...KATHERINE...
Sigo sin entender por qué la vida siempre se aferra a ridiculizarme en situaciones que me toman desprevenida. Me sobrepasé en expresarme tan mal de Madison y Arthur, los celos me cegaron, pero cómo iba a saber que estaban tramando una sorpresa para mí.
Estoy desconcertada e inmóvil. Nunca pensé en la probabilidad de que Arthur me propusiera matrimonio. ¿Qué hago? En mi cabeza hay un debate entre echarme a llorar o lanzarme a sus brazos.
—¿Aceptas casarte conmigo, Katherine? —por segunda vez vuelve a proponérmelo.
—No hay nada que aspire más que tenerte en mi vida. Si supieras cuántas veces le he repetido a mi corazón que de ningún modo renuncie a amarte —suspiro—. Acepto casarme contigo, Arthur.
Se pone de pie al mismo tiempo en el que coloca el anillo en mi dedo, y en menos de cinco segundos el club se inunda de aplausos y felicitaciones.
Lo que se había preparado como un evento de aniversario se convirtió en una fiesta de compromiso. Éramos los protagonistas de la noche, aun así, me apartó Arthur en un rincón del lugar mientras todos bailaban.
—Arthur… —me hace una seña para que lo deje hablar primero.
—Imaginé lo peor cuando no escuchaste la explicación que tenía para darte en el ins-tante que saliste corriendo del baño. ¿Dónde quedo la confianza, señorita? —toca la esquina de mi boca con su pulgar—. ¿Dónde quedaron las palabras maduras que mencionaste en la noche que te celé por ver a Lewis en tu oficina?
—Entiéndeme, te veías con Madison sin hacérmelo saber. Y estoy muy avergonzada de haber hecho el ridículo en plena fiesta. Perdóname, no desconfiaré más de ti ni de mi mejor amiga —descanso mi cabeza en su hombro y enredo mis dedos en su pelo—. ¿Borrón y cuenta nueva?
—No tan rápido, cariño, con una condición —me aparta lentamente y como acto seguido levanta mi mentón
—Te escucho.
—Huyamos de aquí en silencio y vayamos a un lugar en el que podamos estar solos, a un lugar donde olvidemos todo y hagamos el amor como nunca antes.
Su propuesta me pareció encantadora e imprudente; quería pasar el rato con él a solas, pero me frenaba lo que podían comentar los invitados si desapareceríamos de la nada. Entonces mi frase preferida se clavó en mi mente: “No tengo porqué inquietarme de lo que digan por hacer algo que me gusta”.
—Acepto, larguémonos de aquí —trato de jalarlo, pero se queda en la misma posición, y gira su cabeza para mirarme entre risas.
—Qué modales son esos, señorita, ¿no le enseñaron que nunca debe abandonar una fiesta sin comunicárselo antes a los invitados? —aproxima sus labios a mi oído—. No te tomes tan en serio todo lo que digo, solo bromeaba. Pero te perdono, no te preocupes. Ahora vamos con los demás a disfrutar de la noche —me ofrece su brazo que tomo de ma-la gana.
¡Es un desgraciado! ¿Cómo va a jugar conmigo de tan cruel manera? No debería servir la comida si no se la va a comer.
Olvidé por completo planear el horario en el que finalizaría la celebración y como consecuencia me tocó soportar la presencia de más de doscientas personas hasta la media noche. Me cansé y aburrí tanto que solo tenía en la cabeza las ganas de irme. Pero en todas esas horas me la pasé con Madison, persona a la que le ofrecí una disculpa por dudar de su fiel amistad. Y si hay algo que aprendí esta noche fue que a partir de hoy debo pensar dos veces antes de actuar como una completa idiota.
...•••...
Dicen que la felicidad de una persona no debe depender de nadie, pero ¿cómo le explico a los demás que muero por tener a mi bebé en mis brazos y que no estaré tranquila hasta que nazca? Todos me dicen que un hijo no es fácil de criar y que debo aprovechar el tiempo que le falta por venir al mundo, pero quiero dedicarme en todos estos meses a comprar cosas para esperarlo como se merece el primer heredero Hardy.
Cierro los ojos cuando siento las caricias de Arthur en mi pelo. Se siente tan relajante y gratificante estar cerca de él y oler su varonil aroma.
—Estoy ansioso por formar toda una vida contigo al casarnos —sus ojos nunca mienten y sé que me lo dice con mucha sinceridad—. ¿No te parece que va siendo hora de que escojamos una fecha para la boda?
Su pregunta me enterneció. Hace una semana nos comprometimos, no tenía idea de que tenía tanta prisa en casarse conmigo.
—Estaba pensando en que sería perfecto que la boda se realice antes del nacimiento de nuestro hijo, ¿qué te parece en tres meses?
—Es muy poco tiempo. Necesitaremos elegir el lugar en el que será la recepción, repartir las invitaciones, la compra de mi vestido y muchas otras cosas que requieren de tiempo y paciencia —me siento en la cama y lo miro fijamente.
—Con dinero se solucionan ese tipo de problemas. ¿Ya no recuerdas que me confesaste que me amabas tanto y que pretendías ser feliz a mi lado? No me pongas excusas, Katherine. Es más, casémonos en dos meses, me da flojera esperar tanto para convertirte en mi esposa.
—¿Cómo puedes cambiar de opinión tan rápido? Acepto casarme contigo, pero la boda será en tres meses.
—No estoy de acuerdo.
Se comporta como un niño cada que me lleva la contraria, es inaguantable.
—¿Y si jugamos piedra, papel o tijera para que el que gane determine la fecha? —sugiere.
—Es lo justo —respondo.
Contamos hasta tres para sacar la forma que teníamos en nuestros manos y en cuanto acabó el tiempo dejamos al descubierto lo que habíamos elegido, y como el destino siempre juega a su favor, terminó ganando él.
—En dos meses hay boda —me lo hace saber poniéndose encima de mí—. Pronto serás mi gran señora Hardy.
—¿Y si te arrepientes? —bromeo.
—De lo único que me arrepiento es de no haberme cruzado antes en tu camino —deposita un beso en mis labios—. Aunque el cielo y la tierra se opongan lograré hacerte mi esposa, te doy mi palabra.
...•••...
Modelo delante de Madison derrochando elegancia y sensualidad, presumiendo un bello vestido de novia al estilo sirena.
—Es muy sencillo, tú tienes que destacar el día de tu boda —toma el vestido que una de las vendedoras tenía en su brazo—. A esto me refiero cuando digo que debes usar algo digno de ti —me entrega el costoso ves-tido que parece haber sido hecho especialmente para una princesa.
La chica que nos estaba atendiendo me acompañó al vestidor para probarme el vestido que era justo de mi talla.
—¿Qué tal me queda este? —salgo del vestidor luciendo enfrente de Madison lo que llevo puesto.
—No me queda la menor duda de que este vestido fue hecho para ti —peina mi cabello tirándolo para atrás—. Estás bellísima.
—Opino igual —comenta Arthur que se dirige a donde estamos. ¿Cuándo llegó?
Con torpeza Madison me cubre con su cuerpo a la velocidad de la luz.
—¿A qué viniste, Arthur? ¿No te quedó claro cuando te advertí que no debías estar aquí? —me parece que Madison está moles-ta—. ¡No puedes ver a la novia con su vestido antes de la boda porque es de mala suerte! Sal de mi vista ahora, Arthur.
—No seas tan dramática y exagerada, Madison, esos son puros cuentos. ¿Qué mal podría ocurrir? —ríe disfrutando la amargura de ella—. No estoy aquí específicamente para ver a mi prometida con su vestido de novia, sino para llevármela donde la obstetra y descubrir el sexo de nuestro bebé.
—Entonces no te haré esperar. Voy a cambiarme.
...ARTHUR ...
—Venir fue una imprudencia de tu parte, Arthur —nuevamente me regaña Madison en cuanto Katherine se retira para cambiarse de ropa—. Me puedes decir lo que sea, pero soy muy intuitiva y siento que lo que acabas de hacer podría perjudicarlos.
—Yo no creo en esas cosas, Madison. Para mí son simples estupideces que la gente inventa para asustar a personas ingenuas como tú.
—Aun así, prométeme que cuidarás de ella con tu vida.
—Te lo prometo. Ahora tranquilízate que nada le pasará a Katherine. Desde el momento que nos hicimos pareja me comprometí a cuidarla, y no faltaré a mi palabra aun sabiendo que en una semana la haré mi esposa. Amo a esa mujer más que a nada en el mundo.
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Comments
Graciela Peralta
que pasara ahora
2024-01-26
0
tu india
siempre tiene que haber algo que empañe la felicidad de los demás porque? porque ? porque?
2023-04-23
0
🤩🍀Claudia🍀🤩
ya somos dos, tengo un mal presentimiento
2023-03-26
0