—¡Maldita la hora en la que entraste a nuestras vidas, Katherine! —me grita con el fastidio reflejado en sus ojos—. ¿No te bastó con arrebatarle el puesto que Arthur se merecía por ley en la empresa?
—¡Suficiente con tus ofensas, madre! —toma Arthur mi mano—. Si volviste de Francia con el afán de insultar a mi novia no te lo permitiré.
—Así que es cierto lo que oí —murmura entre dientes—, ¡te enredaste con esta mujer!
—Me enamoré de ella, y si tanto te duele tendrás que aguantártelas porque no la dejaré por un tonto resentimiento tuyo.
—¡Me niego a esta absurda relación! Y no solo porque la odie, también porque como tu madre debo cuidar tu integridad y hacerte ver tus errores.
—No le llames error a Katherine, ella es la mujer que quiero en mi vida.
—Después de lo que tengo que platicarte dudo que sigas considerándola de tal manera. ¡Esta mujer y tú son…!
—¡Guarda silencio, madre! Respeta mis decisiones, no eres la dueña de mi vida para venir a organizar mi forma de pensar o actuar. Si viniste a quedarte a vivir a esta mansión deberás pedirle permiso a la única dueña; Katherine. Si no te agrada lo que oyes puedes hospedarte en un hotel. Lo siento por no recibirte como te mereces, pero tengo que salir con mi novia —me hace un gesto para que nos vayamos.
Disfruto ver cómo ponen en su sitio a gente metiche, por lo que no pude contenerme más y le dediqué una sonrisita burlona a mi “linda” suegra.
Cuando estábamos de camino a la clínica leí las expresiones del rostro Arthur, se encontraba literalmente molesto por el drama que había hecho su madre, él solo pensaba en sacarme de ahí para que no me afectaran las palabras de esa mujer. No cruzamos palabra hasta que llegamos donde el médico. Para mí era muy tedioso lo de hacerme un examen de sangre, sobre todo porque me dan terror las inyecciones, pero cedí a las indicaciones del doctor para que Arthur no notara mis nervios. Me mandaron a la sala de espera hasta que los resultados estuvieran listos y en ese tiempo solo me estresaba más pensando en todo tipo de enfermedades que podría haber adquirido.
—¿Por qué la cara de preocupación, amor? —da unos besitos en la palma de mi mano.
—¿Y si tengo cáncer? —mi pregunta fue tan abrupta que solo lo hizo reír.
—Solo has tenido síntomas leves como náuseas y mareos, deja de pensar demás —acaricia mi pelo—. Sé que no es el momento, pero quisiera hacerte saber que nada de lo que diga mi madre hará que nos distanciemos, hay que darle tiempo para que se acostumbre.
—Lo pude ver en sus ojos, ella no se quedará tranquila hasta vernos en caminos separados. Y si existe la posibilidad de que llegue a quererme y aceptarme, prometo ser la mejor nuera.
—De eso no tengo duda —relame sus labios, ansioso por hablarme de algo—. ¿Qué pensarías de si te digo que desde el suceso vergonzoso en el que entré borracho a tu baño no estuve con nadie más que contigo? Es decir, ¿me creerías?
—Tenías una fama de mujeriego que todos murmuraban, y como comprenderás, eso es algo difícil de creer.
—Desde ese día no me acosté con otra mujer —me asegura.
—¿Por qué estás tocando este tema? Es porque el desgraciado de Lewis mencionó la aventura que tuviste con Madison, ¿no? —cuestiono, y me da un sí con la cabeza.
—No sé qué sería de mí si consiguen interferir en lo de nosotros; me volvería loco y cerraría las puertas de mi corazón para que nadie borre tu huella, porque tú no tienes reemplazo.
Entre el incómodo silencio que se formó no encontré una respuesta adecuada a lo que me dijo con tanto cariño. Odio ser tan fría. Pero el doctor que se había encargado de mis exámenes me salvó al momento de llamarnos para que vayamos a su consultorio donde nos daría una respuesta en vista al análisis.
—Cuando el Sr. Arthur me platicó acerca de sus síntomas me di una idea de lo que podía tener —mientras el médico habla conmigo Arthur recibe el sobre con los resultados—, y, efectivamente, no hay de qué alarmarse.
—¿Puede ser más claro? —pido—. ¿Cuál es el motivo por el que me he sentido tan mal en todos los sentidos? ¿Debo ingerir algún medicamento?
—Con una sana alimentación y vitaminas disminuirán un poco los malestares, pues es algo normal que tengas esos síntomas si llevas una criatura de siete semanas en el vientre.
La piel se me erizó cuando oí la noticia. Aún me encontraba perdida hasta que me giré para ver la reacción de Arthur, y literalmente una de sus manos escurría sus lágrimas mientras que la otra sostenía el resultado del análisis.
—Arthur… ¿lo que dijo el doctor es verdad? —alza su mirada, confirmándome en silencio lo que seguía dudando.
Me parece increíble quedar embarazada a los veintitrés años tras recalcar siempre que sería muy responsable para no “arruinar” mi vida por un niño, pero la diferencia es que dentro de mí llevo a mi propio hijo, el fruto de mi amor está creciendo en mi vientre. No tengo conocimiento sobre lo que es ser madre, de hecho, aun ni proceso bien esta noticia en mi cabeza, pero prometo darle a este pequeño el amor de madre que nunca tuve. Ahora no solo mi prioridad será mi bienestar, también el de mi bebé.
—Oye —los dedos de Arthur escurren las lágrimas que caen de mis ojos—, no te soltaré nunca más, no tienes de qué temer. Ya no somos tú y yo, ahora somos nosotros.
—¿Y si el mundo nos juzga?
—¿Mundo? Mi mundo eres tú.
...•••...
...ARTHUR...
Aún tengo grabado en mi mente cada palabra que leí en ese papel para confirmar el embarazo de Katherine. Joder, quisiera gritar a los cuatro vientos que seré papá, pero sería inoportuno hacerlo sin la presencia de mi novia. Desde la tarde tenía la necesidad de contarle a alguien sobre esto, pero Katherine me sugirió que demos la noticia cuando estemos todos reunidos en familia; mas las ganas de platicar con alguien me llevaron a citar a Madison a la mansión, pues Katherine se acostó a dormir muy temprano y no se enterará de que rompí el silencio.
—Ya fue suficiente, Arthur. ¿Me vas a decir o no el motivo por el que me llamaste con tanta urgencia?
Me siento en la silla que está enfrente de ella para poder mirarla fijamente y crear ese ambiente de misterio.
—No sabes cómo te odio, Arthur Hardy. Dejé trabajo que tenía pendiente para venir hasta acá, pero llevo más de media hora viendo en silencio tu cara sonriente de imbécil.
—¿Por qué tanta prisa, Madison? ¿Sabías que ser tan chismosa es pecado?
—Yo no soy chismosa, soy curiosa.
—Como sea —respiro profundo—. Te tengo una noticia que no puedes comentar con nadie, tampoco puedes decirle a Katherine que te conté esto porque le prometí que…
—Ve al grano —sus expresiones solo indicaban que su curiosidad aumentaba más en cada segundo que me mantenía callado—. ¡Habla!
—Serás tía —dejé todo al descubierto con esas dos sencillas palabras, pero a juzgar por su cara parece no haber captado.
—No tengo familia, imbécil… —rio y al pasar de los segundos abrió los ojos de par en par—. ¿Me estás montando una broma? ¿Acaso Katherine…?
—Tu mejor amiga está embarazada; en unos meses Katherine y yo nos convertiremos en padres.
Entre gritos de alegría se abalanza a mí para compartirme un poco de su emoción con un abrazo.
—Yo ni soy la embarazada y estoy que me derrito de la felicidad. Me pone tan contenta imaginar a la familia Hardy trayendo al primer heredero a la mansión —sus chillidos me causan cierta gracia.
—Las sorpresas no terminan ahí, aún no te he contado lo que se viene próximamente.
Arquea una ceja y retoma su compostura para irse a sentar a la silla.
—Hoy te propusiste alegrarme el día, eh. Cuéntame, soy toda oídos.
—Katherine ya te ha de haber puesto al tanto del aniversario de la empresa, y bueno, será una fiesta a lo grande.
—¿Y eso qué?
Me inclino y saco de mi traje un anillo de compromiso.
—¿Eso es un regalo para mí? —intenta quitármelo.
—No seas tontita. Lo que tengo en mis manos es un detalle que utilizaré en la fiesta para pedirle a Katherine que se case conmigo.
—¿Y si no acepta?
—Llévate tu negativismo a otro lado. No hay razones por las que ella pueda rechazarme, los dos nos amamos.
—Aún faltan semanas para la fiesta, quizás estos días puedan servirte para que vayas ensayando para la pedida de mano. Pero, ¿y si Katherine empieza a sospechar de algo?
—Eso no pasará porque tú me ayudarás. Eres mi fiel amiga, solo en ti confío, por eso harás lo que sea para que mi novia no se llegue a enterar de la sorpresa. También necesito de tus consejos para impresionar a Katherine el día de la fiesta, no quiero que los nervios me traicionen y decir una estupidez —agarro sus manos—. Las semanas se irán volando y en unos días la madre de mi hijo se convertirá en mi prometida, ya lo verás, nada puede salir mal.
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Updated 20 Episodes
Comments
Graciela Peralta
que pasara cuando la madre de él se entere
2024-01-26
0
tu india
que lindo es el amor
2023-04-23
0
🤩🍀Claudia🍀🤩
ahora que inventara esta mujer para separarlos
2023-03-25
0