El impostor lo volvió a atacar pero en esta ocasión Ariel lo paralizó con su poder sin dificultad, al saber que no se trataba de su gemelo todo era mucho más simple.
El impostor dejo la apariencia de Uriel para volver a la suya propia frente a Ariel, se trataba de un joven de su misma edad en apariencia solo que su piel al completo era verde como asi también sus ojos y sus cabellos, vestía las ropas de Uriel.
— Vaya — dijo con una voz mas aguda e infantil — Eres inteligentemente fuerte Ariel por lo pronto podrás volver a tu cuerpo. — la puerta se abrió dejando ver del otro lado una luz blanca — Pero te advierto que tengas más cuidado ya que no tendrás tanta suerte la próxima vez.
Haciéndole una reverencia en forma de saludo Atiel se dirigió a la puerta pero antes de salir lo volvió a mirar: “gracias”. Le dijo con su mente, luego atravesó el umbral y la puerta se cerró.
Segundos luego Ariel abría los ojos para encontrarse nuevamente en el laberinto de ilusiones, junto a sus dos compañeros de aventuras que a juzgar por sus expresiones estaban realmente preocupados.
Sonrió para sus adentros al saber que tenía dos nuevos amigos.
—¿Cómo te encuentras Ariel?— dijo el príncipe dragón
— Bien, no te preocupes tanto principito
— Eres muy fuerte — comentó Ias — Pocos suelen vencer al portador de ilusiones del laberinto. Felicidades.
— Gracias — contestó Ariel colocándose de pie
— ¿Listo para seguir? — preguntó Ias.
— Listo — respondió él. Así los tres continuaron adentrándose al corazón del laberinto de ilusiones para llegar al palacio de luz.
El camino era verdaderamente confuso y complicado, de no ser por Ias nunca habrían avanzado, detestaba los laberintos con todo su ser Ariel.
El mal humor comenzaba a formar parte de su carácter, mientras que al dragón de agua lo divertía debido a que jamás tuvo una experiencia similar.
Las lianas surgían de tanto en tanto del interior de los muros pero los tres amigos podían combatirlas sin exepción gracias a las continuas indicaciones de Ias.
Pero llegó un momento que el mismo laberinto hizo jake al príncipe dragon de fuego al hacer un movimiento que él mismo ignoraba que podría existir.
Comenzó a moverse consiguiendo separarlos a los tres, esto se debió a que los muros se dividieron para volver a juntarse adquiriendo una forma diferente.
El viento helado fue el que les anunció aquello, Ias se percató del juego del laberinto demasiado tarde:
— ¡Tengan cuidado! — gritó desesperado — ¡El laberinto planea algo! — no pudo decir más debido a que fue el primero en caer, los muros lo rodearon en cuestión de segundos y así consiguieron alejarlo de sus amigos.
— ¡Ias! — llamó el príncipe dragón pero fue el siguiente en ser alejado de Ariel ya que los mismos arbustos que formaban los múltiples muros lo rodearon alejándolo
Ariel quedó en el lugar pero solo, en décimas de segundo sus dos amigos desaparecieron al ser devorados por el mismo laberinto.
Ese endemoniado lugar comenzaba a cansarlo. El viento seguía envolviéndolo completamente pero él, lejos de alarmarse lanzó carcajadas al aire mientras elevaba hacia sus costados sus brazos. El viento fue calmándose hasta volver a ser una leve brisa:
—¿Qué sigue ahora? — dijo desafiante — ¿Qué tienes preparado para mí? Lo que sea lo venceré, no soy débil. Ya lo habrás notado ¿verdad? — sus negros cabellos se movían por el viento — Llegaré al palacio y te arrebataré lo que vine a buscar— su gatuna mirada esmeraldina brillaba — No podrás evitarlo – el viento lo golpeó en el pecho consiguiendo que la oscuridad de su interior se altere, esto lo afectó un poco pero también fortaleció su luz aprisionada — Pierdes el tiempo — Ariel se sujetaba el pecho mientras respiraba entrecortado — También lo sabes ¿cierto?
El viento desaparecía dejando el camino despejado, como si estuviese incitándolo a seguir avanzando, desafiante y atrayente a su vez.
La luz de Ariel calentaba su pecho consiguiendo que se frenase y pensara en los habitantes del lugar, si bien no podía evitar que busque más poder si podía guiarlo para que no lastime a nadie inocente.
La esencia de Ariel siempre sería pura por tal razón se sentía prisionero en su propio cuerpo y aquello era algo simplemente desesperante.
El laberinto había llevado al conciente aquello, estaba molesto por semejante acción. Respiró hondo un par de veces para serenarse antes de continuar avanzando sin dejar de pensar en los dos príncipes dragones.
Príncipe, el dragón de agua, se encontró súbitamente solo en el laberinto cuando hacía tan solo unos instantes estaba junto a Ias y Ariel.
Los muros lo rodearon para alejarlo de ambos y volver a sus respectivos lugares. Ahora estaba solo en el laberinto mirando el camino que seguía frente suyo y hacia sus costados. Detrás suyo había un muro de arbustos. ¿Qué haría ahora? ¿Dónde estaban los demás?
Suspiró hondo y profundo ya que tendría que seguir avanzando solo, al menos de momento. ¿Qué podría hacer?
Optó por seguir derecho guiándose solo por su instinto, solo esperaba que no acabara en una fosa sin fondo. Nunca le gustaron los laberintos y ahora encontrarse perdido en uno y nada menos que en aquel que es capaz de crear sus propias ilusiones y cambiar cuando así lo deseara no era nada alentador.
Sentía los ecos de sus propios pasos avanzando, al principio los ignoró pero al cabo de unos momentos comenzaban a resultarle desesperantes.
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