Ariel era realmente increíble ya que pudo atravesar aquel jardín sin problemas, aún la niebla de las ilusiones y las pesadillas las pudo suprimir.
Era un digno aliado sin el cual jamás habría podido llegar hasta donde estaba en esos momentos; haría todo lo que estuviese a su alcance para liberarlo de esa oscuridad que lo aprisionaba, lo que sea.
Pero la oscuridad no había logrado doblegarlo, aún no, y eso era un gran avance. Le gustaría volver a verlo en otras circunstancias, ojalá pudiera.
Un golpecito en su nuca por parte de Ariel lo devolvió al presente otra vez y su voz irónica:
— ¿Principito? ¿Acaso sueñas despierto? — el príncipe lo observó en silencio unos instantes — ¿Qué sucede? Comienzas a preocuparme muchacho.
— Nada — dijo negando con la cabeza — Solo meditaba, es todo.
—¿Meditabas? — Ariel lo miró como si se hubiese vuelto loco — ¿Aquí? ¿Y en estos momentos?
—Lo siento, me distraje es todo — no quería que Ariel supiese lo que pensaba y sentía ya que temía que la oscuridad lo obligue a hacer algo que el verdadero Ariel no desee — Pero no volverá a ocurrir.
—Eso espero porque tenemos compañía — diciendo aquello señaló frente de ambos a una figura con apariencia humana — Mira — Detrás del hombre cuyos ojos se semejaban a los del tigre apareció otro igual al anterior. Los dos se veían amenazantes — Como verás no es momento para meditar muchacho.
— Si, ya me doy cuenta de ello
—Ten cuidado principito, son muy poderosos
—¿También lo notaste?— Los dos se prepararon para el enfrentamiento pero repentinamente un temblor los sacudió y el suelo se abrió tragándose al principito dragón y a uno de los recién llegados “anfitriones”. Luego el suelo volvió a la normalidad quedando únicamente Ariel y uno de los hombres ojos de tigre.
— ¿Dónde está mi compañero? — preguntó Ariel
— Deberás derrotarme si quieres saberlo — contestó el hombre tigre.
— Bien — Ariel se sentía furioso con ese nuevo fenómeno de circo que aparecía frente suyo ya que la desaparición del príncipe dragón lo perturbaba sobremanera, aunque lo intente suprimir no lo conseguía. El bastardo se había metido en su corazón sin permiso y ya era demasiado tarde para negarlo o enojarse.
—Espero que cumplas con tu palabra.— Diciendo esto lo atacó con su poder y velocidad sobrenatural.
El príncipe dragón cayó al duro suelo junto con aquel extraño que inesperadamente surgió de la nada, justo antes de que ese temblor abriera el suelo y lo separara de su amigo. Frunciendo el ceño se incorporó mirándolo fijamente.
Aquel extraño hombre cuyos ojos de tigre querían traspasarlo sin éxito alguno tenía la maldad reflejada en su rostro.
Parecía ser un hombre de treinta años de edad cuya piel era blanca pálida, similar a la de su amigo Ariel, sus cabellos negros con mechones rubios, sus ojos amarillos cuyas pupilas verticales estaban dilatadas.
Sus manos tenían largas uñas en forma de garras de un intenso color dorado, llevaba puesto un pantalón negro y dorado. Con el torso desnudo y descalzo era inmune al frío característico del lugar, como lo era él también.
Pronto supo que el poder de la mente de ese extraño era fuerte ya que conseguía golpearlo y causarle dolor, como si estuviese siendo atacado físicamente. La sonrisa burlista de aquel lo enardecía pero antes de lanzar cualquier tipo de ataque tenía que estudiarlo y saber a qué se estaba enfrentando.
Un repentino ataque mental le llegó directo a sus recuerdos pero él pudo reforzar la barrera mental justo a tiempo, respiró aliviado pero el hombre con ojos de tigre sonrió cruelmente:
—¿Crees que triunfaste? — escuchó la voz de aquel retumbar en su mente sin que moviese los labios — Esto es solo el principio Príncipe de los Dragones de Agua — la sonrisa se intensificó.
Cerró los puños con fuerza debido a la furia que sentía el príncipe dragón ¿cómo era posible que ese sujeto tan enigmático tenga una mente tan poderosa y servir al mal.
Intolerable, aquello era simplemente intolerable. Pero no tenía que dejarse dominar por la furia así que respiró profundo intentando relajarse, abrió las manos moviendo los dedos así la sangre volvía a circular en ellos.
No le permitiría vencer, eso jamás ocurriría. Había llegado demasiado lejos como para ser derrotado ahora. La paz de todo el reino al fin estaba al alcance de sus manos y no se rendiría sin luchar hasta el final. Elevando el mentón lo miró desafiante diciéndole:
— Triunfaré aunque les disguste a todos ustedes — una estruendosa carcajada retumbó en el lugar — No le veo la gracia — dijo molesto ya que su oponente se burlaba de él — Ahora ¿ seguirás intentando entrar en mi mente o me atacarás? Porque la verdad me está aburriendo este jueguito ¿sabes?
Sin decir nada el extraño volvió a intentar penetrar en su mente pero en esta ocasión utilizó un poder superior al anterior, esto lo volteó literalmente. Cayó de rodillas muy agitado y sudando por cada poro de su piel.
Respiraba agitadamente mientras se recuperaba del ataque mental recibido. Lo miró con asombro total ¿quién era realmente ese sujeto? Nunca antes lo habían derribado así tratándose del poder de su mente ¿quién era?
—¿Agotado principito? — dijo con voz cansina el hombre mientras reía
— No — diciendo esto se incorporó nuevamente — Continuemos.
La resistencia del Príncipe Dragón era asombrosa tal como él había oído, al principio no lo creía ya que el príncipe era un muchachito todavía por tal motivo se hubo burlado de aquel que ahora tenía frente suyo.
Realmente lo había subestimado y él por lo general no cometía ese tipo de errores. Pero el haberlo descubierto solo le provocaba más ansias de vencer al príncipe destruyéndole la mente, nadie pudo resistir su poderoso ataque mental…hasta ahora.
—Veremos por cuánto tiempo consigues resistir principito — dijo sonriente ya que aquello comenzaba a divertirlo — Estás acostumbrado a los ataques físicos pero eso no va conmigo.
—Ya veo
— A mi me fascina desintegrar a mis oponentes en el campo mental
El príncipe dragón se lanzó a él en un intento por golpearlo, ya que al oír ésto último supuso que su enemigo sería débil en la lucha cuerpo a cuerpo pero se había equivocado, debido a que su contrincante consiguió esquivarlo fácilmente, y contraatacarlo a su vez con un fuerte golpe que lo tiró al suelo varios metros lejos de su rival.
Mareado y dolorido se incorporó con cierta lentitud mientras el hombre reía a viva voz:
— Principito el hecho de preferir los combates mentales no significa que sea débil en el combate físico, no me malinterpretes ¿de acuerdo? —
—Ya veo…maldito seas…
Sin esperar un solo instante lo volvió a atacar con el poder de su mente aprovechando que el príncipe estaba débil pero nuevamente fue repelido por este.
El hombre con ojos de tigre comenzaba a molestarse ya que su orgullo empezaba a dolerle ¿cómo podía ser posible que un mocoso lo derrote en su especialidad? ¡Inaudito!
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