Capitulo 5. El Doctor
Todos los que rodeaban a Ágata creían ser merecedores de su fortuna, habían permanecido casi toda una vida a su servicio desempeñando cada uno según su trabajo. Por supuesto conocían a la perfección la vida de ésta mujer que había sufrido muchísimas calamidades, su familia nunca estuvo a su lado en los momentos más dolorosos cuando perdió a sus cinco maridos, en realidad a éstas alturas se desconocía si todavía tenía algunos familiares vivos. Por esa razón cada uno de sus servidores, el ama de llaves, el mayordomo, la cocinera, el doctor y el abogado, que siempre habían estado a su lado, se creían merecedores de su gran fortuna. Lo complejo de todo es que cada uno estaba seguro de que iba a ser el heredero universal de los bienes de Ágata Aristiguieta de la Fuente viuda de Araiza, apellido de quién fue el quinto y último marido.
Pero mientras cada uno hacía planes en sus pensamientos de cómo iban a gastar la fortuna cuando doña Ágata pasara mejor vida, ella se encontraba en un dilema que la tenía con dudas acerca de quien iba a merecer tener su herencia.
Ágata se había arreglado y ya estaba lista para que su médico de cabecera le hiciera el chequeo correspondiente. Inmediatamente levantó el auricular del intercomunicador que se encontraba justo en la mesita de noche al lado de su cama y llamó al área de servicio de la mansión atendiendo Serafina.
- Si diga doña Ágata?
- Serafina por favor dile al Doctor Gregorio que puede subir a mi habitación, ya estoy lista. (Ordenó Ágata).
- Enseguida se lo comunico Doña Ágata (respondió amablemente Serafina)
El doctor Gregorio subió a la habitación de Ágata sonriendo, imaginaba que después que él le había dado el diagnóstico de los análisis que dieron como resultado que tenía un cuadro de hipertensión severo de mucho cuidado, ella motivado a eso había tomado la decisión de hacer su testamento y por supuesto que en el primero que había pensando era en él, su fiel amigo el doctor Gregorio Calzadilla quien había atendido de su salud toda la vida, pero que ésta vez lejos de querer mantenerla estable y bien de salud, estaba ligando los dedos a que pronto doña Ágata se fuera a descansar con sus cinco maridos.
Ágata escuchó que llamaron a su puerta e imaginó que era el doctor, así que no quiso hacerlo esperar e inmediatamente dijo:
- Pase adelante! (Era Serafina quien venía acompañando al doctor a la habitación de Ágata).
- Buenos días doña Ágata cómo se siente usted hoy? (saludó el doctor)
- Buenos días Doctor Calzadilla, hoy amanecí muy bien, claro con mis dolores en el cuerpo pero es parte de mis achaques por la edad. (dijo doña Ágata sonriendo para luego añadir) Quiero que me evalúe y me diga sinceramente como me encuentra, necesito estar bien porque tengo muchas cosas pendientes por hacer todavía y a veces me da miedo irme a mejor vida y no dejar las cosas en orden, usted me entiende verdad?
- Oh! por supuesto que la entiendo Doña Ágata, pero quédese tranquila, debe relajarse para que su presión no suba y se mantenga estable, de manera que pueda realizar todo eso que usted tiene pendiente por hacer. ( El doctor le dijo eso mientras le hacía un guiño con el ojo y señalaba con su dedo índice como afirmando lo que ella estaba diciéndole, pero al mismo tiempo él se imaginaba que ella le estaba dando una especie de indirecta como dándole a entender que necesitaba estar bien para poder hacer el testamento y dejarlo a él como heredero universal. Definitivamente la mente humana cuando quiere creer algo, lo ve tan real que termina creyendoselo).
El doctor le hizo un chequeo completo a Doña Ágata, viendo con sorpresa que se encontraba mejor que nunca, la presión la tenía estable y su semblante mejor que de costumbre. Así que pensó: "Bueno mejor que se encuentre bien para que le dé tiempo de poder dejar todo en orden y si el abogado viene justamente hoy a hacer el testamento pues mucho mejor todavía, porque de esa forma ella tendrá la plena conciencia de todo lo que me va a dejar, es que siento que no puedo esperar a ver cómo se verá mi nueva clínica, ahhhh!! y cuando me venga a vivir aquí a mi futura mansión, lo primero que voy a hacer es sacar toda estos muebles viejos y justo aquí donde está sentada Doña Ágata, pondré un sillón reclinable, siiii y ahí justo donde está la foto de su difunto marido pondré una tele pantalla plana gigante". El doctor estaba perdido en sus pensamientos imaginando cómo iba a gastar la fortuna de Ágata y justo en ese momento ella lo hizo aterrizar de su fantasía cuando le dijo;
- Doctor Calzadilla! Doctor! eyy Doctor! pasa algo malo? es acaso que me encontró muy mal que se quedó pensando como en otro mundo? (preguntó Ágata inquieta porque el doctor se había quedado con la mirada fija en el retrato que se encontraba en la pared que tenía la foto de quien fuera su último marido)
El doctor se aclaró la garganta y disimuló su distracción diciendo:
- No Doña Ágata todo está bien, sólo que me quedé observando esa foto que usted tiene en la pared de su difunto marido, qué bien se ve en ese lugar, no pudo ponerla en mejor sitio. Ahhh! recuerdo mucho a Don Araiza parece mentira que ya no esté, que Dios lo tenga en su gloria. (Y diciendo esto se persignó poniéndo una cara de lamento).
- Ay sí doctor Gregorio, verdad que se ve muy bien ahí mi Toñito, que en su gloria esté, parece mentira fue mi último marido, el pobrecito se fue tan pero tan rápido, no me duró nada el pobre, como que quiso seguir a los otros cuatro que también en su gloria estén. Y bueno ya a mis 85 años ni pensar en un sexto verdad? jajajaja ( bromeó Ágata)
Pero aquéllas palabras de ella no fueron tan descabelladas para el doctor Gregorio, porque en ese instante pensó: "suponiendo que doña Ágata no llegase a nombrarlo su heredero, cosa que creía casi que imposible porque ella no tenía a nadie más a quien dejar tanto dinero, pero lo cierto es que no sería tan mala idea el ser su marido número 6, porque así tendría más seguro la herencia y disfrutaría de todo de una vez, sin tener que esperar a que ella pasara a mejor vida"
En ese momento se escuchó que llamaron a la puerta y doña Ágata inmediatamente contestó:
- Adelante! (Era el mayordomo anunciando):
- Con su permiso Doña Ágata pero acaba de llegar el abogado Alejandro Mata y la está esperando en la sala. (dijo Rigoberto con una sonrisa que no le cabía en el rostro, pero por supuesto que no fue el único con cara de felicidad, el doctor Gregorio también celebró dentro de sus pensamientos la llegada de tan esperado personaje).
- Gracias Rigoberto dígale que enseguida estoy con él. (dijo Ágata).
Rigoberto hizo una reverencia y luego se retiró. Por su parte el doctor que estaba ansioso de que doña Ágata comenzara a hacer su testamento (al menos eso era lo que él creía) le dijo:
- Bueno doña Ágata ya terminamos con el chequeo, déjeme decirle que usted está de maravilla! su presión está como la de una quinceañera así que no le quito más tiempo para que vaya a atender al abogado que me imagino viene a....... esté.....bueno a.....hablar de cosas legales jejeje bueno digo es que de qué otra cosa se puede hablar con un abogado no es cierto? (dijo intencionalmente para tratar de sacarle algo a Ágata, pero ella sólo se limitó a decirle):
- Por supuesto doctor tengo un asunto pendiente que arreglar y para eso mandé llamar al abogado, pero si usted quiere puede quedarse a almorzar, creo que usted ya forma parte de esta familia.
El doctor al escuchar aquellas palabras inmediatamente pensó que ya no cabía dudas, ella lo estaba preparando psicológicamente para que cuando le dijera que iba a ser su único heredero, no le diera un soponcio.
- Pero por supuesto que me quedo a almorzar con uds. le agradezco la deferencia hacia mi persona. Además creo que tengo que irme acostumbrando. (Se le salió decir ésto último traicionado por sus pensamientos)
- Cómo acostumbrándose doctor? osea que usted cree que me veo enferma y por eso tiene que venir a diario? (Ágata lo interpretó de otra forma, puesto que jamás le hubiera pasado por la mente que su fiel doctor estaba detrás de sus huesitos.
- Noooo por favor no quise decir eso, lo que en realidad quise decir es que me tengo que acostumbrar a verla tan saludable como siempre cada vez que venga a chequearla. (Dijo con una sonrisa grande y llena de la más absoluta hipocresía).
Doña Ágata sólo sonrió ingenuamente sin imaginarse que en frente de ella tenía nada más y nada menos que al lobo feroz esperando el momento para comerse a su presa.
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