Sonrió debido a la ironía de la situación. Uriel observaba todo en silencio, como siempre su rostro no reflejaba el más mínimo sentimiento o pensamiento sin contar que era la segunda persona a la que no le podía leer su mente ni ver su futuro, la primera era él mismo por supuesto.
Aquello resultaba ser muy frustrante en ciertas situaciones como la que estaban atravesando en esos momentos.
El sitio donde llegaron era un bosque en que diversas criaturas habitaban, el verde de los árboles se fundía con el de las montañas lejanas.
Era de noche pero ambos podían ver tan claramente como si la luz del día iluminase el lugar, podían sentir la respiración de cada criatura allí presente, el correr de las aguas de los ríos incluso el cantar del viento y sus helados dedos acariciar sus rostros blancos pálidos, sus esmeraldinas miradas penetraron la densidad de la oscura noche para poder ver más allá de lo que tenían enfrente.
La naturaleza de ese planeta era exquisita, verdaderamente bella. Sus criaturas únicas y puras, tanto las que sus habitantes conocían como las que no. Tal como era su planeta de origen, pensó Ariel con cierta tristeza.
Pero la maldad estaba destrozándola, la crueldad de sus habitantes humanos la iba exterminando cada vez más. Aquello no lo sorprendía ya que se asemejaban bastante a los de su raza con ciertas diferencias por supuesto.
Los habitantes estaban divididos en aldeas y ciudades y por lo que ambos hermanos pudieron ver, se encontraban lejos unos de otros, aunque algunas aldeas estaban cerca de donde ellos se situaban en esos instantes.
Inmediatamente emplearon sus poderes para vestir ropas similares a las que usaban los humanos de ese lugar, pantalones negros, botas de igual color, camisas blancas y capas negras con capuchas.
Estas últimas tenían poderes de protección y otras habilidades ya que formaban parte de sus propios ser. Cambiaron el color de sus cabellos a negro oscuro. Ambos gemelos eran idénticos y podían pasar por humanos comunes.
Cuando habían estado adaptándose al ambiente del planeta sintieron una oscura y maligna presencia asechando. El miedo y la desesperación del que estaba siendo perseguido y amenazado se fundían con la sed de sangre y destrucción del que asechaba.
—Ariel — susurró Uriel señalándole la dirección por donde venía aquello — Rápido — diciendo esto se perdió en la oscuridad alejándose de él en menos de medio segundo.
— Si — dijo Ariel — Es hora de trabajar, bienvenidos seamos — diciendo ésto con ironía siguió a su gemelo y en menos de un segundo estuvo a su lado en el lugar indicado.
Al llegar vieron una criatura con forma humana pero por lo que estaba haciendo ninguno de los dos hermanos podía dar crédito a que lo fuese, con largos colmillos similares a los lobos o serpientes succionaba la sangre de otro humano que yacía en sus brazos agonizante.
Las súplicas de éste habían desaparecido junto con sus fuerzas debido a la increíble pérdida de sangre. El monstruo se alimentaba de la vida de un humano, ambos podían ver cómo el cuerpo de la bestia salvaje iba recuperando el color y la vitalidad a medida que el de la víctima perdía la vida velozmente.
Abrazados como si ambos fuesen amantes, aquello era una escena monstruosa donde el amor no existía.
— ¿Qué es esto? — preguntó Ariel sin poder dar crédito a lo que veía.
Sin molestarse en responderle, su gemelo se lanzó contra el monstruoso ser alejándolo del humano en cuestión. Ariel reaccionó y se ocupó de la víctima quien lo miraba absorta.
Colocó su mano sobre las diminutas heridas del cuello y tras unos segundos cicatrizaron, pero no lo soltó ya que se ocupó de que recuperase sus fuerzas y energía vital.
Cuando estuvo seguro de que no corría ningún peligro lo ayudó a colocarse de pie. El humano era un muchacho de catorce años de edad quien lo miraba asombrado.
Por su parte Uriel combatió contra el monstruo con forma de mujer hasta matarla empleando sus poderes destructivos.
— ¿Quiénes son ustedes? — quiso saber el muchacho — gracias…mil gracias…
Ambos hermanos vieron en su mente y comprobaron que podría volver solo a su casa sin peligro por lo tanto nada dijo Uriel, solo regresó al polvo en que se hubo convertido el monstruo al ser exterminado, inclinado posó su dedo índice sobre este para estudiarlo en su mente en cuestión de minutos.
En tanto Ariel dijo en un tono amable y paternal
— Vete a casa, tuviste demasiado por esta noche muchachito.
—Claro — diciendo esto el humano se alejó perdiéndose entre los árboles sin dejar de darles las gracias.
— ¿Qué clase de criatura era aquella Uriel? ¿Averiguaste algo?
— No, pero por lo visto son peligrosas para los humanos — luego regresó la mirada a Ariel — Tenemos que encontrarnos un lugar donde habitar y hacernos pasar por humanos.
Ariel estaba aún sorprendido por el monstruoso ser que vió como para pensar en naderías como ser dónde vivir. Pero Uriel era mucho más expeditivo y cerebral que él y se ocupó de todo.
En cuestión de horas ambos hermanos tenían una modesta vivienda en la aldea más cercana al bosque donde aparecieron por primera vez.
Esa noche eliminaron a cientos de esas criaturas que luego supieron que eran llamadas vampiros.
Al día siguiente se mesclaron con los aldeanos como si fuesen humanos normales, escuchaban los pensamientos de todos con atención extrema mientras simulaban trabajar la tierra o beber esos extraños líquidos. Así supieron muchas cosas sobre ese planeta y la forma en que vivían todos.
Los días se pasaban volando para ambos hermanos que se dedicaban a exterminar a los vampiros la mayor parte del tiempo.
Cuando se sersioraron que en esa región no quedaba ninguno, optaron por seguir viaje al siguiente poblado.
Descubrieron en el nuevo pueblo donde ahora estaban que los vampiros no eran los únicos inmortales que habitaban ese planeta.
Había otra especie de vampiros que circulaban bajo la luz del sol y que no se alimentaban de sangre humana sino de energía vital.
Estos eran más peligrosos y mucho más complicados de cazar ya que todos estaban mesclados con los de clase alta de la raza humana haciéndose pasar por nobles humanos.
Aún así Ariel y su gemelo siguieron combatiendo a los vampiros sanguíneos, así los llamaban los humanos mortales, en los pueblos y sus alrededores ya que saqueaban a los pobladores.
Tambien encontró a los humanos muy extraños ya que los veía incrédulos por rendirles cultos a seres inmortales malignos que ellos llamaban dioses, en algunos casos estas supuestas deidades pertenecían a la imaginación humana y en otros solo se trataban de vampiros energéticos que se aprovechaban de la inocencia e ingenuidad de los mortales.
Cada vez que se acercaban a una ciudad la cantidad de inmortales malignos se incrementaba y resultaba ser mas complicado exterminarlos.
Mientras que Uriel se limitaba a hacer su trabajo sin mostrar emoción alguna por nada ni por nadie, Ariel se dedicaba a reconfortar a las víctimas de los odiosos inmortales y en algunos casos hasta devolvía la vida a ciertos muertos solo para darles una segunda oportunidad de vivir con felicidad junto a sus seres queridos.
Él siempre había sido muy paternal y se enternecía con el dolor ajeno. Tan diferente a su gemelo era desde el hecho de que a él le gustaba hablar, reír y rugir de furia cuando era necesario hacerlo; mientras que Uriel nunca emitía opinión alguna sobre nada, no mostraba sus sentimientos ni emociones y se limitaba a cumplir con su obligación sin chistar.
Tan idénticos por fuera pero con personalidades tan diferentes. Así eran los gemelos, los Espíritus del Tiempo y del Destino.
Mientras que Ariel revivía muertos y adelantaba destellos del futuro a los humanos, Uriel jamás modificaba el destino de las personas, sean buenos o malos los respetaba a todos y dejaba que se fuesen forjando solos.
Pasaron varios siglos viviendo de esa manera, combatiendo a los inmortales malignos sin piedad y destruyendo sus maléficas obras. Ayudando a los humanos a tener calidad de vida en lo posible, trasladándose de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, de aldea en aldea sin sentirse atados a ningún lugar en especial.
La fama de ambos fue extendiéndose hacia todas partes del planeta, incrementando la esperanza en los débiles humanos y la furia en los inmortales que por más que lo intentaban no conseguían destruirlos ni detenerlos.
Hasta que la noticia llegó a oídos de alguien que los conocía perfectamente, alguien que los hubo enfrentado cuando aún habitaban en su planeta de origen y que fue derrotado debido a la increíble y poderosa fortaleza de ambos gemelos unidos.
Este era el conocido Espíritu de la Destrucción y por poco no fue encerrado en aquella odiosa prisión que esos gemelos construyeron con la ayuda de ese entrometido de Aleka.
Ahora era conocido bajo el nombre de Anthony y se hubo vinculado en el mundo de la nobleza de los humanos siendo un respetado Duque.
Aparentaba tener veinticinco años de edad y había fortalecido sus poderes enormemente en ese planeta gracias al clima oscuro y siniestro que allí se respiraba.
Llamó a uno de sus vasallos cuando tuvo un plan en mente para destruirlos a los dos de una vez y para siempre. Entregándole una piedra negra y dorada dijo:
— Cerciorate de que Ariel la toque ¿entendido?
—Si señor — contestó este y tras hacer una reverencia salió de la sala dejándolo solo.
Anthony reía con gran placer al pensar en todo lo que acontecería una vez que su enemigo toque su pequeño regalito. Ariel haría el trabajo por él y lo mejor de todo era que no podría resistirse.
3 Veremos cómo reaccionas al saber que tú también posees la oscuridad en tú ser — sujetó una copa de vino y la elevó — Brindo por tu próxima llegada Ariel, seremos compañeros en un futuro muy cercano — luego lo bebió.
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