Capítulo 16 El plan de Jairo

Capítulo 16 El plan de Jairo

Doña Ágata después de haber dado la orden al abogado Alejandro a que definitivamente incluyera a sus cuatro sobrinos en el testamento, se reunió con ellos explicándoles que la única forma de ellos poder heredar toda su fortuna, sería cuando cada uno de ellos se casara y tuviera un hijo. De lo contrario no verían un sólo centavo de su fortuna.

Los sobrinos estaban reunidos cenando en el comedor sin doña Ágata, ya que ésta se había retirado temprano a su habitación puesto que se sentía indispuesta.

Serafina había terminado de servirles la comida y se había retirado a la cocina, dejando a los sobrinos en compañía de Rigoberto quien tenía la costumbre de quedarse cerca por si llegaban a necesitar algo.

Paula que estaba un poco molesta por la cláusula que su tía Ágata había puesto en el testamento, quiso decir algo pero al ver que tenía la presencia de Rigoberto, se retractó.

Esteban quién inmediatamente se dió cuenta de la actitud de Paula, le preguntó:

- Qué te pasa primita querías decirnos algo?

Paula hizo un gesto con la boca dando a entender su molestia y respondió:

- Eh…. Bueno la verdad es que sí, pero…… (No terminó de decir la frase ya que le hizo señas con los ojos a Esteban señalándole la presencia de Rigoberto).

Jairo que estaba observando todo y que siempre salía con alguna de sus impertinencias, exclamó:

- Ah pero si lo que quieres es que Rigoberto se vaya para poder echar el chisme, haberlo dicho antes, eso tiene solución. (Se dirigió al mayordomo diciéndole): Ey! Rigoberto será que puedes ver si el gallo puso?

Esteban, Paula y Mildred, no encontraban dónde meterse, querían por un momento que la tierra se abriera y los tragara a todos, mientras que Rigoberto estaba un poco fuera de onda, puesto que no estaba acostumbrado a que le hablaran en esos términos. Su educación definitivamente era muy exquisita y el sólo hecho de escuchar ese tipo de lenguaje le causaba mucho malestar.

Pero estaba consciente del tipo de educación que habían tenido los sobrinos, así que no podía esperar mucho de ellos. Rigoberto con toda la diplomacia que lo caracterizaba le respondió a Jairo:

- Disculpe Joven Jairo pero en la mansión no tenemos ese tipo de animales, sin embargo me retiro a ver si doña Ágata requiere de mi presencia. Con permiso.

Rigoberto hizo una pequeña reverencia con la cabeza se retiró, mientras Esteban agarró la servilleta de tela y haciendo un movimiento con la mano, le dió por la boca a Jairo diciéndole:

- ¡Muchacho imprudente! No se te ocurrió mandarlo a hacer otra cosa para que se fuera?

Jairo se apartó para evitar que éste le pegara y le respondió:

- Bueno pero por qué tanto protocolo? Además quiero que Paula termine de contar el chisme que tiene. Así que Paulita echa pa' fuera y comienza a hablar.

Paula miró al techo y meneó la cabeza haciendo un gesto como de obstinación respondiéndole:

- No seas idiota Jairo, no se trata de ningún chisme, sólo quería hablar de la bendita cláusula que la vieja...digo que nuestra tía Ágata metió en el testamento. ¿Qué vamos a hacer? Yo no quiero casarme, ni siquiera tengo novio.

Mildred inmediatamente agregó:

- Es verdad tiene razón Paula, yo tampoco quiero casarme, mucho menos tener un hijo, esa vie….. digo esa tía nuestra está demente, no estoy de acuerdo.

Esteban con cara de preocupación les dijo a los tres:

- Entiendo cómo se sienten, pero lamentablemente si no aceptamos casarnos y tener un hijo, no recibiremos la herencia.

Jairo escuchó y observó todo lo que estaba pasando en la mesa, se quedó pensativo por unos minutos y exclamó:

- Hay que matar a la vieja…..digo a doña tía!

Todos los ahí presentes se quedaron con los ojos bien abiertos sorprendidos de lo que acababa de decir Jairo, mientras éste tomó la copa de vino y la levantó con la mano derecha sonriendo y dijo mirándolos a todos:

- Salud!

Paula no esperó en responderle histéricamente:

- Pero acaso te volviste loco? Me imagino que es una broma de mal gusto no es verdad?

Jairo respondió tranquilamente:

- Pues no queridos primos, les estoy hablando muy en serio.

Esteban agregó:

- Pero es descabellado lo que acabas de decir, y baja la voz recuerda que te puede escuchar la servidumbre, eso no lo podemos hacer.

Mildred que había estado callada escuchando todo, preguntó:

- Y por qué no lo podemos hacer?

- Porque aunque la vieja muera, ya ella mandó a hacer el testamento y si no cumplimos con la cláusula, sencillamente no heredamos. (Respondió Esteban).

Jairo se quedó pensativo, tomó otro sorbo de vino, colocó la copa sobre la mesa y dijo:

- Pero podemos hacer que ese testamento se modifique quitando esa cláusula tan absurda.

- Y cómo? (Preguntó Paula).

Jairo sonrío y respondió:

- Pues muy fácil mi querida prima, llegando a un acuerdo con el abogado de la vieja, es decir Don Alejandro Mata.

Esteban que era el mayor de los cuatro, y en cierto modo el más coherente a la hora de tener algún plan, le dijo a Jairo:

- Mmmmm…. Pues tu idea no es tan descabellada, podríamos probar hablando con Don Alejandro y ofrecerle una parte de la fortuna a cambio de que cambie esa cláusula y haga que la vieja, perdón que la tía Ágata firme el dichoso testamento.

Paula con una sonrisa de oreja a oreja enseguida agregó:

- Pues yo estoy de acuerdo que hagamos cualquier cosa con tal de no tener que contraer matrimonio y mucho menos tener un hijo.

Esteban los miro a los tres y les preguntó seriamente:

- Están todos de acuerdo en tratar de negociar con el abogado para cambiar el testamento?

Todos respondieron al unísono:

- ¡Sí estamos de acuerdo!

Esteban al escuchar que todos habían respondido con firmeza y totalmente de acuerdo con lo que iban a hacer, agregó:

- Muy bien mañana a primera hora llamaremos a Don Alejandro y le contaremos lo que pensamos hacer, estoy seguro de que él también quiere su rebanada de torta.

Jairo exclamó:

- Todo está muy bien, estoy de acuerdo en todo, pero insisto hay que matar a doña tía.

Mildred exclamó:

- Pero ¿por qué matarla sí vamos a cambiar el testamento?

Jairo le respondió esta vez bajando la voz:

- Porque después que cambiemos el testamento querida primita, no nos vamos a quedar aquí en la mansión sentados a esperar a que la vieja estire la pata para poder cobrar la herencia.

Todos se miraron entre sí después de las palabras de Jairo, sonrieron y asintieron con la cabeza sin decir una sola palabra más.

En ese momento entró Serafina, se acercó a la mesa y preguntó mirando especialmente a los dos sobrinos de una forma totalmente distinta y un tanto atrevida:

- Con permiso, solo vine a ver si se les ofrecía algo más. (Diciendo esto miró especialmente a Jairo guiñandole un ojo, por supuesto el comentario de él no se hizo esperar):

- Y qué le pasó Serafina se le metió una basurita en el ojo?

A serafina le cambió la expresión del rostro inmediatamente, la sonrisa que tenía se le desvaneció por completo, se aclaró la garganta tratando de disimular ante la pregunta tan imprudente y cortante de Jairo, no dejándole otra alternativa que responderle tratando de disimular su molestia en vista de que su intento de coqueteo no había surtido efecto con él:

- Ujum ujum Disculpe joven, sí creo qué tengo una basurita en el ojo, Bueno si no se les ofrece nada más me retiro, con su permiso.

Salió disparada hacia la cocina refunfuñando.

Ahora sólo quedaba esperar al día siguiente para ver la reacción del abogado cuando los sobrinos le propusieran el plan que podía cambiarle la vida a todos.

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