Capítulo 14 La presentación de los sobrinos
Doña Ágata bajaba las escaleras del brazo de Rigoberto, estaba nerviosa y ansiosa de ver por primera vez a los hijos de sus hermanas, ella quería de alguna manera recompensar todo el tiempo perdido y más ahora que estaba en una edad tan adulta y que no sabía en qué momento Dios la llamaría a su lado.
Al terminar de bajar las escaleras estaban los cuatro sobrinos atentos con la mirada puesta en la anciana, quien caminaba con su bastón lentamente, ayudada del brazo de Rigoberto, luego ella se fue acercando poco a poco hasta ponerse enfrente de ellos. Al mirarlos exclamó:
- Qué emoción poder verlos hijitos! pero si ya no son unos niños. Válgame Dios!
Paula exclamó al comentario de su tía Ágata con un poco de sarcasmo:
- Y qué esperaba? vernos con el biberón en la boca? (Al decir eso Esteban le dió con el codo a Paula tratando de que ésta se callara por el comentario tan imprudente que acababa de decir).
- Cómo? hijita no te escuché! (Dijo Ágata quien gracias a Dios no escuchaba muy bien y no se dió cuenta del sarcasmo de su sobrina).
Paula al darse cuenta de su imprudencia trató de modificar lo que había dicho respondiendo:
- Ah no! quise decir que hace poquito estábamos con el biberón en la boca. jejejejeje.
Todos los allí presentes se miraron entre sí y comenzaron a murmurar, especialmente Serafina y Cleotilde que no paraban de criticar a los tan nombrados sobrinos.
Doña Ágata se fue acercando y luego se sentó en su sillón y allí se acomodó los anteojos para así poder apreciar mejor sus rostros.
- Sé sus nombres pero no sé quién es quién, me gustaría que se presentara cada uno por favor hijitos. ( Les dijo Ágata)
- Yo soy Paula, hija de su hermana Jacinta.
- Yo soy Esteban, hijo de su hermana Leonor.
- Yo soy Jairo, hijo de su hermana Rosalinda.
- Y yo soy Mildred, hija de su hermana Carmen.
Ágata los observaba de arriba abajo buscándoles algún parecido con sus hermanas, por un momento le brotó una lágrima de sus ojos al recordarlas ya que sentía remordimiento de conciencia de no haberse ocupado más de su familia cuando contrajo matrimonio y se fue del pueblo.
Pero ya era demasiado tarde para arrepentimientos puesto que no podía recuperar el tiempo perdido, encima ya sus cuatro hermanas habían fallecido, así que lo único que le quedaba era hacer algo por sus sobrinos que gracias a que contratara los servicios de un detective privado, pudo saber que estaban pasando por muchas necesidades.
- Bueno hijitos sólo me queda decirles que son bienvenidos a ésta humilde casa que ahora es de ustedes.
Todos miraron a su alrededor viendo aquella mansión tan elegante y lujosa, que por donde quiera estaba llena de obras de arte y objetos valiosos, lo que provocó esta vez el comentario sarcástico de Jairo:
- Humildeeee? sí claro como no! si esto es humilde entonces la casa donde vivíamos era una posilga.
Todos los que estaban allí trataron de aguantar las ganas de reírse ante la imprudencia de Jairo, era muy evidente el resentimiento que sentía hacia doña Ágata por el abandono que ésta había tenido con su familia.
Sin embargo Esteban era el más diplomático de los cuatro, él trataba en cierto modo de mantener las apariencias y más cuando pensaba en toda la fortuna que tenía su tía.
Así que a penas escuchó el comentario de Jairo le dió un pisotón en el pie tan fuerte, que éste pegó un grito que alteró a doña Ágata pensando en que le había pasado algo.
- Ayyyyyyyy!!
- Pero qué te pasó hijito? (preguntó Ágata).
Jairo miró a Esteban y éste le clavó la mirada haciéndole señas muy evidentes de que se retractara de lo que acaba de decir.
- Creo que me picó algo! (dijo Jairo viendo a Esteban molesto).
Ágata al escuchar que lo había picado algo, se dirigió a Rigoberto:
- Rigoberto por favor llama inmediatamente a una empresa de fumigación, debe ser que hay animalitos raros por ahí.
El mayordomo que no quiso decir lo que realmente había pasado para no llevarle la contraria a los sobrinos, siguió la corriente de doña Ágata respondiendo:
- Inmediatamente doña Ágata yo me encargo de eso.
- Bueno, pero por favor Serafina trae algo para que se refresquen y también algo de comer, me imagino que deben estar hambrientos.
- Si doña Ágata voy corriendo. (respondió Serafina).
Cleotilde se fue con Serafina a la cocina, mientras que Rigoberto se quedó como siempre alerta a las órdenes de Ágata.
El abogado que estaba muy incomodo con la presencia de los sobrinos, le dijo a doña Ágata:
- Y bien doña Ágata, ahora usted me dirá cuáles son los pasos a seguir.
Los sobrinos se miraron entre sí puesto que estaban ansiosos por saber qué pasaría con cada uno de ellos a partir de ese momento.
- Bueno...la verdad es que mi única familia son ustedes, reconozco que abandoné a mis padres y a mis hermanas, motivo por el cual no pude conocerlos a ustedes sino hasta ahorita cuando ya son hombres y mujeres, como sabrán enviudé cinco veces. (Ágata al terminar de decir esto, fue interrumpida por Jairo el cual no pudo evitar hacer un comentario como era su costumbre fuera de lugar).
- Cinco? en serio fueron cinco? con razón no tuvo tiempo de estar al pendiente de la familia.
Esteban miró a Jairo con unas ganas locas de brincarle encima y cerrarle la boca de una sola bofetada, pero lo único que alcanzó a hacer fue clavarle la mirada casi que a punto de matarlo.
Doña Ágata que no entendía de sarcasmos ni de indirectas, ya que era una mujer muy noble e ingenua, no se dió cuenta de las palabras llenas de veneno que le había lanzado su sobrino Jairo.
El abogado y el doctor se miraron entre sí dándose cuenta de que los famosos sobrinitos no eran un hueso fácil de roer, así que ambos pensaron que tenían que tener mucho cuidado al momento de llevar a cabo sus planes para poder quedarse con la herencia.
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