Bajo las indicaciones del espíritu ambos príncipes se dispusieron a unirlas pero el espíritu los detuvo:
— Aguarden muchachos, existe un pago que deberán efectuar con todo esto — los dos príncipes lo miraron sin comprender — Cuando hayan unido las joyas todos los habitantes de este mundo lo sabrán y se producirá el cambio deseado que ni siquiera sus propios padres, los reyes de sus razas, podrán negar. Pero ustedes quedarán atrapados en ese cuerpo por toda la eternidad. No envejecerán ni morirán. Estarán condenados a ver morir a todos sus seres queridos sin poder hacer nada por evitarlo ¿están dispuestos a pagar el precio?
— Significa que serán inmortales — dijo Leonel con despreocupación — ¿Por qué lo planteas como una maldición? Es otra forma de vivir nada más.
— Para alguien que no conoció otra forma de vida es sencillo — comentó el espíritu en cuestión — Pero ellos no saben a lo que se enfrentan.
— No importa — dijo Príncipe
— Lo aceptamos — continuó Ias — Todo sea por la paz de nuestro mundo — el otro asintió en silencio.
— En ese caso adelante muchachos — dijo el espíritu
Los dos unieron las joyas y en el preciso instante en que se rosaron ambas se fusionaron y a su vez se dividieron en dos partes iguales. Se volvieron dos piedras de dos colores.
Pero lo sorprendente fue el destello que esto ocasionó provocando fuertes temblores en todo el reino completo, cada parte, cada creatura supo de este suceso y quiénes lo llevaron a cavo.
El asombro los paralizó a todos, nadie se animó a emitir sonido alguno durante varios minutos, así todo el reino dragón fue envuelto por un silencio sepulcral.
Pero al cabo de varios minutos todos rompieron el silencio lanzando gritos de alegría, cada dragón deseaba contemplar el fantástico suceso que hasta el momento parecía ser una utopía.
Los dos príncipes se sintieron diferentes al principio, un poco raros y bastante mareados pero supieron reponerse como era debido a sus clases sociales.
La fiesta siguió luego pero había algo que Príncipe debía cumplir: liberar a su amigo Ariel y permitirle regresar a su casa.
La nostalgia los envolvió a los tres y aunque Ariel estaba dominado por la oscuridad su luz se hubo fortalecido lo suficiente como para quererlos a todos y desear quedarse.
El verdadero Ariel pudo comunicarse con los dos príncipes gracias a la intervención del espíritu de fuego:
— Les prometo que volveré y curado completamente queridos amigos
— Te esperaremos — dijo Ias
—Siempre serás bienvenido aquí — continuo Príncipe — Gracias por todo amigo
La puerta dimensional se abrió de par en par y Ariel se perdió en ella sin detenerse; posteriores a dicho acontecimiento.
Príncipe regresó al Palacio Azul donde depositó la joya del bosque que custodiarían el jardín azul a partir de ese instante.
Ese reino dejó atrás los días de guerra para comenzar a vivir días de paz y armonía entre ambas razas de dragones. Pero tanto Ias como Príncipe volverían a ver a Ariel mucho tiempo después.
Ariel llegó nuevamente a la sala donde estaban las siete puertas con sus respectivos guardianes estatuas. Nada había cambiado, el frío seguía reinando allí como así también la expectativa de lo que vendría.
Respiró hondo y profundo al sentir repentinamente la nostalgia de la soledad, aunque sabía perfectamente que era algo inaudito ¿cómo podía él sentir soledad? ¿anhelar la compañía de amigos? Frunció el ceño enojándose con él mismo ya que no podía darse semejante lujo.
Como sea él tenía la obligación de anular aquel sentimentalismo ya que nada lograría con semejante debilidad. Respiró varias veces en un intento por serenarse y retomar el control perdido pero las imágenes de los príncipes dragones regresaban a su mente una y otra vez.
Golpeó con fuerza el suelo cerrando su mano derecha en forma de puño, en el sitio donde hubo golpeado se formó una grieta. Con el daño recibido le bastó para retomar parte de control que estaba perdiendo, él nunca volvería a sentir algo por alguien.
La oscuridad de su interior se fortalecía nuevamente ya que estos siniestros pensamientos formaban parte de su infección mientras que la luz iba debilitándose al enterrar los sentimientos que tan importantes eran.
Su respiración comenzaba a serenarse, a normalizarse poco a poco. Aquello lo molestaba sobremanera ya que sentía esa dualidad en su interior que le quemaba las entrañas.
La luz mesclada con la oscuridad lo consumía por dentro pero no cedía en ninguno de los aspectos.
Cuando pudo recuperar la cordura, aunque sea un poco, se incorporó y centró la mirada en las restantes puertas con sus respectivos guardianes.
Así visualizó una puerta cuyas formas se asemejaban a las de un laberinto dibujado en su superficie.
Transcurrieron unos cuantos minutos antes de que la estatua de un muchacho de aparentemente diesciocho años de edad hecha de ónix verde cobró vida.
Se miraron en silencio mutuamente durante unos instantes, luego el guardián sonrió burlistamente mientras se acercaba a él. Ariel no estaba de humor por lo tanto lo atacó con todo lo que tenía.
El enfrentamiento fue arduo ya que su contrincante combatía a su mismo nivel, sin embargo Ariel utilizó su poder del tiempo en un determinado momento para anticiparse a los ataques.
Solo así logró vencer al guardián en cuestión quien finalmente reconoció a Ariel vencedor retirándose a su lugar y retomar su forma de ónix verde.
Ariel se acercó a la puerta en cuestión y la contempló unos momentos, los dibujos se asemejaban a un extenso laberinto blanco y negro. Mil dudas atravesaron por su mente : ¿qué podría estar esperándolo detrás de esa puerta?
¿Sería al fin el poder que había ido a buscar? ¿o acaso se encontraría nuevamente atrapado en un mundo con sus reglas y normas junto a problemas que él se vería forzado a solucionar para poder salir?
Peor aún ¿se encontraría fuera de la cueva cuando aún no hubo encontrado nada? Suspiró hondo intentando serenarse y convencerse de que nada conseguiría intentando adivinar situaciones que escapaban inclusive a su propio control ya que no podía ver su propio futuro.
Era frustrante ser el espíritu del tiempo y no poder ver el futuro propio. Sujetó el picaporte y abrió la puerta con convicción, tenía que encontrar aquello que lo llevó hasta ese lugar. Una luz teñida de oscuridad lo envolvió por completo arrastrándolo con fuerza al otro lado, luego la puerta se cerró de golpe.
Todo le daba vueltas, nada veía ya que la oscuridad lo había cegado momentáneamente; solo podía saber que estaba sobre algo duro, frío y liso. Sentía malestar por todo su cuerpo como si algo o alguien lo hubiese golpeado con fuerza en décimas de segundos en cada sector de su cuerpo.
Apenas respiraba ya que hasta eso le dolía ¿qué ocurrió? Intentó mover una pierna y le llevó una eternidad además de tener que utilizar toda su voluntad. Fue recuperando la vista de a poco pero nada conseguía distinguir con claridad ya que solo podía ver la oscuridad que se desplegaba sobre él en forma interminable.
No recordaba haberse sentido tan mal como en aquel momento, ni siquiera podía respirar sin sentir dolores físicos por todo su cuerpo. ¿Por qué? Utilizando toda su voluntad respiró bocanadas de aire llenándose los pulmones una y otra vez ya que comenzaba a desesperarse.
Los dolores le taladraron la cabeza como si fuesen provocados por millares de agujas que se le incrustaban en carne viva.
Lanzó un profundo alarido que resonó más allá en forma de eco. Sin poder resistirlo más se desmayó cayendo en la feliz inconciencia donde todo dolor desaparecía al fin.
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