¿Dónde estaba su oponente? Aquel que lo enfrentaría impidiéndole avanzar ¿qué esperaba para salir de su escondite?
Príncipe respiraba entrecortado debido al estrés de la situación, no podía bajar la guardia pero ¿a qué o a quién se enfrentaba en esta ocasión? Esa incertidumbre lo estaba matando por dentro.
Repentinamente se fue corporizándose una figura frente suyo encapuchada, Príncipe sonrió ya que estaba ansioso por batallar contra alguien, si seguía esa pasiva atmósfera se volvería loco en serio.
Cuando acabó de soldificárse la presencia se colocó en posición de ataque. El dragón de agua lo inició pero su contrincante supo esquivarlo a la perfección.
Sin perder la concentración volvió al ataque y cuando fue esquivado nuevamente lo contraatacó muy hábilmente arrojándolo al suelo aturdido.
En la batalla cuerpo a cuerpo él era muy hábil pero su oponente no se quedaba atrás, le seguía el paso sin problemas aunque acabase en el suelo o herido, no demostraba dolor ni cansancio alguno.
Los dos conjuraron espadas para seguir batallando al mismo tiempo, así sus armas entrechocaron lanzando chispas celestes que invadían el lugar.
Príncipe solo podía verle los intensos ojos azules a su contrincante por lo que dedujo se trataba de un dragón de su especie. Frunciendo el ceño lo alejó de su persona al tiempo que le decía:
— ¿Quién eres? ¡Muestrate!
Pero su rival nada dijo ni hizo más que atacarlo con su espada y su cuerpo, Príncipe furioso y frustrado esquivaba dichos ataques para devolverlos con mayor fuerza causándole daños más graves al cuerpo de su rival.
El entrechocar de las espadas junto al entrecortado respirar envolvían el ambiente generando una atmósfera tensa. Cuando su oponente le arrebató la espada, Príncipe conjuró el agua formando en la unión de sus manos una gran esfera azul que al lanzarla a su enemigo se estrelló en su pecho eliminándole toda la energía que este poseía.
En cuestión de segundos su rival cayó al suelo demasiado débil para seguir. Apenas podía respirar.
— Ahora sabré quién eres — diciendo esto le quitó la capucha con su poder contemplando para su asombro a su hermano menor
—¿Tú? ¿Aquí? — su pequeño hermano había muerto cuando apenas tenía diez años en un accidente. Pero aquí estaba ¡Y Vivo! Con diesciseis años de edad ¡Y sirviendo al reino enemigo! — ¿Cómo es posible? — ¿Sería un engaño todo eso? — ¡¿Quién eres en verdad?! ¡Mi hermanito murió hace seis años atrás!
— En ese caso mátame — dijo su hermanito sonriéndole burlistamente —¿Qué esperas? — Aquel juego mental estaba llendo demasiado lejos, no podía tolerarlo. Sencillamente no podía
—¿O prefieres rendirte? — Príncipe lo contempló a los ojos y supo que era realmente su hermanito, había crecido por lo tanto nunca murió — Espero tu reacción hermano.
—¿Realmente eres tu? — preguntó confundido — ¿no estuviste muerto todos estos años?
— ¿Acaso importa?
—¡Si! ¡Me importa mucho! ¡Contéstame! ¿dónde estuviste?
Su hermano se incorporó tras comprobar que nunca lo mataría y sujetando con fuerza su arma se le acercó lentamente, Príncipe seguía confundido por lo que acababa de descubrir por lo tanto no previno el siguiente movimiento de su hermano que le atravesó la espada en la boca del estómago ante los asorados ojos del príncipe dragón quién le preguntó:
— ¿Por qué…me haces esto…hermano? — sintió el dolor que le provocó su hermanito al quitarle con violencia la espada — ¿Por qué? — cayó al suelo e inmediatamente su sangre celeste comenzó a salir por la herida.
— Por dejarme en poder de nuestros enemigos — fue la enigmática respuesta — No estaba muerto sino mal herido y tú no hiciste nada por mi.
—No..es cierto…te buscamos junto con nuestro padre y hermano…te busque…y…encontramos un cadáver despedazado…
— ¡No era yo! ¡Debiste seguir! Pero ¿qué puedes saber tú…el príncipe heredero de eso?
Los sentidos de Príncipe iban anulándose por la pérdida de sangre, respiraba con dificultad pero no se rendiría ya que había llegado demasiado lejos.
Respiraba con gran dificultad pero seguiría vivo.
— No me vas a vencer…sabes a qué vine ¿verdad?
— No dejaré que te lleves todo el crédito hermano, no después de lo que me hiciste
—Nunca te abandoné…
— Soy un prisionero del reino del fuego ahora — dijo su hermanito menor — No tengo una vida sino obligaciones. Debo obedecer las órdenes estrictamente y sin protestar. Se me ordenó matarte y eso fue lo que hice, ustedes mi propia familia son los culpables. No te quejes ahora — diciendo esto se colocó nuevamente la capucha y desapareció en el aire.
— ¡Louis! — gritó Príncipe atormentado — ¡Te salvaré hermano! — luego dijo para si mismo — Cuésteme lo que me cueste —la oscuridad fue apoderándose de su persona pero él seguía luchando contra ella ganándole minutos a la muerte.
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