Lo bien que hacían ya que aventurarse así a las tierras rivales no auguraba nada bueno por más que se cuente con aliados poderosos. Respirando hondo salió de su escondite:
— ¿Qué están haciendo por estas tierras? — tanto Ariel como el príncipe dragón lo miraron asombrados — Príncipe sabes perfectamente que esto está prohibido.
— Si, lo se — fue la única respuesta de él, hecho que sorprendió a Ias a tal punto que atinó a levantar una ceja — Pero tengo motivos más que valederos para venir en tu búsqueda
— ¿Mi búsqueda? Explícate y agradece que hoy estoy de buen humor — dijo el aludido cruzándose de brazos.
Tras una ardua charla en la cual el príncipe dragón le fue relatando paso a paso los últimos acontecimientos a Ias, este abría enormemente los ojos debido al asombro que iba adueñándose de su ser.
De tanto en tanto miraba a Ariel sin poder creer todo lo que estaba escuchando a cerca de él y sus grandiosos poderes.
Pero lo que finalmente lo dejó absorto fue la joya del agua que vio con sus propios ojos. Era real, tal como lo había soñado. Por fin acabarían esas odiosas y sangrientas guerras sin sentido.
— ¿Nos ayudarás a encontrar la joya del fuego Ias? — finalizó el príncipe dragón
—Claro — fue la inmediata respuesta de Ias — Pero ¿él es confiable? — preguntó
- Totalmente — fue la sincera respuesta del príncipe dragón. Tanto Ariel como Ias lo miraron asombrados, luego ambos sonrieron divertidos.
— En ese caso, vayamos al palacio de la luz. Conozco un atajo — diciendo esto los guió por un lugar aislado totalmente, por ese camino estarían a salvo de miradas y presencias indiscretas.
Ninguno de los dragones tomaron sus formas originales debido a la falta de seguridad que se respiraba en el ambiente.
Ariel estudio a su nuevo compañero durante todo el trayecto corroborando que se trataba de alguien inofensivo, su espíritu era puro como así también lo eran sus sentimientos y acciones.
Cuando llegaron a los límites del laberinto que rodeaba el Palacio de la Luz se detuvieron, Ias les relató en breve las desventajas de aquel lugar.
Se trataba, en definitiva, de un laberinto de ilusiones donde nada es lo que parece ser. Tenía puertas que medían tres metros de altura hechas de rejas de hierro negro con imágenes de dragones en los bordes.
Ias sujetó los picaportes y empujó hacia el interior las dos puertas consiguiendo abrirlas sin dificultad alguna. Solo alguien perteneciente a la familia real podía abrirlas.
— Bienvenidos al palacio de la luz — dijo Ias haciendo una reverencia — Pueden pasar
—Gracias — dijo el otro príncipe entrando al laberinto de ilusiones junto con Ariel.
Ariel empleó su poder para intentar rastrear y detectar a los seres que se ocultan en el interior del laberinto pero no pudo conseguirlo. Por lo visto estaban todos bajo una barrera de protección, solo logró ver los muros hechos de gruesos y sólidos arbustos con flores sobre ellos de diversos colores y formas.
Suspirando frustrado regresó su mente a su cuerpo en el lugar inicial, el escudo que rodeaba el laberinto era impenetrable, aquello no tenía buena pinta. Pero nada podía hacer, más que adentrarse en él y prepararse para lo peor.
— Conozco el lugar debido a las continuas leyendas que circulan — decía Ias — Para llegar al palacio debemos atravesar este laberinto que es muy peligroso.
El laberinto era un inmenso jardín cuyo cesped verde esmeralda alfombraba el piso por completo como si fuese gamuza; los muros de arbustos eran tan idénticos que confundía fácilmente a cualquier visitante.
Caminaron, doblaron y continuaron caminando durante varias horas seguidas sin encontrar cambio alguno, por no mencionar el encuentro de obstáculos por ningún lado. Al menos de momento. Sin embargo nunca dejaron de mantenerse alerta.
Ariel comenzaba a marearse en aquel lugar enigmático, a tal punto que las imágenes se desdibujaban frente suyo como si estuviesen desapareciendo de su sitio.
Reguló su respiración intentando mantener la calma sin mostrar alteración visible; pero a medida que iban avanzando el mareo empeoraba y los príncipes dragones parecían no notarlo. De seguro sería por ser él un gran actor, aunque estando allí sintiéndose tan confundido ya no estaba seguro de nada.
Llegó un momento en el cual le costaba respirar, intentó decir algo pero comprobó que no podía hablar. ¿Qué estaba ocurriéndole?
De seguro sería el efecto de aquel laberinto, tarde comenzaba a percatarse que había caído en una trampa. Los dos príncipes siguieron avanzando hasta perderse de su vista tras doblar en una esquina, para cuando él llegó se encontró solo. Ninguno de sus compañeros estaba allí, como si hubiesen sido devorados por el mismo laberinto.
“¿Dónde están?” Pensó con impaciencia sin obtener respuesta alguna, no podían haberse evaporado sencillamente pero todo indicaba que así había sido.
Sus fuerzas físicas iban disminuyendo vertiginosamente a tal punto de no poder seguir en pie. Sujetándose de uno de los muros del laberinto intentaba serenarse y respirar con normalidad, pero el mareo junto con esa repentina debilidad lo voltearon.
Cuando sintió que iba perdiendo la conciencia centró en su mente una sola idea: llegar al palacio de la luz. Instantes después cayó al suelo completamente inconciente.
El príncipe dragón comenzó a sentirse algo extraño pasados unos minutos mientras seguían avanzando sin detenerse ni encontrarse con obstáculos, pero al principio no le dio importancia.
Sin embargo a medida que pasaban los minutos esa sensación de repentina debilidad iba incrementándose cada vez más.
Llegó un momento en el que no pudo ignorarlo más y se detuvo a respirar bocanadas de aire fresco mientras sujetaba a Ias con fuerza del brazo. Este al voltear y verlo tan pálido lo sujetó de ambos hombros y le dijo:
— Estás cayendo en el efecto hipnótico del laberinto — su tono de voz reflejaba su desesperación —Aclara tu mente y pronto — El mismo se introdujo en la mente del dragón de agua y eliminó las influencias negativas de aquel aire. Transcurridos unos cuántos minutos el dragón de agua comenzaba a sentirse mejor, la debilidad desaparecía. — ¿Mejor?
— Si, gracias Ias — respondió el dragón de agua. Luego miró a su alrededor y notó la ausencia de Ariel — ¿Dónde está Ariel?
— Ariel — Ias miró a todas partes buscándolo — ¡Ariel! — llamó pero nadie le respondió.
—¡Mira! — gritó el dragón de agua señalando un sector del laberinto donde yacía Ariel envuelto en enredaderas y siendo arrastrado bajo los arbustos que conforman el muro del laberinto en sí — ¡Ahí está! Fue atrapado por el laberinto
Frunciendo el ceño Ias conjuro el poder del fuego para lanzarlo en forma de dos esferas al muro mismo quien soltó a Ariel soplando un gélido viento.
El dragón de agua lo sujetó y lo arrastró lejos del muro, las lianas verdes que lo envolvían lo soltaron y regresaron al interior del laberinto.
— ¡Aléjalo de los muros tanto como puedas! — dijo Ias y así lo hizo el dragón de agua.
Cuando el muro volvía a ser inofensivo y el aire respirable, se centró en Ariel e intentó despertarlo.
Pero fue realmente difícil de conseguir ya que los efectos del sueño del laberinto eran desvastadores.
— No despierta Ias ¿qué haremos? — preguntó angustiado el dragón de agua.
El aludido lo estudió con sus poderes sin conseguir mayor información al respecto, tendrían que despertarlo con sus propios poderes y confiar en la resistencia de Ariel
— Confiar en que él regrese a nosotros voluntariamente – ante la atónita mirada de su interlocutor agregó — Él es fuerte, no te preocupes.
— Eso espero — diciendo esto lo colocó en su regazo — porque no es una mala persona, no lo es.
Y merece una vida feliz ¿verdad?
— Verdad
Repentinamente Ariel se encontró en un salón cuya única ventana era inmensa y estaba frente suyo. Las rejas eran de un intenso negro azulado.
Del otro lado la luz del sol iluminaba un inmenso jardín cuyos colores alegraban la vista a cualquiera; pero donde él se encontraba se mesclaban la luz y las sombras.
No resultaba ser nada agradable aquel sitio, volteó la mirada para ver una gran chimenea situada a su derecha y a su izquierda, frente de la misma, había un sillón rojo inmenso.
El suelo era de un marrón dorado brilloso, las paredes blancas y el techo igual, del centro colgaba una inmensa araña de cristal tornasolada al completo. La chimenea estaba apagada pero aún así unos troncos reposaban en ella.
Ariel estaba bastante confundido ya que hasta donde recordaba había entrado junto con los dos príncipes dragones al laberinto de ilusiones cuando repentinamente comenzó a marearse y sentirse cansado; ahora inesperadamente estaba dentro de un salón desconocido ¿qué sucedió? ¿Cómo llegó allí? ¿Dónde estaban sus dos compañeros?
Tantas preguntas y ninguna respuesta, miró a la única puerta que permanecía cerrada cuyos colores variaban dentro de la gama del verde. Frunció el ceño ¿aquello era real? ¿o se trataría de un sueño?
La puerta se abrió en ese preciso instante dejando pasar a Uriel quien la cerró sin despegarle la mirada, Ariel sintió un sobresalto e instintivamente retrocedió dos pasos ¿qué hacia su hermano allí?
El mismo lo había mandado lejos, a una dimensión de la cual no había escape posible o le resultaría muy difícil salir. ¿Qué estaba sucediendo allí?
Uriel se le fue acercando con burlista expresión hasta detenerse a unos cuantos pasos de distancia, le clavó la mirada cargada de rencor y reproche.
Ariel se sentía desfallecer ya que se sabía culpable de lo que pudo haberle ocurrido a su gemelo pero ¿qué podría hacer para compensarlo?
— Nada — dijo Uriel repentinamente — No puedes hacer nada — Ariel se sorprendió aún más ¿desde cuándo su gemelo podía leer sus pensamientos?
— Desde que me enviaste a ese infierno — respondió Uriel quien le hubo leído los pensamientos otra vez — ¿Qué pasa? ¿Pensaste que no tendría repercusiones en mi?
—Uriel…yo…
—¡No te sirven las excusas! — diciendo esto Uriel lo atacó con todo su poder consiguiendo voltearlo al suelo frío — Me las pagarás bien caro Ariel —
Uriel comenzó a golpearlo pero Ariel no se defendió en ningún momento ya que la culpa lo consumía, hasta que la oscuridad que se encontraba en él lo invadió nuevamente.
— ¡No!— rugió atacando a Uriel quien fue alejado varios pasos de su lado — ¡Basta! — Uriel lo miró furioso y asombrado a su vez.
— No te permito que me toques
- ¿Me permites? ¿Tú? — Uriel sonrió burlistamente — Recuerda que me enviaste a un sitio muy desagradable
—¡Si! ¡¿Y qué?! — se burlo Ariel — Lo volvería a hacer — la oscuridad comenzaba a adueñarse de su persona otra vez
— Te recuerdo que estoy aquí por motivos personales, deseo obtener un poder superior para seguir subyugando a los humanos e inmortales en la tierra. ¡Y tú nada podrás hacer para evitarlo!
— ¡Te desintegraré hermano!
— No si yo lo hago primero.
Ambos se enfrentaron con ferocidad pero el lugar no sufría daño alguno solo ellos mismos, al principio Ariel no se había percatado de este detalle, solo lo hizo cuando estuvo muy golpeado.
Vio a Uriel que a pesar de sus heridas seguía con todas sus fuerzas intactas y supo que había algo extraño en su hermano, utilizo su voluntad para conseguir que la oscuridad retroceda lo máximo posible en su interior y fortalecer su luz interna.
Solo así pudo comprobar que aquel que estaba frente suyo no era el verdadero Uriel sino un impostor. Respirando sin dificultad fue serenándose mientras se incorporaba, sin dejar de mirar a su rival dijo:
—¿Quién eres realmente? — esto lo tomó por sorpresa al impostor — debí darme cuenta ante — achicó los ojos con furia el impostor mientras lo escuchaba— Uriel nunca me atacaría así, tampoco saldría del lugar donde lo envié con odio hacia mí. Sin importar lo que le haga él…jamás me odiaría ni intentaría matarme. Lo se.
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