hermanas sé que fallecieron, pero la verdad es que más nunca supe nada del paradero de mis sobrinos, eso me hace sentir culpable, es por esa razón que deseo encontrarlos para enmendar de alguna forma el haberme despegado de mi familia. Deseo verlos y sobre todo saber si realmente se merecen todo el dinero y bienes que poseo.
Cada vez que doña Ágata decía algo, no sólo se miraban entre si los tres sirvientes, sino ésta vez lo hacían todos, puesto que después de haberse enterado de que existían unos posibles herederos, ya no tendría que haber rivalidad entre el Doctor, el abogado y los tres sirvientes, al menos por ahora..
Serafina se atrevió a intervenir porque no soportaba la curiosidad de preguntar lo siguiente:
- Dispense Doña Ágata, pero con todo respeto le quiero hacer una pregunta, bueno en vista de que nos ha hecho participes de su deseo en buscar a sus sobrinos..... ehhhh éste.......(estaba pensando la forma de formular la pregunta sin parecer interesada en la herencia) Qué pasaría en el caso extremo que lamentablemente no encuentre a sus sobrinos o que en peores circunstancias ellos estén en mejor vida, es decir muertitos?
Las miradas de los cinco estaban clavadas en doña Ágata esperando con ansiedad a que respondiera:
- Bueno......se me ocurre algo en este preciso momento:
Primero: Encomiendo a cada uno de ustedes para que me ayude a encontrar el paradero de mis cuatro sobrinos, el primero de ustedes que logre traerlos aquí a la mansión tendrá un 10% de mi herencia.
Segundo: De no encontrarlos o en el peor de los casos enterarme que ya hayan fallecido, entonces todos mis bienes pasarán a la fundación de niños abandonados. Esa es mi voluntad hasta que todo esto se resuelva.
Todos se miraron entre sí, era lo más que hacían, no decían una sola palabra ya que con la mirada se decían mucho, puesto todos tenían un mismo interés, el de apoderarse de la herencia.
Ágata al terminar de decirles sus peticiones, concluyó diciendo:
- Bueno, creo que ha sido un día bastante intenso, espero me disculpen pero la verdad se me ha quitado el apetito y prefiero retirarme a mi habitación a descansar.
Don Alejandro, doctor Gregorio, se quedan en su casa. Espero que pronto me traigan buenas noticias. Y a uds. mis fieles servidores, no los veo como mis sirvientes, al contrario, son como mi familia, espero que en conjunto con el doctor y don Alejandro, puedan trabajar unidos para que puedan traer a mis sobrinos.
Diciendo ésto, Doña Ágata se retiró a su habitación.
Cuando se quedaron los cinco sin la presencia de doña Ágata, Serafina dijo en voz baja:
- Muy bien entonces ya sabemos que ninguno de nosotros será el heredero, esto quiere decir, que para no perder aunque ese miserable 10% de su inmensa fortuna, tenemos que hacer lo imposible por traer a eso mendigos sobrinos que ni siquiera sabemos dónde están.
El doctor y el abogado se quedaron petrificados al escuchar a Serafina decir eso, ya que era la primera vez que la escuchaban expresarse así de doña Ágata.
Serafina al ver la cara de asombro que tenían, les dijo descaradamente:
- Ay ya no me miren así, además uds. no se hagan tarugos que también están detrás de la herencia y por supuesto creían que iban a ser los herederos. Ya quitemonos las máscaras, todos nosotros estamos detrás de la fortuna de la vieja esa, sabemos perfectamente que hemos permanecído por años trabajando para ella y aguantandole sus achaques porque en el fondo pensábamos que íbamos a estar como sus únicos herederos, díganme si es cierto o no?
(preguntó Serafina viendo la cara de cada uno de ellos).
Respondió el doctor:
- Es cierto lo que dice Serafina, ya yo no aguanto más a esta vieja, durante años llevo atendiendola, curandole sus achaques, dándole medicinas para sus dolores y todo esperando a que en algún momento decidiera hacer su testamento, hasta que por fin hoy creí que se había decidido a hacerlo y resulta que ella piensa dejarle todo a sus sobrinos. Vieja fodonga!
El abogado agregó:
- Muy bien, muy bien, muy bien, ahora que estamos quitandonos las caretas reconozco que yo también creí que la herencia me iba tocar a mi, así que para mí ha sido una verdadera sorpresa todo esto y más cuando he trabajado durante años manejandole la parte legal de sus empresas, para que ella de la nada quiera que alguno de nosotros les traiga a sus sobrinos. Vieja fregona!
Rigoberto no se quedó callado diciendo:
- Es verdad, me siendo decepcionado, pensé que iba a ver mi nombre en el testamento Ri-go-ber-to Mala-cara en letras grandes y muy bien deletreado. Vieja coda!
Cleotilde al escuchar el apellido de Rigoberto no pudo aguantar las risas y enseguida le dijo:
- Jajajaja en este momento le haces honor a tu apellido, porque de verdad que desde que la vieja habló de sus sobrinos pusiste mala cara jajajajajja definitivamente si llegas a ganar ese 10 por ciento de la herencia, mínimo con ese dinerito deberías mandar a cambiarte ese apellido por uno más bonito. Y la verdad es que también creí que esa fortuna iba a ser mía, pero esa vieja pelos de lote es una mendiga egoísta. Así que propongo que todos nos unamos para poder conseguir a los benditos sobrinitos por lo menos para poder ganarnos ese 10%. Peor es nada no creen?
El abogado inmediatamente dijo:
- Pues les recuerdo que ese diez por ciento, es sólo para uno de nosotros si logramos traer a los dichosos sobrinos. Pero no debemos darnos por vencidos, vamos a unirnos los cinco para ver dónde están los dichosos sobrinos y después que ellos estén aquí, debemos hacerle la vida imposible para que se porten tan mal, y la Vieja no les dejé la herencia.
Interrumpió Serafina:
- Pero Don Alejandro, si los sobrinos no heredan, ella lo dijo claro, pasaría todo a manos de una fundación.
El abogado sonrió y dijo:
- No tan aprisa querida Serafina, lo importante es que esos sobrinos no hereden o en el mejor de los casos no aparezcan, porque al no haber ningún descendiente directo reclamando la herencia, lo demás puedo manipularlo yo, para que esa fortuna no llegue a manos de ninguna fundación y podamos repartirla entre nosotros cinco.
Se quedaron en silencio viéndose los unos a los otros.
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