El príncipe dragón comprendió el disturbio emocional de su enemigo y se valió de él contraatacando esta vez y para su sorpresa lo golpeó fuerte.
El segundo ataque mental consiguió dañar parte del escudo del hombre quien lanzó un espeluznante alarido de frustración.
— ¡¿Cómo te atreves?! — rugió furioso mientras que sus ojos se volvían amarillo con un brillo oscuro — ¡Te mataré! ¡Lo juro!
Nunca hagas juramentos que no podrás cumplir
Con éste comentario, su enemigo perdió el control y se lanzó a él con siniestras intenciones, pero como sus sentimientos y pensamientos estaban en caos, fue una presa fácil para el príncipe dragón, quien no solo esquivó su ataque siendo tan diferente que el anterior, sino además se lo devolvió consiguiendo que caiga herido al suelo.
Ya no era el peligroso enemigo que tuvo al principio, aquel que mantenía sus emociones a raya así se concentraba mejor en sus habilidades y en las del enemigo.
Al final había logrado detectar su punto débil.
Sin esperar un segundo lo volvió a atacar pero con el poder del agua como dragón que era, lo envolvió en una esfera de agua y lo ahogó. En su mente escuchó decir:
— Creí que ustedes solo invocaban el poder del agua o el fuego estando en sus verdaderas apariencias
—Creíste mal, ya que yo soy el príncipe dragón y mi poder es diferente a los demás
Aquello fue lo último que escuchó de su enemigo antes de morir ahogado en el interior de la esfera de agua.
Cuando se hubo serciorado de que estaba muerto recién desvaneció la esfera y el cuerpo de su enemigo cayó sin vida al suelo. Ahora debía buscar a Ariel antes de llegar al poder del agua oculto allí.
Cerró sus ojos para rastrearlo, luego de unos minutos lo había localizado, no estaba lejos.
Ariel sabía que si quería seguir avanzando tenía que deshacerse de esa molestia que acababa de aparecer frente suyo, además debía encontrar a su amigo aunque estaba seguro que él sabría defenderse bastante bien.
No tenía que preocuparse tanto por el principito ya que conocía este sitio mejor que él mismo debido a que era su hábitat.
El hombre con ojos de tigre lo miraba burlistamente mientras meditaba aquello, tan así que una siniestra sonrisa se le dibujó en el rostro.
Parecía disfrutar de su incertidumbre y aquello lo enardeció. Cerró los puños tan fuerte que los nudillos se tornaron blancos por la presión, le clavó una helada mirada esmeraldina como advertencia pero el muy idiota no se hubo percatado de ello ya que siguió con su estúpida sonrisa en el rostro. Sin poder soportarlo más
Ariel se lanzó a la garganta de su contrincante quien supo esquivarlo pero no estuvo preparado para el contraataque que llegó casi al siguiente segundo.
Ariel colocó sus manos sobre el hombre y dio renda suelta a su sed de sangre, aquella necesidad de absorber la sangre de un inmortal cuyos poderes se igualen a los suyos había estado quemándolo por dentro.
Sus manos se tornaron rojas y a medida que la piel de su oponente iba desintegrándose junto con los tejidos musculares y las venas, la sangre era absorbida por Ariel quien se saciaba con gran placer.
Los desgarradores alaridos del hombre con ojos de tigre retumbaron en todo el recinto. Pero la piedad no existía en Ariel quien seguía desintegrándolo en carne viva; no lo soltó hasta que estuvo saciado completamente.
Cuando acabó y se alejo de su víctima este cayó sin vida al suelo, el tórax estaba destrozado al igual que los brazos y las manos. Solo le quedaron los huesos y no intactos precisamente.
Los ojos rojos de Ariel lentamente fueron adquiriendo su tonalidad habitual, el verde fue apareciendo a medida que el rojo iba desvaneciéndose hasta desaparecer por el cadáver “Muy sabrosa tu sangre”. Luego sonrió burlistamente :
— Apuesto a que no esperabas encontrarte con un rival como yo ¿verdad? — La oscuridad lo forzaba a desear la sangre de inmortales en igualdad de poder y al absorberla lejos de beneficiarse, Ariel se perjudicaba más aún ya que su luz se debilitaba sobremanera.
—Ariel ¿estás bien? - preguntó el príncipe dragón al llegar, pero al ver la condición del cadáver abrió enormemente los ojos asustado y volvió a mirarlo — ¿Tú…hiciste esto? — Como respuesta Ariel lo miró siniestramente, hecho que lo intimidó — ¿Qué te pasa? — retrocediendo comenzaba a sentir temor de su “amigo” — La oscuridad te consume… no la dejes vencer.
—Andando — fue la repentina respuesta de su interlocutor — Y si, estoy bien, respondiendo a tu pregunta inicial.
Sin responder nada el príncipe dragón siguió avanzando junto a su extraño compañero ya que no estaba tan seguro de llamarlo “amigo” luego de lo que acababa de presenciar.
Respirando entrecortado Ariel intentaba retomar el control de si mismo pero le estaba resultando una ardua tarea, el haber extraído hasta la última gota de sangre de su poderoso enemigo lo sumergió aún más en las garras sombrías de esa nefasta oscuridad y su verdadero enemigo, es decir él mismo, comenzaba a tomar el control total.
No debía permitirle vencer, no podía dejarlo vencer o todos estarían acabados comenzando por él mismo y continuando con Urie tenía que rescatarlo…sin tan solo pudiera recuperar el completo control de si mismo.
El príncipe dragón percibía el conflicto interno de su amigo sintiéndose impotente ya que no podía ayudarlo, era algo que tenía que resolverlo por si mismo.
Sin embargo a veces resultaba ser muy intimidante, como en aquellos momentos.
Los pasillos surgían entre las sombras y desaparecían dando paso a otros más amplios pero luego se desvanecían sin dejar rastro alguno.
El príncipe dragón nunca antes estuvo en ese sitio por tal razón era de esperarse su sorpresa al comprobar que todas las historias resultaron ser ciertas.
El aire era fresco y reconfortante a pesar de ser una estructura cerrada herméticamente ya que ninguno había visto, desde que entraron, ventanas.
—¿Sabes a dónde nos llevas? — le preguntó Ariel en un momento dado
— Si — fue la cortante respuesta que le dió sin detenerse ni molestarse en mirarlo, no sabía cómo podía reaccionar Ariel ahora que la oscuridad tenía el control casi total de su persona.
Aquello lo entristecía y asustaba a su vez.
— Espero que sea verdad — dijo molesto
— Nunca miento
El silencio volvió a reinar entre ambos mientras seguían avanzando por aquellos interminables pasillos oscuros con las extrañas sombras que se movían a su paso cada instante como si estuviesen siguiéndolos.
La joya estaba cerca, él podía sentir su poder, notase. Luego de haber visto de lo que era capaz no sentía muchas ganas de poner su vida en sus manos como había estado haciendo hasta el momento.
Una cosa era saber que la oscuridad lo dominaba y otra muy distinta presenciar lo que esa oscuridad era capaz de forzarlo a hacer controlándolo plenamente. Sencillamente no quería atravesarse en su camino estando así.
La poderosa señal de la joya del agua que habían ido a buscar lo envolvió golpeándolo con fuerza, esto lo alejó de sus meditaciones retornándolo a la realidad concreta.
Habían llegado finalmente al sitio indicado. Se detuvo en la puerta indicándole con un gesto a Ariel que lo imitase.
— ¿Llegamos? — preguntó
—Si
—Podrías habérmelo dicho con palabras ¿qué te ocurre? Estuviste todo el trayecto silencioso ¿por qué?
—Luego de ver tu repentino ataque, no deseo ser tu siguiente víctima, Ariel
—Creí que me lanzaste una maldición temporal que te protege de mis ataques violentos
— Si, así fue.
— ¿Entonces? ¿Acaso se acabó el tiempo? ¿estoy libre?
— No
— Sigo sin entender
— Tenemos que entrar Ariel, no es momento para charlar — todo este diálogo lo tuvieron sin verse, al menos el príncipe dragón no lo miró en ningún momento
— Claro — se limitó a decir al comprobar que su “amigo” no le daría ningún tipo de información ni salida — Acabemos esto de una vez por todas, estoy impacientándome bastante.
Mordiéndose los labios el príncipe dragón se limitó a asentir ya que él había estado divirtiéndose hasta que tuvo que ver ese horrendo cadáver, hasta ese instante inclusive hubo creído que al fin tenía un amigo de verdad. Sin permitir que las emociones lo traicionaran abrió las puertas y entró al oscuro salón donde yacía la joya del agua. Ariel lo seguía bien de cerca.
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