Ya no sudaba ni estaba desesperadamente débil y deshidratado. Incorporándose buscó con la vista a Ariel pero un súbdito pensamiento cruzó por su mente:
“Si todo hubiese sido real, la oscuridad lo habría consumido y a diferencia de Ariel él no habría tenido tanta suerte”.
Suspiró hondo mientras seguía buscando a su amigo hasta que finalmente lo encontró, la niebla de la ilusión al fin se disipó cuando su cuerpo fue iluminado por la luz de la luna.
—¡Ariel! — dijo alzando la voz mientras se arrodillaba a su lado —¡Despierta!
“No me vencerán”
Repitió Ariel en su mente mientras iba siendo arrastrado al mundo de las ilusiones y las pesadillas. El aire comenzó a ser espeso cuando él llegó a un extraño lugar lleno de esculturas de las mas diversas formas y tamaños.
El suelo era de un color marrón oscuro y el viento leve helaba con sus garras, sus negros cabellos se movían al compás de una extraña melodía interpretada por el mismo viento que reinaba aquel sitio.
Las esculturas cuyas formas eran de personas tenían una siniestra mirada que parecían seguirlo a donde sea que él vaya.
Aquello no lo afectaba en lo absoluto, pero el hecho de no saber ¿dónde se encontraba? Eso si que lo afectaba.
Miró a su alrededor sin encontrar nada mas que esculturas y aquel suelo de tierra marrón oscura, el horizonte se tragaba aquellas esculturas lejanas.
Con su mente rastreó el sitio en busca de personas o algún modo de salir pero fue inútil. No había nada ni nadie, salvo las estatuas.
La furia se adueñó de su ser y sin pensarlo comenzó a destruir las estatuas que estaban cerca suyo sin discriminación. Cuando sus fuerzas se agotaron cayó al suelo boca arriba mientras respiraba entrecortadamente, miraba el firmamento cuyas estrellas brillaban con una cruel alegría ignorando su pesar.
¿Cómo podré salir de aquí? Pensaba Ariel sin conseguir una respuesta coherente.
Repentinamente una sombra siniestra fue acercándose a él y para cuando la detectó Ariel ya fue tarde, su oscuro manto lo envolvió y elevó en el aire paralizándolo por completo.
Una figura oculta emergió envuelta en el velo siniestro lo que le impedía a Ariel saber si era hombre o mujer pero al oír su voz supo que era un hombre y además era aquel que le hubo hablado cuando la oscuridad fue adueñándose de su persona mediante el poder del medallón oscuro. Al menos ahora podía respirar, eso era un gran avance.
Ese ser se fue acercando hasta quedar a unos cuántos metros de distancia sin despegarle la mirada maligna.
—Bueno, bueno pero ¿qué tenemos aquí? — su voz juvenil lo golpeó en su memoria ya que le pareció extrañamente familiar
— Ariel, el espíritu del tiempo en persona ante mi — intentó romper ese conjuro que lo mantenía inmovilizando sin éxito alguno — estás en mi poder ahora Ariel — esto lo enfurecía aun más — No veo el motivo por el cual tengas que forcejear y luchar, nunca conseguirás liberarte de mis garras.
La luz interior de Ariel afloró por completo en aquel instante desvaneciéndo toda la oscuridad, esto enfureció al extraño ya que elevó su mano y cerró su puño con fuerza provocándole dolores internos terribles a Ariel sin piedad alguna
—¡No! ¡Tu luz debe extinguirse! ¡Como ocurrió con todos los demás pertenecientes a tu raza!— Ariel sentía que el aire dejaba de circular por sus pulmones pero en esta ocasión no le importó — ¡Ríndete ante mi poder!
Ariel clavó su mirada al extraño desafiante pero su luz fue apagándose, hecho que divirtió a su captor aunque llegó un punto en que dejó de debilitarse, su brillo continuó sin extinguirse
—¡Jamás te liberarás de mí! — Por más que lo intentó no consiguió destruirla y lanzó un grito de frustración al aire
— Nunca lograrás matarme —dijo débil Ariel — Mi luz seguirá brillando y llegará un momento en el que pueda liberarme definitivamente de tí .
Las sombras que lo paralizaban fueron disipando junto con esa figura hasta que él pudo regresar al suelo y moverse otra vez, pero la figura no había desaparecido del todo ya que permanecía envuelta en las escasas sombras que aún seguían allí. Le clavó la mirada turquesina a Ariel invadida de odio
—Vete — dijo este — No tendrás poder sobre mi nunca más.
—Error Ariel — dijo la figura — Aún me perteneces ¿acaso lo has olvidado? ¿Recuerdas porque viniste a esta dimensión? Quieres ese poder tan peculiar que detectaste ¿recuerdas por qué Uriel ya no se encuentra contigo? — ante estas últimas palabras Ariel se puso rígido y el hombre rió con crueldad — Tú mismo lo encerraste en una oscura y siniestra dimensión ¿ o es que ya lo has olvidado?
— ¡Lo liberaré! —rugió Ariel dolido ante la evidente verdad — Luego pediré su perdón
—¿Y Piensas que él te lo concederá así de fácil?— lanzó crueles carcajadas al aire consiguiendo que Ariel se enfuresca —¡No Ariel! ¡Uriel jamás te perdonará por lo que le hiciste! Acéptalo, lo perdiste para siempre.
—¡No! — Ariel comenzó a sentir dolores físicos terribles hecho que lo dobló arrojándolo al suelo —¡Mientes! — golpeaba el suelo con sus puños mientras gritaba y lloraba. Pero llegó un momento en que la imagen de su hermano invadió su mente alejando toda oscuridad y fue como si pudiese escucharlo a él también:
“Ariel, de pie ¿desde cuándo te inclinas ante tus enemigos? Yo siempre estaré a tu lado y jamás te odiaré. Llegará el día en que podamos reunirnos nuevamente, hasta entonces no te rindas hermano.”
Esas palabras le dieron la fuerza necesaria para reponerse. El otro detectó la molesta interferencia de Uriel y frunció el ceño mientras Ariel lo miraba sin lágrimas ni desesperación en sus ojos :
—Mientes, como siempre lo has hecho — le dijo mas calmado — Pero ¿qué otra cosa puedes hacer?
— Eres mi prisionero, no lo olvides Ariel
— Momentáneamente, por lo pronto — extendió su mano derecha hacia él — Alejate de mi presencia— Empleando su poder le lanzó un rayo de luz intensa que lo encegueció y desvaneció
—Sigues encerrado en mi calabozo de oscuridad Ariel, esta victoria es solo una ilusión
—Sabes que no es cierto
Diciendo esto la misma luz de Ariel lo envolvió y alejó del sitio donde la oscuridad lo llevó. Aquel que lo atrapó en la oscuridad supo que no sería nada fácil conservarlo así, ya que él nunca se rendiría, al igual que Uriel, era muy diferente al resto de los de su raza. Ariel sintió la voz de su amigo dragón algo lejana.
“Ariel, despierta”.
Cuando abrió los ojos sintió una calma interior maravillosa, se incorporó y vió a su amigo que pasaba de la preocupación a la más absoluta felicidad y calma al verlo a él bien.
— Ya principito — le dijo Ariel— Estoy bien.
— Menos mal — ambos se incorporaron y miraron a la puerta principal del Palacio Oscuro — Andando — Los dos se dirigieron a la entrada principal, apenas tocaron el picaporte la puerta se abrió de par en par sola
— ¿Listo?
—Siempre — diciendo esto Ariel mismo sujetó a su amigo y se adentraron al palacio oscuro, la puerta se cerró a sus espaldas sola también.
La oscuridad reinaba en el interior de aquella fortaleza y era total, de no haber tenido sus poderes que le permitían adaptar su visión a la oscuridad Ariel habría estado perdido. Su amigo también poseía ese don ya que no se inmutó al penetrar en el reino oscuro.
No obstante aquello resultaba muy inquietante ya que no había nadie aguardándolos ni siquiera detectaban trampas. Para tratarse de un poder oculto durante milenios que nunca nadie pudo encontrar, la seguridad interna de dicha fortaleza resultaba bastante pobre “en apariencias”.
Comenzaron a adentrarse en esa oscuridad siniestra sin separarse y estando alerta constantemente ya que ninguno se fiaba de aquella “calma”. El príncipe dragón jamás pudo entrar al palacio aunque lo había intentado en reiteradas ocasiones, siempre falló hasta hoy.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 55 Episodes
Comments