Abro los ojos y reacciono aparentemente molesta cuando golpeo su cara. A quien engaño, ese beso ha dejado latiendo desenfrenadamente mi corazón.
—¡Que sea la última vez que me beses, imbécil! —lo apunto con el dedo y vuelvo la mirada a los demás—. ¿Se les ha perdido algo por aquí? ¡Lárguense a sus puestos o despido a todos en este mismo instante!
El silencio ha sido reemplazado por murmullos y risas, y de tal manera se retiran todos, regresando a sus asuntos laborales.
—Kat…
—¡Eres una vergüenza que no es digna de hacerse llamar Hardy! —interrumpo a Arthur antes de oír sus excusas—. Vas de mal en peor, y dudo que algún día cambies, Arthur. Lárgate, no vuelvas a pisar mi oficina a menos que yo te lo permita.
En silencio y sin refutar se marcha.
—¿A mí también me echarás sin antes escucharme, Katherine? —cuestiona Lewis.
—Puedo darme una idea de lo que sucedió y quiero evitar discusiones, así que es preferible que te vayas.
Limpia con un paño su nariz y a regañadientes camina hasta la puerta, antes de irse contempla a Madison, y una vez creando una especie de silencio incomodo se marcha.
—¿Qué será de mí de aquí a unos diez años? Seguramente estaré encerrada en un manicomio de lo loca que me volverá Arthur —me dejo caer a la silla.
—Mírale el lado bueno al enfrentamiento que tuvieron esos dos, Arthur te besó frente a todos, ya no tendrán que ocultar que no se gustan.
—Primeramente, ese beso fue un error que ojalá y no se divulgue y llegue a oídos de la prensa; y segundo, ¿gustarme Arthur? Conocerlo fue como firmar mi condena de muerte, pero es cuestión de tiempo, algún día me lo quitaré de encima.
—Uy, por como actúas cualquiera diría que estás en lo cierto —me enseña una foto en la que nos ha capturado a Arthur y a mí besándonos, sí, la escena de hace minutos—. Conmigo no tienes que fingir, Kat.
...ARTHUR ...
Quedé como un reverendo tonto. Besar a Katherine en esas circunstancias no fue la mejor decisión, lo único que ocasioné fue que ella se molestara y terminara golpeándome.
Ingreso a mi oficina en busca de paz, pero viendo a Manuel esperándome en mi silla está claro que por hoy no obtendré de aquello.
—¿Quieres darme una explicación de qué haces aquí, Manuel?
—¿Por qué crees? El chisme ha corrido por toda la empresa en menos de diez minutos, así que me tomé el trabajo de ordenar que nada salga de aquí para cuidar la integridad de mi querido hermano de sangre y de mi hermana adoptiva —sonríe—. En ti ya no veo al presidente del club de “Los que no se enamoran”. La sucesora de papá te tiene bajo su poder, eh.
—¿De dónde sacas esa estupidez? Solo la veo como mi hermanastra.
—Ah, ¿sí? Entonces, ¿el beso que le diste hace poco fue para reforzar su relación de hermanos? Vamos, explícame que es lo que vi hace días atrás en la oficina de Katherine. Perdiste, caíste en tu propia trampa; querías tenerla a tus pies, pero ya ves, fuiste tú quien cayo primero —suelta una carcajada.
—¡Está bien! ¡Lo acepto! ¡Me encanta Katherine! ¿Contento? Ahora lárgate y déjame respirar, quiero sentir que vivo.
—El amor es un sentimiento estúpido que aparenta ser fácil de manejar, pero te veo y empiezo a dudarlo. Si antes consideraba al amor como algo estúpido, ahora más.
Se despide con un guiño y sale tan pronto como recibe una llamada.
Perdí… Manuel tiene razón… De nada sirve quejarme, estoy perdidamente enamorado de Katherine. Y sí, presiento que no terminarán bien las cosas entre ella y yo a causa de muchas situaciones.
...•••...
Han pasado aproximadamente dos semanas en las que he vivido una lenta tortura; Katherine no quiere tener ningún contacto conmigo, ni en la mansión ni en la empresa, sigue enojada por lo de aquel día, y entiendo que reaccione así, pero ¿no ve que me duele no poder verla… tocarla?
—Buenos días, Sr. Arthur.
Con una ancha sonrisa que desprende alegría, Madison ingresa a mi oficina con un documento que me entrega en las manos.
—¿De qué se trata esto? —pregunto, dándole una ojeada a los papeles.
—Katherine me mandó a dártelos, quiere que firmes eso; tiene que ver con un negocio con los americanos que está estipulado para la próxima semana.
Claro, recordaba que solo puedo tener alguna conexión con Katherine si del trabajo se trata.
—¿Cuándo se lo dirás? —vuelvo la mirada a Madison y frunzo el ceño, esperando a que me aclare lo que ha dicho—. ¿Cuándo tendrás la suficiente valentía para decirle en la cara que mueres por ella? ¿O me vendrás con que estoy equivocada? Confiesa.
—¿Viniste a darme los papeles o a indagar sobre lo que siento por tu jefa?
—Las dos cosas —responde con rapidez—. A veces me pregunto: ¿Por qué los hombres son tan imbéciles como para no declarársele a una mujer?, ay, pero cuando esta encuentra a otro se arrepienten muy tarde. Si la amas, ¿por qué no luchas por ella?
—¿Luchar? No vale la pena. Aquí están los papeles —los tiro en el escritorio—, ahora date la vuelta y vete.
Con una notoria molestia por no haberme sacado información agarra los papeles, casi estrujándolos, yendo a la puerta.
—Katherine y Lewis hacen excelente pareja, siento que tienen una bonita conexión. No me sorprendería que de aquí a mañana anuncien su romance, ¿opina lo mismo que yo, Sr. Arthur?
Con una mala puntería lanzo una bola de papel hacia ella. Sale con prisa entre risas, dejándome más amargado que nunca. Quizás tenga en algo razón: si no actúo ahora podría arrepentirme después.
...KATHERINE ...
Nunca me había sentido tan sola en un cumpleaños como ahora que el reloj marca las siete de la noche y sigo sin recibir notificaciones al celular; nadie se acordó de esta fecha tan significativa, excepto Madison que fue la primera y única en felicitarme.
Salgo del baño y con prisa me voy a cerrar las persianas debido al frío de la noche. Doy la vuelta y me encuentro con un arreglo floral en mi escritorio, cosa que antes de ir al baño no se encontraba ahí. Tomo una rosa aromatizada roja y la llevo a mi nariz, dejando que un delicioso aroma ingrese a mis fosas nasales.
—¿Te gustan? —doy un salto del susto cuando escucho la varonil voz de Arthur atrás mío.
—¿Qué haces a estas horas aquí en la compañía? —regreso la rosa a su lugar.
—La pregunta está de más; quería tener un lindo detalle el día de hoy. Feliz cumpleaños, Kat.
—No te hubieses molestado en comprarme este costoso regalo; de todas maneras, gracias.
—¿Solo gracias? ¿No me vas a dar un beso ni un abrazo?
—Ya basta, Arthur. ¿No te bastó besarme delante de todos, como para que vengas con idioteces? Ya me contó Lewis el motivo por el que lo golpeaste; eres un imbécil sin control.
—Estaba listo para partirle la cara, pero llegaste y dañaste mi plan —lo dice con una horrorosa serenidad.
—¿Qué quieres ahora? —inquiero.
—Conversar contigo.
—Eso justo lo que hemos estado haciendo desde que entraste, ya lo conseguiste. ¿Qué esperas para irte? ¿Una carta de invitación? Te dije que no entraras sin mi autorización…
—¡Estoy cansado de que solo pases dándome órdenes y no veas como me siento! ¡Soy más que tu simple hermanastro y lo sabes! ¡Deja de actuar y por primera vez óyeme! —guarda las manos en los bolsillos, dejando los pulgares afuera. Me encara, quedando a escasos centímetros de mi rostro; puedo oír su respiración entre cortada, cómo con nervios hace pasar saliva por su garganta—. Perdón, pero no puedo verte como lo que quizás mi padre deseaba.
Bajo la mirada al suelo y apoyo mi frente en su pecho.
—Arthur…
—Me traes loco, Kat, me he enamorado de ti, ¿no te parece estúpido después de todas nuestras discusiones? —mientras más habla me siento incapaz de mirarlo a los ojos—. Sé mi novia, quiero ir en serio contigo, lo juro…
Me aparto tan pronto como tengo la oportunidad.
—Es una locura lo que dices, Arthur. ¿A poco crees que vine a Londres a perder mi tiempo en romances estúpidos e insignificantes? Soy una mujer con los objetivos siempre presentes, y mi objetivo es y seguirá siendo sacar la empresa adelante, no fijarme en ti.
—Tus ojos no mienten —se muerde los labios con una pícara sonrisita—, el sentimiento es mutuo, pero como siempre estás de mentirosilla —en un abrir y cerrar de ojos estoy atrapada entre sus brazos—. ¿Me negarás que no piensas en mí cada que observas ese video en el que me capturaste satisfaciendo mis deseos carnales? Niégame que por lo menos una vez visualizaste como te hacía sentir mujer. Ten la valentía para hablarme claro.
—Tienes el ego tan alto que crees que todas mueren por ti, tanto que me incluyes en tu tonta imaginación. Bájate de esa nube.
Me aleja y camina hacia la puerta.
—¿Estás con tu periodo? Te siento más arisca que de costumbre, ¿o son ideas mías?
—Aprovechando que estás al lado de la puerta, vete —evado su estúpido comentario.
—¿Sabes? Te voy a dar una semana para que recapacites.
—¿Recapacitar? ¿En qué?
—En lo que sientes por el hombre que tienes delante de ti. Te esperaré una semana para que me digas si quieres estar conmigo; si tu respuesta es un sí, prometo darte la mejor versión de mí, y en caso de ser un no, no volveré a tocarte más el asunto y prometo desaparecer de tu vida. Todo depende de ti, Katherine, sabrás tomar la mejor decisión.
De la misma manera que entró sale como si nada. Sus palabras dan vueltas en mi cabeza, y está claro que su peor forma de torturar es dejarme con esa pregunta en la cabeza: ¿Sigo odiándolo o ese sentimiento fue reemplazado por… amor?
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Comments
Ester Ayala
ohhh Katherine, ko creo que debas de tratar así a Lewis, ya que por tu culpa se han peleado ellos dos.
2024-12-27
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Graciela Peralta
que pasara ahora que hara ella
2024-01-26
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Eliana Jorquera Soto
Me gusta mucho tu libro, felicidades autora.
2024-01-26
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