¿Será que alguien en alguna parte del mundo es tan maliciosa como para estar despierta desde muy temprano solo para hacer alguna maldad? Bueno, no sé otros, pero yo sí.
—Buenas tardes, Arthur —saludo al tipo que es conocido como mi… ¿hermanastro?
¡Ja! A kilómetros se nota lo maleducado que es, ni siquiera me miró cuando entré, y mucho menos me devolvió el saludo.
—¿Amargado? ¿Estresado? ¿Qué pasa con usted, señor Hardy? —me apoyo en una punta de su escritorio—. ¿No soy de tu agrado, o por qué estas ignorándome?
—Porque eres una mimada ridícula con aires de superioridad que nunca tiene nada productivo que decir.
—Tenemos que hablar de algo de tu interés.
—Ahora soy yo el que no quiere oírte. Vete, no es de mi interés nada que venga de ti, Katherine.
—Yo creo que esto sí —saco el celular, mostrando con descaro la íntima escena que capturó mi teléfono la noche de ayer.
Interpretar facciones nunca había sido tan fácil como ahora. Su cara es un poema nada complicado de descifrar.
—Ups, ¿alguien está sorprendido?
Se abalanza para quitarme el celular, si no fuera por mis reflejos al retroceder me lo hubiese arrebatado.
—¡¿De dónde sacaste eso?!
—Te vi ayer dándote… ajá, ya tú sabes, y como dicen que los mejores momentos hay que tenerlos guardados no desperdicié la oportunidad y te grabé. Lo siento, pero quien te manda a tocarte teniendo la puerta abierta.
—¡Dame eso ahora!
—¿Y si no lo hago? —está desesperado, su cara lo dice todo, y como me divierto—. ¿Ahora sí me atenderás y oirás lo que tengo para proponerte? Si no quieres que este video se divulgue dependerá mucho de ti.
—¿Qué quieres a cambio de borrar esa grabación?
—¿Borrarlo? Eso no está en mis planes. Esta será mi arma a partir de hoy para hacerme respetar de ti.
—Maldita mujer —rasca su cabeza.
—Estoy en boca de toda la prensa. Desde que puse el pie en esta ciudad iniciaron muchos chismes malintencionados, creen que hice algún juego sucio para quedarme con la empresa. Por eso tengo un plan; ve a la prensa y limpia mi nombre, defiéndeme.
—¿Y quién prueba que después de hacer lo que me pides no revelarás lo que hay en tu celular?
—Arriésgate y compruébalo. Como consejo te diré que no uses tus mañas para robarme el celular, tengo varias copias del video. Y hablando de copias, aquí te traje una, para que veas la grabación cuando se te dé la gana y estés aburrido —dejo un pendrive en el escritorio.
Acomodo mi bolsa en mi brazo y salgo de la oficina, sonriendo.
Consigo lo que quiero y cuando quiero.
En un principio nunca tuve en mente el plan malicioso de apoderarme de la fortuna, solo quería reclamar lo que me correspondía, pero Arthur malinterpretó las cosas e hizo idioteces que me llevaron a tomar venganza.
...ARTHUR ...
Astuta, maliciosa, vengativa… ¿Qué otra característica me falta para describir a la maldita víbora que me tiene atado en sus manos? Me confié demasiado, no debí subestimar a esa bastarda, pero ¿cómo iba a saber que me pondría en una encrucijada? Hacer lo que me pide es una elección y obedecerla es otra, ¿cuál es la correcta? Creer que si hago lo que me pide hará que no saque a la luz el video es un pensamiento ingenuo, a Katherine no se le puede creer ni el padre nuestro.
¿Qué clase de brujería es esta? Quiero odiarla, pero cuando lo intento solo viene a mi cabeza el recuerdo de esa noche. No puedo verla como una enemiga; ella es mi maldición.
...KATHERINE ...
Bajo de la camioneta y sin la necesidad de caminar mucho ya estoy en las puertas del famoso y más grande bar de Londres; lugar de alcoholismo y prostitución. No vi guardias cuidando la entrada así que aproveché para entrar. Me conviene que nadie me reconozca, no quiero llegar a imaginar lo que pensarían si ven a Katherine Hardy en un bar en el que muchas personas celebran su vida loca. Me costó dar con esta ubicación, pero ya llegué al lugar más frecuentado por Arthur; no hace falta mucha imaginación para saber lo que hace aquí todas las noches ese estúpido libertino.
—Buenas tardes —una hermosa delgada mujer rubia me recibe ni bien doy un paso dentro. Por juzgar a su vestimenta y apariencia me doy cuenta que trabaja aquí—. El bar todavía no está en horario de servicio para los clientes.
—Yo no soy una clienta —muestro mi identificación, señalándole mi apellido—. Estoy buscando a Madison.
—Soy yo. ¿Para qué busca la millonaria mujer de negocios Hardy a una insignificante mujer como yo?
—Seré clara y concisa; quiero trabajar en este sitio.
Me ve anonadada y de su boca no demora en escaparse una carcajada.
—Arthur no me había comentado que tenía una hermana tan graciosa —sonríe divertida—, porque es solo una broma, ¿no?
—¿Parezco estar bromeando?
—“Mientras unos intentan escapar, otros buscan hundirse” —menea la cabeza—. Sea lo que sea para lo que vino, yo no soy dueña del lugar así que no la podré ayudar.
—Hablaré con el dueño acerca del trabajo, pero a ti te necesito para darle una pequeña lección a alguien.
De mi bolsa saco un collar de diamantes, fue un regalo de mi padre.
—¿Te pondrías de mi parte y me ayudarías para vengarme de Arthur? Prometo premiarte muy bien.
...ARTHUR ...
Un día con momentos de desasosiego tenía que ser compensado con un largo descanso, pero Madison me llamó a minutos de haber salido de la compañía y me rogó para que le haga compañía en el club esta noche; cuando ruega se vuelve tan insistente y lidiar con ella es tan complicado que acepté ir a verla, además no quería hacerla sentir mal rechazando su propuesta.
Mis frustrados pensamientos estaban en otra dimensión que no me había dado cuenta que ya había llegado al club. Los ojos de Madison se iluminaron al verme de lejos que no le importó dejar de lado la bandeja de copas que estaba en sus manos para venir a abrazarme; nunca me he sentido avergonzado de ella, pero debería considerar no hacer tan obvia nuestra amistad para evitar una mala reputación.
—Hasta que vuelvo a tenerte de frente, Arthur. ¿Por qué tardaste? Te llamé hace una hora como para que recién hayas llegado.
—No estaba de ánimos para venir, ¿te lo dije o no?
—¿Por qué te veo desmotivado? ¿No me extrañabas?
—Sabes que esto no tiene que ver contigo.
—Si te llamé fue para alegrarte, así que quita esa cara.
El club está más animado que nunca y veo caras femeninas nuevas.
—Arthur, te tengo una sorpresa.
Madison le hace una seña a una de las chicas que no había visto bailar en el tubo y que obedientemente se acerca. ¿Esa es la sorpresa? Es la mejor de todas.
—Me siento orgulloso de ti, Madison, ya vas conociendo mis gustos.
—Es nueva.
—Eso ya lo noté, no había visto a esa muñequita antes. ¿Cómo se llama?
—Maya.
—Quiero pasar la noche con ella —digo cerca de su oído antes de que la bella rubia que capturó mi atención se pusiera al lado de Madison.
Soy alguien que se deja llevar mucho por el físico, y cabe decir que Maya es una hermosura de hembra; de tez blanca, cabellera rubia larga con ondas de medias a puntas y unos bellos hoyuelos en las mejillas que me debilitan, pero sin duda lo que más destaca de ella son sus ojos claros debido al antifaz negro que tiene puesto; su cara me suena, pero dudo haberla visto antes.
—Maya, él es la persona de la que te platiqué; su nombre es Arthur y lo considero mi mejor amigo.
—Buenas noches, Srta. Maya. En vista a que Madison le ha hablado de mí no tendré que presentarme. No soy de decir esto, pero estoy a sus órdenes; digo, soy muy complaciente con mujeres bellas como usted, siempre y cuando reciba el mismo trato.
Ella me sonríe respondiéndome en un idioma diferente que si no estoy equivocado se trata del español. No entendí ni un carajo lo que dijo porque no tomé clases de español, desde niño las vi tan innecesarias. Dejando de lado su físico, Maya tiene una melodiosa voz brindada por los mismos ángeles.
—Tú más que nadie sabes que mi español es pésimo y que me resulta difícil entenderlo, Madison. ¿Por qué me presentas a esta chica si no podremos platicar de una manera que nos entendamos?
—Para Maya es algo complicado aprender el inglés y requiere tiempo enseñárselo. Si gustas puede ser tu traductora.
—Vamos, Madison, sabes el motivo por el que la quiero. ¿Estarás tu traduciendo lo que ella diga a la hora de coger?
Maya permaneció inmóvil por unos segundos, hasta que reaccionó sonriendo, seguramente burlándose de mi estupidez.
—Como sea —entre mis dedos agarro un cigarro que pongo en una esquina de mi boca—, quiero a Maya y tú me ayudarás, Madison. Pregúntale si desea algo de beber. La noche será larga y pretendo formar un ambiente cómodo entre los dos.
Madison se llevó a la chica a los baños de las damas, una notoria larga distancia nos separaba. Lo vi innecesario porque igual no entendía su español, a menos que se tratara de una conversación de mujeres que no querían que oyera.
...KATHERINE ...
—Tiempo hay para calcular las cosas, ¿seguro que quieres hacer esto, Katherine?
Pasé por el lado derecho de Madison y me rehusé a hablar hasta estar segura de que nadie nos acompañara en el baño.
—Si vine a este club y te pedí ayuda para ejercer el plan es porque estoy segura, Madison. ¿No viste lo impactado que estaba Arthur por verme bailar? Si así estuvo con conocerme por primera vez cómo no estará cuando en su cabecita tenga la creencia de que pasamos la noche juntos.
—No me vayas a salir con que te acostarás con él.
Le sonreí, asumiendo que no es tan lista como para pensar que pretendo dejarme tocar por las asquerosas manos de Arthur y manchar mi apellido.
—¿Y quedar sin dignidad? —meneo la cabeza—. Me ganaré la confianza de Arthur, lo seduciré, y cuando lo tenga en mis manos, ¡zas!, lo humillaré. Por eso hay que iniciar desde hoy, desde ya. Eres su amiga, de ti no se espera un juego sucio, por eso ayúdame a emborracharlo.
—¿Le harás creer que pasó la noche contigo?
—Estás en lo correcto.
En el transcurso de la noche el bullicio dentro del club cada vez aumentaba. Según Madison, había más clientela que de costumbre. Entre mis manos estaba la oportunidad de oro de hacer con Arthur lo que quisiera, y no lo pensé dos veces cuando ordené una botella del trago más fuerte.
Él no disimulaba su deseo, me follaba con la mirada. Bebía de golpe cada trago servido en su vaso, como un animal sin límites. La tensión de su cuerpo no solo era a causa del alcohol, en mi crecía el presentimiento de que estaba hundiéndose en sus penas; conozco poco de él, pero sé que ha sido el más afectado con la muerte de nuestro padre. El soberbio y egocéntrico Arthur Hardy estaba hecho mierda tras vaciar incontables botellas de alcohol.
—Es hora —asumí que había llegado el momento de sacarlo de entre el bullicio de la gente y la música para llevarlo a la habitación que había preparado horas antes.
Con ayuda de Madison se consiguió tender a Arthur en la cama. Me tomé el trabajo de quitarle la ropa, empezando por sus zapatos que arrojé a una esquina del cuarto.
—¿Maya…? —bueno, los tragos no derrotaron del todo a Arthur. Susurra mi nombre veces seguidas, convenciéndome a permanecer en la cama con él.
Me senté sobre el abdomen de Arthur, sonriéndole coqueta. Hice que sus ojos se fijaran solo en los míos para que no viera como le entregaba mi celular a Madison para que nos grabara.
—Maya… —balbucea, y sin dejar que le responda vuelve a nombrarme, pero esta vez mi nombre verdadero— Katherine…
—¿Quién es Katherine? ¿Por qué la nombras? —cuestiono con interés.
—Esa mujer… cómo la odio —frunzo el ceño—, pero el odio no es más grande que el deseo… —levanto el lado izquierdo de su cara que cayó en la almohada. No dejaré que duerma hasta que diga lo que quiero oír.
—¿A qué te refieres con deseo?
No reacciona, los tragos ya están haciendo estragos en su cabeza.
—¡Habla, maldita sea! —exclamé y acto seguido suspiré.
Me torturó con la incertidumbre casi un segundo. El imbécil no estaba aún dormido, pero no abría su boca. Me incliné hasta su oreja mordiendo mi labio con coqueteo.
—¿Qué causa en ti tu hermana adoptiva, la mujer que tanto odias, Arthur? —seguí con el interrogatorio.
—La deseo… deseo a esa bastarda que se satisface haciéndome la vida difícil. La deseo cada minuto más… No puedo dejar de pensarla desde aquella vez —entrecierra los ojos—… Estoy condenado a cometer el mismo error que mi padre; crear un sentimiento por Katherine.
Luego de escucharlo y quedar más que satisfecha lo suelto, viéndolo dormir como un estúpido niño.
—¿Grabaste eso, Madi? —sonrío.
—Todito —aplasta el botón de finalizar video.
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Updated 20 Episodes
Comments
Graciela Peralta
que pasara ahora con el video que grabo
2024-01-26
0
Marita Peña
YA SE QUEMSRAN
2023-12-28
0
Deo Castillo
escritora porque no hay fotos
2023-09-16
0