Capítulo 13. La llegada

Capítulo 13. La llegada

El abogado hizo todo lo que le había ordenado Ágata, llevó a sus sobrinos a comprar ropa y zapatos para que éstos estuvieran presentables al momento de conocer a su tía, pasaron la noche en un hotelito del pueblo y a la mañana siguiente salieron bien temprano rumbo a la capital.

Ágata ya se había despertado, estaba muy entusiasmada y nerviosa ya que por fin iba a conocer a sus sobrinos.

Se levantó de la cama ayudada de su bastón y en ese momento tocó la puerta de la habitación Serafina quien venía como de costumbre con el desayuno y la pastillita para la tensión que no podía faltar.

- Buenos días doña Ágata! durmió bien? (preguntó Serafina hipócritamente)

- Buen día Serafina, dormí muy bien esperando a que llegara rápido el día de hoy.

Serafina hizo un gesto con la boca de molestia sin que ésta se diera cuenta, ya sabía por medio del abogado que llegarían sus cuatro sobrinos.

Realmente todos en la casa estaban ansiosos por conocer a estos nuevos huéspedes que tal vez de convertirían en los futuros dueños de la mansión.

Serafina respondió al comentario de doña Ágata:

- Sí me imagino lo feliz que debe estar. En realidad todos estamos muy contentos de verla así tan radiante. (Hacía gestos con la cara de repudio cada vez que doña Ágata no la estaba mirando).

- Serafina dile a Cleotilde que prepare una comida muy especial, hoy tiene que lucirse en la cocina y sobre todo porque somos más. Va a comer con nosotros el abogado Alejandro, el doctor Gregorio que insistió en venir para estar presente si me daba algún soponcio de la emoción y por supuesto mis cuatro sobrinos. Así que prepara la mesa para 7 personas y que la comida sea abundante, quiero que todos queden satisfechos.

Serafina mientras escuchaba a Ágata tragraba grueso y respiraba profundo tratando de no explotar y salirle con una grosería a la doña.

- No se preocupe que todo está bajo control, anoche mismo Cleotilde comenzó con los preparativos de la comida y por supuesto la casa está divinamente arreglada.

- Ah y las habitaciones para mis sobrinos ya están listas?

Serafina respondió:

- Por supuesto todo está listo, se acondicionaron 4 habitaciones con todo lo necesario para que ellos se sientan cómodos. Necesita algo más? (dijo serafina colocando la bandeja del desayuno sobre la pequeña mesa redonda que se encontraba en el medio de la habitación)

Doña Ágata se quedó por un momento pensando a ver si le faltaba algo y después le respondió:

- No Serafina gracias, si necesito algo más te llamo.

Serafina salió de la habitación de Ágata echando chispas. Cuando llegó a la cocina se encontró a Cleotilde terminando de hornear un pastel de chocolate para el postre.

Cleotilde al ver la cara de Serafina le preguntó:

- Mijita y a ti qué te pasa? por qué traes esa cara?

- Pero te parece poco todo lo que está pasando? hoy llegan los mugrosos sobrinos a la mansión, te imaginas todo el trabajo que esto nos va a traer? y encima cuando se enteren que la vieja les va a dejar la herencia te podrás imaginar cómo se van a poner de creidos y de seguro nos van a mandar a volar.

Cleotilde mientras escuchaba a Serafina, se estaba lamiendo una cuchara de madera con el chocolate que le había quedado de la torta.

Serafina que estaba como un ají picante exclamó:

- Pero tú en lo único que piensas es en comer, por eso estás como una marrana, yo aquí habla y habla y habla, mientras tú sigues tragando.

- Pero bueno Serafina qué quieres que haga? tengo que comer y además no podemos hacer nada hasta que llegue don Alejandro y el doctorcito, recuerda que primero tenemos que conocerlos para poder saber el terreno que estamos pisando. Así que es mejor que te tomes unas gotas de Valeriana y te calmes.

Mientras tanto el abogado venía en la parte de adelante con el viejo chófer de doña Ágata, don Regulo, quien manejaba la Vans que traía a los sobrinos.

Ellos venían en la parte de atrás maravillados viendo toda la ciudad. Jamás habían visto unos edificios tan grandes y modernos, pero sobre todo la cantidad de gente que caminaba por doquier, a diferencia de su pueblo en donde la mayoría de las personas se conocían ya que eran pocos habitantes.

Luego de un largo viaje por fin llegaron a su destino, el viejo Régulo estacionó la Vans en toda la entrada de la mansión y luego se bajó de la camioneta para abrir la puerta corrediza de manera que se pudieran bajar los sobrinos.

Esteban, Jairo, Paula y Mildred estaban con la boca abierta sorprendidos de lo grande que era esa casa.

Mildred preguntó:

Éste es un hotel?

El abogado le respondió:

- Pues no es un hotel, muchachos bienvenidos a su nueva casa. (Dijo el abogado mientras entre dientes susurró "pero no por mucho tiempo").

Don Alejandro se acercó a la puerta y tocó el timbre. Por supuesto Rigoberto ya estaba atento a la llegada del abogado con los sobrinos, mientras Serafina y Cleotilde salieron de la cocina rumbo a la sala ya que no podían perderse la entrada triunfal de los nuevos huéspedes.

Rigoberto al abrir la puerta sonrió y saludó al abogado que fue al primero que vio:

- Cómo está don Alejandro? (Haciendo una pequeña reverencia con la cabeza).

- Hola Rigoberto (diciendo esto le hizo señas a los sobrinos para que lo siguieran) por favor muchachos adelante.

Rigoberto se quedó parado en la puerta viendo como entraban en fila India los sobrinos.

Serafina y Cleotilde estaban parada una al lado de la otra sin perder detalle de cada uno de ellos.

Cuando por fin entraron todos, el abogado preguntó a Rigoberto:

- Dónde está doña Ágata?

- En este momento subo a avisarle que ya están aquí.

El abogado se dirigió a los cuatro sobrinos y les dijo:

- Muchachos él es Rigoberto el mayordomo de doña Ágata.

A Jairo se le salió decir:

- Ja! se parece a Largo el de los locos Addams.

Paula le dió un punta pié y le dijo:

- Cállate y comportarte! (mientras sonrió tratándo de disimular).

Rigoberto respondió:

- Estoy para servirles. (haciendo una pequeña reverencia con la cabeza).

El abogado continuó:

- Muy bien, ahora les presento a Serafina el ama de llaves y Cleotilde que está encargada de la cocina.

Ambas al igual que Rigoberto, hicieron una pequeña reverencia y dijeron:

- Bienvenidos jóvenes! (dijo Cleotilde)

- Estamos para servirles (agregó Serafina).

El mayordomo se retiró de la sala diciendo:

- Con permiso voy a avisarle a doña Ágata que ya sus sobrinos están aquí.

El abogado se dirigió a los sobrinos diciéndoles:

- Muy bien pasemos a la sala a sentarnos hasta que llegue doña Ágata. Pasen por acá muchachos.

Cada uno caminaba mirando toda la mansión, realmente no asimilaban que de ahora en adelante ellos vivirían allí en ese sitio tan lujoso e imponente.

Pasaron a la sala y se sentaron en el sofá de terciopelo, mientras que Paula y Mildred le pasaban la mano acariciándolo sorprendidas de lo fino y suave de la tela.

Rigoberto tocó la puerta de la habitación de doña Ágata y ésta inmediatamente le dijo:

- Adelante!

Rigoberto pasó y le dijo:

- Doña Ágata ya llegaron sus sobrinos. Se encuentran en la sala.

Ágata se agarró el pecho, sintió que el corazón se le iba a salir, inmediatamente exclamó:

- Por fin gracias Dios mío! pero vamos Rigoberto, ayúdame a bajar las escaleras, quiero verlos de cerca. Vamos, Vamos!

Rigoberto le tendió su brazo y ayudada con su bastón, se fueron caminando rumbo a la sala.

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